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De “Holocausto caníbal” a “Operación Palace”: los falsos documentales que te la colaron

25 Feb 2014
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David Cánovas

Tejero

Hagan el favor de tomar asiento, sus señorías.

Aunque lo parezca, no nos disponemos a hablar del telediario de la 1, sino de un género que ha alumbrado joyas cinematográficas con entidad propia. Después de desmontar los fakes más clamorosos de Facebook, procedemos a repasar algunos de los muchos falsos documentales que circulan por ahí y que, en algunos casos, se han quedado con la audiencia. Uno de los primeros fue, naturalmente, Orson Wells con su emisión radiofónica de “La guerra de los mundos” que sembró la histeria en EEUU en los años 30.

Muchas de las siguientes piezas entremezclan imágenes reales y ficticias, testimonios montados a discreción y abuso de la cámara en mano para colar el camelo. Quien más quien menos ha picado alguna vez.

 

Las Hurdes, tierra sin pan

Luis Buñuel fue uno de los pioneros del género, con esta pieza de 27 minutos estrenada en 1933 en la que tomaba la cruda realidad de la región extremeña y añadía al montaje escenas de su propia cosecha como la cabra despeñada por el campanario. Tampoco es que se molestara en enmascararlo demasiado, ya que se aprecia claramente el humo de la escopeta con que se liquidó a la entrañable mascota de la Legión.

 

Holocausto caníbal

El gran despegue del falso documental llegó con con el género Mondo a principios de los 60, inaugurado con Mondo Cane. La idea fundamental consiste en meter algo de gore, una dosis de sexo porque sí, salpimentar con un poco de folklore macarrónico y luego darle una delgada capa de barniz antropológico a todo el asunto. Más o menos como Gran Hermano, aquel reality que se autoproclamaba “un audaz experimento sociológico” y que acabó inaugurando el género “Mondo choni”. La consagración del cine Mondo llegaría con títulos como “Sabana Violenta” y, sobre todo, con “Holocausto Caníbal”, su heredero más conocido.

Este último filme relata cómo un grupo de periodistas acaba en la cazuela de unos caníbales, valiéndose de las supuestas grabaciones rescatadas para reconstruir la atroz merendola. Además del verosímil montaje, los actores firmaron un contrato en virtud del cual no podían aparecer en ningún medio hasta pasado un año del estreno, a fin de reforzar la idea de que las muertes habían sido reales.  Tal fue la conmoción que produjo su estreno, que el director -el italiano Ruggero Deodato- se vio obligado a  demostrar ante un tribunal que los empalamientos y demás lindezas eran simples recreaciones, y que no había palmado nadie en el rodaje.

 

Man bites dog

Otra peli que se regodea en las vísceras y el gore es este documental belga de 1992 que sigue las andanzas de un aprendiz de asesino en serie con una especial obsesión con los carteros debido a que siempre le dejan la notificación del paquete en el buzón en lugar de llamar y entregarlo en mano. O al menos creemos que ese sería un atenuante para el homicidio en primer grado. La cosa se va animando cuando los miembros del equipo del rodaje dejan de asistir como espectadores pasivos de los asesinatos y se apuntan directamente al sarao. Atención, SPOILER: al final, como cabe imaginar, muere hasta el apuntador.

 

This is Spinal Tap

Pasamos del mockumentary al rockumentary con un título que seguía los pasos de una banda jevi en sus giras y en el backstage más sórdido. Auténtica sátira del mundo del sexo, drogas y rocanrol, incorpora una banda sonora compuesta ad hoc que brilla con temas como la emotiva balada “Lick my love pump” (Lame mi bomba de amor). Los temones eran tales que, por aclamación popular, acabaron dando conciertos reales y editando varios discos, y hasta tuvieron su propia tribute band: “The Spinal Taps”.

 

The Troll Hunter

Todos nos hemos cruzado con algún troll en Internet. Pero “The Troll Hunter” iba más allá y postulaba la existencia de una colonia de trolls de carne y hueso que se dedicaba a matar osos y algún humano despistado. Estos seres poco aseados, y menos agraciados aún, vivirían en Noruega, amparados por el secretismo del gobierno escandinavo, que los mantendría en una reserva al estilo del lince ibérico o el buitre carroñero. Por suerte, la cámara de André Øvredal logró destapar el complot en un documental estrenado en 2010.

 

Operación Luna

Tal fue el impacto de este documental que aún hoy muchos creen que la llegada del hombre a la luna fue un falso documental dirigido por Stanley Kubrick. Con pesos pesados como Donald Rumsfeld, Buzz Aldrin o la viuda del propio Kubrick ofreciendo declaraciones descontextualizadas, William Karell logró convencer al personal de la conspiración urdida entre la Nasa y Hollywood.

 

Mermaids: The Body Found

Animal Planet, el canal de cable estadounidense, emitió hace un par de años un documental que demostraba la existencia de las sirenas, esos seres mitad mujer-mitad sardina, con pruebas incontrovertibles y testimonios de científicos de primer nivel. La treta funcionó y, aunque parezca mentira, en Twitter se multiplicaron comentarios del tipo: “El 90% del océano está sin explorar, ¿y tú me vienes con que las sirenas no existen?”. Lo que no respondió fue a la duda que a todos nos corroe: ¿comerse unos filetes de sirena a la plancha es canibalismo?

 

I’m still here

Hay que reconocer que Joaquín Phoenix se lo curró con esta. Antes del estreno del documental que narraba su reciclaje en cantante de rap, y su consiguiente abandono de mundo de la sobreactuación, el actor americano hizo varias apariciones en programas de televisión como el de David Letterman en las que, con un aspecto desaliñado, demostraba una conducta errática y enajenada.

 

Operación Palace

En España no hemos sido muy prolijos en el género del falso documental, quizá porque la cuota ya está cubierta por la manipulación informativa cotidiana. Eso explica en parte la conmoción causada por “Operación Palace”, la primera incursión de Jordi Évole en el género. Tirando de recursos como los ya vistos en “Operación Luna”, Évole ha logrado cuestionar la credibilidad de otros documentales supuestamente veraces, dejando sobre la mesa una inquietante pregunta: ¿puede una mentira servir para decir la verdad?

Con información de SlateFlavorwire, Wikipedia y la colaboración inestimable de Beatriz Navas, de PLAT.

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