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Señor empresario, no se ahorra bajando la calefacción: el frío hace que los trabajadores se equivoquen más al teclear

19 Feb 2014
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Ahora que las bajas temperaturas han convertido a la pelliza en nuestra mejor aliada, ¿no has notado una atracción especial hacia cierto botón del teclado? ¿No has sentido que tus dedos cobraban vida propia y cometían miles de errores al aporrear los botones? Aún más, ¿no has visto que, cada vez que alguien se atrevía a bajar la temperatura, no dabas una y tenías que rehacer mil veces tus textos? Podéis estar tranquilos y tranquilas. No es que de repente todo aquello que aprendiste en las tortuosas clases de mecanografía se haya esfumado. Son cosas que pasan.

Según un estudio de ergonomía de la Universidad de Cornell, las bajas temperaturas contribuyen a que los trabajadores cometan muchos más fallos a la hora de darle a la tecla. Pero no es solamente que los empleados se vean poderosamente atraídos por el botón de borrar, sino que además el dinero que las empresas ahorran en calefacción lo pierden pagando a trabajadores que eliminan más de lo que escriben.

Si la corneja va rasante, saca bufanda y guante”

En toda oficina/redacción/lugares a los que tenemos que ir para llenar la olla, existen dos tipos de personas. Aquellas que no hacen más que mirar el termostato rezando porque algún alma compasiva se decida a subirlo un par de grados, y aquellas otras que creen estar ardiendo en las brasas del averno cada vez que se incorporan a su puesto de trabajo. Muy pocos son los privilegiados que se encuentran cómodos durante toda la jornada laboral.

– Voy a subir un poco la temperatura, que hace más frío que en Siberia.

– Pues yo estoy a gusto…

(Sonido de grillos)

Cuando oigas esto, desconfía. Observa a ese extraño ser que dice estar “a gusto”. ¿Mueve demasiado ciertas partes de su cuerpo para evitar la hipotermia? ¿Trata de calentar sus manos de forma compulsiva cual jugador de la NBA ante una canasta decisiva? Y, lo que es más importante, ¿falla continuamente a la hora de teclear? Si es así, no hay duda alguna: está completamente congelado, pero no se digna a reconocerlo.

Y es que, tal y como demostró el estudio de Cornell, que analizaba la relación entre los cambios en el entorno físico y el desarrollo de las actividades laborales, cuanto mayor es la temperatura menos errores se cometen al escribir. Tras incrementar los grados en una oficina de 20 a 25, los fallos de este tipo se redujeron en un 44%.

Cuando el burro mueve oreja, resguardate bajo teja”

Entre la fauna que puebla las oficinas/redacciones/lugares a los que tenemos que ir de lunes a viernes nos guste o no, también se encuentran los jefes. Si sucede que el termostato está en manos de sus empleados, siempre estarán atentos para, de cuando en cuando, salir de su despacho, calcular si la temperatura ambiente es la adecuada y proceder apresuradamente a bajarla. En ese mismo instante, algunos de sus trabajadores lo mirarán con ojos de cordero degollado, a lo que responderá con un siempre cariñoso “¡Que estamos en crisis!”.

Pobre infeliz… Seguro que no prestó atención a la parte del estudio, capitaneado por el profesor Alan Hedge, que afirmaba que un ambiente térmico más puede ahorrar más de 1,5 euros por hora y empleado a la empresa. Así, los trabajadores de la oficina de seguros de Orlando en la que llevaron a cabo sus pruebas mantuvieron una tasa de error del 10% durante el tiempo que el termostato estuvo a 25 grados, mientras que, cuando se puso a 20, fallaban más que una escopeta de feria y los errores aumentaban en un 15%.

Pero, vamos, que los empresarios (casi) nunca aprenden, y seguirán racaneando calor. Así que si eres una de las desafortunadas víctimas de este drama cotidiano, siempre puedes pedir a los tuyos que te regalen una pocholada de estas:

guantes

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Con información de la Universidad de Cornell y Youtube.

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