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Corea del Norte, a toda página: cuando los grandes diarios de Occidente llevaban publicidad del comunista Kim Jong-il

26 mar 2014
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Hay unas cuantas cosas de la Guerra Fría que tenemos claras: que los señores que mandaban en Estados Unidos hablaban con los señores que mandaban en la Unión Soviética con un teléfono rojo de lo más peliculero, que las hostilidades duraron al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) hasta la caída del muro de Berlín (1989) y que hubo un buen puñado de actores secundarios. Básicamente, todos menos los que se comunicaban por el colorado auricular.

Los medios de comunicación occidentales eran, por aquel entonces, bastante pro-yanquis, eso también nos consta. Pero sus propias páginas fueron a menudo escenario de luchas intestinas y contradicciones entre la supuesta información (qué miedo dan los comunistas…) y la publicidad (qué buenos son…). Y los lectores ojipláticos al ver anuncios como este en las páginas de The New York Times:

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Publicada el 2 de mayo de 1975, esta pieza histórica de propaganda norcoreana es una clara muestra del doble rasero de la prensa durante la Guerra Fría. Si el ‘enemigo’ me compra la publicidad, ya no es tan ‘enemigo’. O sí, porque a los lectores les divertía lo insólito de estos insertos. Era casi como el Strambotic de la época (salvando, a veces, las propagandísticas distancias).

El caso es que con la intención de impresionar a las masas occidentales durante los años de la tensión entre bloques, Corea del Norte y sus aliados se dejaron un dinero en contratar publicidad en diarios de la talla del citado The New York Times, The Guardian, The Irish Times, The London Times, The London Evening Standard, The Sun, The Boston Globe y The Washington Post. Vamos, que casi todas las grandes cabeceras sucumbieron al encanto del dinero ‘rojo’.

Nadie se ha puesto a contar uno por uno los anuncios, pero se estima que se publicaron más de un centenar entre 1969 y 1997. Después se volatilizaron y las causas se desconocen: podría ser que el régimen norcoreano se percatara del efecto cómico que producían, que sin el apoyo de la URSS ya no hubiera presupuesto para estas zarandajas o, muchísimo más improbable, que los periódicos sufrieran de repente un brote de amor a la patria – más fuerte que el amor por el dinero.

Sin embargo, casi tres décadas de fructífera relación comercial nos han dejado perlas como esta:

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“Corea [del Norte] ha dado a luz a un nuevo gran héroe”. Algo bajito y no tan musculoso como los de Marvel o DC, pero un superhéroe al fin y al cabo. Sobre todo porque Kim Jong Il – el señor de la foto – logró el prodigio de nacer dos veces: una en 1941, del vientre de su madre; y otra el 8 de octubre de 1985, en las páginas de la prensa occidental con motivo de la publicación de un libro escrito de su puño y letra nada más dejar la incubadora.

Como en aquella época no había una sección de comentarios, los trols lectores se dedicaban a mandar cartas al director, bien mofándose de los aires de grandeza de los comunistas o bien acordándose de todos sus antepasados por hacerles de altavoz. Eso entre los defensores del bloque capitalista, porque entre los partidarios del bloque oriental prácticamente no había discusión: veían esta propaganda como una soberana pamplina.

Así se lo hizo saber a sus camaradas del régimen Sean Garland, líder del brazo político del IRA, cuando visitó la República Democrática de Corea en 1983. Al parecer, el irlandés comunicó a sus aliados que publicar este tipo de mensajes en el Irish Times era “un derroche de dinero, porque jodidamente nadie los leía” (se supone que son palabras textuales).

Como la pasta no era un problema (el PIB de Corea del Norte era mayor que el de sus vecinos del sur hasta mediados de los 90, después de la caída de la URSS) no le hicieron caso. Siguieron difundiendo a los cuatro vientos las hazañas de su líder Kim Il-sung y su prometedor hijo, el superhéroe Kim Jong-il. A veces con campañas que parecían más para consumo interno que otra cosa:

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Un poco de eso había. Mientras algunos occidentales se burlaban de la propaganda comunista, el pueblo de Corea del Norte recibía un mensaje diferente: señores, fíjense lo importantes que somos; hasta los panfletos del ‘enemigo’ reflejan nuestros éxitos. La ideología Juche funciona. ¡Viva el leninismo a la norcoreana!

Aunque a veces se pasaban de rosca. Por ejemplo, cuando publicaron que “Kim Il-sung es un hombre divino” en un diario de Oriente Medio, cuyos lectores eran mayoritariamente musulmanes (¡blasfemia!). O cuando prometieron a una editorial japonesa que venderían al menos 30.000 copias de la apasionante biografía de Kim Il-sung, y evidentemente la gente no hizo cola días antes como si aquello fuera el lanzamiento de un iPad.

Es una muestra más de las contradicciones de la Guerra Fría. Los bloques eran enemigos (venían de haberse matado unos a otros en la Guerra de Corea), pero en cierto modo se necesitaban mutuamente. Quizá en el fondo no eran tan distintos…

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Con información de NK News y Kushnirs (y 2)

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