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Ocho “pequeños errores” de traducción que la liaron parda

04 Jun 2014
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David Cánovas

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“Traduttore traditore” reza el clásico adagio. Pero hay ocasiones en las que, más que llamarlos traidores, los perpetradores de ciertas traducciones merecerían directamente el apelativo de terroristas lingüísticos. Lo cierto es que las meteduras de pata en el ramo pueden llegar a tener consecuencias funestas, que van desde una sencilla indigestión por una carta mal traducida en un restaurante hasta una tetraplejia por un malentendido en el hospital. Hay quien apunta que la mitad de las guerras se producen por causa de errores de traducción, principalmente atribuibles a intérpretes poco avezados. A tenor de los siguientes casos, no parece una teoría muy descabellada.

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Intérpretes poco diplomáticos

Hay un par de casos históricos que abundan en la idea de la traducción fallida como raíz de conflictos bélicos. El horno no estaba para bollos cuando Jimmy Carter visitó Polonia en un viaje de estado en 1971. Recurrieron a un intérprete ruso con algunas nociones de polaco que puso en boca de Carter frases como “mis mejores lascivias para el futuro” o “he abandonado EEUU”. Por suerte, los periodistas polacos se lo tomaron a guasa. Más delicada fue la situación generada, también durante la Guerra Fría, cuando alguien tradujo la frase de Kruschev de “seguiremos por aquí cuando os entierren” por “os enterraremos”. La pequeña licencia poética estuvo a punto de dejar en pañales la crisis de los misiles de Cuba.

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Moisés, el de la gran cornamenta

Los visitantes de la monumental estatua que Miguel Ángel esculpió de Moisés suelen quedarse ojipláticos cuando observan el enorme cuerno que surge de la azotea del personaje bíblico. ¿Profeta o unicornio? Más bien una traducción errónea arrastrada durante siglos: según la Biblia original, escrita en hebreo, cuando Moisés bajó del Monte Sinaí estaba “radiante” (“karan”, en hebreo). Sin embargo, su traductor al latín, San Jerónimo, malinterpretó la palabra (el hebreo se escribe sin vocales), reemplazando “karan” por “keren”, es decir, “cornudo”. Y de aquellas traducciones, estos apéndices óseos.

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Un exabrupto que costó una bomba atómica

En junio de 1945, los aliados exigieron la rendición de Japón y los amenazaron con llevar a cabo una “destrucción total” si no claudicaban ipso facto. La respuesta de Japón no tardó en llegar: “mokosatzu”, que quiere decir “sin comentarios”. Pero en lugar de la lacónica respuesta, los americanos entendieron “ignoramos y despreciamos el tema”. Diez días después EEUU lanzaba sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.

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Intoxicaciones lingüísticas

Ya se sabe que el castellano va calando progresivamente en EEUU, pero en 1980 aún estaban un poco verdes. Que se lo digan al pobre Willie Ramírez, que por aquellas fechas ingresó en un hospital de Florida en estado comatoso. El equipo del hospital no entendía ni papa de castellano, por lo que cuando los padres indicaron que se trataba de una probable intoxicación alimentaria, el intérprete lo tradujo como “intoxicated”, que alude a estados de ebriedad. Sin cortarse un pelo, le dieron un tratamiento para una sobredosis inexistente. Al final, se trataba de una hemorragia cerebral pero, cuando quisieron darse cuenta, Ramírez estaba ya tetrapléjico. La familia denunció al hospital y ganaron una indemnización de 71 millones de dólares.

Prótesis

Una mala traducción los dejó medio cojos

En Alemania también tienen sus chapucillas. Al menos eso es lo que debieron pensar los 47 pacientes a los que les implantaron prótesis defectuosas porque alguien no se percató del significado de las instrucciones en inglés. El manual de instrucciones especificaba que eran prótesis “non modular cemented”, así que las metieron a pelo y sin cemento, cuando la expresión significaba que no eran modulares y que debía aplicarse cemento. La mitad de ellos tuvo que volver a operarse.

Marte

Ya están aquí los extraterrestres

Cuando el astrónomo Giovanni Schiaparelli afirmó en 1877 que Marte estaba cubierto de “canali” para hacer referencia a las irregularidades de su superficie  no sabía que iba a despertar una fiebre ufológica. Pero el bueno de Percival Lowell leyó aquello de los “canali” y montó un observatorio en Arizona que le permitió constatar las numerosas civilizaciones que poblaban el planeta rojo y que lo habían cubierto de canales de agua. Gran parte del problema vino dado porque leyó “canale” y se echó al monte.

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A la izquierda, la Alta Edad Media.

¿Cómo de alta era la Edad Media?

Puede que alguna vez te hayas preguntado (o puede que no) por qué al período más remoto de la Edad Media se le conoce como “Alta” Edad Media. Pues bien, no es que los habitantes de la época fueran un poco más estilizados que sus descendientes sino que tiene que ver con una chapucera traducción del alemán, idioma en el que “alt” quiere decir “viejo”. Por tanto, se trata de la “vieja” Edad Media. Esto es, la más remota, que no la más bigarda.

Nos han sangrado los ojos en De10, Universitarios.cl, Mental Floss, Errores y Erratas y otros oscuros rincones de la Red.

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