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Diez chistes que hoy estarían prohibidos (pero tienen su gracia)

03 Sep 2014
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Iñaki Berazaluce

MARTES-Y-TRECE-POLITICAMENTE-INCORRECTOS

Seamos claros desde el principio: si Martes y Trece hubieran hecho hoy su parodia sobre María Ascensión del Calvario, la presidenta de las mujeres maltratadas de España, hubieran sido públicamente lapidados con hashtags (#M+13castracionya), unfollows y escupitajos en la vía pública. Con toda la razón del mundo, apuntamos: el sketch de “mi marido me pega” no tiene ni puta gracia, por más que el público achispado de la Nochevieja de 1991 hiciera LOL por las moquetas del Florida Park.

Eran otros tiempos, claro. La corrección política aún no había invadido cada resquicio del edificio social, la opinión pública se expresaba en las Cartas al Director y en el teléfono de madrugada de Encanna de Noche (la de las empanadillas); la mafia rosa aún no había tomado el poder en Telecinco y, sobre todo, no existía Twitter para poner el grito (de 140 caracteres) en el cielo.

¿Cómo se ganaría la vida hoy Arévalo, cuyo repertorio de chistes giraba casi exclusivamente en burlarse de las opciones sexuales minoritarias (léase mariquitas) o de personas con un repertorio expresivo alternativo (gangosos y tartamudos)?, ¿Dejarían emitir No te rías, que es peor en horario infantil? A continuación, diez chistes que se contaron en TV en su día y que hoy probablemente hubieran hecho rodar cabezas.

El avión de la ONCE

Como los tartamudos, los enanos y los gangosos, hubo un tiempo en que resultaba la monda reírse de los ciegos. Era otra época, claro: la ONCE apenas había empezado a restaurar la imagen del ciego en la sociedad española, asociada por el imaginario popular con el invidente pillo del Lazarillo. El humorista sevillano Paco Gandía sirvió de mascarón de proa para esta normalización:

Arévalo y sus furiosos gangosos

El retrato de Arévalo debería aparecer junto a la definición de “chistes ofensivos” en la Espasa Calpe. Su repertorio de chanzas sobre gangosos, tartamudos, mariquitas y pasotas (sí: pasotas) da para varios maratones benéficos. Que sepamos, los gangosos no están organizados en un lobby, pero más de una asociación de telespectadores estaría dispuesta a batir el cobre por su causa.

El Señor Barragán: escatología envasada al vacío

Cuenta la leyenda que el Señor Barragán cayó en desgracia el día que se le ocurrió contar en el programa de Arús el chiste de peor gusto de la Era Cristiana. Hasta entonces, este humorista con trazas de homeless rural había espantado y descojonado, a partes desiguales, a los espectadores y concursantes del inolvidable No te rías que es peor.

Esto es un mariquita que va por el Amazonas

A Chiquito se le perdona todo. Si Arévalo o Paco Gandía sacan su mala pécora para ensañarse con el colectivo LGBT, en boca del malagueño, un chiste de mariquitas suena tan cándido como si lo estuviera contando un niño de primaria. Lo que no quita para que nuestro compañero Shangay Lily saltara a la yugular del chistoso por un quítame allá esta mosca.

Franco contando un chiste de negros

¿A cuántos colectivos se puede ofender en un solo chiste? ¿Negros y nostálgicos del Caudillo de golpe? Es posible, claro, aunque este tipo de coñas marineras sólo pueden verse en YouTube o en El Informal.

Un enano entra a un bar

Me casé con un enano pa’ jartarme de reír”, decía una coplilla que hoy hubiera estado condenada a la impunidad del Whatsapp. Por algún motivo, las personas pequeñas han sido tradicionalmente ora objeto de chanza, ora inauditos personajes oníricos estilo Twin Peaks. Escuchar “esto es un enano que entra en un bar” y echarse a reír es todo uno. ¿Pero dónde está la puta gracia? Vean, vean…

“Mi marido me pega”

Poco más que añadir sobre el desafortunado gag de Martes y Trece. Durante los 80 y los 90 llegaron a tener más poder que Calviño y Jesús Hermida juntos, así que tenían carta blanca para reírse de todo. Por si fuera poco, la vis cómica de Millán sobraba para que media España se partiera la caja con sus imitaciones histriónicas. Hoy, en cambio, hubieran sido condenados al ostracismo de atreverse a bromear con la lacra del terrorismo doméstico.

Arévalo y los mariquitas

Decíamos antes que los gangosos no están organizados, lo que les convierte en diana fácil para chistes y bromas de mal gusto. No es el caso de los homosexuales, colectivo al que la sola mención del término “mariquita” (por no hablar de sarasa o invertido) equivale a mentar la kriptonita en cena de Navidad de Supermán.

Tartamudos en horario infantil

De buenas intenciones está el infierno lleno. Los guionistas de Dabadabadá posiblemente trataban de “normalizar” la tartamudez, esa tara que tanta gracia hace a los niños, esencialmente a los que no la sufren. Pero el tiro les salió por la culata: el Dúo Popitos (¿?) y Horacio Pinchadiscos se burlan a seis manos de los tartajas, y es que con aliados así, ¿quién necesita enemigos?

Eugenio, fumador e irreverente

No podíamos concluir esta breve relación sin mentar a Eugenio, verdadera cornucopia de los chistes que aún hoy se cuentan en tabernas y comidas familiares. A Eugenio, para empezar, le prohibirían salir a actuar con un cigarrillo y un gin Larios en las rocas. En el improbable caso de que lograra franquear las barreras nicotínicas tal vez se toparía con los furiosos kikos, dispuestos a excomulgarle por chistes como este (minuto 2:50):

BONUS TRACK: El peor chiste de la Historia

No pega ni con cola en esta clasificación, pero se nos han puesto los pezones como escarpias al escuchar el que ha sido catalogado por Vicisitidud y Sordidez como el peor chiste de la Historia, Antonio Garisa mediante:

Con la inestimable colaboración de Sufridores en Casa y el apoyo oral de Anita Croqueta.

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