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Cuando Hitler dijo “nein” a una Cataluña independiente

24 Ago 2015
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Jaime Noguera

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“Cataluña y las tierras hermanas han de conocerse con un nombre común. Yo propongo que se llamen Imperio Catalán”. (Rossel i Vilar, en ‘Nosaltres sols!‘)

Antes del estallido de la Guerra Civil Española, un grupo de alocados nacionalistas catalanes ofrecieron bases militares a la Alemania nazi en un futuro Estado Catalán a cambio de recibir entrenamiento en “manejo de aviones y en la preparación de explosivos”. ¿Contemplaron algunos jerarcas del Tercer Reich la posibilidad de dar la independencia a Cataluña? ¿Jugaron los nazis con las esperanzas de estos nacionalistas?

Según un artículo publicado el 15 de junio del 1983 en el Diari de Barcelona, los estrategas de la Alemania Nazi, en su diseño de una Europa bajo el dominio del III Reich, habrían planeado la creación de una Cataluña “independiente”. Este diseño, que según afirmaba el periodo catalán, había sido conocido por los servicios secretos aliados, fue elaborado por el Instituto Geopolítico Alemán.

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¿Qué interés podía tener Hitler en la creación de una Cataluña independiente? ¿Crear un foco de inestabilidad permanente que le asegurase la fidelidad y apoyo incondicional del General Franco? ¿Presionar a los franceses? ¿Reforzar militarmente la posición militar alemana en Mediterráneo? Veamos que polvos venían estos lodos.

Un sector de la agrupación nacionalista radical catalana Nosaltres Sols!, que advertía allá por los años 30 sobre los peligros de la emigración española hacia Catalunya por el posible contagio del gandul i pro-africá espanyol (gandul español pro-africano) recibía en 1932 la visita del dirigente nazi Karl Cerff , de viaje propagandístico por Cataluña. En una entrevista del 26 septiembre en La Nació Catalana, publicación del Partit Nacionalista Catalá, el tal Cerff comentaba lo siguiente al periodista G. de Montrodo al ser preguntado por el “pleito catalán”:

“nosotros sabemos que los catalanes son una raza muy diferente de la española. (…) El catalán es trabajador, ama la libertad individual, es idealista e incluso me atrevo a decir aventurero (…) Nosotros comprendemos a los pueblos esclavos que sientan el nacionalismo y se quieran librar de sus cadenas.

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En las elecciones alemanas de 1933, los votantes alemanes de Barcelona (unos diez mil, la colonia germana más numerosa de España) daban la victoria al partido liderado por Adolf Hitler.

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Paraninfo de la Universidad de Barcelona (1941 y en fecha reciente)

Un año más tarde, continuaban los contactos entre los jerarcas nazis, los dirigentes de Nosasltres Sols! y del PNC. Algunos de los más exaltados independentistas catalanes afirmaban que la victoria mundial fascista era inevitable y que había que buscar aliados potenciales extranjeros para conseguir la libertad. En 1934 La Nació Catalana defendía que el pancatalanismo debía inspirarse del pangermanismo nazi, apostando por la creación de una Confederació Occitana. A Cataluña, según estas lumbreras, le interesaba que estallase una guerra entre Francia y Alemania, pues así España e Italia se alinearían al lado de la primera. Todo ello por el bien de “l’esperança d’una Catalunya lliure”.

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Los nazis, recién llegados al poder en Alemania, le bailaban el agua a los nacionalistas catalanes… y a decenas de grupos independentistas de Europa más o menos tramontanos . El “divide y vencerás” formaba parte de la estrategia hitleriana y funcionó bien mientras les interesó. Cataluña era quizás la región española con la más amplia y mejor organizada red de espionaje germano, con unos quinientos agentes infiltrados.

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En julio de 1935, un líder de Nosaltres Sols! Visitaba Alemania para entregar al Ministro de Propaganda Joseph Goebbels un memorándum en el que se establecían una serie de beneficios que se podrían originar de una colaboración efectiva entre Alemania y el separatismo catalán. No recibieron respuesta del ministro.

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Inasequibles al desaliento, en 1936, nada más celebrarse las elecciones y estando la situación interna española llegando a un punto de ebullición, los independentistas presentaron en el consulado alemán de Barcelona un nuevo proyecto ampliado, El cónsul alemán se lo tomó en serio y lo envió al Ministerio de Exteriores en Berlín. No era para menos. Los catalanes ofrecían “despertar la conciencia nacional de los catalanes franceses” (creándole un problema más a los gabachos, enemigos naturales de Hitler), información estratégica, bases para submarinos y aviones y apoyo logístico en caso de conflicto en Europa.

Incluso aceptaríamos su tipo de organización de milicias, podríamos estudiar la forma en que fueran instruidos por Vds. un grupo de catalanes y vascos en el manejo de aviones y en la preparación de explosivos

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Así habría lucido quizás un caza Me-109 de la Fuerza Aérea Catalana.

Uno de los argumentos que aparecían en el documento para justificar la legitimidad del plan de independencia catalán, según comenta Xosé M. Núñez Seixas en su Nacionalismos Periféricos y Fascismo. Acerca de un Memorandum Catalanista a la Alemania Nazi (1936), era:

En una de las cláusulas del Tratado de Utrecht, austro-alemanes, ingleses y holandeses adquirieron el compromiso de garantizar la independencia de Cataluña en atención a su fidelidad a los Soberanos de la Casa de Austria.”

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Todo el entusiasmo de los independentistas, que ya se veían sirviendo chucrut con butifarra a los turistas alemanes a cambio unos buenos fajos de pugeses o pelas, se vino abajo cuando, una vez comenzada la guerra civil española, los gobiernos de Italia y Alemania se decidieron por apoyar decisivamente a Franco. Los teutones no estaban seguros de la fidelidad catalana al Tercer Reich y, al contrario, convenían en que una eventual Grosskatalonien (Gran Cataluña) que incluyese Baleares y Valencia, unida por vías férreas a Francia, permitiría una más efectiva penetración francesa hacia Gibraltar.

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El 1 de septiembre de 1939 comenzaba la Segunda Guerra Mundial y al año siguiente un Hitler victorioso recorría París como amo y señor. Derrotada Francia y siendo necesario el apoyo del gobierno colaboracionista francés de Vichy, para que el Führer pudiese lanzarse a otras aventuras de conquista, apoyar la creación de una Cataluña independiente resultaba lesivo para los intereses del Reich. Especialmente si el nuevo país europeo reclamaba dentro de sus frontera la provincia francesa del Rosellón. Hitler también se negó a entregar esta región a la España liderada por el nuevo Caudillo ibérico, Francisco Franco, que en el famoso encuentro de Hendaya del 23 de octubre de 1940 la incluía dentro del paquete comanche de exigencias territoriales para sumir a una desangrada España en la Segunda Guerra Mundial.

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A modo de epílogo, señalar que Cataluña (y toda España) le fue muy útil como de lugar de descanso a cientos de nazis que huían de la derrota de su “Reich de los mil años” en 1945. Algunos conspiranoicos afirman que hasta el mismo Hitler voló a Barcelona el 26 de abril de aquel año. En la ciudad condal habría disfrutado durante un mes del pa amb tomàquet, y el cap-i-pota antes de viajar a su retiro definitivo en Argentina.

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Con información de Dolça Catalunya, La Vanguardia, Sapiens.cat, Somatemps, Wikipedia y  La Voz Libre.

Jaime Noguera adora Cataluña aunque tire una bomba atómica en la Barcelona de ‘España: Guerra Zombi‘.

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