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Bienvenidos a la batalla de ratas muertas, probablemente la fiesta más asquerosa de España

16 Sep 2015
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Iñaki Berazaluce

Ratas Puig

Ilustración de WSJ.

… Y eso que la competencia es dura. Ayer murió lanceado Rompesuelas, un toro bravo que tuvo la mala fortuna de cruzarse en el camino de una “tradición histórica y cultural” como tuvo la desfachatez de calificarla el ministro de Justicia. Pero Rompesuelas era un toro y ya sabemos que Dios creó a los toros para que los ibéricos disfrutáramos haciéndoles perrerías (después de vivir como Dios, valga la paradoja).

Lo de El Puig, un pueblito de la huerta valenciana, es otro cantar. Allí los mozos del pueblo celebran cada último domingo de enero la fiesta más asquerosa de España y parte del extranjero: la batalla de ratas, consistente en lanzarse unos a otros los cadáveres de una docena de ratas, apaleadas previamente para la ocasión y congeladas hasta el día de la fiesta.

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¿Y en qué consiste esta batalla? “Pues básicamente es una tomatina con ratas”, me explica Miguel Ángel Rolland, director de ‘Santa Fiesta’, el documental que retrata las fiestas más cafres de los pueblos de España. De hecho, el equipo de la película apenas pudo rodar en Puig porque sus miembros podían haber acabado como las ratas o como la fotógrafa de Levante un par de años antes, tal y como muestra este vídeo.

Los “mozos” llevan escondidas las ratas en sus ropas de camuflaje militar y lanzan los cadáveres a la gente, que los recibe con alborozo. “Niños de 5 a 16 años las cogen y juegan con ellas”, recuerda Rolland, todavía impactado con la escena. Podía ser peor, podía ser como en los viejos tiempos, en los que las piñatas de barro que rompen ahora los mozos no sólo guardaban golosinas sino ratas vivas atraídas por aquellas, que eran apaleadas por la multitud al caer al suelo. Son sus costumbres y hay que respetarlas.

festival-ratas

Parece ser que la tradición viene de la Alta Edad Media, cuando las epidemias de peste asolaban Europa y la matanza de ratas era la manera de detener la mortífera enfermedad, según explica un documentado y complaciente artículo publicado en 2014 por el Wall Street Journal. De aquellos polvos, estas tradiciones. Y un grito unánime de los vecinos desde que la batalla de ratas está oficialmente prohibida en el pueblo –“¡Queremos ratas, queremos ratas!”- que puede servir para entender un poco mejor la idiosincrasia de Tordesillas, a 700 kilómetros de distancia.

Las autoridades hacen la vista gorda con la prohibición, probablemente por miedo a los testoterónicos vecinos, los mismos que son capaces de apalear a una reportera por hablar (mal, se supone) de su tradición. “La policía municipal estaba a dos calles de la plaza -recuerda el director de ‘Santa Fiesta’-. Se marcharon silbando, igual que en los tebeos de Mortadelo”.

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El PACMA ha denunciado reiteradamente la batalla de ratas de Puig, pero la presión social es allí inexistente, al contrario que en Tordesillas, donde la fiesta está tocada de muerte. Al fin y al cabo, son sólo ratas, que no tienen nombre y “sólo hacen mal”, como justifican los vecinos. Sin embargo, “todo está en el mismo paquete de desaprensión con los animales -razona Rolland-. Si estás en un círculo en el que jugar con cadáveres de ratas es normal resulta contagioso, y acabas pegando una patada a un burro o torturando lentamente un toro”.

Con información de Wall Street Journal, TV Animalista y Marcianos.mx. Imágenes extraídas del documental ‘Santa Fiesta’, de inminente estreno.

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