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Diez platos vomitivos de los hospitales españoles que te harán salir peor que estabas

19 Ene 2016
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tortilla

Los recortes han afectado, entre otras muchas cosas, a los servicios sanitarios más básicos, y no hace falta ver pacientes amontonados en los pasillos de los hospitales para tenerlo claro: basta con hacer una ruta gastronómica por las habitaciones para comprobar que de las cocinas no sale ningún plato digno de un ser humano.

Pacientes y familiares sufren a diario la llegada de la dichosa bandeja que, dos veces al día (el desayuno se suele escapar), tienen el aspecto y el olor del peor rancho carcelario. Pasen y vean, no sin antes taparse la nariz y dejar los escrúpulos a un lado. Aquí van las diez delicatesen más asquerosas de la sanidad española:

Jamón cocido en su propio moho

El más reciente crimen cometido contra el ser humano en un hospital llegó de la mano del televisivo Quique Peinado, que denunciaba hace unos días en Twitter el trato alimenticio recibido por su madre en el Hospital Infanta Leonor de Vallecas: una bandeja de corcho con una loncha de jamón cocido, un tomate aplastado y un caldillo sospechoso con toques verdes. Lo más sano de la capital.

 

Fósil de dinosaurio rebozado

Los científicos aún no han logrado descubrir el origen de este presunto alimento servido en el Hospital Ramón y Cajal de la capital madrileña. ¿Es eso una uña de bruja? ¿Quizás la garra de un animal prehistórico? En cualquier caso, el rebozado y, probablemente, el aceite con el que se cocinó en la freidora sí que han conocido varios siglos diferentes.

¿Cosas del mar? Un hospital coruñés sirve algo blanquecino, con aspecto de llevar varias décadas en un congelador y que puede llevar sabor a mar, ser tan insípido como el pollo o tratarse de simples piedras. El mismo plato en un sitio normal y corriente de esos en los que el cliente es lo primero tiene el delicioso aspecto de la imagen inferior, con su pulpo y todo. Cuestión de presupuesto, claro.

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Tortilla marítima

Sin salir de los productos del mar, esta imagen demuestra que la creatividad en la cocina de un hospital debería estar prohibida. Este curioso pescado no es sino un trozo de tortilla con un nauseabundo color blanquecino. El artístico corte no mejora ni de lejos el plato. La tortilla es redonda y, desde luego, no tiene ese color.

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Tortilla francesa recién salida de la central nuclear

El Álvaro Cunqueiro de Vigo debe tener en sus cocinas un almacén de residuos nucleares o una planta de uranio. El color de esa presunta tortilla francesa es tan radiactivo que asustaría al mismísimo Homer Simpson. Quizás la energía del futuro esté en esa tortilla. Desde luego, la primera estrella Michelín del hospital tendrá que seguir esperando.

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El melocotón pocho

En ocasiones, no hace falta que el manjar hospitalario esté cocinado para que dé asco: este melocotón del mismo hospital vigués estaba condenado a ir a parar al cubo de la basura, pero alguien decidió en cocina que quizás algún paciente podría probar lo que se siente comiendo fruta podrida. ¿Qué es lo peor que le puede pasar?  

Empanadillas de museo

Más antiguas que la Mona Lisa, las pirámides egipcias o las pinturas de Atapuerca: así son las empanadillas servidas en un bar de hospital en el que se han propuesto conservar esta obra de arte durante toda la eternidad. Un poco de ‘film’ de cocina las protegerá y, a la vez, permitirá a los incrédulos clientes observar el grado de asco que pueden producir unas empanadillas.

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Bodegón para un enfermo

El puré es puré y nunca tiene buen aspecto, pero lo que aparece arriba debería ser un trozo de manzana que acompaña a algo similar a unos filetes. Sobre la pera grisácea del otro extremo de la bandeja lo mejor sería no especular. Su procedencia y su edad podrían matar a cualquier paladar. En el Hospital Moncloa los aspectos frutales no parecen estar entre los fuertes del menú para pacientes.

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Las patatas de Matusalén

Podría ser piña, podrían ser las heces de un animal desconocido o podrían ser piedrecitas del monte. Sin embargo, el menú asegura que estamos ante patatas al vapor sobre una cama de fiambre de un pavo que ha sobrevivido muchas noches en el frigorífico. Para los más sibaritas.

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El plato estrella: filete sin filete

Un buen escalope puede ser un manjar de dioses que no falta en ningún menú infantil. Sin embargo, lo que para muchos es una delicia, en un hospital se convierte en el peor chiste gastronómico. Está el rebozado, pero no hay carne. Todo un truco de magia que denota el mimo con el que muchas cocinas hospitalarias cuidan a los pacientes. ¡Que aproveche!

Con información de Vigo é, hospEATal y Yorokobu.

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