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El fundador de Alcohólicos Anónimos usaba la oenegé para ligar

30 mar 2016
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Cuando estaba a punto de cumplir los 40 años, William Griffith Wilson alcanzó la sobriedad. Más conocido como Bill Wilson, no volvió a probar el alcohol en los 36 años de vida que le quedaban por delante.

En 1999, la revista ‘Time’ lo incluyó entre los héroes del siglo XX. El gran logro de Wilson no fue dejar la bebida, sino ayudar a otros a hacerlo. ¿Cómo? Fundando Alcohólicos Anónimos. Sin embargo, el bueno de Bill no era un santo.

Empleado en la bolsa de Wall Street, Wilson había contraído matrimonio en 1918, a su vuelta de la Primera Guerra Mundial, con Lois Burnham. El matrimonio duraría más de 50 años, hasta la muerte de Wilson, pero la fidelidad brilló por su ausencia: el padre de Alcohólicos Anónimos usaba su creación para ligar con las mujeres que acudían en busca de terapia.

Todo por la sobriedad

La de Wilson es una de esas espectaculares historias de superación. Tras ser internado hasta cuatro veces en el Hospital para la Adicción a las Drogas y al Alcohol Charles B. Towns, logró dejar las bebidas espirituosas en 1934.

Un año después, Wilson se encontraba en un desastroso viaje de negocios que volvió a acercarlo al alcohol. Para evitar caer en la tentación, buscó a un alcohólico con el que charlar. Su pareja fue el doctor Robert Holbrook Smith. Alcohólicos los dos, lograron permanecer sobrios apoyándose el uno al otro. El éxito de este peculiar método fue el inicio de Alcohólicos Anónimos, que nació cuando Wilson y el conocido como doctor Bob reunieron a un grupo en el mismo estado que ellos.

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Si fue su salvación para el asunto de la bebida, Alcohólicos Anónimos fue la perdición de Wilson en lo que a líos de faldas se refiere: cada mujer atractiva que llegaba a una de las famosas reuniones para rehabilitarse se convertía en un objetivo para el fundador.

La terapia de Alcohólicos Anónimos cuenta con doce pasos, en los que los afectados deben comenzar admitiendo su problema y terminar evangelizando ante otros alcohólicos.

Pues bien, los cuernos que el bueno de Bill le ponía a su mujer a costa de las terapias eran tan conocidos que algunos miembros de la oenegé comenzaron a llamar a la seducción de afectadas “el decimotercer paso”.

Y la vida siguió, claro. En sus últimos años, Wilson experimentó con arriesgadas técnicas para luchar contra el alcoholismo de otros, como el uso de LSD, y pasó a la historia como el héroe que reflejó la revista ‘Time’ a finales del siglo XX. Sin embargo, lo más probable es que Lois Burnham no viera Alcohólicos Anónimos como el mejor invento del mundo, precisamente. Con un marido tan seductor, era lo peor que le podía pasar.

Con información de Alcohólicos Anónimos, Wikipedia y Sources, Resources and Facts Explained.

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