Strambotic

Noticias insólitas, bizarras e impertinentes

La granja italiana que cultivaba testículos de mono para curar la impotencia sexual

14 Mar 2016
Comentarios

Compartir: facebook twitter meneame

Sergio Parra

baboons-4371_960_720

La locura de los implantes testiculares de la década de 1920 es uno de los capítulos más estrambóticos de la historia de la sexología, pero resultó esencial para el desarrollo de uno de los campos más complejos y fascinantes de la biología: la endocrinología, el estudio de las hormonas.

Pero volvamos a la sexología. Todo empezó con una receta simple: extraer gónadas de perros y hámsteres machos, molerlas, mezclarlas e inyectarlas, tal cual. Después vinieron los trasplantes testiculares de adolescentes muertos a los debilitados escrotos de millonarios envejecidos. Y, por último, se creó una granja en Italia destinada a cultivar testículos de mono. Cualquier cosa por recuperar el empuje sexual perdido.

¿Por qué testículos?

Antes de que naciera la Viagra, alrededor de la potencia sexual había un buen número de mitos. Uno que popularizó Charles-Édouard Brown-Séquard, allá por el siglo XIX, es que hay órganos que pueden secretar sustancias químicas que afectan a zonas del cuerpo. Y estaba en lo cierto, porque eso son las hormonas, como la testosterona o la adrenalina.

charles-c3a9douard_brown-sc3a9quard-extrait-organique

Al parecer, Brown-Séquard estaba perdiendo el vigor sexual de su juventud, y pensó que si se inyectaba un extracto de testículos de mono, entonces su miembro volvería a lucir como un martillo neumático al imperativo de alehop.

Poco a poco fue mejorando su elixir, mezclando el extracto de testículos de mono con semen y sangre de perro y hámster. A pesar de que sus contemporáneos se ciscaron de él tanto como hoy nos ciscamos de la homeopatía, tuvo su público, y el “elixir Brown-Séquard” se administró mediante inyecciones para prolongar la vida, agudizar la cognición, mejorar el chorro urinario y, lo más importante, obtener imponentes erecciones.

24-sep-18931

La obsesión de los testículos jóvenes

Con el transcurrir de los años, la idea de que inyectar o trasplantar tejido testicular de un animal vigoroso a otro en declive permite adquirir sus superpoderes fue calando en diversos investigadores. Ese tipo de personas que serían invitadas al programa de Friker Jiménez.

turner2

En 1916, por ejemplo, G. Frank Lydston describía los beneficios del trasplante de testículos de adolescentes que habían muerto en hombres de edad provecta en el prestigioso Journal of the American Medical Association.

Sin embargo, el rey de los testículos, concretamente el de los monos, fue Serge Vóronov, un ruso emigrado a Francia que inició sus injertos de un trozo de dos centímetros de testículo de chimpancé en hombres.

200px-Serge_Voronoff

Era 1920, y los siguientes cinco años obtuvo gran notoriedad y buenos ingresos económicos, lo que le permitió ampliar el negocio, tal y como explica Zoe Cormier en su libro La ciencia del placer:

Cuando el gobierno galo prohibió la caza de monos en las colonias francesas de África, fundó una granja en Italia para criar monos sanos y recoger su lucrativa cosecha. (…) Los bares de París servían bebidas apodadas “Monkey gland” (glándula de mono): ginebra, zumo de naranja, granadina y absenta.

Los monos y sus testículos, pues, se habían puesto de moda en Francia, e incluso se vendieron souvenirs en forma de ceniceros con dibujos de monos asustados vociferando: “¡No, Vóronov, no me cogerás!”.

El equivalente de Vóronov en Estados Unidos fue un médico de Kansas llamado John Romulus Brinkley, si bien el título de médico le quedaba un poco grande: había pagado 500 dólares por su “título” en la Eclectic Medical University de Kansas (sí, otro caldo de cultivo de personajes tipo Friker Jiménez). Brinkley, sin embargo, no usaba testículos de mono, sino de cabra.

A pesar de que este episodio de la ciencia fue ciertamente extravagante, propio de charlatanes de feria, también sirvió para avanzar en la investigación de la endocrinología y los xenotrasplantes. Y lo más importante, investigaciones posteriores llegaron a la conclusión de que quizá los trasplantes de glándulas de mono no tuvieran solo un efecto placebo, tal y como remata Cormier:

En 1991, la reconocida revista británica The Lancet solicitó oficialmente al Medical Research Council que reabriese las puertas a financiar nuevas investigaciones sobre trasplantes de glándulas de monos.

 

Con información de La ciencia del placer, de Zoe Cormier.

¡Síguenos en Facetrambotic y en Twitterbotic!

No queremos sádicos en nuestras vidas:

– El lado oscuro del famoso experimento de Pávlov que no te contaron en el colegio

– Aprende a interpretar los tatuajes de un preso ruso

– Diez platos vomitivos de los hospitales españoles que te harán salir peor que estabas

– Diez meteduras de pata antológicas de los medios por tirar de Google Imágenes

– Así es el mapa de España desde el punto de vista de los neozelandeses


comments powered by Disqus