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Operación Pilgrim: el plan británico para arrebatarnos las Islas Canarias

12 Sep 2016
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Jaime Noguera

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Todos hemos leído algo sobre la famosa reunión de Hendaya entre Franco y Hitler y las negociaciones que mantuvieron ambos dictadores para que España entrase en la Segunda Guerra Mundial del lado del II Reich. Los historiadores han llenado miles de páginas discutiendo si nuestro Generalísimo fue un inteligente negociador que salvó a nuestro país del desastre o si Hitler simplemente no estuvo dispuesto a satisfacer las exageradas peticiones del Caudillo para evitar ponerse de malas con la Francia de Vichy, etc,etc. Lo que pocos saben es que, mientras el cabo austriaco y el golpista gallego se daban coba en el coche salón del tren alemán Erika aquel 23 de octubre de 1940, mucho más al norte, cerebros ingleses creaban los planes para contrarrestar una posible entrada de España en la guerra y dejarnos sin ron miel ni gofio mediante la invasión de las Islas Canarias.

Operación Félix: el plan alemán para la conquista de Gibraltar

El Reino Unido temía que una alianza hispano-germana les hiciese perder la entonces importante base de Gibraltar, y no les faltaban motivos. Tan sólo 20 días después de la entrevista en Hendaya, Hitler se había reunido con el Cuñadísimo, Serrano Suñer, para presentarle el minucioso plan que tenía preparado para invadir el peñón el 10 de junio de 1941.

Tan avanzados se encontraban los planes que, desde finales de 1940, en las montañas de la provincia francesa de Besançon ya se entrenaba para el asalto la Primera División de Montaña germana del general Ludwig Kuebler. Para Hitler, la toma de Gibraltar aligeraría la presión británica sobre su aliado gafe, Mussolini, y provocaría la caída de la isla de Malta y Egipto en manos del Eje.

Encuentro de Franco con Hitler en Hendaia Adolf Hitler und der spanische Staatschef Francisco Franco y Bahamonde bei der Begrüssung der Begleiter des Caudillo auf dem französischen Grenzbahnhof - 23.10.1940 *** Local Caption *** 00095929

Como admitiría el propio primer ministro británico Winston Churchill: “España tenía en su mano la llave de todas las empresas británicas en el Mediterráneo”. ¿Qué pensaba hacer el estadista, que había combatido a los españoles como voluntario en la Guerra de Cuba, si España permitía o participaba la conquista de Gibraltar? Según Historia de la no-beligerancia española durante la segunda guerra mundial (1980) de Víctor Morales Lezcano , el habitante del 10 de Downing Street había escrito al vicelmirante Alexander al respecto ya en junio de 1940.

“Si tenemos que desalojar Gibraltar, hemos de tomar inmediatamente Canarias, que hará las veces de una buena base para controlar la entrada occidental del Mediterráneo”.

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Ludwig Kuebler y el asalto a Gibraltar en el comic WW 2.2. La Otra Guerra Mundial.Tomo 2: Operación Félix

Operación Pilgrim: objetivo Canarias

El plan de invasión, originalmente llamado Puma y luego rebautizado como Pilgrim, debía iniciarse en el Puerto de la Luz (Las Palmas, Gran Canaria), que sería tomado por dos brigadas de infantería británicas con el apoyo de uno o dos cruceros y la cobertura aérea de un portaaviones. A estas unidades navales acompañarían un mínimo de cuatro mercantes y otras unidades menores que servirían de almacenes y depósitos flotantes de víveres, batallones de asalto y municiones. Uno de los barcos encargados de transportar las tropas británicas hasta Canarias era el HMS Queen Emma, un barco de pasajeros holandés que había huido a Inglaterra tras la invasión germana.

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El mando de la fuerza naval, podemos leer en el número de junio del 2015 de la Revista Militar de Marina, recaía en el contralmirante Louis Henry Keppel Hamilton y el de la fuerza terrestre en el general Harold Rupert Leofric George Alexander. Este último debía asegurarse la captura del estratégico aeródromo de Gando y neutralizar las defensas para así garantizar el avance hacia Las Palmas. Al mismo tiempo, se debía producir un desembarco anfibio en la bahía de Arinaga para luego atacar Gando por la retaguardia.

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General Harold Rupert Leofric George Alexander. (Alex para los amigos)

Otro objetivo, según el informe titulado Western Mediterranean and Atlantic Islands Projects del War Cabinet, con fecha del 13 de junio de 1940,  sería el puerto de Santa Cruz en Tenerife. En este documento se alertaba al alto mando británico de importantes defensas artilleras españolas a batir en Canarias, pero también aclaraba que muchas de ellas eran obsoletas , al tiempo que recomendaba que la ofensiva se centrase en la ocupación de una única isla: Gran Canaria.

“Si tenemos éxito en la operación, su aeródromo y el puerto podrán ser usados como base de operaciones contra Tenerife, siendo posible que esta isla decida, directamente, rendirse”.

Lo de centrarse en Gran Canaria no hubiese garantizado a los chicharreros el librarse de una visita de cortesía de las tropas de Su Graciosa Majestad. En 1994, según recoge La Opinión de Tenerife,  el capitán del Special Operation Executive (SOE) Austin Baillon, británico nacido en la isla, pronunció en la capital tinerfeña una conferencia bajo el título Canarias y la operación Pilgrim, en la que recordó que, en el marco de un programa de sabotaje aliado previsto contra una España beligerante del lado alemán denominado Goldeneye (diseñado por cierto por Ian Fleming, creador de James Bond), una treintena de comandos entre los que se encontraba él mismo habían recibido entrenamiento para saltar en paracaídas sobre Tenerife y sabotear allí instalaciones estratégicas como la Refinería y el aeropuerto de Los Rodeos.

 

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Ian Fleming, a la izquierda y el comando Austin Baillon, a la derecha.

Proteger (o algo) las Afortunadas

¿Hubiese funcionado la Operación Pilgrim? ¿Había posibilidades de defender Gran Canaria y Tenerife? Hitler, oliendo desde muy lejos el humo dulzón del puro de Churchill, había expresado su temor ante un golpe de mano británico el 18 de noviembre de 1940.

“Hay que poner antiaéreos en los aeródromos de Canarias y hay que llevar allí a los Stukas, es la única manera de alejar definitivamente de las islas a la escuadra enemiga”.

Pero nuevamente su querido Francisco Franco, que jamás hubiese llegado al poder sin su ayuda, le hizo la cobra. Aunque España había firmado un protocolo secreto por el que se comprometía a entrar en la conflagración mundial aliándose a Alemania (pero sin concretar cuando) la perspectiva inmediata de acoger unidades aéreas alemanas en Canarias, debió de subir la bilirrubina de Suñer, que como respuesta a la propuesta del líder nazi lanzó una de sus habituales brindis al sol: “hay en el archipiélago guarniciones de tanta calidad que si el momento llega harán de cada isla un Alcázar”

Los alemanes, que no debían fiarse un pelo de las promesas del ministro,  encargaron, a finales de 1940 la confección de un informe sobre la situación de las defensas españolas en el archipiélago. Para ello, como podemos leer en Colaboración hispano-alemana para la defensa de Canarias: el viaje del capitán de fragata Krauss de Juan José Díaz Benitez, el marino teutón capitán Krauss voló a Canarias en un vuelo regular de Iberia y rellenó 19 páginas de contenido poco esperanzador durante sus casi dos semanas de visitas a bases y encuentros con militares españoles.

En algunos casos, muchas de las piezas artilleras databan de la Guerra de Cuba, los aviones encargados de rechazar a los ingleses eran 25 cazas biplanos Fiat CR 32 (Krauss estimó en 144 aparatos los aparatos de caza necesarios para defender las islas), el armamento de la infantería estaba formado básicamente por fusiles y la carencia de transporte motorizado se suplía, para su sorpresa, hasta con camellos. Encima, de presentarse una escuadra británica frente a las costas canarias, la Marina Española solo tenía disponible en aquel momento el minador Marte (con tan solo 250 minas) y el vetusto guardacostas Xauen. Carne para la picadora ante cualquier crucero enemigo.

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El Xauen (botado en 1917) había sido echado a pique una vez, en el puerto de Málaga, en 1937.

Krauss, sincero él, comentó en su dossier que no creía que España consiguiese defender las Canarias ante una fuerza como la aliada, eminentemente superior. Además, dejó por escrito que opinaba que la actuación de las autoridades locales dejaba mucho que desear, y que la incompetencia de las mismas explicaba gran parte de los problemas que padecía el archipiélago.

Para hacerse una idea de la falta de recursos y de organización que afectaba a la defensa española, valga el dato de que entre todas las islas contaban con la ridícula cantidad de 11 torpedos de 450 mm para proteger los puertos principales…pero no había ni un compresor de aire para cargarlos.

Los militares españoles emplazados en Canarias pasaron al enviado alemán un documento, que habían hecho llegar previamente al gobierno español, en el que solicitaban material para defenderse. En esta lista figuraban submarinos, artillería antiaérea pesada, destructores, torpederos, lanchas rápidas, etc. Vamos, que ni la de Papa Noel.

¿Qué pasó entonces?

Winston Churchill llegó a comunicar a los EE UU que pensaba invadir Canarias a mediados de septiembre de 1941. Sin embargo, la evolución de la guerra (Alemania se enfrentaba a la titánica invasión de la URSS), el que los más importantes militares españoles fueron sobornados con suculentas libras esterlinas para que se volviesen pacifistas y el pobre compromiso entre Franco y Hitler hicieron innecesaria la operación Pilgrim, siendo parte de los efectivos destinados a este plan empleados finalmente en 1942 en la Operación Ironclad, la campaña para la toma de la isla de Madagascar, controlada por la Francia de Vichy.

Pese a ello, con la mosca de la pérfida Albión detrás de la oreja y ante la imposibilidad de dotar a las islas de lo que solicitaban, Franco les envió hormigón. Así se levantaron por toda Canarias varios complejos de bunkers , equipados con cualquier cosa que pudiese disparar, como el tinerfeño de El Pulpito (en cuya construcción fallecieron una decena de obreros) o el de Tamaraceite, en Gran Canaria. Este último, según Lugaresconhistoria, tiene una superficie de 7000 metros cuadrados de intrincadas galerías que, en caso de invasión hubiesen servido a los soldados españoles para pasar el rato jugando al Un, dos, tres, al escondite inglés.

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Con información de Colaboración hispano-alemana para la defensa de Canarias: el viaje del capitán de fragata Krauss , La Opinión de Tenerife , Revista Militar de Marina, ‘Historia de la no-beligerancia española durante la segunda guerra mundial ‘ y Lugaresconhistoria.

Imagen de cabecera obra de Agudeza Visual Creativos.

Jaime Noguera  es medio guanche y autor de España: Guerra Zombi.

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