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Con el tiempo que pasas en las redes sociales podrías leer más de cien libros al año

09 Feb 2017
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Iñaki Berazaluce

Tres de cuatro españoles no ha pisado nunca una librería y cerca de la mitad no lee ni los prospectos del medicamento. Esto es casi una tradición, así que no le vamos a echar la culpa a Facebook, porque en esto de la lectura sucede lo mismo que con el sexo: no es que se folle poco, es que siempre follamos los mismos.

Es probable que hayas llegado a este artículo a través de una red social, posiblemente Facebook, puede que Twitter o incluso WhatsApp. No es descabellado que esta mañana entraras en la red social para ver los mensajes y cotillear aquí y allá, y, horas después, cayeras en este post, preguntándote adónde ha ido a parar tu preciado tiempo, ese que siempre dices que te falta.

Imagen: Getty Images.

Entre Facebook, Twitter, YouTube, Instagram y WhatsApp, por citar sólo las más conocidas, nos dejamos 96 minutos del día (según los datos de We Are Social). Más de una hora y media diaria dedicada a chatear con los amigos, informarnos, compartir tontunas, informarnos y ver vídeos de trompazos. ¿Y si en lugar de mirar el móvil dedicaras todo ese tiempo a leer libros?

Hagamos los cálculos: teniendo en cuenta que el ritmo de lectura medio es de 200 palabras por minuto, cada día que desconectaras de Facebook podrías leer 19.200 palabras, alrededor de 7 millones al año si reconvirtieras en lectura analógica las 584 horas que dedicas (dedicabas, queremos decir) a las redes sociales. Una novela tiene entre 40.000 y 90.000 palabras, de modo que a final de año podrías haber leído entre 77 y 175 libros.

Pero, ¿por qué limitarnos a las redes sociales? ¿acaso no pasamos mucho más tiempo enganchados a la caja tonta, casi cuatro horas diarias? Si dedicáramos esos 233 minutos diarios a leer podríamos merendarnos un libro de 48.000 palabras cada día. Antes de finales de marzo habrías acabado los 46 volúmenes de los ‘Episodios nacionales’ de Galdós. Eso sí, no hubieras contestado ni un Guasap, y probablemente te hubieras quedado sin amigos a esas alturas.

Ahora bien, ¿leer más libros nos hace más profundos, menos superficiales, como sostiene Nicholas Carr, o simplemente leer letra impresa tiene un prestigio social del que carece internet?

“Yo no hago esa distinción. Creo que el tema del soporte es más sentimental, porque anda que no hay libros malos por ahí”, me contesta Ana García Huerta, periodista y lectora compulsiva “aunque lenta”, matiza: “Llevo desde el verano para acabar ‘Manual para mujeres de la limpieza’, de Lucia Berlin, un libro en el que cada relato hay que saborearlo como el caviar”.

En cuanto a las redes sociales, “utilizo muchísimo Whatsapp, por motivos laborales, y Facebook, donde encuentro lecturas muy interesantes, debates más o menos nutritivos, y también pierdo el tiempo pinchando en tontunas, como el vasco que se comió 236 croquetas y luego cenó”.

Todo indica que en el futuro inmediato no vamos a leer más, al menos en corteza de árbol muerto: tal y como muestra este gráfico el tiempo que dedicamos a internet no deja de aumentar y no lo hace a costa de la tele, cuyo consumo se mantiene estable desde los 90, sino de otras actividades, incluyendo la lectura de libros:

Infografía de La Vanguardia a partir de datos de AIMC.

Con información y datos de Muy Interesante, La Vanguardia, Estandarte y We Are Social. Inspirado en QZ.

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