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Sentinel del Norte, la paradisíaca isla india donde te matan en cuanto pisas la playa

20 Mar 2017
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Jaime Noguera

Situada al este del Golfo de Bengala existe una pequeña isla que no sabe todavía que pertenece a la India. El motivo es que sus ariscos habitantes tienen la mala costumbre de asesinar a todos los visitantes. Los nativos de Sentinel del Norte evitan así desde hace siglos, quizás milenios, todo contacto con extranjeros, es posible que como forma de evitar la destrucción de su civilización . Si embargo, el pasatiempo de dar matarile a los intrusos puede haberse convertido a sus motivaciones homicidas en una suerte de profecía auto cumplida, ya que ha acabado poniendo en peligro a esta críptica tribu: no están inmunizados contra nuestras enfermedades y cualquier contacto con gente de fuera de su isla podría ser fatal.

Comenzamos el tour por Sentinel Norte. Les recomendamos que mantengan sus asientos erguidos y que no abandonen la embarcación bajo ningún concepto. Atentos a las flechas.

Un círculo de arrecifes vírgenes, playas bañadas por el azul turquesa del océano Índico…sería el paraíso de cualquier gran empresa turística si no fuese por en algún momento de sus 60.000 años de existencia, los misteriosos sentinelenses decidieron aislarse del mundanal ruido. Poco o nada se sabe de ellos. Se supone que se viven de la pesca, la caza y de la recolección de plantas. Según Forbes no existen evidencias de que practiquen la agricultura o de que conozcan el fuego, con lo que, unido a lo anterior, podríamos estar hablando de la única comunidad humana (que sepamos) que se ha quedado anclada en el paleolítico.

Además del celo de sus habitantes, descritos por los que se han acercado con catalejos o prismáticos hasta la costa de la isla como de baja estatura, pelo afro y piel ocura (de hecho son conocidos como negritos), la geografía complica más la visita a Sentinel del Norte. Con una superficie de 72 km², está completamente cubierta por una densa jungla y carece de puertos naturales. Además, la barrera de arrecifes de coral que la rodea a unos 1000 metros de la orilla hace muy difícil la navegación, casi imposible durante diez meses al año.

Claro, si a esto le añades una abundante lluvia de flechas y piedras, apaga y vámonos.

Misión: Secuestrar a un sentinelense

Maurice Vidal Portman (1860-1935), un canadiense al servicio de la Marina Británica que se encargó de “pacificar” a varias tribus del archipiélago de Andamán, desembarcó en la isla en 1880 al mando de una expedición militar. Su misión era la de secuestrar a algún habitante al que luego enseñar inglés para que les explicase qué demonios pasaba en la isla. Los sentinelenses, que se olieron que aquella enorme canoa que llegaba a su isla no traía nada bueno, hicieron lo que no hacen cuando no se defienden directamente a lanzazos: se refugiaron en el interior de la selva.

Vidal Portman, frustrado, consiguió tras muchas vueltas el capturar a una pareja de edad avanzada que paseaba por una playa, y a cuatro niños. Los ancianos enfermaron y murieron al poco tiempo a bordo del navío. Los niños, según Neatorama, fueron devueltos a la playa con algunos regalos de los británicos y no se sabe qué ocurrió con ellos. ¿Por qué no los llevaron consigo? ¿No se trataba de formar a intérpretes y emplearlos luego en el control de la isla? ¿O habían convertido a los niños en armas biológicas? Si esa era su intención, el plan no funcionó.

Esto impidió a Vidal Portman documentar, como había hecho con otros pueblos originarios, qué lenguaje hablaban, pero seguramente salvó a los isleños de morir por vaya usted a saber qué enfermedad europea que pudiesen portar los británicos. En cuanto al su idioma, dice la Wikipedia que los sentinelenses no son capaces de comunicarse con las tribus Jarawa, que son las más próximas en distancia y con las que, al parecer, han tenido algún encuentro (o más bien encontronazo) en el pasado.

Otros contactos (nada afortunados) con el exterior

Según Cultura Colectiva, en 1896 un convicto hindú escapó de una prisión con una balsa improvisada que acabó varando (qué mala suerte, chato) en Sentinel del Norte. Días más tarde el cadáver del preso fue encontrado en la playa lleno de perforaciones provocadas por flechas y la garganta cortada. Lo que no explica esta publicación es quién fue el testigo que vivió para contarlo. ¿Leyenda o realidad?

Según Lock, Stock and History, en 1974, un equipo de rodaje de National Geographic arribó a la isla para intentar grabar a sus misteriosos habitantes. El encuentro comenzó de manera tensa. Los blancos se acercaban portando regalos: una caja con cocos, una muñeca y un lechón. Frente a ellos, los guerreros sentinelenses, semidesnudos, armados hasta los dientes y con ganas de jarana. Debieron pensar que aquellos tipos pálidos con gafas de pasta no se lo habían currado mucho con los regalos. Aquel histórico momento, el encuentro de dos culturas, acabó con la huida de los cineastas, con el director del documental con una flecha clavada en la rodilla y con el pobre cerdito mutilado en vivo.

In 1981 la nave de carga Primrose naufragó en la isla y los indígenas rodearon el buque, intentando el asalto a ese en varias ocasiones. La tripulación de a bordo pidió por radio un urgente rescate aéreo o, directamente, que les lanzasen armas en paracaídas para poder defenderse. Tras pasar una semana haciendo lo que podían con hachas de bombero y pistolas de bengalas, fueron rescatados con helicóptero.

Los sentinelenses han desmantelado parte del buque (se puede apreciar desde Google Earth) puede que para usar el metal para construir nuevas lanchas y flechas.

Un encuentro “pacífico”

El antropólogo Trilokinath Prandit visitó varias veces la isla en 1991, llegando a desembarcar en ella portando regalos que dejaba en la playa antes de ponerse luego a resguardo. Por fin, empezaron a aparecer nativos, que nada más verle le lanzaban flechas o intentaba aturullarle meneando sus penes en actitud desafiante. Consiguió finalmente hacer un breve “contacto pacífico” con alguno de los isleños que, en cuando él se dio la vuelta para dirigirse hacia su embarcación, cambiaron de idea y volvieron a lanzarle flechazos. Prandit no ha vuelto a la isla tras la acongojante experiencia.

¿Y ahora qué?

Con esta tribu parece que se tiene que optar por la opción OVNI, es decir, observarles desde el cielo sin intervenir en sus cuestiones. Se estima que son entre 50 y 400 individuos, no muchos, y se pensó que podrían haber sido engullidos por el tsunami tras el terremoto que afectó a la zona en 2004. Tres días después del movimiento tectónico, el gobierno indio envió aeronaves que consiguieron fotos de supervivientes. Los mismos no dejaron de perder la oportunidad de disparar con sus arcos a los pájaros de hierro (que diría Tarzán).

En 2006 se comprobó que los fieros isleños seguían con buena salud. Mataron a flechazos a dos pescadores que se atrevieron a internarse en sus caladeros para pescar cangrejos.

Mientras las islas cercanas empiezan a experimentar la apertura de hoteles y un incipiente negocio turístico, el gobierno indio ha creado una zona de exclusión alrededor de la inexpugnable ínsula para que no se produzcan más incidentes. No para protegerles de los GH Vip, el reggaetón o la jornada partida, no. Para protegerles del mismo aislamiento que les ha convertido en vulnerables a enfermedades para las que no han sido inmunizados.

El problema es que si los sentinelenses vuelven a cometer un asesinato, la policía india se vería obligada a intervenir. Y con bastantes efectivos. Puede que alguno de los agentes participante se hayan levantado aquel día sintiéndose griposo…o que su hija pequeña acabe de pasar el sarampión.

Con información de Forbes, NeatoramaWikipediaCultura Colectiva y Lock, Stock and History.

Jaime Noguera es explorador en sus ratos libres y autor de España: Guerra Zombi.

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