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Cuando Pablo Escobar obligó a José Luis Perales a cantar 15 veces ‘¿Y cómo es él?’

08 May 2017
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Iñaki Berazaluce

Al Patrón es mejor no llevarle la contraria. Si Pablo Escobar se encaprichaba con algún artista de gira por Colombia enviaba a sus emisarios y el cantante o grupo en cuestión recibía una oferta que no podía rechazar: su caché multiplicado por cuatro. Demasiado tentador para negarse. Demasiado peligroso también: el Patrón no aceptaba un “no” por respuesta.

Entre los que aceptaron el trato, Bertín Osborne, El Puma, Los Toreros Muertos o José Luis Perales. Entre quienes se negaron, la popular cantante Alaska, quien salió de Colombia como alma que lleva el diablo con esta amenaza: “A la pequeñita, que vaya con cuidado, no sea que le caiga un container en el aeropuerto y quede más chaparrita”. Quien me cuenta esto es Mani, bajista de Los Toreros Muertos, y a él se lo contaron los hermanos Ochoa, socios de Pablo Escobar y prominentes miembros del Cártel de Medellín, que contrataron a Los Toreros Muertos para amenizar la fiesta de cumpleaños de uno de los benjamines del clan.

Don Pablo, el Patrón, era más de canción melódica estilo rancier: Bertín Osborne, José Luis Rodríguez “El Puma” o el bueno de José Luis Perales, que tuvo el dudoso privilegio de actuar para el más poderoso narcotraficante de todos los tiempos en una de sus numerosas mansiones en el departamento de Antioquía. La anécdota la cuenta Pablo Carbonell en su alocada biografía El mundo de la tarántula, y dice así:

“(…) Había oído que José Luis Perales había estado en una fiesta de narcos y había tenido que cantar quince veces Y como es él. Al principio le daban mil dólares cada vez, pero cuando ya la había cantado unas diez veces y se negó a repetirla, le pusieron la pistola en la mesa y tuvo que cantar la canción las veces que le apeteció al organizador de la fiesta o a la señorita que lo acompañaba”.

En el caso de Los Toreros Muertos no hubo pistolas, pero “tocamos para una gente muy peligrosa, con una despreocupación que rozaba la demencia”, me cuenta por correo Pablo Carbonell, quien se lamenta de no haber conocido a su tocayo Pablo Escobar:

“Pablo Escobar es una parte de la historia de Colombia. Un personaje con claroscuros al que me hubiera gustado saludar. La historia lo ha juzgado y lo ha colocado entre los villanos. Pasa con todos los perdedores. Yo desde luego si me tengo que ir de copas prefiero a Pablo Escobar que a Ronald Reagan”.

Los Toreros Muertos en 1988. Foto: Babelia.

Llamé a Mani para conocer su versión de los hechos y me confirmó que “todo lo que cuenta Pablo en el libro es verdad”, dicho lo cual añadió un par de detalles: la anécdota de José Luis Perales se la contaron los mismísimos Ochoa en Medellín, donde tocaron poco después del Bob Dylan conquense. Y el “organizador de la fiesta” no era otro que Pablo Escobar, el Patrón, reivindicado ahora desde la electrizante serie ‘Narcos’.

¿Podía haber sido peor? Sí. Podía haberse encaprichado con ‘Que canten los niños’.

… O ‘Mi agüita amarilla’, en el caso de Los Toreros Muertos, el celebrado himno del grupo, que empieza a perder gracia a partir de la duodécima interpretación. Parece ser que los Ochoa no fueron tan obstinados con el conjunto de Pablo Carbonell como Escobar con Perales, pero es que tampoco dio tiempo: el concierto y la fiesta de cumpleaños tuvieron que ser suspendidos apresuradamente ante la llegada del Ejército colombiano. Pero ésa es otra historia. Si queréis conocerla tendréis que leer ‘El mundo de la tarántula’.

Mirándote a los ojos juraría que tienes algo nuevo que contarme…

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