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“A la izquierda le gusta tener la verdad agarrada de los huevos”

01 Ago 2017
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Iñaki Berazaluce

Según nos desvelaba ayer Luis Alfonso Gámez en Magonia, el Ayuntamiento de Guadarrama, a iniciativa de IU, lleva años organizando encuentros de ‘Alerta Ovni’, en la localidad, concretamente en el popular embalse de La Jarosa. Leonor Villazala, portavoz de Izquierda Unida en el Ayuntamiento comentaba orgullosa en Telemadrid: “Hemos sido pioneros en el tema de las Alterta Ovni y, sobre todo, en el tema de las jornadas de parapsicología”.

Puede que el ejemplo sea extremo pero es significativo de una visión mágica, mística y acientífica del mundo que caracteriza un segmento nada desdeñable de la izquierda, esa que Mauricio José Schwarz denomina La izquierda feng-shui’ y a la que ha dedicado un libro entero para tratar de desentrañar el fenómeno, un repaso que va desde el movimiento antitransgénicos hasta los chemtrails, pasando, cómo no, por los antivacunas y el ecologismo más refractario a la ciencia.

Schwarz, que se declara de izquierdas pero siente que “algunos se han arrogado el decretar mi expulsión de la izquierda, pero no lo consiguen” por su defensa de la ciencia y el racionalismo, tiene a bien responder a nuestras preguntas desde su casa de Gijón.

El otro día trataron de convencerme de que la Tierra era plana. Fue alguien que lo vio en un vídeo en YouTube ¿Cómo es posible que internet, el mayor repositorio de conocimiento de la Humanidad, pueda hacer que algunos atrasen el reloj del conocimiento cuatro o cinco siglos?

Internet es como un asperor, puede esparcir agua pero también puede tener ácido sulfúrico. El problema es que no hemos enseñado a discriminar entre lo que es correcto y lo que lo es, y esto desencadena un error típico del posmodernismo: creer que todo tiene la misma validez… ¡Pero la imprenta hacía lo mismo! Se trata sólo de una cuestión de órdenes de magnitud. Puedes publicar la teoría de la relatividad y al mismo tiempo la teoría de la agricultura biodinámica de Rudolf Steiner. El problema no es el medio sino la educación que tenemos para analizar este medio y valorar lo que transmite. Se dice mucho eso de que “tienes que tener la mente abierta”. Pues bien, yo tengo un guardia en la puerta que dice “esto es una patraña y no voy a aceptarla”.

¿Y acaso no es ésa una actitud anticientífica, cegada para reconocer, por ejemplo, un cambio de paradigma?

El cambio de paradigma es una de las grandes patrañas del posmodernismo. Cuando se pasó de Ptolomeo a Copérnico no hubo un cambio de paradigma científico, por el simple motivo de que antes no había ciencia. El descubrimiento de que existe un colesterol bueno es un avance, no un cambio de paradigma. Pero el que debemos tener no es caprichoso, es el que dice “dame pruebas”, observaciones que pueden ser verificadas independientemente”. No puedo aceptar la existencia de los pitufos hasta que lo demuestres con estas reglas. Sin ese guardia, me veo obligado a creerlo todo, sin criterio alguno.

Yo vi surgir durante el 15-M el autodenominado grupo de espiritualidad, que aderezó (o reemplazó) el debate político por saludos al sol y danzas a la luna. ¿Se puede aventurar qué porcentaje de la izquierda corresponde a lo que llamas “izquierda esotérica” o “reaccionaria”, la izquierda feng-sui?

No me atrevería a cuantificarlo, pero sí tengo claro que es el porcentaje más ruidoso, tan encabronadamente ruidoso que la izquierda sensata muchas veces prefiere callarse y no meterse en líos, porque si yo digo que los transgénicos no son un problema, me van a acusar de estar al servicio de Monsanto.

¿Dirías que la “izquierda feng-shui” está más presente entre la gente joven y los votantes de Podemos o entre los más mayores y votantes de lo que queda del Partido Comunista?

Mucho en Podemos, mucho en IU y tiene presencia en el PSOE y en partidos más marginales. Puede que los jóvenes estén más en sintonía con el reiki y los mayores más con la homeopatía aunque, como digo, es muy arriesgado cuantificar esto sin un estudio serio, estoy especulando.

La pediatra Lucía Galán está cosechando cierto éxito persuadiendo a seguidores del movimiento antivacunas, desmontando sus argumentos, en lugar de hacer mofa de ellos.

Y es que es ahí donde está la pelea. Antes la lucha contra la pseudociencia era marginal y ahora es mainstream. Y qué bueno. La izquierda ha sido remisa a bajar a la arena de las redes para debatir. Los científicos y los divulgadores tenemos que ir a los comentarios de YouTube y pelearse allí.

Yo no quiero entrar en un debate por correo electrónico con Pàmies. Yo quiero que el debate sea público, para poder rebatir sus argumentos ante todo el mundo.

Si algo no está científicamente demostrado, tiene el enorme atractivo de ser rebelde, antisistema y oponerse a lo establecido” (‘La izquierda feng-shui’, página 40).

Ese es uno de los puntos que ha hecho que una parte de la izquierda se seduzca con el misticismo que parece rebelde porque va en contra del “malvado sistema”. Cuando Podemos abre dos veces una escuela aquí en Gijón para que Josep Pàmies dé una charla aprovechando bienes públicos, es porque le están viendo como un rebelde antisistema.

El problema es que cuando las farmacéuticas cometen atrocidades -que las hacen- se pueden llevar una multa de miles de millones de euros, pero los charlatanes no rinden cuentas. Si un médico incurre en una mala praxis va a tener una bronca, pero un pseudomédico tiene impunidad absoluta. Entre tanto, nuestros gobiernos miran para otro lado.

Si el rasgo distintivo de la derecha ha sido tradicionalmente la reacción, el inmovilismo, es cuando menos paradójico que actualmente la derecha -al menos la derecha liberal- tenga más confianza en el progreso y la tecnología, y la izquierda se refugie en los “valores ancestrales”.

Hay una izquierda vastísima que no tiene esa actitud, pero se abstiene porque, en cuanto te acercas a esto te acusan de socio-liberal. Yo llevo 50 expulsiones cuando menos: me dicen que ya no soy de la izquierda, o que soy de Ciudadanos, por escribir lo que escribo. Esta semana, dos veces.

Se ha creado una inercia que va en contra de la idea del progreso, que considera incluso que el progreso es absurdo y que se puede -¡y se debe!- vivir muy sin progresar. Eso sí, cuando el progreso lo hacía la Unión Soviética nos gustaba más, pero si es parte de la ideología dominante del capitalismo, nos parece una aberración: es una actitud según la cual la ideología da forma a la realidad y no al contrario, que sería lo razonable: la realidad modelando nuestras ideas.

La iconografía habitual en torno a los transgénicos.

¿Qué consecuencias reales tiene la oposición a los tansgénicos?

Un ejemplo: en México, que es mi país de origen, la lucha contra el maíz transgénico la han llevado rockeros como Julieta Venegas, gente con muy buena intención pero sin el mínimo conocimiento del campo. El resultado es que, gracias a sus presiones, se prohibió el maíz Bt para los campesinos mexicanos y, de resultas, México está comprando más del 30% de su maíz a EEUU, y es maíz transgénico, mientras y el campesinado permanece en la absoluta marginación en la que ha vivido desde la llegada de los consquistadores. Ésta es una “victoria” de la izquierda mexicana, que los campesinos mexicanos no reciban el dinero que se va a los agricultores de Nebraska por su maíz Bt.

En el libro también hablas de la adopción de muchos izquierdistas a las teorías de la conspiración. Curiosamente, muchos de los que dicen -o se creen- “de izquierdas” acaban defendiendo hipótesis descabelladas defendidas por la ultraderecha, como que fueron los judíos los que financiaron el Holocausto para poder erigir el Estado de Israel.

Las conspiraciones son atractivas para cualquiera, porque te dicen que el mundo tiene control, y por tanto, puedes hacerte con ese control: si todos los líderes mundiales están de acuerdo en cómo funciona cada pequeña cosa -ésa es la creencia de las teorías conspirativas-, lo único que tienes que hacer es reemplazarlos, no tienes que plantearte el control de una sociedad o una realidad compleja, interdependiente e imprevisible. La simplificación que ofrece la conspiración es muy agradable, muy tranquilizadora. Si identificas a los malos, le das un enemigo a la población, tienes contra quien luchar y todo parece mucho más fácil, sólo tienes que vencer a uno.

Y si se reúnen en el contubernio de Bilderlberg ya tienes sus nombres y sus caras…

En el caso Bilderberg ahí están supuestamente las personas más poderosas que quieren controlar el mundo, pero cuando ves la foto, no asisten árabes, ni rusos, ni japoneses, ni chinos, ni están los accionistas de las grandes empresas…. ¿Cómo van a controlar el mundo? ¿Por qué son sólo europeos y estadounidenses de segunda? Si quieres controlar el mundo, lo que tienes que hacer es intervenir en las elecciones de EEUU, como hizo Putin.

Esto es resultado de nuestra poca educación para la complejidad desde niños. Nos gustan las fronteras precisas, pero con el conocimiento descubrimos que no existen, que no hay fronteras exactas entre especies, entre ideologías, entre idiomas, que hay espacios grises. La idea de que no hay dualidades cómodas, simpleza tranquilizadora, sino complejidad y lugares indefinibles no la estamos enseñando.

Supervillanos de andar por casa en Bilderberg ’17.

Tu libro ha recibido el reproche de activistas de izquierdas que no comulgan en absoluto con el magufismo y, sin embargo, tienen una postura beligerante contra la energía nuclear en todas sus dos vertienes, civil y militar. Consideran que meter en el mismo saco a espiritistas y antinucleares es reduccionista. Como si cualquier voz discordante contra la agenda tecno-científica tuviera que ser silenciada bajo la acusación de anticientífica o “magufa”.

¿Te refieres al Colectivo Burbuja?

Ese mismo.

En la entrevista a la que hacen mención en el podcast ni siquiera dije nada en defensa de la energía nuclear, y por supuesto no citaron ni una palabra que yo sí dijera. Pero lo grave es que su actitud es “no hagamos debate, porque el debate ya lo hicimos nosotros”, les escandaliza ya no que se defienda o no la energía nuclear, sino que siquiera se intente mantener una conversación al respecto. Lo que me cabrea es que los debates ya los dan por cerrados; intenta hablar a favor de los transgénicos o la energía nuclear en una asamblea de Podemos y te tiran cosas a la cabeza. Y no hablo de un debate político, sino técnico, con técnicos de las centrales nucleares que están dispuestos a hablar. El problema es que los “anti” son felices con una consigna de cuatro palabras, cuando se necesitan cientos de miles de palabras para entender cosas así por ser un tema de una complejidad inmensa.

A la izquierda le gusta tener la verdad agarrada de los huevos, saber “bueno” y “malo” en lugar de disfrutar de la ignorancia que lleva al descubrimiento y el “ni totalmente bueno ni totalmente malo”. Debería preocuparnos.

Nuclear, sí. Por supuesto.

Pero tú te declaras de izquierdas…

Sí, pero los de “esa izquierda” para mí son otros. La mía es la izquierda que parte de la Ilustración y la revolución científica para defender la libertad y los derechos y construir un mundo mejor, no la que pretende embutir la realidad en unas ideas de hace 150 años. Queremos resultados para todos, no servir a una ortodoxia dogmática. Soy de izquierda aunque no les guste.

En este sentido, Antonio Martínez Ron pedía recientemente desde Voz Populi elevar el nivel del debate y no caer en el “comodín del etiquetado simplón”, refiriéndonos al otro como “magufo” para descalificarle, en lugar de escuchar sus argumentos.

Totalmente de acuerdo. Las etiquetas sirven, pero magufo es una palabra que trato de no usar porque siento que le da armas al enemigo, es otra forma de la simplificación. Hay que ir a las ideas y a los hechos, y acudir a la arena del debate público. Y no porque yo pretenda hacer cambiar de opinión a Pámies o a Teresa Forcades, eso sería ingenuo. El debate se hace para el público, si yo quisiera debatir con la monja Forcades mi intención sería convencer al público para que vean lo ridículo de sus posturas. Y por eso ellos no suelen querer entrar en debates. Hace años que no se produce ninguno en realidad, salvo en el campo de batalla de los medios y las redes, pero cara a cara, no hay con qué.

Ya tardas en comprar La izquierda feng-shui’ en tu badulaque más cercano.

Con información de Magonia y Huffington Post, Voz Populi y Colectivo Burbuja.

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