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Cuando soldados catalanes defendieron la españolidad de Alaska

25 Sep 2017
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Jaime Noguera

A finales del Siglo XVIII, cuando en el Imperio Español todavía le quedaba un ratito para que se pusiese el sol, y en ningún libro de texto se rebautizaba interesadamente al Reino de Aragón como “corona catalanoaragonesa“, un grupo de soldados más catalanes que el Barça defendió la bandera rojigualda y los intereses de la corona española en lugares del quinto pino como Cuba, el desierto de Sonora o Alaska. ¡Cómo ha cambiado el cuento!

La Primera Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña fue creada en abril de 1767, formada  por voluntarios del norte de la región hoy en puertas de la independencia. Cuerpo del Ejército Colonial Español, estaba destinada a servir en La Habana, aunque finalmente se decidió enviarlos a repartir estopa en el marco de una  expedición a Sonora, en Nueva España, donde los indios andaban algo revueltos.

Tras llegar a actual territorio de EE.UU, se encontraron con otra unidad de ultramar catalana: los Fusileros de Montaña. Un par de años después, exploraron la Alta California (actual estado de California), colaboraron en la construcción de San Diego y Monterrey, y formaron parte de la expedición que descubrió la Bahía de San Francisco, territorio que podría por lo tanto optar perfectamente a aparecer en los mapas de los Països Catalans. Si a Puigdemont y a Junqueras no les importa demasiado empezar su política internacional entrando en el Eje del Mal junto a Irán y Corea del Norte, claro.

En San Francisco, por cierto, como podemos leer en Wikipedia, los catalanes les dieron lo suyo a los indios pimas y seris, que andaban organizando algún referéndum y saltándose la legalidad o eso.

¡Tots para Canada!

A finales de agosto de 1789, la primera compañía estaba tan ricamente en su base de Guadalajara (hoy, en México) cuando se recibieron órdenes de que se preparasen para una expedición al Pacífico Noroeste. Mandaba la Primera Compañía el Capitán Pedro Alberni (de Tortosa, Tarragona), cuyo nombre hoy aparece en ciudad de Port Alberni, en la isla de Vancouver (otro territorio quizás que reivindicar para los futuros Països, con posible disgusto de Canadá).

¡Ens han estafat, estem a Alaska! (¡Nos ha timado, estamos en Alaska!)

El 2 de enero de 1790 los soldados catalanes se dirigían resueltamente hacia el bastión más remoto de España en Norteamérica. Hicieron antes una parada técnica en San Blas, en el Pacífico mexicano. Desde allí, a bordo de la fragata Concepción, partieron el 3 de febrero hacia Nutka (hoy Nootka), donde anclaron el 25 de marzo.

La misión encomendada por el Virrey de Nueva España Manuel Antonio Flotes era restaurar y asegurar el fuerte de San Miguel, pues se preveía un conflicto con Gran Bretaña, que reclamaba el territorio como suyo. Para cumplir el encargo, 80 de los gallardos catalanes desembarcaron y trabajaron en la mejora de barracones, empalizadas y plataformas de los cañones.

Gracias a estas labores, que no fueron realizadas en las mejores condiciones climatológicas, hacia mediados de abril, dominaba la entrada a la Ensenada de Nutka, desde una posición dominante, en lo alto de una isla rocosa, alta pero pequeña, una batería de artillería.

Unos años entre focas y hielo

Los Voluntarios de Cataluña se convertían, así en la primera unidad militar europea instalada en lo que hoy es la Columbia Británica, a la que, según el militar y escritor José Antonio Crespo-Francés (autor de Españoles Olvidados de Norteamérica) algunos canadienses críticos desean renombrar como Columbia Española.

Pese a las lluvias y al frío, los miembros de la compañía se atrevieron a realizar alguna misión de exploración a latitudes más altas. Puede que el aburrimiento influyese algo en ello, que la sogatira y los bitlles están bien para un rato, pero cansan rápido.

Cuando llevaban un año en Nutka, un Jordi cualquiera se encontró una mañana de verano con la visión de barcos que lucían la bandera de España adentrándose en la bahía. Eran las corbetas Atrevida y Descubierta, de la Expedición científica de Alejandro Malaspina.

Que pasábamos por aquí…

Los compatriotas llegaban a Nutka con la misión de encontrar el legendario Paso del Noroeste, que se suponía unía los océanos Pacífico y Atlántico. Durante su estancia en el fuerte de los catalanes, el dibujante y cronista expedicionario Tomás de Suría realizó algunos dibujos de la soldadesca, que parece que prefería la tradicional barretina antes que el sombrero de tres picos que marcaba el código de uniformidad.

¿Y qué pasó entonces?

En junio de 1794 la compañía abandonó Nutka, volviendo a San Blas. El fuerte español en Alaska más tarde pasaría, tras la firma de las Convenciones de Nutka, a control británico. Los voluntarios catalanes continuaron sirviendo en California y después contra los insurgentes en Nueva España. Pero esto, amics…es otra historia.

Con información de El Espía Digital, el libro Españoles Olvidados de Norteamérica de José Antonio Crespo-Francés y la Wikipedia.

Jaume Noguera  es autor confeso de la novela España: Guerra Zombi.

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