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Fuimos a Benalmádena para ver la iglesia más pequeña del mundo, donde no cabe ni el cura

13 Sep 2017
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Jaime Noguera

¿Quién se iba a imaginar que un pueblo turístico que se ve cada año se ve invadido por hordas de extranjeros untados en aceite solar acoge una iglesia que es casi liliputiense? Para más inri, el microtemplo, como si fuese el escenario de una peli de Jess Franco o Paul Naschy, se encuentra en un estrambótico castillo levantado en Benalmádena por las manos y la voluntad de un hombre que, harto de los desplantes a España, quiso lanzar un mensaje reivindicativo (y arquitectónico) sobre la el descubrimiento y colonización de las Américas. Según el el escultor del monumento y la pequeña iglesia, América tenía que haberse llamado en realidad Colombia y Cristobal Colón era mallorquín.

Esteban Martín Martín, que trabajó unos años como cirujano en EEUU, es uno de esos Quijotes que abundan en la historia de nuestro país. Hasta lo cataplines de ver cómo cada año en el Día de Colón los italianos reivindicaban el descubrimiento europeo de América para ellos, un buen día decidió construir en España un monumento dedicado a reclamar y poner en valor la españolidad de aquel momento histórico.

Ni corto ni perezoso, ayudado por dos albañiles, el médico empleó 15 años de su vida y casi todo su patrimonio en levantar en el municipio malagueño de Benalmádena el Castillo de Colomares. Pasito a pasito, suave, suavecito, Esteban fue levantando con ladrillo, piedra, hormigón y madera un monumento que une elementos arquitectónicos del gótico, románico, mudéjar y hasta del bizantino, que tiene una gran rima.

Colón era mallorquín

Un caluroso día de verano, Carlos, hijo de Esteban, nos recibe en el Castillo de Colomares. Nada más llegar, nos aporta un dato que deja clara la fabulosa tarea realizada por un cirujano que decidió  cambiar los escalpelos por el nivel y la paleta. La planta del monumento que visitamos es de 1500 metros cuadrados. Esto, según leemos en la Wikipedia , lo convierte en el mayor dedicado a Cristobal Colón. Chúpate esa.

Por cierto, Esteban no creía que el Almirante de la Mar Océana fuese genovés y se inclinaba por que fuese en realidad mallorquín. (¡Ibicenco!, gritarán otros desaforadamente.) ¿Judío, irlandés, catalán? Como señala un texto en la web del pintoresco monumento , el navegante “escribió en latín clásico y en un hermoso castellano. Jamás escribió en italiano o portugués. “

Una ensaladilla rusa arquitectónica

Uno podría pasarse horas enteras recorriendo cada recoveco de este resultón castillo amateur, construido casi comos e hacía en el Medievo y lleno de simbología.

Uno de los elementos más reconocibles en en el castillo son la Pinta, la Niña y la Santa María. O parte de ellas, claro.

Por haber hay hasta una pagoda, por aquello de que en realidad Colón lo que pretendía era llegar a Catay (China) y a Cipango (Japón) para hacer negocio, y no complicar los exámenes de geografía de bachillerato con los mapas de todo un continente.

La iglesia.

Pero vamos al grano. Es el interior de este edificio el que alberga la iglesia más pequeña del mundo. Tiene tan solo 1,96  metros cuadrados y cualquier cura de una estatura normal se les vería y se las desearía para dar en ella  una misa como Dios manda.

 

El pequeño templo está dedicado a Santa Isabel de Hungría, patrona magiar de la Orden Teutónica que dedicó gran parte de su vida a ayudar a los más desfavorecidos. La muñeca que aparece a la derecha en la siguiente foto, es una estatua de la santa que se encuentra en el interior de esta iglesia propia de Pin y Pon.

Según la leyenda, cuando Isabel de Hungría estaba repartiendo pan a los pobres a escondidas de su familia, su cuñado la pilló con las manos en la masa, quitando de un manotazo la pieza de tela que tapaba la cesta de pan. Dios, de buen rollo,  la encubrió transformando el alimento en rosas. Bonito, ¿eh? A Dios le chifla jugar con la comida. Multiplicar panes, convertir agua en vino y esas cosas.

Otra de las curiosidades que uno puede encontrar en la iglesia es un Cristo con el brazo caído. Como el Cristo toledano de la Vega, este representaría un momento del descendimiento del cadáver del mesías. Una curiosa estampa, muy poco común.

Carlos Martín, historiador y conservador de Colomares, nos explica con fruición que la iglesia está consagrada por el obispado (o el arzobispado, no recuerdo, pero tanto monta) de Málaga, que se han celebrado liturgias como la misa por Esteban Martín Martín, a la que los asistentes tuvieron que acudir desde fuera de la iglesia, por la falta evidente de espacio.

La web Vacaciones-en-España , por cierto, señala que el templo ha ganado el Premio Guiness de los Récords a la iglesia más pequeña del Mundo.

Si quieres visitar el Castillo de Colomares, es fácil. Una vez en Benalmádena, pregunta por él. La dirección es Finca La Carraca, Ctra. Costa Del Sol, S/N. Ahora, si quieres ver la iglesia, tendrás que convencer a Carlos para que te la enseñe.

Con información de la web de Castillo Monumento Colomares, el apartado de  Wikipedia dedicado a Colomares y la página Vacaciones-en-España.

Jaime Noguera es fan de Gulliver  y autor de España: Guerra Zombi.

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