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El disparatado plan para reconquistar América con barcos rusos

14 Sep 2017
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Ad Absurdum

Se habla mucho de lo burro, maligno y felón (no, no es eso que estáis pensando) que era Fernando VII, pero poco se habla de los miembros de sus distintos gabinetes. Uno se puede hacer una idea cuando se entera de que solo por Hacienda pasaron nueve ministros en seis años.

Además, aquello era un polvorín y los navajazos por la espalda y traiciones entre ministros estaban a la orden del día. El propio rey Fernando VII era el que alentaba ese ambiente de sana y libre competencia entre sus consejeros, que más de una vez acabó con alguno de ellos entre rejas por negocios tan honrados como la venta de cargos a los amigos. En concreto, uno de esos corruptos fue el ministro de Gracia y Justicia (por lo que se ve, le ganó la partida la Gracia a la Justicia).

Pero hoy venimos a comentaros otra corruptela, una que tenía que ver con las colonias americanas.

Desde el comienzo de la Guerra de Independencia en 1808, los territorios americanos que todavía se encontraban bajo soberanía española comenzaron a agitarse. Cuando la guerra terminó en 1814 y durante los siguientes años, la mayor parte de las colonias americanas había comenzado su proceso de desconexión, para la creación de futuros estados independientes.

Esto significaba que los caudales de parné que venían de América comenzaron a menguar hasta casi desaparecer en 1818, así que la balanza de pagos de España era más inestable que Echenique haciendo el París-Dakar.

Como no podía ser eso de que dejasen de pagar, Fernando VII se vino obligado a recurrir a la diplomacia… ¡por las armas! Es decir, que tenía que enviar ejércitos para poner las cosas en orden. Ahora bien, la flota española en aquella época era más o menos así:

Digamos que, después del desastre de la batalla de Trafalgar de 1805, la cosa no pintaba muy bien para la marina española. Concretamente, disponían de dieciséis barcos, de los cuales solo cuatro tenían visos de no hundirse si salían al mar, además de que se debían muchos meses de sueldo a los marineros. En lugar de intentar mejorar la situación incentivando la construcción de buques, y como no tenían a mano ni aviones ni a un ejército de jesucristos que atravesase el Atlántico a la carrera, decidieron buscarse las lentejas fuera de casa.

Pero ojo, que las lentejas (barcos) debían ser de calidad y no salir muy caras. Lo querían todo, y rapidito, que tenían unas cuantas colonias que reconquistar.

Contra todo pronóstico, se encontraron cinco barcos decentes y baratitos que nos los quitan de las manos, pero la suerte duró poco.

Se metió por medio Dmitry (el típico cuñao que conoce un taller más barato), un amigo del rey Fernando VII que hacía las funciones de embajador ruso en España y unos cuantos maleantes emperifollados que le comieron la oreja al rey.

Le convencieron (tampoco era muy difícil, era medio lelo) de que una alianza con Rusia sería buena para mantener el trono y, para hacer buenas migas, le podía comprar más barcos al zar.

Al final le endosaron a Fernando VII ocho barcos en un trato que, faltaría más, incluía comisiones hasta para el apuntaor. Todo esto, ojo, de espaldas al Ministro de Marina. Muy al estilo del empresario del ladrillo que cerraba tratos urbanísticos con coca y prostitutas de por medio… pero en el siglo XIX.

¿Con esta carita quién le dice que no a comprar esos barquitos?

Y, cuando parece que la cosa estaba llegando a buen puerto (ba dum tss!), los barcos tardaron más de cinco meses en llegar desde Rusia. ¿Por qué narices habían tardado tanto?

Pues cuando en el puerto de Cádiz los revisaron se dieron cuenta: los cascos estaban podridos. Y no era todo. Además, los barcos habían sido construidos siguiendo las necesidades de navegación en mares fríos como los del Báltico. Era maderas pino o similares, que estaban bien para trayectos cortos pero lo que es llegar a América lo llevarían mal.

Resultado: a la mierda casi todos los barcos.

El zar ruso y el listo de Dmitry le habían dado gato por liebre, o mierda por barco, y unos cuantos avispados de manos largas se habían forrado en el proceso (spoiler: Fernando VII no fue de esos avispados). Pero no contento con el ninguneo, y haciéndose el buena gente, el zar envió tres barcos más como regalo.

Más spoilers: los barcos estaban en iguales o peores condiciones que los primeros, así que no sirvieron ni para hacer unas fallas decentes.

Lo barato salió caro, porque hubo que pagar reparaciones y pese a eso no se salvaron muchos de los barcos, así que Fernando se quedó sin ideas para aumentar los ingresos de España, y encima los americanos siguieron con su independencia como si tal cosa.

 

Bibliografía

AD ABSURDUM (2017): Historia absurda de España, ed. La Esfera de los Libros.

CERVERA PERY, J., La marina de Fernando VII. Agotamiento, decadencia, crisis.

Ad Absurdum es un grupo de divulgación histórica a través del humor y es autor del libro Historia absurda de España.

 

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