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Los matasanos más peligrosos de todos los tiempos

23 Oct 2017
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La historia de la medicina ha tenido mucho momentos oscuros en forma de errores, prácticas bizarras, médicos enajenados y sobre todo poca piedad con los pacientes. Desde la Antigüedad, el hombre ha experimentado con remedios que, desde luego, han resultado peor que la enfermedad. Desde el Antiguo Egipto hasta nuestros días, el hombre ha tenido una singular obsesión por lo bárbaro a la hora de intentar solucionar las cosas a lo bestia, piedra o martillo en mano.

En el Mesolítico (10.000 a.C.) el ser humano ya daba sus primeros pasos en el camino de las atrocidades médicas. Muestra de ello es la popular trepanación, que consistía en perforar a piñón un agujero en el cráneo del paciente, obviamente sin anestesia, para permitir que los espíritus malvados saliesen del cuerpo del afectado. Curar una jaqueca abriendo la cabeza al enfermo puede parecer algo propio del mundo arcaico, pero no, la humanidad no ha parado de hacer salvajadas en pos de la salud. Incluso hoy en día.

A los brebajes afrodisíacos compuestos por huesos humanos, las sangrías del medievo o las pomadas de mercurio de los felices años 20 les han seguido otro tipo ocurrencias médicas no menos macabras. El mundo es una fuente inagotable de lumbreras que creen haber dado con la técnica para sanar todos tus males, y siempre hay algún alma cándida que deja su cuerpo en manos de este amigable especialista que se afana en sacar brillo a su martillo.

Si eres de esas personas enemistadas con la ciencia o entre tus referentes sanitarios se encuentran Mariló Montero y Javier Cárdenas, estos matasanos de todas las épocas van a hacer que te los pases teta. Y no solo es cosa del pasado: en nuestro tiempo tenemos a Rosdi Hasan, un hombre de Malasia capaz de ahorrarte incómodas cirugías y meses de rehabilitación si padeces una hernia discal o un desplazamiento en la espalda. Tan solo necesita un palo, un martillo y un rotulador.

¿Qué demonios puede salir mal en manos del señor Rosdi Hasan? Un tipo campechano que no necesita esos cachivaches de rayos X o resonancias magnéticas para saber qué le ocurre a tu espalda; se basta con sus propias manos para ver que todo está en su sitio.  Después solo tiene que dibujar un croquis de la espalda y saber dónde va cada hueso y hacia dónde tiene que moverlos si alguno no está en su sitio.

Una vez pintado el lienzo, nuestro artista Hasan aporrea el hueso que esté fuera de lugar con un martillo y un trozo de madera hasta devolverlo a su sitio. Así, si uno se pone creativo, la cirugía puede ser tan divertida como jugar al tetris. Pero claro, de la fama nace la envidia y a Hasan, que sin ningún complejo sube a Facebook sus obras de carpintería humana, le están saliendo enemigos virtuales.

Un tal doctor Mahyuddin dice en su página de Facebook que está horrorizado, ya que según su criterio profesional “los problemas discales no pueden ser tratados a porrazos”. También considera gravísimo que Hasan no utilice las resonancias para conocer al detalle las lesiones de sus pacientes. Pero realmente donde más pelusa se le nota es en un comentario en el que afirma que los dibujos de Hasan son totalmente inexactos y que un mal golpe podría dejar al paciente muñeco. Mahyuddin demuestra ahí su profunda ingratitud hacia Hasan, ya que el primero cuenta con todo tipo de tecnología, mientras que nuestro protagonista solo tiene a su disposición su propio arte dibujando vértebras. Habría que ver si Mahyuddin es tan preciso con un rotulador.

Hasan es un artesano del cuerpo humano que en otra época hubiese sido un héroe. Los remedios naturales como la miel, la manzanilla, las hierbas o el café siempre han sido muy populares; incluso hubo un tiempo que el hombre se los metía por el culo para sanarse. Estamos hablando de una moda que duró desde el siglo XVII al XIX, cuando los enemas (instrumento manual para introducir un líquido en el recto) eran la piedra angular de la medicina.

La aristocracia utilizaba de forma compulsiva estos artilugios para empotrarse ingredientes de todo tipo en el tercer ojo (con fines saludables). Se dice que Luis XIV, rey de Francia, llegó a utilizar más de 2000 enemas en la corte y también se decía que cogió gusto a eso de ponerse enfermo. Pero la locura de aquella medicina natural consumida por vía anal no se quedaba ahí: también hubo matasanos que aseguraron que podían resucitar a los muertos por medio de un enema y algo de humo de tabaco. Por lo visto, la nicotina por vía rectal podía hacer espabilar hasta un muerto, pero también causaba efectos secundarios tóxicos, por lo que una vez más los escépticos y los científicos arruinaron la fiesta médica que suponía encestar unas caladas de tabaco dentro del culo de un cadáver.

En el mundo sanitario nunca han faltado las ocurrencias cafres, como la de cortar la mitad de la lengua a los tartamudos. Esta técnica se sigue utilizando hoy, pero para el cáncer de boca y bajo los efectos de la anestesia general. En los siglos XVIII y XIX los médicos debieron pensar que con media lengua el tartamudo dejaría de trabarse y se liaron a meter tijerazos a este pobre colectivo. Sin embargo, además de no causar ningún efecto solía causarles la muerte por desangramiento.

Así, el bueno de Hasan parece un angelito al lado de su antecesores. Porque eso de colocar las cosas en su sitio a lo cabestro no es nada nuevo: si a los tartamudos les cortaban la lengua, solo hay que imaginar qué hacían con los tuertos. En efecto, como indica la siguiente ilustración, el matasanos de turno agarraba el ojo estrábico con unas pinzas y lo giraba hasta dejarlo en su sitio. Corrían tiempos en los que los médicos parecían albañiles del cuerpo humano, todo el día apretando tuercas y serrando vigas sin anestesia.

O cincelando culos, aunque para esta práctica hay que remontarse al siglo XIII, cuando las dichosas hemorroides se curaban a lo bestia: con un hierro caliente dentro de las posaderas. Y es que la artesanía y la medicina parecen haber ido de la mano toda la vida y, aunque ello nos horrorice, los grabados demuestran que tampoco era para tanto. Quizás nos hemos acostumbrado a los lujos de la sociedad moderna, porque este grabado demuestra que el paciente tampoco estaba agonizando durante la operación de esculpido rectal.

En realidad hay que agradecer a la ciencia haber avanzado tanto a costa de tantos mártires de cabeza agujereada o culo irritado. Siempre estás a tiempo de reencontrarte con la medicina si es que estás pasando un mal bache con ella. Hasan y su martillo son de otra época; acuérdate de él y de tus antepasados tuertos o tartamudos cada vez que acudas a consulta, y sentirás una reconfortante sensación de placer.

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