Strambotic

Noticias insólitas, bizarras e impertinentes

Cuando los ingleses ahorcaron en Gibraltar a dos saboteadores españoles

19 Oct 2017
Comentarios

Compartir: facebook twitter meneame

Jaime Noguera

En 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, el famoso verdugo inglés Albert Pierrepoint recibió un curioso encargo: viajar desde el Reino Unido a la colonia británica de Gibraltar para ahorcar a dos saboteadores españoles, uno de ellos, de 19 años de edad y el otro de 23.

Estos dos jóvenes habían sido reclutados por la red de sabotaje alemana en España, una unidad secreta encargada de atentar contra intereses aliados en nuestras fronteras, y se convertirían tristemente en los dos últimos reos a los que se aplicó la pena de muerte en el disputado peñón. ¿Su delito? Atentar con explosivos, a cambio de dinero, en “La Roca”.

A pesar de que España no entró como beligerante en la Segunda Guerra Mundial, nuestro país fue un campo de batalla donde se libraron multitud de batallas secretas. Por ejemplo, saboteadores españoles adiestrados por alemanes e italianos, operaban en prácticamente todos los puertos españoles y según diversos estudios fueron responsables del hundimiento de algunos barcos aliados.

De mano de obra a carne de cañón

7.000 obreros españoles cruzaban todos los días la frontera para ir a trabajar a Gibraltar. Aquella corriente humana se convirtió (como cuenta Manuel Ros Aguado en su libro “La Guerra Secreta de Franco”) en un caladero para la Organización Alemana de Sabotaje  en el Estrecho, formada en septiembre de 1940 como una delegación en España de la sección II de la temible organización de inteligencia alemana Abwehr. Esta, por cierto, mantenían estrechas relaciones con el Alto Estado Mayor español, aunque oficialmente no existía.

Los alemanes ardían en deseos de atacar objetivos en Gibraltar: el aeródromo y los aviones, fábricas de municiones, centrales eléctricas, depósitos de agua y almacenes de alimentos buques de toda clase y tonelaje.

Para la captación de los “machacas”, los alemanes se sirvieron del coronel Eleuterio Sánchez Rubio, un oficial con largos años de servicio en la zona. Sin embargo, el jefe operativo sería el falangista Emilio Plazas Tejera, un capitán de requetés que en 1940 había trabajado en Gibraltar por un tiempo hasta que fue despedido debido a sus sentimientos antibritánicos. A lo largo de 1941 Plazas se cobró su despido llevando a cabo varias acciones de sabotaje: explosiones en el túnel North Front y la base de la RAF, el hundimiento del vapor correo Rosabelle y la colocación de una bomba dentro de un caza Hurricane en un portaaviones.

Aquellos tipos le cogieron el gustillo a esto de chinchar a los abuelos de los futuros asiduos a Magaluf  y, en 1942, Plazas y sus agentes realizaron nuevos actos de sabotaje como la explosión en el vapor Erin y en una lancha en el arsenal de Gibraltar, o la colocación fallida de una bomba de tiempo en el buque-tanque Blossom, así como provocar varios incendios en el aeródromo.

El sabotear se va a acabar

En 1943, se torció la cosa. Plazas Tejera podía casi oler el aliento de los británicos (a beans y a fish and chips) en la nuca, así que dejó la operación en manos de un tal Carlos Calvo. Este consiguió su primer éxito al hacer estallar una bomba en un túnel donde se guardaban municiones, causando un gran incendio. Aquello fue el canto del cisne de los saboteadores españoles. Los ingleses, como decíamos, los tenían controlados tras lograr infiltrar a algún agente en su grupo, así que Calvo reclutó entonces a un joven agente que no estuviese fichado: José Martín Muñoz.

El 30 de junio de 1943, José fijó una bomba que le habían proporcionado en un tanque de gasolina en Coaling Island, uno de los depósitos de combustible, que al estallar produjo una gran explosión y un incendio que destruyó algunas propiedades además de una considerable cantidad de combustible.

Dos meses más tarde, tiempo en el que disfrutó de las 25.000 pesetas que les habían pagado los alemanes (según el libro British Intelligence in the Second World War” de F. H. Hinsley) cruzó confiado la frontera para volver a peñón. Mejor se hubiese quedado en su casa.Los ingleses le esperaban y fue detenido inmediatamente.

El Equipo B

Otro grupo de españoles en la organización alemana fue el formado en torno al teniente médico Narciso Perales Herrero, exaltado falangista (Había sido gobernador de León, hasta su cese) como los demás miembros del equipo.

En la primavera de 1943, Luis López Cordón-Cuenca (23 años) que trabajaba en una frutería, instaló una bomba en uno de los túneles que servían como depósito de explosivos y munición, el llamado Ragged Staff Magazine. Sin embargo, un infiltrado, Raymond Fernández, dio el chivatazo a los británicos, que le detuvieron  dando al traste con toda la operación. En la tienda de fruta se encontró diverso material para sabotaje.

Tras las protestas británicas ante su aparente (y voluntaria) inoperancia, la policía franquista desarticuló a regañadientes a los grupos saboteadores. ¡No se fueran a molestar los ingleses!

Narciso Perales Herrero, en 1982

El juicio y la condena

José Martín Muñoz se declaró culpable en el juicio, siendo condenado a muerte por “colaborar con el enemigo con la intención de impedir operaciones navales y poner vidas en peligro”.

Luis López Cordón Cuenca, según recoge The Gibraltar Magazine, aseguró durante el juicio que no sabía que en el paquete que tenía que dejar en una localización concreta contenía una bomba alemana. Luego argumentó que su familia había recibido amenazas. Un testigo aseguró haber oído decir al acusado que “si quieres colar explosivo en Gibraltar, no uses coles ni naranjas ni limones: usa plátanos”. Se le condenó a la pena capital.

Un verdugo famoso para los españoles

Albert Pierrepoint, miembro de una saga familiar de verdugos ingleses y certificado por la Home Office como uno de los más eficientes ejecutores en la historia británica, fue requerido desde Reino Unido para matar a los dos saboteadores españoles. Tenía mucha experiencia y años después acabaría su carrera con más de 400 usuarios ajusticiados. Viajó en secreto hasta el Peñón y llevó a cabo allí su macabra labor el 11 de enero de 1944, ahorcando primero a José Martín Muñoz  y luego a Luis López Cordón-Cuenca, que se convirtió en el último ajusticiado de la historia de Gibraltar.

Albert Pierrepoint

Con información del cuarto volumen de “British Intelligence in the Second World War” de F. H. Hinsley , The Gibraltar Magazine “La Guerra Secreta de Franco”  de Manuel Ros Aguado.

Jaime Noguera es el autor de la novela (donde sale Gibraltar) España: Guerra Zombi.

Síguenos en Facetrambotic y en Twitterbotic!

Probablemente tampoco te interese:

– Cinco datos curiosos sobre animales que comen marihuana

Parecidos razonables: El delirante álbum del político hispano y su doble animal

La flota alemana hundida en la I Guerra Mundial por cuyo acero suspira la industria espacial

Espeluznantes fotos de parejas que te empujarán al celibato

 


comments powered by Disqus