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Atlantropa, el desquiciado plan alemán para desecar el Mediterráneo

25 Nov 2017
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Jaime Noguera

La faraónica idea del arquitecto alemán Herman Sörgel es un ejemplo más de que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones. En los agitados años 30 del siglo XX, marcados por el ascenso del nazismo, este hombre desarrolló un proyecto para construir gigantescos diques, desde el Mar Negro al estrecho de Gibraltar, con la idea de bajar entre 100 y 200 metros el nivel del mar en el Mediterráneo. ¿Para qué? Ganar al mar 600.000 km2 de terreno (más que la superficie de España) mientras que se creaban millones de puestos de trabajo y se conseguía abastecer a la totalidad de Europa y África de electricidad generada por colosales centrales hidroeléctricas.

Herman Sörgel nació en Ratisbona, ciudad bávara situada a orillas del Dabubio, en 1885 y estudió arquitectura entre 1904 y 1908 en la Universidad Técnica de Munich. A los cuarenta y cuatro años, en 1929, presentó su primer macroproyecto en el documento Mittelmeer-Senkung. Sahara-Bewässerung (Bajar el nivel del Mediterráneo. Irrigación del Sáhara) al que llamó “Panropa“. El título del escrito lo dice todo.

Eran años complicados en su Alemania natal, con una inflación galopante, crispación política, violencia callejera entre grupos extremistas y casi dos millones de parados. En 1932, el desempleo alcanzaba su cifra record: 5.575.492 ciudadanos. Adolf Hitler, del que se preveía su victoria y toma de poder, anunciaba que En el Tercer Reich, toda chica alemana encontrará un esposo”, mientras reclamaba la creación de un espacio vital (lebensraum) para el pueblo germano. Sörgel, pacifista convencido, veía nubes de guerra en el horizonte cuando presentó su idea más ambiciosa.

A la izquierda, cartel de propaganda con la leyenda “Nuestra última esperanza: Hitler”. A la derecha, Herman Sörgel.

¿De qué iba Atlantropa?

Se trataba de remodelar medio planeta mediante obras de ingeniería de unas dimensiones nunca vistas. El plan exigía la construcción de enormes presas en puntos clave del Mediterráneo: primero en los estrechos de Gibraltar y en los Dardanelos, luego en el de Messina, entre Sicilia y Túnez.

El Mare Nostrum de los romanos quedaría asi dividido se en dos cuencas, con la parte occidental viendo disminuir su nivel de aguas en un metro por año y la parte oriental en dos metros. En un siglo, se reduciría el nivel del mar en 100 y 200 metros respectivamente, haciéndose emerger unos 660.000 kilómetros cuadrados de tierra cultivable. Unos terrenos equivalentes, más o menos, a la superficie de España.

Obras faraónicas

La presa de Gibraltar  uniría África y Europa por ferrocarril y carretera, mientras que un túnel cruzaría bajo tierra el estrecho de Gibraltar. Con Sicilia unida a la parte continental de Italia, la tercera presa central también podría utilizarse para conectar los dos continentes desde Calabria a Túnez pasando por la antaño principal isla italiana.

El el plan del ingeniero alemán se incluían, para una segunda fase, una extensión del Canal de Suez, un nuevo canal que conectaría Venecia con el mar (el Mar Adriático habría desaparecido con la bajada de las aguas) y la creación de enormes lagos en África Central, que esperaba se pudieran utilizar para regar la región. Sí, ya que estábamos, Sörgel también se planteó (a base hormigón y ladrillo) la organización geográfica de África.

Empleo y energía

Sörgel era de la opción de crear soluciones radicales para los problemas europeos del alto desempleo y de lo que él creía que sería una crisis energética inminente. Por no hablar de la amenaza de un nuevo enfrentamiento bélico entre las naciones de Europa.

Por un lado, la mano de obra necesaria para llevar a cabo todas las obras del proyecto Atlantropa, sumado a la cantidad de colonos que deberían repoblar los nuevos territorios ganados al mar acabarían con el problema del desempleo y, por otro lado, minarían las continuas peticiones de lebensraum de Hitler, vaciando de sentido el discurso expansionista del líder nazi

Una idea de de Sörgel era que las gigantescas plantas hidroeléctricas levantadas en las represas necesarias para detener el flujo de agua desde el Océano Atlántico y el Mar Negro serían supervisadas por un organismo independiente que tendría el poder de desconectar el suministro de energía a cualquier país que representara una amenaza para la paz.

Como dijo  Ricarda Vidal, especilista en cultura visual e historia cultural, en el King’s College de Londres, “fue su visión de la paz mundial lograda no a través de la política y la diplomacia sino con una simple solución tecnológica”.

Sí, pero…

Además de los brutales daños ecológicos provocados por estas obras, como contó la revista Popular Mechanics en su número de marzo de 1977, Atlantropa habría llevado a la ruina a algunos de los puertos marítimos más activos del mundo, afectando de forma catastrófica las economías de los países del sur de Europa y el norte de África

Por si fuera poco, la  reducción del peso del mar sobre el suelo volcánico del Mediterráneo podría haber causado erupciones violentas y terremotos, mientras que el nivel del océano en otras partes del mundo habría ascendido, causando inundaciones en las zonas bajas.

En 1932 no es que la preocupación por la ecología estuviese entre los problemas más acuciantes para la población Europea, por lo que, aunque gozó de entusiastas admiradores, Atlantropa no dejó de ser una idea ambiciosa. Pronto el estallido de la Segunda Guerra Mundial enfocó la ateción mundial en temas más urgentes.

¿Y España?

¿Y si el plan de Sörgel, en un giro histórico descabellado hubiese sido llevado a cabo?

Menorca y Mallorca se hubiesen convertido en una sola isla, con lo que eso habría supuesto a nivel político y administrativo. ¿Cómo le llamamos al invento? ¿Mellorca? ¿Manorca? Ibiza, por otra parte, hubiese triplicado su tamaño, un sueño orgásmico para los especuladores.

Marruecos y España tendrían frontera terrestre, con lo que el pacifista Sörgel nos hubiese metido probablemente en un sinfín de problemas con el vecino del sur. Eso sí, podríamos bajarnos al Ketama sin necesidad de coger un ferry.

El litoral oriental español hubiese terrenos en decenas de kilómetros, con lo que todas las poblaciones costeras, de Barcelona a La Línea de la Concepción, pasando por Benidorm, Mazarrón o Benalmádena, habrían perdido sus playas. Adiós a los chiringuitos, a Marina D’Or, a Verano Azul, a la Marbella de Jesús Gil, o a Alfredo Landa paseando pecho lobo por Torremolinos. ¡Qué hubiese sido de este país!

Si quieres ver el mapa a tamaño completo, haz click aquí.

Con información de Daily Mail, Dieselpunks, Proscritos, y la Wikipedia. Vía Mapas Milhaud.

Jaime Noguera  es mapáfilo y autor de España: Guerra Zombi.

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