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Cuando Discoplay intentó conquistar la URSS

05 Ene 2018
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Iñaki Berazaluce

La bizarra tienda de Discoplay en Moscú.

Empecemos por el principio, es decir, por el final: Discoplay renace de sus cenizas. O, al menos, la marca Discoplay, reconvertida ahora en una orquesta sinfónica especializada en bandas sonoras de Hollywood. El próximo sábado, 6 de enero, la Discoplay Simphony Orchestra, interpretará en el Teatro Real de Madrid las bandas sonoras más famosas de John Williams, de ‘Superman’ a ‘Star Wars’, pasando por ‘E.T.’ o ‘Harry Potter’.

¿Y qué tiene que ver una orquesta sinfónica con la legendaria tienda de discos y venta por catálogo que marcó el panorama musical de España durante varias décadas del siglo XX? La respuesta está en los hermanos Cañil, hijos del fundador de Discoplay, Emilio Cañil, fallecido en 2010, apenas dos años después de que se publicara el último número de BID, el catálogo de venta por correo que llegaba cada mes a cientos de miles de hogares españoles, ávidos de novedades musicales.

Discoplay empezó como un puesto de discos en el Rastro entre 1965 y 1969. Su creador fue Emilio Cañil, un empresario inusual, tan visionario como quijotesco, según el retrato que hace de él su hijo Álvaro Cañil, el impulsor de la Discoplay Simphony Orchestra, bautizada en homenaje a aquel proyecto y, por ende, a su padre: “Mi padre empezó vendiendo una colección de discos privada en el Rastro, y al ver que funcionaba, se fue a Londres a por más. En 1970 abrieron una pequeña tienda de discos en los Sótanos de la Gran Vía [un local que hoy ocupa Poly, una tienda de juguetes]”.

Ejemplar del BID, el legendario catálogo por correo de Discoplay. Imagen: Todo Colección.

Aquel céntrico local fue creciendo, a medida que Discoplay se iba quedando con las tiendas anejas que iban cerrando. Incluso llegó a quedarse con la cafetería, adelantándose varias décadas a la moda de los cafés-librería. En plena transición y con la Movida cociéndose en la vecina Malasaña, la tienda de Discoplay se convirtió en el centro neurálgico de la cultura madrileña de la Transición: “Allí se firmaban autógrafos y se vendieron entradas de más de 1.000 conciertos, venciendo la resistencia de los propios promotores”, recuerda el mayor de los Cañil.

Pero lo mejor estaba aún por llegar. Emilio descubrió que mucha gente venía “de provincias” a Madrid cuando podía, una vez al año, y se le ocurrió recopilar sus direcciones postales y enviarles un listado de discos disponibles, antecedente del famoso catálogo. “Lo bueno del catálogo es que no estabas obligado a comprar, con lo cual se convirtió en una revista de novedades sin compromiso de compra”. En su momento álgido, el catálogo llegó a distriubir 1,5 millones de ejemplares al mes, convirtiéndose en un icono de la cultura popular de finales del siglo XX, el proto-Amazon español, antes de que la banda ancha llegara a nuestros módems.

La quijotesca aventura rusa

A principios de los 90 Cañil se embarcó en una aventura tan quijotesca como “abocada al fracaso”, como recuerda su hijo Álvaro, la apertura de una tienda en Moscú, de la mano de Melodiya, la discográfica pública rusa de entonces.

“Yo tenía 15 años y mi padre me dijo “Hazte el pasaporte, que nos vamos a Moscú”. Aquello era una aventura que mi padre sabía que estaba condenada al fracaso, pero él creía que era necesario hacerlo. La cultura soviética de la época y la española eran muy distintas. Por ejemplo, hacíamos una cadena de gente para pasarnos cajas y si uno de los rusos quería fumarse un cigarro, paraba la cadena y paralizaba a otras veinte personas”.

Las fotos de la época muestran una Rusia de estética aún soviética pero muchos de cuyos habitantes estaban ávidos de sumarse al capitalismo. Los dependientes de Discoplay no daban crédito de que los compradores pidieran dos o tres o cuatro de las brillantes bolsas azules de Discoplay, hasta que se dieron cuenta de que en la calle se había montado un mercado negro de bolsas de plástico. Bolsas de plástico gratis: el verdadero epítome del capitalismo.

Violines rusos a la venta en el BID de 1993.

La aventura rusa fracasó, porque no quedaba otra: “La principal razón es que llevar la mercancía allí era muy complicado, las aduanas intentaban pedir sobornos o les pinchaban las ruedas, el sistema estaba corrompido y no fluía”, recuerda Cañil. Por si fuera poco, las ventas se hacían en rublos, una moneda no convertible en aquella época, así que Discoplay ideó un complicado sistema de monetización, consistente en comprar en Moscú los fabulosos instrumentos musicales rusos, enviarlos a España y venderlos aquí a los virtuosos.

Mañana, Lucas Vidal ocupará el estrado del Teatro Real para dirigir la Discoplay Simphony Orchestra en un homenaje a John Williams que es, por extensión, un homenaje a Emilio Cañil y a Discoplay.

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Aquí puedes encontrar todos los catálogos de Discoplay entre 1982 y 2007. Todas las imágenes son propiedad de Discoplay.

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