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Bonifacio VIII, el Papa que dijo que acostarse con niños no era mayor problema que “frotarse las manos”

20 Ene 2018
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Jaime Noguera

Uno de los papas más odiados de la historia, tanto que Dante le incluyó como personaje en el octavo infierno de La Divina Comedia, llegó al poder el 24 de diciembre de 1294, gracias a la abdicación de su predecesor, Celestino V, un pontífice podemita que había cometido el error de pedir a sus obispos que devolviesen sus costoso carruajes y renegasen de sus amantes para internarlas en conventos de monjas.

Nacido Benedetto Gaetani, el futuro papa Bonifacio era miembro de una noble familia de origen catalán y, como buen nacido, fue bien agradecido a los que le habían colocado en el puesto, anulando o suspendiendo las decisiones de Celestino V. Sin embargo su inicial popularidad no impidió que se ganase la ojeriza de muchos, llegando a ser acusado de sodomita, pedófilo y de ser el mismísimo Anticristo.

Especializado en derecho canónico, parece que era un hombre capaz, pero como a Donald Trump, le fallaba la cosa de la diplomacia y tacto. Era intransigente y arrogante, cosa que le ocasionó el crearse numerosos enemigos, como la poderosa familia italiana Colonna, que habían ayudado en numerosas ocasiones a los Gaetani, pero a los que acabó maltratando.

Leemos en La Nave Va que el papa dimitido, Celestino V, le dijo al poco de su sustitución oblogatoria  “Brincáis como un zorro sobre el trono, reinaréis como un león, moriréis como un perro” y Bonifacio le mandó directamente a prisión, por si se le ocurría intentar recuperar la chamba perdida. Sin cuidados, el bueno de Celes enfermó y falleció al poco tiempo.

Un Papa pedófilo

El monarca vaticano mantenía como follamigas a una mujer casada y a su hija. Hasta ahí, todo normal en un papa moderno, como los de antes, pero como señala L’Armari Obert, se le acusó de haber violado al noble Giacomo de Pisis, “como antes ya lo había hecho con su padre”. Y es que parece que a Bonifacio ligaba al modo Donuts: a él le daban dos. Otro que aseguró que el Vicario de Cristo se acostaba con niños fue el historiador norteamericano Will Durant.

La frase más famosa y más controvertida de este Papa, como leemos en Contra la Apostasía, fue:

“El darse placer a uno mismo, con mujeres o con niños, es un pecado tan insignificante como frotarse las manos”

Caída en desgracia

Un diplomático español realizó el siguiente comentario: “A este Papa sólo le preocupan tres cosas: una vida duradera, una existencia opulenta y una familia enriquecida a su alrededor”.

Bonifacio no se privaba de nada, al contrario de Celestino V, que había sido una suerte de eremita que prefería roer un pedazo de pan duro antes que comer faisanes rellenos de codornices y melocotones. Vestía de forma fastuosa tejidos importados de Oriente, y así como pieles y joyas. Celebraba la misa derramando lágrimas y mientras sostenía una espada en alto cantaba a voz en grito “Soy pontífice, soy emperador”.

Enfrentado, por el poder y el dinero, a las familias más importantes de Roma y a diversos funcionarios reales, fue acusado por Felipe IV de Francia, en marzo de 1302, de herejía, simonía (negociar con cosas espirituales), blasfemia, hechicería y de ser culpable de la muerte de Celestino V. El monarca galo, que había mantenido un pulso por la supremacía del poder divino o secular con el líder religioso, declaró: “Bonifacio es un tirano, un hereje roído por el vicio  que gusta de los placeres con hombres, y que por su maldad está enfermo de sífilis.”

Felipe IV de Francia, poco después de dejar de seguir en Facebook a Bonifacio VIII

Detenido y abofeteado por sus oponentes.

Cuando Bonifacio estaba preparando una excomunión (pero de las buenas, ¿eh?) contra el monarca galo, un grupo de mercenarios franceses liderados por el militar italiano Sciarra Colonna le pilló en bragas (es un decir), y, sin amedrentarse por las lujosas vestimentas del pontífice ni por que estuviese sentado en su trono, supuestamente abofeteó con todas sus ganas al Papa tras amenazarlo con la muerte.

Seguramente, el sopapo propinado a Bonifacio VIII tenía algo que ver con que este destruyese en su momento la ciudad de Pastrina, que había ofrecido protección a miembros de la familia Colonna enemistados con la máxima autoridad vaticana. El líder espiritual había provocado en esta villa del Lacio  la friolera de 6000 muertos, ordenando luego que se salasen las tierras de cultivo, para hacerlas improductiva. ¡Qué majo!

¿Salvar al Papa? Pues va a ser que no.

Los habitantes de Anagni, residencia y pueblo natal de Bonifacio liberaron al Papa de su celda  y lo llevaron al Palacio de Letrán en Roma, donde fue encerrado.  Según las crónicas, dominado por arrepentimientos golpeaba su cabeza contra la pared y roía sin cesar sus brazos. Quizás recordaba la profecía de Celestino V: “…reinaréis como un león, moriréis como un perro”. Con su muerte (dicen que por suicidio) acaecida el 11 de octubre de 1303, era derrotada la tesis del dominio universal del papado. Su  “¡Nosotros afirmamos y declaramos definitivamente que es necesario para la salvación, que todo ser humano sea sujeto al pontífice de Roma! quedaba tan desfasada, como los muebles de metacrilato.

Dante Alighieri (que describió a Roma como “El alcantarillado de la corrupción y del infierno”) colocó a Bonifacio VIII en el círculo octavo del infierno de su en su Divina Comedia, cabeza abajo en las grietas de una roca, junto a personajes como Caifás y Simón el Mago entre otros.

Con información de La Nave Va, Contra la Apostasía, Info Católica y L’Armari Obert.

Jaime Noguera fue cocinero antes de monaguillo y es el autor confeso de España: Guerra Zombi.

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