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La otra brecha salarial: por qué los bajitos cobran menos que los altos

11 Mar 2018
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Iñaki Berazaluce

Evolución de la estatura de españoles y españolas. Fuente: Expansión, con datos de CSIC.

A lo largo de esta semana y con motivo del Día de la Mujer, leído y escuchado copiosamente sobre la llamada “brecha salarial”, es decir, la diferencia de salarios entre hombres y mujeres por realizar un mismo trabajo. ¿Y si resulta que la discriminación que sufren las mujeres no está causada -o no está únicamente causada- por su cromosoma XX sino también porque son, de media, 11 centímetros más bajas que los hombres?

La discriminación salarial por estatura existe y está bien documentada: por cada 3 centímetros extra de estatura, un trabajador gana un 1’8% más, según un estudio [.pdf] de 2004 del economista Nicola Persico. Por supuesto, no se trata de un “plus” por centímetros en el convenio, sino de una sutil e inconsciente discriminación por altura que podría tener su origen en nuestra biología: los hombres (y las mujeres) más altos eran también los más fuertes y los mejores alimentados de la tribu, de modo que solían ostentar el papel de jefe de la comunidad, tal y como han estudiado los antropólogos. Esa asociación entre estatura y liderazgo sigue condicionando nuestra percepción, de modo que tendemos a escoger inconscientemente a nuestros jefes actuales entre los más altos de los candidatos.

En los países occidentales, un salto desde el percentil 25 al 75 -lo que equivale a unos 10 centímetros de estaturaestá asociado con un incremento del sueldo de entre un 9 y un 15% anual. “Si sumas esta diferencia a lo largo de una carrera de 30 años estamos hablando de que una persona alta gana cientos de miles de dólares más”, resume el investigador Malcolm Gladwell en su libro ‘Blink’.

Más preciso aún es el estudio que realizó en 2006 un equipo inglés con datos de 4.630 finlandeses nacidos entre 1934 y 1940: un centímetro más de estatura cuando el niño tiene 1 año de edad deviene en un aumento del 3,5% de ingresos en la edad adulta. El estudio llevado a cabo por la Universidad de Southampton halló que este vínculo se da en la más temprana infancia y, por tanto, la explicación del fenómeno no tendría que ver con el estatus sino con el desarrollo cerebral: “El crecimiento lento del niño podría ir acompañado del crecimiento lento del cerebro”.

Un estudio anterior, realizado por la Universidad de Pennsylvania en 2001, retrasaba este momento crítico en la adolescencia: la estatura que la persona alcance en este periodo determinará sus ingresos en la edad adulta (de modo que el estirón tardío es… demasiado tardío). La explicación que brindan los autores del estudio es que “Aquellos que eran relativamente bajos de jóvenes eran menos proclives a participar en actividades sociales asociadas con la acumulación de capacidades productivas, y afirmaron tener baja estima”.

Correlación entre estatura, género y salario. Fuente: Short Revolution.

Más datos: en 2004 un equipo de psicólogos de las universidades de Florida y Carolina del Norte: por cada 2,5 centímetros (1 pulgada) de estatura extra una persona gana en EEUU 789 dólares (unos 600 euros) más al año. Los autores especulan con que la explicación puede deberse a que solemos apreciar capacidades de liderazgo en las personas más altas, tal vez por un patrón heredado por el que nos sentimos más protegidos por nuestros semejantes más corpulentos.

Lo que no aún no tienen claro los investigadores es qué fue primero, si el huevo de la estatura o la gallina del incremento salarial. Es posible que las personas más altas hayan tenido una mejor alimentación de niños y, por tanto, también sean más inteligentes. Un reciente estudio llevado acabo por los economistas Andreas Schick y Richard Steckel a partir del seguimiento de un grupo de británicos nacidos en 1958 concluyó que la alimentación era el factor decisivo que predecía la estatura y correlacionaba con el éxito social: cinco centímetros extra en la estatura del niño equivale a la diferencia entre crecer en una familia de clase baja o una de clase media.

La estatura de los CEOS. Infografía: Premium Times.

Y no sólo la estatura, sino también el atractivo físico -que no pocas veces van de la mano-, según el citado estudio. Los niños que eran considerados guapos con 11 años ganaban de media un 6,5% cuando llegaban a la treintena. En el caso de las mujeres, la diferencia era aún mayor: un 10%.

La estatura forja carácter. Las personas que eran más altas de niños recibían mejor trato, lo que les llevaba a recibir una mayor estabilidad emocional que, finalmente, les ayudaba en su desarrollo profesional.

La correlación entre estatura y liderazgo también se ha demostrado en la política y la economía, dos campos dominados por los hombres… altos. Malcolm Gladwell analizó la estatura de los CEO de la lista Fortune 500 para concluir que el 58% de los máximos mandatarios medían más de 1’83 de estatura, mientras sólo el 14,5% de los varones estadounidenses miden por encima de esos 6 pies. Paralelamente, en las elecciones de EEUU no es presidente un candidato más bajo que la media nacional desde 1830. Y entre los (espigados) candidatos el 58% de las veces ganó el más alto desde 1789 hasta la fecha.

Si realmente queremos lograr la igualdad no sólo entre sexos sino también entre tamaños, no sería descabellado implantar políticas de discriminación positiva para favorecer a los más bajitos y bajitas. Ni un gobierno sin su Soraya.

Foto: Efe.

Con información de The Atlantic,OCDE (La Vanguardia),Wikipedia, Short Revolution y CNN.

Estudios citados:

-‘The Effect of Adolescent Experience on Labor Market Outcomes: The Case of Height’ [.pdf]

-‘Height, Human Capital and Earnings’ (preview) [.pdf]

The stature of the self-employed and ist relation with earnings and satisfaction.

-‘Personal Fators Associated with Leadership’ [.pdf]

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