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“El efecto simbólico en una toma de ayahuasca no es muy distinto al del sistema sanitario occidental”

25 Abr 2018
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Iñaki Berazaluce

Todas las fotos son de Carlos Suárez Álvarez.

Se calcula que cada fin de semana se están celebrando del orden de 50 ceremonias de ayahuasca solo en la ciudad de Nueva York (1). Multiplica la cifra por diez o veinte asistentes por cada una de las sesiones y vuelve a multiplicarla por cientos de ciudades, pueblos y comarcas de medio mundo, de Barcelona a Tokio, pasando por El Cairo o Moscú.

La ayahuasca salió hace varias décadas de la selva y está extendiendo sus lianas por el planeta, un proceso que está teniendo un profundo impacto en la sociedad y el propio ecosistema amazónico, con especial énfasis en Perú y algo menos en Brasil y Colombia. Precisamente en el vértice de estos tres países, en una comunidad indígena próxima a Leticia, la capital del Amazonas colombiano, tiene su cuartel Carlos Suárez Álvarez, periodista y antropólogo madrileño que lleva más de diez años estudiando el fenómeno de la ayahuasca in situ y que está en la recta final del crodwfundig de su libro ‘Ayahuasca entre dos mundos’, un precioso volumen que incluye fotografías y crónicas de esta década larga de viajes interiores y exteriores.

Suárez, que publica sus artículos desde la floresta en la revista ‘Cáñamo’, es uno de los cronistas más sagaces e independientes del fenómeno ayahuasquero, alejado tanto del discurso místico de la new age como del desdén -con alguna excepción- de los estamentos científicos hacia la “medicina” de la selva.

“La ayahuasca es el único conocimiento propio de los indígenas que ha permitido que algunos de ellos se hayan enriquecido. Conozco curanderos que, tras años de trabajo, están ganando decenas de miles de euros gracias al turismo ayahuasquero. Esto no es una crítica, sino una constatación. Los indígenas, que siempre han estado bien jodidos, ahora tienen la oportunidad de competir y ganar. Sólo faltaría que les criticáramos por ello”, me cuenta por teléfono desde Leticia.

El lucro de los indígenas -”algunos”, matiza Suárez- es directamente proporcional a la voracidad del consumo de la ayahuasca por parte de los extranjeros, tanto en la selva amazónica como en el resto del mundo, donde se exportan “cientos de litros”, según el periodista. La bebida ayahuasca se compone en su receta más habitual de dos plantas: una liana, propiamente llamada “ayahuasca” (Banisteriopsis caapi), y un arbusto llamado chacruna (Psychotria viridis).

Hace unas pocas décadas la liana se encontraba en estado silvestre con relativa facilidad, pero la fuerte demanda ha hecho que los recolectores cada vez tengan que internarse más en la selva para encontrarla, a veces días río arriba de Iquitos y Pucallpa, los dos centros del turismo ayahuasquero en Perú. No obstante, apunta Suárez, la supervivencia de la planta “no está amenazada de ninguna manera” porque están proliferando las plantaciones y “el proceso de cultivo e intermediación se está haciendo más sofisticado, como una pequeña industria”.

La inexorable ley de la oferta y la demanda

Otro de los efectos que ha tenido la irrupción del turismo ayahuasquero en el área es la mutación de las recetas de ayahuasca tradicionales para adaptarse mejor a las expectativas de los occidentales, es decir, a tener viajes más visionarios y menos “purgantes”. Tal y como me explica Suárez, “los tratamientos se están adaptando al eslogan del “cliente siempre la tiene la razón”. En este caso, el paciente siempre tiene la razón. Por ejemplo, la ayahuasca no tenía tradicionalmente visiones, pero ahora todo se orienta a ofrecer ayahuascas más visionarias. Esto explica que se esté sustituyendo la chacruna por la chagropanga o huanbisa (Diplopteris cabrerana), que crece mejor y tiene mayor contenido de DMT. Algunos chamanes -principalemente gringos, pero también locales- son dados a añadir a la mezcla toé (Brugmansia suaveolens, conocida asimismo como floripondio) en aras de que las visiones. Con el toé, la mareación de la ayahuasca es más intensa, y si se te va la mano es un princio activo difícil de controlar”.

Los curanderos de la cultura amazónica, concretamente el pueblo shipibo, que es el más vinculado con la ayahuasca, despliegan una cosmovisión según la cual las enfermedades son asociadas con “energías” o “espíritus” y los chamanes luchan unos con otros en el plano astral (y a veces también en el terrenal). Tras casi 17 años en contacto con esta cultura, Carlos Suárez ni cree ni deja de creer en esta cosmovisión, pero la analiza desde el punto de vista antropológico: “En los pueblos indígenas no existen jerarquías, nadie puede destacar. Las únicas personas que destacan son los curanderos o sabedores y por esta razón son siempre vista con recelo por sus vecinos, todos los curanderos son acusados de brujos por otros curanderos”.

¿Existen entonces los llamados “virotes” espirituales, unas supuestas flechas de “energía negativa” que los hechiceros lanzan a sus enemigos en el plano espiritual, que pueden -dicen- llegar a enfermar o matar al destinatario. “Yo no sé si puede suceder pero en el momento que la gente lo cree, entonces sucede. En una de las piezas del libro hablo de un gringo que llega a la selva, adopta el sistema de creencias shipibo y acaba con tres virotes metidos en el costado y tiene que buscar a un curandero para que se los extraiga. Si crees esta representación, acabas asumiendo sus efectos.”

Carlos Suárez, derecha, presencia la preparación del brebaje.

Todo el juego simbólico que se pone por medio en la ayahuasca, y más en general, en la medicina amazónica, puede parecer una mera superstición desde el punto de vista cartesiano. Suárez, sin embargo, considera “que el sistema sanitario occidental se basa en efectos parecidos: una transferencia de poder desde el hombre-medicina al paciente, con todos los elementos dispuestos para hacer posible la curación, desde las superficies blancas hasta la sala de espera, pasando por la receta. La ciencia ha comprobado sobradamente la eficacia del efecto placebo: lo simbólico no quita que el efecto físico sea real”.

Puedes participar en la campaña del libro ‘Ayahuasca entre dos mundos’ en Verkami.(1) Fuente: ‘The last Shaman’.

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