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Cuando Estados Unidos intentó colocar a un cosaco como dictador de Rusia

23 Abr 2018
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Jaime Noguera

Contra lo esperado, Donald Trump ha frenado el plan de su gobierno para castigar con sanciones económicas a Rusia por su apoyo al régimen de Bashar al Assad, esto tras atacar (con el apoyo de Francia y Gran Bretaña) tres supuestos centros de desarrollo de armas químicas en Siria . Sin duda es un nuevo argumento para aquellos que sospechan que alguien en el Kremlin guarda en su cajón un disco duro con imágenes de alto voltaje sexual del mandamás estadounidense, tomadas hipotéticamente durante algunas de las frecuentes visitas que realizó Trump a Rusia en su años de pocholismo desenfrenado. Gasolina para aquellos que afirman que Putin tiene pillado a Donald por sus partes (in)nobles.

Resulta soprenderte leer las noticias e informes sobre los supuestos tejemanejes de hackers, redactores de fake news y demás fauna de acento exótico para colocar al candidato más manipulable al frente de los EE UU. Si todo ha sido una conspiración, ni Maquiavelo, oiga. Y es que, claro, los españolitos estabamos acostumbrados a que fuese EE UU el que ponía y deponía a su antojo sátrapas y gobiernos dictatoriales por el mundo. Guatemala, Brasil, Argentina, Chile, República Dominicana, Granada, Afganistán, Libia, Irak…y un largo listado de naciones que han sentido en sus carnes la áspera caricia del Tío Sam. Lo que probablemente no sabén muchos es que también EEUU intentó poner a un militar al frentede Rusia, hace un siglo, con el apoyo de Francia y Gran Bretaña. ¡Un trío clásico!

Rusia abandona la Primera Guerra Mundial

El 2 de diciembre de 1917, según relata el prestigioso historiador norteamericano Ronald E. Powaski  en su obra La guerra fría: Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, Robert Lassing, secretario de Estado, informó al presidente estadounidense Wilson sobre el comienzo de las negociaciones de Brest-Litvosk entre los bolcheviques y los poderes centrales. Rusia abandonaba la guerra, lo cual seguramente permitiría al Kaiser y sus aliados desplazar más tropas al frente occidental.

Lassing, abogado y político demócrata,defendía en un memorándum que los comunistas tenían “la decisión de derrocar a todos los gobiernos que existen e instaurar sobre sus ruinas un despotismo del proletariado en todos los países”. Por esto, recomendaba no reconocerles como capacitados para negociar la salida del Imperio Ruso de la Gran Guerra, que se libraba principalmente en las trincheras europeas. El presidente Wilson, of course estaba de acuerdo con el análisis de Lansing y consideraba a los comunistas una “conspiración demoníaca”.

Robert Lassing: “¡Niño, comunismo, caca!”

Rusia, de esta guerra no se va nadie

EEUU necesitaba imperiosamente que Rusia mantuviese las hostilidades contra Alemania, Bulgaria, Turquía y Austria-Hungría mientras preparaba la partida de un Cuerpo Expedicionario con tropas de refresco que podría, con suerte, detener el avance enemigo.

Cuando el 15 de diciembre los bolcheviques firmaron un armisticio preliminar, los aliados se temieron lo peor. Lassing sacó la conclusión de que la única esperanza de que Rusia se mantuviera en el conflicto era imponer “una dictadura militar respaldada por tropas leales y disciplinadas”. El 10 de diciembre sugirió que los Estados Unidos apoyaran con este objetivo al general Alexéi Maximovich Kaledín, líder de los cosacos del Don.

Para pasar el casting de dictadores de EEUU, un buen bigote siempre ayuda.

¿Kale qué?

Militar ruso, era un cosaco de la región de la cuenca del rio Don. Había hecho carrera militar en el Ejército Ruso desde joven, en la caballería. En la Primera guerra mundial fue suya una de las escasas victorias que las tropas rusas lograron, cuando en mayo de 1916 obligó a las tropas austriacas a retroceder 70 millas. No aceptó la revolución de febrero y conspiró contra el Gobierno Provisional con la intención de poner de nuevo al zarismo en el poder.

Eliminado de su cargo por el general Alekséi Brusílov, que lo acusó de ser “contrario a la democratización del Ejército”, en junio de 1917 fue nombrado atamán de los cosacos,  proclamando el “Gobierno Militar Cosaco” en el Don. En agosto, en el marco de la Conferencia Estatal de Moscú, presento un programa para aplastar la revolución, y en ese mismo discurso pidió proclamar Rusia como republica.

Junto con Mijail Alekseyev y Lavr Kornilov, fue prácticamente el creador del primer núcleo del Ejército Blanco contra los bolcheviques.

Alexéi Kaledín, a punto de arrancarse por  la versión rusa del “Novio de la Muerte”

Woodrow Wilson y el temor a otra Revolución mexicana

Como Trump (y los lideres occidentales en general) temen que si invaden por vía terrestre Siria, se repita el infierno de Afganistán o Irak, el presidente de EE UU en la segunda década del siglo XX, Woodrow Wilson, recordaba bien las consecuencias de su decisión de intervenir en la guerra civil mexicana de 1914.

Los mexicanos de casi todas las creencias políticas habían respondido a la intervención respaldando a su gobierno, hasta ahora impopular, para oponerse al imperialismo norteamericano. En lugar de intervenir directamente apoyando a Kaledín, Wilson decidió prestar dinero a ingleses y franceses para que estos se encargaran de hacérselo llegar al líder cosaco y este iniciase el alzamiento bien dotado. Así intentaba no comprometer la imagen de los EEUU, que podría verse afectada por apoyar públicamente a un régimen político no reconocido.

“¿Qué hago, Woodrow, compi, me meto o no me meto?”

Un acuerdo secreto

Dada la buena disposición de Estado Unidos para colocar a Kaledín en el trono republicano de Rusia, Francia y Gran Bretaña firmaron un convenio bilateral secreto que definía las zonas geográficas del sur de Rusia donde prestarían apoyo a las fuerzas antibolcheviques. A los ingleses les tocaron las regiones del Transcáucaso y el Caúcaso septentrional, mientras que Besarabia, Ucrania y Crimea le tocaron a los franceses.

Raymond Poincare, presidente de la República Francesa  y el rey Jorge V de Inglaterra, jugando a “Piedra, papel o tijera”

¿Y qué pasó entonces?

Las esperanzas aliadas, se vieron frustrada por el rápido y decidido avance de las tropas soviéticas, que provocó el desmoronamiento de la autoridad de Kaledín.

Si el presidente Wilson no hubiese guardado en su memoria el recuerdo de su desastrosa injerencia en México o el de la fallida invasión del general Pershing para capturar a Pancho Villa, quizás se hubiese producido un apoyo más enérgico al general cosaco, que no sabemos si hubiese alcanzado los objetivos deseados por los gobiernos occidentales.

El 28 de enero el comité revolucionario exigió a Kaledín el desarme de sus tropas. El 11 de febrero, ante el avance del Ejército Rojo y abandonado por sus cosacos, este renunció a su cargo y se suicidó disparándose al pecho. En la nota que dejó, había escrito “los cosacos no querían seguir a su atamán en la guerra”.

Pocos días más tarde, los soviéticos retomaron Rostov y Novocherkask. La mayoría de las fuerzas cosacas se sometieron al nuevo Gobierno.

Visto en el libro La guerra fría: Estados Unidos y la Unión Soviética, 1917-1991, de Ronald E. Powaski.

Jaime Noguera , que adora la ensaladilla rusa, es autor de  España: Guerra Zombi.

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