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Cantantes que pintan monas: de Lola Flores a Joaquín Sabina

18 May 2018
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Luis Landeira

“Zapatero a tus zapatos”: este sabio refrán atribuido al pintor griego Apeles (352 a.C. – 308 a.C.), es una seria advertencia sobre los peligros de abarcar tareas que sobrepasan las capacidades de cada persona. Un caso especialmente flagrante es el de los cantantes que pintan cuadros. O, centrándonos más, cantantes españoles que pintan monas.

Ignoramos a santo de qué unos señores que se ganan la vida cantando dan por sentado que también pueden ser pintores. Quizá sea que la fama, que hoy por hoy es patente de corso para perpetrar las mayores mamarrachadas. O tal vez ese pésimo consejero que es el ego, que se infla con los aplausos y les hace creer al artista de la canción que es un renacentista que lo mismo vale para un roto que para un descosido. Pero, como veremos ipso facto, va a ser que no.

Juan Pardo

En su juventud formó parte del grupo Los Brincos y del dúo Juan y Junior. En su madurez, se lanzó como solista de hits puretas del calibre de ‘Caballo de batalla’, ‘Bravo por la música’ o ‘Xuntos’, sintonía del PP de Galicia.  Y ahora, que es anciano, pinta. Es más, se trata de su actividad principal, como podemos ver en su página de Facebook,  “Juan Pardo – Pintor”. ¿Su especialidad? Chirriantes retratos pop de famosos como él mismo, Antonio Gala, Julio Iglesias… o María Teresa Campos. A esta última, por cierto, le entregó personalmente su retrato en directo, en el transcurso de un programa de televisión. La Campos no sabía dónde meterse, no sabemos si porque en el cuadro no sale muy agraciada o por el extendidísimo rumor de que Juan es gafe. ¡Lagarto, lagarto!

Paloma San Basilio

Adicta a la cirugía plástica, esta mujer ha transformado su cara en su principal obra de arte, hasta el punto de que parece la prima de Michael Jackson. Pero no contenta con esto, ni con cantar, ni con haber sido amante de un señor que hasta hace poco mandaba mucho, Paloma pinta, aunque, eso sí, con modestia y humildad: “Con la pintura lo único que pretendo es expresarme, no tengo más aspiraciones”. Pues no nos queda muy claro lo que quiere expresar Paloma con esas pacotillas multicolores, que parecen obra de aquellos mancos de Artis Mutis que pintaban con la boca o con los pies.

Camilo Sesto

También este veterano cantante y padre soltero guarda cierto parecido con el marciano Michael Jackson, tanto en retoques faciales y capilares como en excentricidad. Pero, que nosotros sepamos, Jackson no pintaba, aunque sí lo hacía su mono. Y Camilo no lo hace mucho mejor que Bubbles, y eso que asegura que “de no haber sido músico habría sido pintor”. Pues eso que ganamos: más vale escuchar aquello de Vivir así es morir de amor’ que morir de horror contemplando sus espantosos cuadros-grumo que a veces esconden significados insospechados. Él mismo explicó así uno de ellos en la tele: “Eso es una silla en el aire con un señor de espaldas con la nuca gris, el presidente, y esos cuervos negros son los asesores y los ministros comiéndole el cerebro y ensangrentándolo, cuando en realidad se lo deberían dejar limpio y que las decisiones fueran libres”.

Dyango

Si les digo Juán Gómez Romero se quedan ustedes como estaban. Pero Dyango es otro cantar: tras este seudónimo hay decenas de canciones melódicas de alto voltaje romántico que nuestros padres (o abuelos) pinchaban hasta que a nosotros (sus hijos o nietos) nos sangraban las orejas: temas como ‘Si yo fuera él’, ‘Esa mujer’ y, sobre todo, ‘Por ese hombre’, a pachas con Pimpinela. Pues bien, en sus ratos libres Dyango se desfoga emborronando lienzos con unos manchurrones en los que, según él, destacan las influencias de “el surrealismo de Dalí, el cubismo de Picasso, la geometría estructural de Kandinsky, los atrevidos diseños vanguardistas de Sonia Delaunay y ciertos detalles formales de la Bauhaus alemana”. Y se queda tan ancho.

Lola Flores

Amén de bailar, berrear e inventar el crowdfunding, al pedir una peseta a cada español cuando Hacienda le metió mano, Lola de España, que en gloria esté, pintaba. Y pintaba muy mal, cabría añadir con saña. De hecho, empuñó los pinceles cuando se encontraba ahogada por las deudas. Sus cuadros eran auténticos churros, pero la Faraona vendió unos cuantos, sobre todo en Miami, donde tenía un agente que la llegó a comparar con la pintura fauvista. Por suerte Lola, con su habitual desparpajo, se salió por peteneras y confesó: “Yo no tengo estilo, pinto flamenquitas y ya está”.

Tino Casal

“Sus pechos goma dos y nitroglicerina. Eloiiiiiiiiiise”. Sí, Tino Casal, que en paz descanse, se hizo nacionalmente famoso por canciones como la citada ‘Eloise’, ‘Embrujada’ o ‘Etiqueta negra’ y por sus extravagantes atuendos, que dejaban a Paco Clavel a la altura de un señor de Murcia. Según le gustaba contar a Tino, su vocación pictórica se reveló en su más tierna infancia, cuando “pinté los pechos de Sara Montiel, mientras los demás niños daban patadas a un balón”. Y de mayor, por desgracia, siguió pintando, aunque cambió los pechos por chafarrinadas de colores estridentes. Sus cuadros eran muy grandes, tanto que él, que era grande, parecía pequeño a su lado. Para colmo, gastan títulos como “Galaxia” o “Pintura de guerra”.

Joaquín Sabina

Canta, escribe poesía y fuma como un carretero. Y pinta monas. O, mejor dicho, dibuja: “Hay meses que no escribo ni un verso, pero todos los días hago cinco o seis dibujos”. Y no satisfecho con esto, el aguardentoso bardo imprime sus garabatos de gatos, botellas o tías en pelotas en forma de libros. Y los vende. Y la gente los compra. Sabina sabe que aunque se tire un pedo y lo envase al vacío, habrá algún fan que pague por él. Así que se puede permitir el lujo de ser franco y llamarle a sus obras “los bodrios que salen de mis manos”. Nada que añadir.

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