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La ‘Eurovisión’ nazi que Hitler inventó en 1943

12 May 2018
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Jaime Noguera

Una moneda única, un mercado común e incluso el nombre de “Confederación Europea” fueron conceptos que los nazis barajaron para una Europa tutelada por la cruz gamada. Era 1943 y corrían malos tiempos para Hitler y los suyos tras la debacle de Stalingrado. El Tercer Reich necesitaba ganar followers, así que a sus mandamases se les ocurrió usar algo que les diese buena imagen y sirviese para darle coba  sus hastiados aliados: canciones.

Como parte del guante de terciopelo que debía vestir la temible mano de hierro del Tercer Reich, se pensó en la creación de una serie de instituciones e iniciativas culturales, incluyéndose una Eurovisión a la nazi en la que España habría tenido el derecho de participar.

Unión Europea a la nazi

En marzo de 1943, un mes de la devastadora derrota germana en la picadora de carne batalla de Stalingrado, el Ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joachim von Ribbentrop, consciente de que los alemanes necesitaban a toda la Europa para su control para derrotar a la URSS, tuvo una revelación: para salvar los platos, debían crear una Confederación Europea.

Esta entidad, según la Wikipedia, estaría formada por  Alemania, Italia, Francia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria, Croacia, Serbia y Grecia. Se esperaba la participación de España pero la neutralidad de Franco provocaba alguna que otra duda. Claro, si no se atrevía a entrar en la guerra, ¿cómo iba a participar en un concurso musical?

El memorándum redactado por orden de Ribbentrop establecía que, si se procedía a la creación de nuevos estados, en los territorios ocupados en aquel momento por Alemania, éstos también serían invitados a adherirse. No se esperaba que Suecia, Suiza ni Portugal entraran en la confederación mientras durara la guerra, pero tampoco se consideraba que su adhesión fuera de gran importancia.

Los países del Benelux (Bélgica, Paises Bajos y Luxemburgo), por cierto, se omitieron de la lista de países propuestos, ya que ya se había decidido su futura integración en el Reich alemán.

Von Ribbentrop, la alegría de la fiesta e ideólogo de la Unión Europea nazi.

“¡Europa, unida, jamás será vencida!”

El objetivo detrás de todo esto era asegurar a los aliados de Alemania que su independencia sería respetada después de la guerra, así como dar la impresión a los soviéticos y a los aliados occidentales de que toda Europa estaba unida contra ellos, y que los aliados no luchaban por la liberación de los estados europeos, sino contra la unidad europea.

A pesar de lo bien que sonaba todo, la propuesta, atrajo poco apoyo de los líderes nazis (Walther Funk, ministro de Economía del Reich fue uno de los pocos que la suscribió), habría tenido una moneda única, un banco central en Berlín, una política laboral y acuerdos económicos y comerciales comunes, pero dejaba a todos los estados claramente subordinados a la Alemania nazi. Vamos, que serían los palanganeros de Hitler.

La Eurovisión parda

Según asegura en su libro “El Imperio de Hitler” el  historiador británico Mark Mazower, especializado en historia de Europa del siglo XX , la política cultural nazi sirvió para evitar establecer acuerdos reales en materia internacional. Es decir, si al final no te interesaba crear una Unión Europea con estados soberanos a los que expoliar a tu voluntad, bastaba con montar una serie de eventos culturales de carácter internacional para dar el pego… un paripé.

Los alemanes organizaron así una serie de conferencias internacionales en las que el tema principal era “Europa”, y crearon la Competición Cultural de la Juventud de Europa. Esta última fue, según Mazower la versión nazi de lo que Eurovisión es hoy: una competencia musical entre representantes de cada país de la dichosa Confederación Europea. El nombre del trofeo a entregar al mejor intérprete era Premio Weimar de la Música.

La versión nazi de Mocedades, a punto de actuar.

¿Y qué pasó entonces?

Como el estresado rey de “Los caballeros de la mesa cuadrada” que no estaba para cánticos, Hitler no estaba para confederaciones europeas ni para festivales de la canción. Era más de “si lo he conquistado es mío y punto”.

La Competición Cultural de la Juventud de Europa estaba destinada a fracasar con un escenario sin travestis, besos lésbicos o espontáneos que enseñen el culo en mitad de una actuación. ¿A quién hubiese mandado la España de Franco? ¿A Conchita Piquer con su hit A la lima y al limón”? ¿A los Clippers, con su hit de 1948 “Qué bonita es Barcelona”? La “muy fascistona” Nati Mistral hubiese sido una candidata ideal para representarnos.

Seguramente, lo más parecido a Chikilicuatre que hubiese visto una Europa nazi hubiese sido Juan Torregrosa y su ‘canción del verano’ de 1946 “Tengo una vaca lechera” (Ich habe eine Milchkuhen alemán).

¿Y los Alfred y Amaia de los años 40 del pasado siglo? ¿Quienes hubiesen sido? Pues sin duda, Juanito Valderrama y Dolores Abril.

Con información del libro “El Imperio de Hitler” de Mark Mazower y Wikipedia. además la consultoría musical del simpar Eduardo Smith.

Jaime Noguera  es autor confeso de la novela España: Guerra Zombi.

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