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Del “chupchup” al “parapapa”: Las canciones más tontis del indie español

09 Jun 2018
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Luis Landeira

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¿Recuerdas los 90, beibi? ¿Las piruletas? ¿Los casiotones? ¿Las panderetas?¿Las mozas vestidas de Heidi? ¿Los mozos con flequillo y espinillas? Cuánta tontería, ¿verdad? Por algo a aquel subgénero musical, reflejo del timorato y aburrido fin de siglo, se le llamó “tontipop”.

Y si ya en su día, cuando éramos más jóvenes y necios, las cancioncillas de aquellos grupos nos sonaban a plastilina y blandi blub, en la actualidad, que ya tenemos canas en nuestras partes pudendas, apaga y vámonos.

Pero como más vale mirar patrás que perderse en el camino, vamos a recordar sin nostalgia ni acritud algunos de los conjuntos más chulis de aquellos aciagos días de Nocilla y aznarismo.

Australian Blonde

Pues nada, tres chavalotes de Gijón que, en vez de estudiar y labrarse un porvenir, se dedicaban a endrogarse y hacer raca-raca con las guitarras. Tuvieron un solo éxito, “Chup chup”, que sonó en la película “Historias del Kronen” y cuya letra estaba chapurreada en inglés. Debía ser un homenaje a las pastillas de Avecrem porque al chaval que cantaba solo se le entendía una cosa: “chup chup chup chuchuchuchupchurú”.

Los Fresones Rebeldes

Pioneros en el arte de escupir tontunas en castellano, su efímero éxito hizo que fueran tan imitados como odiados. Y es que el grupo resultaba ciertamente grotesco, pues estaba formado por dos señores de mediana edad y un puñado de zagalitas postadolescentes. Su canción más famosa fue “Al amanecer”, un plagio acelerado y edulcorado del “Cadillac solitario” de Loquillo; visto hoy, el videoclip parece una cosa para pervertidos.

Meteosat

Fue uno de los grupos de moda a finales de los 90, más que por sus absurdas canciones, por sus componentes, unos niños monos y pijillos. Su sonido era un cruce degenerado entre Los Pegamoides y Parchís, y sus componentes, en un arrebato de lucidez, pasaron del grupo en cuanto salieron de la edad del pavo. Entre ellos, cabe destacar al conocido tertuliano de la tele Ignacio Escolar. Un Sugus para quien lo encuentre entre las hordas de niños indies que corretean por este videoclip:

La Monja Enana

Ya en las postrimerías de la era tonti, apareció este duo tecnopó formado por una muchacha rellenita y un informático amanerado. Eran un poco como Fangoria, pero con un estilo más frívolo e ingenuo, si cabe. En lo musical no se comieron un rosco, pero la moza del grupo se emparejó, muy a pesar de su diferencia de edad, con el señor más robusto de Los Fresones Rebeldes. Para que luego digan que eso de tener un grupo indie no vale para nada.

Vacaciones

Como tantos otros tontipoppies, este conjunto murciano (que no marciano, o también), parecía estar formado por nerds de pura cepa curtidos en largas sesiones de acoso escolar. “Poppy girl”, la única canción que sonó un poco en su día, era más pegajosa que el jingle aquel que decía “Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe normal. Bic, bic, bic, bic, bic”.

L-Kan

Una mariliendre bajita y un par de gansos integraban este trío de tonti pop con claras influencias de las artes escénicas. Las charlotadas que hacían y su tufo titiritero contrastaban con el tono cándido e inocentón de sus cancioncillas. Al ver que la cosa no cuajaba, sus componentes optaron (con bastante acierto) por volcarse en el mundillo de la hostelería, montando una discoteca indie. Hoy ya solo un puñado de taraos se acuerda de tonadas como “Gayhetera” o “Modern talking”.

La Casa Azul

En la más pura tradición de Los Archies, Boney M o Milli Vanilli, salvando las distancias, este quinteto fue un grupo de pop 100% prefabricado. Sus componentes, tres muñecos y dos muñecas de carne y hueso vestidos de colorines, solo bailoteaban y movían las bocas cual peleles de ventrílocuo. Mientras tanto, entre bambalinas, un señor calvo lo cantaba y lo tocaba todo (en el buen sentido). Hasta que se descubrió el pastel, mucha gente se tragó que aquellos cinco querubines eran los responsables de patochadas como “Hoy me has dicho hola por primera vez”, “Chicle cosmos” o “Superguay”.

Nosotrash

Érase una vez un tontigrupo de tontichicas asturianas. Sus componentes eran como las rarunas del instituto, uséase, que ligaban menos que Doña Rogelia en Melrose Place. Como se aburrían se pusieron a darle al vino y a la guitarra. ¿Y qué cantaban? Pues aquello de “parapapapaparapapapa, parapapapa, parapapá”. Tuvieron poco éxito, pero más que suficiente para pillar cacho. Acto seguido, colgaron sus instrumentos para siempre jamás. Colorín, colorado…

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