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¡Españoles, la paga extra de verano fue un invento de Franco!

09 Jul 2018
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Luis Landeira

-Fíjate lo que me ha pasado hoy, estaba en la oficina trabajando, y apareció una nave espacial, bajó Claudia Schiffer, me echó un polvo y se volvió a marchar.

-¡Anda ya, fantasma, no te lo crees ni tú! Eso de que trabajas se lo cuentas a otro. ¡Trabajar! ¡En España! ¡Ja!

El chiste es malo, pero plasma muy bien lo raro que es ya encontrar alguien que tenga un trabajo estable en esta piel de toro extendida llamada España. Si usted está entre esos privilegiados curritos, quizá (solo quizá) cobre la paga extra de verano. Pues bien, que sepa que eso fue un invento de Franco. Nos referimos a la paga, no al trabajo, que según dicen lo inventó Dios.

Con esto no estamos haciéndole la ola al generalísimo, ni muchísimo menos. A nadie le amarga un dulce, y muchos matarían por pillar una paga (extra o no) en estos tiempos de contratos basura, falsos autónomos y paro galopante; sin embargo, cabe subrayar que las intenciones de Franco al imponer la paga de verano fueron bastante ladinas. Pero empecemos por el principio.

Franco aprobó la medida de la paga extra de verano el 15 de julio de 1947, en el artículo 1 de una Orden firmada por el que por aquel entonces ejercía de ministro de Trabajo, José Antonio Girón de Velasco. Léase con voz de NODO:

“A todo el personal de las actividades no reglamentadas o cuya reglamentación no establezca gratificación para el 18 de julio, Fiesta de la Exaltación del Trabajo, le será abonada el día laborable inmediatamente anterior a dicha fecha, y para solemnizar la misma, una gratificación equivalente a la retribución de una semana”.

¿Y por qué se daba la paga en tan peregrina fecha y no el día 1 del mes como es lógico y normal?, se preguntarán los lectores menos avispados. Pues más que nada para conmemorar la fecha en la que estalló la sublevación de los rebeldes franquistas, que daría lugar a la Guerra Civil. No en vano, durante décadas, a la extra de verano se la llamó “Paga del 18 de julio”.

Pero, como decíamos, esta paga tenía su lado oscuro. En realidad, no dejaba de ser una limosnita del caudillo a los trabajadores, una propina de consolación que trataba de maquillar una letal crisis económica: durante los años 40, el coste de la vida subió más del 500%, la vivienda se encareció un 100%, la alimentación un 70%, y los salarios cayeron un 50%.

Esta combinación de sueldos bajos y precios disparatados hizo que la calidad de vida de los españoles cayera por los suelos, y que muchos trabajadores apenas tuvieran lo justo para cubrir sus necesidades más básicas.

Con la “limosna estival”, Franco quiso prevenir protestas y mejorar la imagen del régimen ante una clase obrera explotada que trabajaba entre 60 y 70 horas semanales. La crisis se alargaría hasta mediados de los años 50, pero gestos como el de la paga extra de verano lograron suavizar el malestar de los trabajadores.

En vista del éxito, el sucesor de Franco, el Rey don Juan Carlos, mantuvo la paga extra de verano cuando llegó la democracia. Pero, eso sí, aumentó su cuantía a un mes y la situó el 24 de junio para conmemorar su onomástica, aunque la falta de presión ha hecho que las empresas hagan bailar esa fecha entre el 20 de junio y el 15 de julio. Eso, cuando la dan. Como diría Franco, “no s’us puede dejar solos”.

*Este artículo contiene duros, perras chicas, perras gordas, pesetas rubias, letras y ‘santos’ de ABCArchivo Histórico Minero, La Nueva Crónica, El País, Todocolección y Archivo Histórico Nacional.  

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