Metomentodos

20 Mar 2013
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En este país si no te ha espiado Método 3 no eres nadie, así que mejor te vas haciendo cliente de La Camarga, ese restaurante barcelonés en el que hasta las gambas llevan un micrófono adosado. Los tejemanejes de esta popular agencia de detectives darían pie, por lo menos, a una teleserie de intriga basada en hechos reales, algo entre Le Carré y Santiago Segura, pero de momento tendremos que conformarnos con algún reportaje de investigación de la Sexta, un programa de Évole o una pesquisa de Mercedes Milá, inquisitiva e inquisidora reportera que lava sus culpas como responsable de las necias y zafias peripecias de Gran Hermano. Más de una vez he pensado que deberían encerrar a doña Mercedes en la fraternal casa prisión de sus pupilos para que ejerciera entre ellos funciones de estricta gobernanta en vivo y en directo. No imagino peor castigo que una temporada a la sombra conviviendo con esa pandilla de descerebrados, aunque ese encierro nos privara de sus otras labores como implacable desfacedora de entuertos. Cuando la hermana Milá entra por la puerta de las oficinas del empresario defraudador o del alcalde corrupto, los aludidos salen por la ventana o se esconden debajo de las mesas. El método Milá se contrapone al método Évole con su engañosa facilidad para fingir amigos poniendo cara de buen chico que pregunta lo que ya sabe para que le respondan lo que él quiere.

La gelatinosa actualidad política que vivimos a diario proporcionaría grandes oportunidades para guionistas espabilados, el problema es que los culebrones de Urdangarin y Bárcenas se enroscan cada día más y no se vislumbra ese final feliz que todos esperamos: los culpables ingresando en prisión. Plano de las ominosas puertas que se cierran tras ellos con espeluznante chirrido mientras una voz en off endilga la moraleja correspondiente. El cuento de la princesa Corinna podría dar ya para un glamouroso “biopic”: la niña Corinna jugando a los muñecos en plan Barbie robacorazones, la Corinna adolescente recortando fotos de príncipes casaderos aunque sean de segunda mano y edad provecta y la Barbie princesa (edición limitada) pululando entre cabezas coronadas y  fastuosos turbantes como Barbie conseguidora. Bailando entre jeques (título que ofrezco gratuitamente) debería incluir sugerentes escenas de cama e intensas sesiones de trabajo en las que se combinaran el placer y los negocios sin cambiar mucho de plano. Si me dejan colaborar podría encargarme de la escena en la que esta cortesana global dicta al rey su discurso conciliatorio con un potentado oriental, señor de los prolíficos y petrolíferos desiertos, decepcionado tras haber creído en las primas que el gobierno español ofrecía a los que invirtieran en energías renovables y que resultaron ser primas de riesgo y acciones preferentes.

Pero los derroteros de la actualidad siguen también otros caminos. Seguimos la tortuosa senda del exduque de Palma al que le cambiaron una rambla por la cuestecilla que conduce a la Audiencia, camino del Calvario, ascensión al Gólgota, vía crucis jalonado por  los correos goteantes de Diego Torres. Décimotercera estación, Iñaki comparece ante el Sanedrín… Como verán el contagio vaticano hace estragos, el papa Francisco se deja tocar y reparte besos y abrazos saltándose el rígido protocolo para consternación de Jaime Peñafiel que en una de sus tertulias añoraba los antiguos ritos. Puede que tengan razón, Juan XXIII, frecuente sujeto de comparación con el nuevo pontífice, cambió el latín por las lenguas vernáculas y fueron legión los fieles que se decepcionaron cuando lo entendieron todo y no les pareció para tanto, perdieron el santo temor de Dios y se apartaron de su camino, sendero abrupto con más espinas que rosas.

En los foros de la televisión episcopal, la 13, los contertulios, entre paparruchas y papanatas, se abren paso por todos los rincones, los asuntos turbios del PSOE, un partido que hace méritos para seguir en candelero y que sus enemigos no tengan que echar mano de escándalos del pasado para atacarlos. Si yo fuera del PSOE (Dios no lo permita) sería un fiel seguidor de la 13 y de Intereconomía para hacerme la ilusión de que seguimos mandando gracias a Rubalcaba, a Pepe Blanco y a los herejes ponferrradinos. Intereconomía y la 13 andan estos días a la greña, en plena riña de gatos, para quedarse con el monopolio de  los públicos más conservadores. Divide et impera (volvamos al latín), son cuatro gatos, si atendemos a los índices de audiencia, pero se comportan con la arrogancia de unos líderes de opinión que están en posesión de la verdad. Para salir del gueto los telepredicadores de la caverna salen a pregonar su mensaje por otros canales y a fajarse con debatientes del bando contrario. Hay pocos recambios aunque empiezan a verse algunos brotes verdes, muy verdes, de nuevos y redundantes opinadores. Pero de momento esto es lo que hay, no les castigaré hablando otra vez del ubicuo Marhuenda pero si la memoria no me falla (suele hacerlo) creo que  en esta última semana he visto a Hermman Tersch ( y lo que es peor también le escuchado) compareciendo en los platós de la 5, la 6, la 13 e Intereconomía. No se si seguirá en Telemadrid y tampoco sé si Telemadrid le habrá sobrevivido. En Segovia, ciudad en la que vivo gran parte de la semana, no vemos Telemadrid, lo cual, bien visto, puede ser una ventaja más de la castellana urbe.


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