El inevitable post de Lost

03 Feb 2010
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Anoche me acosté temprano. Puse el despertador prontito y para cuando me levanté ya había varios sitios para descargar la premiere de la sexta temporada de Perdidos. ¿Impresionante? En absoluto. Lo que me sigue dejando sin palabras es que ya había varias versiones de los subtítulos, alguna incluso había sido saboteada y recuperada. Una vez constatado este hecho, sintonicé la ABC a las ocho de la noche hora local con mi parabólica mágica, que ya saben ustedes que yo estoy muy en contra de las descargas y soy muy de irme de cañas con Ramoncín y todo eso.

Me vi el capítulo resumen de la serie previo al estreno, genial ejercicio de síntesis con el que llegas a dos conclusiones: que los guionistas de Lost son la gente más loca de la tele y no sé cómo nos estamos tragando todo esto que nos cuentan y que Nikki y Paolo realmente no eran personajes importantes. Lástima. Sería genial que su capítulo diera la clave para el final de la serie.

A partir de aquí voy a hacer putadas (spoilers), así que sigan leyendo bajo su propia responsabilidad.

El arranque de la temporada definitiva no podía empezar de otra forma que no fuera planteando nuevas preguntas. De nuevo abordo del Oceanic 815, justo antes del accidente que… ¡nunca llega a producirse! ¿O sí? Porque junto al Jack, Locke, Kate, Sawyer, Charlie y demás pasajeros que aterrizan en Los Ángeles, tenemos a los otros (con perdón de la polisemia) a los que hemos acompañado durante cinco temporadas. Suponemos que el juego de esta temporada no es el salto en el tiempo ni el flashback ni el flashforward, sino la teoría de los muchos mundos a la que también se ha apuntado Fringe: la explosión de Jughead no ha alterado el pasado, sino que ha dado lugar a un nuevo universo paralelo. Lo mismo que hacía Hormigas blancas.

Los del Untangled nos lo van explicando todo. Aprox.

Por supuesto, sigo enganchado, quizá más, por esa mitología creciente de Perdidos en la que cada puerta abierta da lugar a otras quince cerradas. Pero, piruetas ciencia-ficcioneras aparte, si la serie se mantiene arriba es por sus personajes. Lo que ahora nos proponen es coger a esos tipos que ya conocemos en un contexto y bajo unas circunstancias concretas y ponerlas en otro lugar, a ver cómo reaccionan. Una apuesta que sólo puede funcionar con unos personajes muy bien construidos, capaces de soportar el trasplante. Pruebe usted a hacer una revisión de la primera temporada de 24 en la que nadie amenace a David Palmer, a ver cuánto rato tarda en querer matar usted a Jack Bauer.

Resumiendo: un primer capítulo confuso como pocos, que vuelve a generarnos esa sensación en la boca del estómago que ya hemos sentido tantas veces y que nos engancha de nuevo, quizá porque predica entre conversos. A veces pienso en lo poco que nos distancia a los losties de los fans de DEC.

¡Y por fin sabemos qué (o quién) es el humo negro! Madre mía, que todavía queda una semana para la siguiente entrega.


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