Más daños y perjuicios

09 Feb 2010
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 Tal y como está el panorama televisivo-judicial últimamente, este tipo de titulares puede dar lugar a más de una confusión, así que céntrense: vamos a hablar del estreno de la tercera temporada de Damages, no del gabinete jurídico de Telecinco. Que debería formar parte, por sí mismo, del IBEX 35.

Como bien saben, Damages está protagonizada por una señora más bien mayor, fría, calculadora y manipuladora y teñida de rubio que… ay, callen. Que acabo de entender por qué la ponen ahora en Telemadrid.

Pues eso: serie de abogados con asesinatos, conspiraciones y mucho doble juego. Reparto de lujo encabezado por Glenn Close y pizpiretos recursos narrativos como empezar la historia con flashbacks  más o menos tramposos que nos ponen en guardia de que la aparente tranquilidad con la que arranca el relato acabará despedazada. Algo que ya hizo el tomate, no nos engañemos.

Y la cabecera también me gusta, hay que decirlo

Tras dos temporadas brillantes, sobre todo la primera, han decidido darle al reset y hacer una especie de reboot, como llaman ahora los gringos a hacer tabula rasa y volver a empezar. Existe la lógica referencia al pasado común de los personajes, pero parece que FX ha optado por hacer un “procedimental por temporadas” y dar la opción a los espectadores para subirse en marcha. Me encanta inventarme conceptos así, como si fuera el director de comunicación de una cadena en una rueda de prensa.

Como en cada temporada, hay un malo de la “América corporativa” al que Patty Hewes está dispuesta a montarle un buen pollo. Lo admirable es que se han metido en un terreno tan pantanoso como recrear en la ficción a una especie de Bernie Madoff. Con dos… capítulos queda claro que esa será la trama principal de esta temporada. Ejem.

Sigue habiendo grandes aciertos en el reparto, como la incorporación de Martin Short, gran compañero de viajes de autobús (hasta tres veces seguidas me han puesto la peli esa en la que sale con Nick Nolte y una niña). Minipunto para él que pasa de un histrionismo a lo Jim Carrey para hacer un personaje muy inquietante a base de un ejercicio de contención más inspirado que el de José Coronado antes de hincharse a yogures.

Aunque mantiene puntadas de genialidad, el guión tiene menos fuerza que en otras ocasiones. Quizá porque confían en una base de fieles y cuentan con tiempo para poder desarrollar las tramas, sin tener que quemar cartuchos de efectismo en las primeras andanadas. O quizá es que a mí Madoff me da menos miedo que si hubieran puesto de malos a algunos surferos del tsunami bipartidista.

Lo que sí llama la atención y mucho es el recorte de presupuesto que le han dado a la serie y que nos recuerda que todos somos mortales. ¿Me fijo más o es que los chromas son mucho más cantantes ahora? ¿Cómo pueden permitirse fallos de raccord tan garrafales como que una señora apoye la barbilla en la mano en un plano y en el siguiente, sin transición, no? Y en el siguiente otra vez sí. Menos mal que esto no es Perdidos, o ya habría varias teorías esotéricas al respecto circulando por la Red.

Sigue mereciendo la pena, pero más les vale ponerse las pilas. Porque no nos pueden pedir que confiemos en ellos mientras nos recuerdan en pantalla la historia de Bernie Madoff.


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