2 Feb 2012

Para los más jóvenes

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Un lugar común entre los personajes que denostan el medio televisivo es decir que cuando ellos eran niños, al llegar a casa después del cole había Barrio Sésamo y ahora no hay programación infantil. Que es como si vas a comer al Telepizza y te quejas de la poca variedad de las ensaladas. Porque si bien es cierto que las televisiones generalistas, en su mayoría, se revuelcan en el lodo a esas horas de la tarde, los niños de ahora disponen también de Clan TV o Canal Disney, dos temáticos gratuitos en TDT.

Así con todo, la televisión pública aún hace esfuerzos y se desmarca con estrenos como El club de Pizzicato. Dicen que es un programa sobre música clásica para niños y, ¡maldita sea!, lo es. Si quitamos a la señora que hace de hacker porque dice cosas como uesebé todo el rato pero en realidad recuerda a Karmele Marchante, es un formato ejemplar.

Salen niños haciendo música, una cantante de ópera vestida de otaku, una marioneta y un violinista con el pelo largo. Todos muy majos y nada listillos, a pesar de hablar de sinfonías de Beethoven como quien menta pokemons. Es como volver a Barrio Sésamo pero con sonatas en lugar de Soy Ana.

 El club de Pizzicato

Es un programa para todos los públicos porque la cantante ¡enseña piernaca!

Seguí el fin de semana de la juventud el domingo por la noche zampándome el prime time juvenil de Antena.Neox. Menos mal que me dio tiempo a ver antes la cumbre Follonero-Losantos-Zapatero-Pedrojota. Porque Hablar de sexo con papá y mamá es el enésimo Supernanny reloaded y Meeting point es como Vidas anónimas pero… na, no hay pero que valga. Encontré especialmente educativo en el primero que todos rieran cuando el papá dijo queél en su vida había usado preservativo. También, en el segundo, la señorita que se saca cosas de muy adentro (de muy adentro, si me entienden) y luego se las restriega al reportero por la cara. Muy higiénico todo.

Y esto nos lleva de vuelta a los personajes refractarios a la tele con los que abríamos el post. Porque podemos rebatirles con argumentos demoledores como El club de Pizzicato; pero si cuando les tenemos casi convencidos nos vienen las privadas y les enseñan cuál es su concepto de programas juveniles, al final acabarán creyendo que el ondas de Jorge Javier es un premio coherente.

Y ojo, que hace una semana lo era. Pero ahora parece que Cuatro y Telecinco no se fusionan.

Por último, la tristeza: nos ha dejado José Luis López Vázquez y La 1 lo recordará esta noche con Todos a la cárcel. En la web se lo montan mejor y han recuperado La cabina.

Aunque no podían compartir párrafo porque hay que salvar muchas (MUCHAS, ¿eh?) distancias, también nos despedimos de Bob Pop TV, uno de los blogs sobre televisión de referencia. Como de esto me enteré primero, llevo un día in crescendo, oigan.

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14 Feb 2012

Aviso: voy a hacer publicidad

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El Gobierno es muy raro. Y no, no voy a hacer chistes a costa de Moratinos. Mi reflexión surge a tenor de que he leído en (atención, que va la publicidad) Público, un periódico que es muy bueno (hale, ya podéis seguir tranquilos) que el anteproyecto de Ley General de Comunicación Audiovisual ha decidido dar vía libre al product placement o emplazamiento de producto. Para el que no sepa lo que es esto, se refiere a la técnica publicitaria que influye en las leyes físicas de un universo de ficción para que el brick de leche se coloque siempre con el logo mirando a cámara. Prueben ustedes: verán que en su casa no ocurre lo mismo.

Mientras comparan la decisión del Gobierno con sus recuerdos de Médico de familia, les diré que lo que ahora se pretende es ponerle unas puertas a un campo que lleva muchos años sin control. La primera puerta es que el emplazamiento de producto quedará vedado de los programas infantiles. No hace falta que les explique por qué aplaudo esta decisión. Lo que pasa es que choca con la decisión de permitir esta técnica, toda vez que cada vez que cojo el cercanías me encuentro a un niño cantando “por favor, Salvamé”. A ellos se les escapa la ironía.

¿De qué servirá impedir que Pocoyó se meriende una marca de bollería conocida si luego Diego Serrano tiene sueños tan precisos que hasta aparece la marca de la mantequilla que desayuna su hijastra cuando él ni siquiera está delante? Figúrense. Yo todavía no sé si sueño en analógico o en digital…

El segundo pero de la nueva normativa, según recoge el (cuidado, perniciosa vulneración de vuestra capacidad de juicio) estupendo artículo de Antonio G. Gil-García (vuestra mente es libre a partir de aquí), es que “el público debe ser claramente informado del emplazamiento del producto al principio y al final del programa, y cuando se reanude tras una pausa publicitaria”. Er… ¿perdón? El emplazamiento de producto pretende precisamente ahorrar al espectador y la cadena los tiempos muertos de los spots convencionales. Según este entrecomillado, a los bloques habituales, sumaremos ahora al doctor Mateo, al principio de cada espisodio: “la serie trascurre en Asturias, porque nos pagan para que digamos Asturias todo el rato. Los actores ponen acento gallego porque no nos pagan lo bastante”.

Además, ¿afecta también a la producción extranjera?: “Hola, soy Jack Bauer. Si os habéis fijado, en la escena de la persecución, conduzco un Pocoyota. Eso es publicidad. Y cuando estrangulo al terrorista con el cable de un ordenador JCN, también era publicidad. Las pistolas no, esas son que me molan a mí”.

Si queréis saber más del anteproyecto, (publicidaaaaaaaaaaaaaad) os recomiendo encarecidamente la pieza que podéis consultar en Público.es (hale). Porque lo de que se prohiba el porno en abierto me indigna tanto que me quedo sin palabras. ¿Signifca eso que no podremos ver informativos sin estar abonados?

Y que sepáis, que he hecho publicidad en esta entrada. Pero no os diré dónde, que todavía no está en vigor la ley.

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26 Feb 2012

La tele de mayores no es para niños

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Seguimos con la semana de las pataletas. No sé si es que la actualidad está por la labor de tocarme las narices o si debo ir comprándome una cachaba para cuando sea un viejo cascarrabias. Lo espero con impaciencia, no lo duden.

Les voy a explicar por qué no soy cronista deportivo: porque no me gusta. No sigo ninguna competición y me cuesta distinguir una canasta de Nadal de un podio de Gasol. Así que si me viene Lissavetzky y me pide un estudio sobre la situación actual del combinado nacional de petanca, declino amablemente la invitación y me voy a comer un helado. Lo del helado no tiene nada que ver, es que hace calor.

Se ve que no todo el mundo es tan humilde como yo, que soy un tío grande. Así que el Defensor del Menor de Madrid, que no es el guardaespaldas de Losantos, le ha encargado a la Asociación de Usuarios de la Comunicación que le cuenten cómo está el tema en las teles con lo suyo. Y ellos, pizpiretos y dicharacheros, le han colado un tocho titulado Qué menores ven nuestros menores en televisión. No sé si es un título brillante o… o no. Comprenderán que no me voy a meter en el jardín de hacer chistes sobre una gente que no sé quiénes son. El nombre de la asociación no da muchas pistas: mi gata también es usuaria de la comunicación. Sólo que en lugar de ondas herztianas usa las garras y los colmillos con una locuacidad que para sí quisiera Gaspar Llamazares.

De la nota de la agencia Efe publicada por El Mundo, destaco un par de fragmentos. Dice que una de las conclusiones del estudio es la banalización del consumo de dorgas, sobre todo alcohol, “que se convierten en un rasgo imprescindible y rutinario de las relaciones entre iguales, sin que suelan aparecer referencias a las consecuencias que pueden provocar estas prácticas”.

Se refieren a Física o Química y HKM, por citar un par. No se refiere a Informe Semanal o el Telediario, no. ¡Habla de ficción! Les preocupa que las series reflejen la realidad social. Porque a mí esto que dicen me recuerda mucho a cuando la chica que me quita la sábana por las noches me habla de sus alumnos del instituto. Ya no voy a decir nada sobre la gran influencia social que puede ejercer una serie con el arrollador éxito de HKM.

La prueba definitiva de que la  Asociación de Usuarios de la Comunicación todavía creen que podrán coger la TDT con el Telepick (al final no he podido resistirme) es que caen en el habitual argumento de la imagen deformada de la infancia que ofrecen los niños de Los Simpson, Padre de Familia y Padre made in USA. Se dejan South Park, claro. Y Carrie, que también da una versión poco realista de la juventud. Ah, no, pero Carrie es cine. Que si no…

Desde aquí les señalo otras deformaciones que pueden ser malas para los niños y que pueden verse en los programas infantiles que ven ellos:

  • Ana Obregón y Belén Esteban no son ejemplos a imitar.
  • Si llaman a un call tv, es posible que en realidad no ganen dinero.
  • En la vida hay que trabajar. Los habituales espectadores de tres años de Gran Hermano podrían no entenderlo así.
  • Si alguien les está regalando con una buena sesión de sexo oral y aparece su pareja, ésta no se unirá a la fiesta.
  • La gente envejece. Jordi Hurtado puede confundir el cerebrín de los más pequeñuelos.

Como caiga en manos de estos señores una cinta de hentai, se quedan en el sitio.

Sí: no se van a mover de él.

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23 Feb 2012

Como niños

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Personajes cuyo origen es totalmente desconocido y que, en general, distan de parecer un ser humano. Un montón de obviedades para cualquier adulto con un mínimo de coeficiente intelectual. Y mucha, mucha imaginación. Si ha pensado usted en DEC, ¡enhorabuena!, tiene usted un criterio televisivo tan dudoso como el de cualquier crítico. Pero yo estaba hablando de Barrio Sésamo.

La corporación pública nos ha devuelto este clásico de la programación infantil, de cuando los niños no se educaban con personajes basados en Aramis Fuster (¿¡!?) ni aspiraban a hacerse con siete bolas chinas con las que satisfacer sus deseos.

Inciso: si los Lunnis están inspirados en Aramis Fuster, no quiero ni pensar de dónde sale la Bruja Avería.

En serio, no lo quiero ni pensar.

Tras una breve escapada por Antena 3 hace unos años, el programa más exitoso de la televisión pública americana (PBS), vuelve a La 2 en su última encarnación, Juega conmigo, Sésamo. Un título digno de La Cubana, por otra parte.

Como soy un profesional y todavía me estoy recuperando de la boda de este fin de semana (felicidades otra vez, hermosos), me he visto el programa. Tengo que decir que la explicación de lo que es arriba y abajo tiene sus matices en días de resaca, amigo Epi. Pero la daremos por buena en condiciones generales.

Me gustaría traerles un gran hallazgo con este comentario, pero toda vez que mis abogados me han recomendado no hacer chistes sobre la canción de Epi en la bañera, me quedo sin argumentos. Es lo de siempre: aprender a contar, consejos de higiene (corporal y mental), educación… Me parece que lo ponen antes de las ocho de la mañana para que los programadores todavía no hayan recibido los datos de audiencia del día anterior y puedan así dedicarle atención previa. Sería bello, ¿verdad?

A muchos les alegrará comprobar que no nos ha llegado la versión vegetariana de Triki, sino la que aún no ha logrado desintoxicarse. Por otra parte, la producción es íntegramente norteamericana, así que encontramos a seres tan queridos como Gustavo, Koko, Elmo, Óscar, Epi, Blas, Triki o el Conde Drácula. Sin embargo, olvídense de toparse con Don Pimpón (del que hoy, documentándome para el post, me he enterado que era un hurón) o con el sionista de Espinete. Luego dirán que los gobiernos socialistas son pro palestinos, pero en 1980 nos enchufaron al símbolo israelita como ídolo de toda una generación.

Este efecto colateral de la globalización es una pena. Supongo que la función de la parte española de la coproducción es el papel que juegan hoy los Lunnis y que una plaza en la que jueguen los niños como la de la versión ochentera es actualmente ciencia ficción. Sin embargo, y tal vez por el valor educativo que se le supone a alguien que vive en el Barrio Sésamo, preferiría que enseñaran a los niños a jugar en la calle y ensuciarse, a beber horchata y no kalimotxo. Porque me temo que dibujar una galleta con un ordenador ya lo saben hacer de sobra.

Y no me hagan chistes sobre Chema, que al pobrecillo sólo podemos echarle de menos. Les tengo más calaos

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12 Feb 2012

Nada nanny

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Periódicamente alguien se encarga de recordarnos lo mala que es la televisión. Algunas cadenas lo hacen a diario y mi abuela siempre que la llamo (aunque unas y otras insisten en mantener su actividad emisora o consumidora, inasequibles al desaliento). También están las asociaciones de consumidores o guardianas de la pureza.

La última en levantar la liebre ha sido la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU). ¿Quién es esta gente? Ni idea; oy así de inculto. ¿Por qué hablo de ellos? Porque El Mundo ha considerado que son dignos de estar en la palestra y yo no tengo nada mejor que hacer.

Esta gente ha publicado el informe Televisión para niños 2008. Analiza lo que emiten las cadenas en horarios de protección infantil y protección infantil reforzada y llega a la conclusión de que está todo fatal. Copipego:

[...] las cadenas se saltan el código con la emisión de telenovelas (Yo soy Bea, Victoria, Caso abierto, HKM, Jag), magazines con información de corazón (Tal cual lo contamos, Está pasando), programas de testimonio (El diario de, Mujeres y hombres y viceversa). “Hemos avanzado poco, muchísimo menos de lo que hubiésemos querido. Hay muchas leyes y muchos códigos, pero las cadenas no los cumplen”, denunció Isabel Ávila, presidenta de la CEACCU .

Vayamos por partes: ¿Caso abierto es una telenovela? Maldición, han vuelto a encargarle el estudio a críticos. Y sobre todo, si van a analizar la televisión para niños, ¿para qué ven Está pasando? Es como si yo me pongo a examinar programas musicales y me enchufo Operación Triunfo.

Mi conclusión es la de siempre: es una pena que haya poco espacio para los chavales en la programación, y es especialmente triste en el caso de las públicas, que se supone que deben cubrir las necesidades de audiencias minoritarias o poco rentables. Pero la televisión no es una niñera.

Si dejamos a los niños verla sin control pueden producirse desviaciones como yo. ¡Y eso que cuando yo llegaba del cole ponían Barrio Sésamo! De lo que deducimos que la programación infantil no garantiza la salud mental de nuestros hijos.

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