28 Feb 2012

Aquí hay debate

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Recupero una de mis citas pedantes favoritas (ya ha salido otra vez en el blog, pero para una que sé….). La anécdota cuenta cómo un escritor bisoño le pidió a Flaubert un argumento con el que pudiera demostrarle el gran literato que podía llegar a ser. El bueno de Gustave le contestó: “Sí, apúntelo usted. Un hombre y una mujer se aman, punto final. Si lo desarrolla usted con talento, le sale La cartuja de Parma; ahora no es probable”.

Transpongamos: “seis personajes públicos debaten sobre la actualidad, punto final. Si lo desarrolla usted con talento, le sale 59 segundos; ahora, si lo hace en Telecinco, no es probable”. De hecho, lo que te sale es La séptima silla. Que es como El séptimo sello, pero más reposado. Por lo demás, también salen la muerte y los cruzados y alguna que otra peste. Eso sí, nadie juega al ajedrez.

Diferencias fundamentales: bueno, al debate de La 1 suelen ir directores de los principales periódicos de este país (¡ese Félix Monteira! Ejem). En el de Telecinco está Pepe Sancho. Que el primer día de 59 segundos estaban Quique San Francisco y Anabel Alonso, pero porque se suponia que iban a aportar una nota de humor intencionada. Es curioso como se puede cometer el mismo error en sentidos diametralmente opuestos.

Además de los opinadores “expertos”, se intercalan las palabras de un grupo de gente “de la calle”. Lo que pasa es que uno de ellos ya era uno de los expertos de Soy el que más sabe de televisión del mundo. Patxi, que me alegro de que hayas encontrado otro trabajo, pero vaya canteo, ¿no?

Los temas. Arrancamos relativamente bien, con el tema del muchacho que atacó la herriko taberna de Lazkao. De ahí pasamos a la supuesta sentencia homófoba y después ¡a la infidelidad! Tomando como base un supuesto test cornucopiadetector. El único que ha apuntado que Telecinco con esto se balancea sobre sí misma es Pepe Sancho, del que estoy esperando que diga “cojones” en cualquier momento, porque es el actor que mejor dice esa palabra de España y al que han debido engañar mucho (o con mucho).

Ahora van a pasar a hablar del caso de Marta del Castillo (sí: escribo en directo, ¡toma!) y creo que voy a cambiar de canal alegremente, porque la combinación de este asunto con Telecinco me da más miedo que mirar Viernes 13 en un campamento acompañado de una virgen unto a una fábrica de motosierras.

La séptima silla, la supuesta protagonista del programa, ha estado ocupada hasta ahora por Irene Villa, la madre de una de las víctimas del chico que se defendió con 57 puñaladas (ya tenía que estar asustado, ya), ¡Gemma Ruiz! y Antonio del Castillo, padre de Marta. De él se ha dicho: “qué lástima, por Dios, de hombre. Qué lástima”. Amigos de realización, hay que cortar el sonido antes cuando pasamos a publicidad. En cualquier caso, verán lo poco que tardan en asomar por ahí los que cualquiera de ustedes están pensando.

Entre los grandes momentos del programa, destaco a Sandra Barreda intentando volver a los cauces del morbo cuando alguno de los contertulios se iba por la vía seria del tema, a Melchor Miralles soltándole a Gemma Ruiz que su separación “no la he seguido porque no me interesaba” y el siguiente grafismo: “Alberto Berti, siempre infiel”, identificando a un invitado.

Sospecho que en algún lugar de la carretera de Fuencarral, alguien rebusca en un almacén mientras se pregunta dónde habrán metido unos escuetos conjuntos de mamachicho.

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27 Feb 2012

Todos los gastos pagados

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Hay veces que las fórmulas funcionan y otras que no. Por ejemplo, la fórmula de la coca-cola, indudablemente funciona. La fórmula de la cherry cola no. El caso del tab merecería un estudio aparte, pero esto es un blog de tele, no pierdan el norte.

Hace un par de entradas hablábamos de una fórmula que fallaba precisamente por serlo. Leverage está en el extremo contrario. Lo más alejado del canon es la traducción del título, que en inglés es algo así como “financiación total” y en castellano se conocerá como Las reglas del juego. Curioso, porque no tiene nada que ver con The rules of attraction de Roger Avary. Pero nada, ¿eh?

El argumento responde a la pregunta nunca formulada de qué hubiera pasado si les hubieran encargado hacer El equipo A a los guionistas de Ocean’s Eleven. Y, para sorpresa de todos, lo hubieran hecho bien. La suma da un grupo de ladrones liderado por un ex investigador de seguros que se dedican a desfacer tuertos a base de timos.

A ver si les suena: el líder es una máquina de hacer planes y le encanta que salgan bien. Han tenido el detalle de hacerle un poco alcohólico y resentido con su antigua empresa que no pagó el tratamiento que hubiera salvado la vida de su hijo. Pero un genio, oiga. Yo le tenía la pista perdida a Timothy Hutton más allá de La caja Kovac de Daniel Monzón, así que doy palmas con las orejas por verle de vuelta. El papel es un regalazo para un actor, casi tanto como el señor Cuesta de Aquí no hay quien viva o tito Julito de Médico de familia. A ver cómo les convenzo yo ahora de que no estoy siendo irónico…

Además del jefe, hay una loca, una actriz, un negro y un matón (que por una vez no coinciden en la misma persona). El personaje de color es una especie de Frankie Santana de los ordenadores. ¡Hasta hay un coronel Decker! Me encanta, oiga.

Leverage

Tan majos. Da una gana de que te roben…

Todo es fórmula, por lo demás. Un problema, un plan, un giro argumental y un sorprendente final. El resultado es un producto pizpireto (las palabras que uso para no escribir “fresco”…), divertido y muy bien de ritmo. ¿Saben la música tipo swing que ponen en las películas de robos, Leverage incluida? Pues lo mismo pero en serie.

Esta semana acabó la primera temporada en Estados Unidos y ya tiene firmada una segunda tanda en el canal TNT, así que pueden engancharse sin miedo.Sobre todo porque no se ha quedado en destellos del capítulo piloto. Los trece aguantan bien e incluso el doble episodio que cierra la temporada me tuvo impaciente por ver la resolución. A España llega en abril en AXN. O algo.

Los habituales ya saben que tengo debilidad por los divertimentos que no fingen aspiraciones trascendentales, así que ya saben a qué atenerse. Perdónenme, pero es que tengo el cerebro ocupado en seguir Perdidos.

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26 Feb 2012

El Programa de la Muerte

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Todos habíamos oído que la implantación de la televisión digital terrestre iba a segmentar la oferta y la demanda. Pero esto es ridículo:

Death late

No me lo puedo creer: ¡usan carteles de aplauso! 

Por lo que he leído por ahí, el late de la Estrella de la Muerte está presentado por Andreu Clonafuente, un humorista sin igual. Sin embargo, en las últimas temporadas, los críticos están de acuerdo en que ha ganado Fuerza gracias al joven Berder. Éste es conocido por su imagen con un casco de pasta negro, que en realidad no necesita.

Entre los personajes más recordados del programa están la Niña del Hutt, el Sith de Coruscant, con su pegadizo “qué pasa, siiiiiiiiiith”, y la mítica la participación de R2Dolfo Cetrespecuatre en el festival de Imperiovisión.

Un artículo de relleno cortesía de las fotografías de Greg the Bunny.

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25 Feb 2012

Miénteme (dime que te gusto)

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Clinton, Nixon y O.J. Simpson. Tres conocidos mentirosos (o presuntos mentirosos) de la historia de Estados Unidos. Y todos sus apellidos acaban en “-on”. ¡Chúpate esa, Fríker! ¿A que de esto no te habías dado cuenta?

Tienen algo más en común. A los tres (entre otros muchos famosos) se les llama embusteros a la cara en Lie to me, la última serie que protagoniza ni más ni menos que ¡Tim Roth! A que mola, ¿eh?

Pues no. Os he engañado. (jijiji)

La verdad es que la idea prometía: un detector de mentiras humano que se dedica a… er… detectar mentiras. Al menos es coherente. Pero ahí se acaba la gracia, para mí. Una vez pillas la dinámica, es un procedural más.

(Hola, soy el reverso no pedante del Anómalo. Una parte muy pequeñita de su personalidad, como comprenderéis. Vengo a aclararos que procedural es como llaman en yankilandia a las series en las que en un mismo capítulo se plantea y resuelve un misterio. Desde Jessica Fletcher a CSI, pasando por House o Hermanos & detectives. Por ejemplo, Los Serrano no es un procedural porque no se llegó a resolver el principal misterio: ¿¿cómo tenía tanta audiencia??)

Los guionistas son conscientes de que su producto tiene poca chicha así que han puesto a su protagonista a dirigir una agencia dedicada a estudiar el comportamiento humano y asesorar sobre si la gente dice la verdad o miente. Entre sus clientes se encuentran poderosos empresarios, fundaciones, la NASA, el Gobierno de Estados Unidos y Emma García, entre otros. Admito que esta última es sólo una suposición mía. Porque puede ser que la presentadora trabaje para ellos, directamente.

Al tener una empresa, la trama principal, con Tim Roth y algún muerto de por medio, se puede complementar con algún caso de estafa o algo así, más light. Pero al final todo es igual: unos u otros interrogan a alguien que les miente, pero luego resulta que les engañaba por un motivo que no es el que ellos creían. Eso les lanza a la pista buena, dan un par de rodeos más y descubren al asesino o el intento de timo. En el camino Tim Roth suelta un par de borderías y un tipo incapaz de mentir que trabaja para él suelta alguna verdad que se supone es graciosa.

 Lie to me

Cómo saber que Tim Roth está leyendo su próximo guión de la serie, en el que tampoco pasa nada

Lo mejor de la serie, o al menos lo más interesante, son las comparaciones de los gestos que denotan engaño de los personajes de la trama con imágenes de archivo de personas reales y famosas, como el trío de la “-on” con el que empezábamos el post. De hecho, ¿por qué no un documental al respecto y nos dejamos de historietas para rellenar? Propongo.

Tengo la teoría de que al fijarse tanto en los gestos inconscientes de la mentira, los actores episódicos pierden frescura. Las interpretaciones están acartonadas, demasiado dirigidas, como si no respirasen. También los habituales se muestran un tanto bidimensionales, pero esto es atribuible a que sólo llevamos unos cuatro episodios, en esto deberíamos ser pacientes.

Al que le interese el género, es tan canónico que les encantará. Personalmente creo que necesitaría un Moriarty, alguien que rivalice con el protagonista y le ponga en algún aprieto. Por el momento es demasiado listo y me da rabia que no se equivoque nunca. Así de mezquino soy. Además, empecé a cogerle manía a estos esquemas tan rígidos con Bioman.

Y eso que un robot gigante es capaz de levantar cualquier argumento pobretón.

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24 Feb 2012

Culos y tetas

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¿Burda mi estrategia para llamar su atención? Pues en mi caso al menos han tenido que tomar el esfuerzo de leer palabras.

En Antena 3, este lunes estrenaron, irónicamente de tapadillo, la tira Ell@s. Lo primero que vi de la serie fue esto:

Ell@s
La de la derecha es la de los anuncios de Media Markt. Igual lo dejó para no hacer el ridículo fingiendo orgamos. La pobre.

Así que quité el volumen y tuve una conversación con los invitados que tenía en casa. Esto es una campaña social y no lo de Ponle freno.

Porque beneficia mi vida social, digo. Malpensados.

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23 Feb 2012

Huir del chiste

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Empiezo yo, con el título del post. Porque todos los medios serios se han lanzado al juego de palabras con la nueva serie de TVE, Pelotas. Pues a mí no me da la gana, ea.

También han huido del chiste evidente sus creadores, el poco clasificable dúo formado por José Corbacho y Juan Cruz (el que no habla con voz de señora). Del chiste evidente y del soterrado: de todos. Salvo un guiño a Chikilicuatre en una escena con David Fernández, el resto del capítulo (¿los capítulos?) del lunes por la noche en La 1 no es lo que cabe esperar de algo dirigido por un señor que se hace la ropa robando cortinas.

Es como si a Aída se le hubieran caído las bromas y, al perder el lastre, echara a volar. Me sé de al menos uno que estará contento por esto.

Lo primero, les aviso: un capítulo de Pelotas es más largo que una final de Nadal y Federer suspendida por la lluvia reproducida con tortugas artríticas y pasada a cámara lenta. Esto es porque en España las cosas funcionan así:

Cadena: Nos gusta vuestra serie. Los guiones funcionan, los personajes están bien, el ritmo es bueno. Es un melodrama, pero no cansa.

Productora: Sí, hemos hecho un esfuerzo por ajustar los tempos.

Cadena: Se nota.

Productora: Entonces ¿cerramos el trato?

Cadena: Sí, pero una cosa sólo. Una tontería, un detalle sin importancia que nos gustaría que modificarais.

Productora: Por supuesto.

Cadena: Los capítulos. Duran 40 minutos, ¿verdad?

Productora: Ajam.

Cadena: Pues nos gustaría que se alargaran un poquito más. Necesidades de programación, ya sabes.

Productora: Er… bueno, en realidad 40 minutos es la duración idónea para una serie dramática y…

Cadena: ¡Por supuesto! En la cadena somos muy conscientes de eso. Y no querríamos deslucir vuestro trabajo, pero es un ajuste mínimo para encajar bien la parrilla. No querríamos tener que reponer películas de catálogo, sería una pena.

Productora: Va… vale, claro. ¿Y cuánto más tendría que durar cada capítulo?

Cadena: Naaaada, una minucia. El doble.

Productora: Pero… pero…

Cadena: Ay, mira, eso de repetir las palabras está bien. Así alargas una escena. ¡Cómo sabéis hacer las cosas en tu empresa!

Y por eso se ve tanta gente llorando en los aparcamientos de las televisiones de este país.

Lo bueno es que estos de El Terrat son muy listos y se han limitado a hacer dos episodios y pegarlos sin más. Con lo que te grabas el segundo y lo ves otro día que tengas un rato. De lo contrario, al primer capítulo le sobran unos 25 minutos.

Por lo demás, no tengo claro ser público objetivo de Pelotas (y no, esto no es un juego de palabras), pero sí sé que es la serie de ficción con más verdad que he visto en bastante tiempo. Me creo todo lo que pasa y los personajes a los que les ocurren las cosas. En Tapas nos encontrábamos un L’Hospitalet sublimado y con sus esencias concentradas en dos horas de película. La calma y la pausa les sientan bien a Corbacho y Cruz. Y a los actores. El equipo devuelve la dignidad con creces a un género tan difícil como facilón: el costumbrismo.

Los estereotipos no valen. Por la pantalla desfilan personas de verdad y nos da igual que coincida que tengan caras tan conocidas como la de Ángel de Andrés López (olé, olé y olé) o tan poco como la de Celia Freijeiro. Tremendos, tremendos, oiga, no se me ocurre más que decirles.

Salvo que no lloré.

Hombreyá.

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21 Feb 2012

¡Me gusta la misma serie que a mis padres!

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Antes, hablar con mis padres suponía un intercambio de información metereológica. Algo así como una calibración de los hombres del tiempo: “Pues aquí está cayendo una… ¿Y por allí? ¿Llueve? ¿Tenéis frío? La isobara de los 1012 milibares pasa por vuestra casa, ¿no?”. Cualquier dato que se desviara lo más mínimo de las previsiones de Jose Antonio Maldonado culminaba con crueles maldiciones hacia su malhadada profesión.

Desde que se retiró el meteorólogo, mis padres han descubierto un nuevo enemigo: los programadores de televisión. Sólo que como no tienen muy clara esa figura, la personifican en mí y me culpan de cada pifia de la parrilla. Yo, que soy muy sentido, me lo echo todo encima y rebusco en el palimpsesto cualquier resquicio de salvación para esos profesionales que, en el fondo, también son mis archienemigos.

El último valor seguro con el que les he camelado es Doctor Mateo, que se preestrena el sábado en la web y este domingo en el prime time. Si no lo sabían, es que han desintonizado Antena 3 de su receptor, porque en Antena 3 lo anuncian más que si hubieran pillado a Paquirrín matriculándose en la Universidad.

Antes de que afilen los cuchillos: sí, es una adaptación de Doc Martin, la serie inglesa. Me encanta el motivo del cambio de título: temián que recordara al doctor Nachete de Médico de familia. La comparan con House porque sale un médico borde. También podrían compararla con Becker, Hospital Central o Star Trek, ya puestos. En realidad, tiene mucho más de Doctor en Alaska (¿Cicely? Fleishman debería haber pasado por un pueblo asturiano para saber lo que es bueno) o de Everwood. Porque el punto de partida es un cirujano de altos vuelos que vuelve a la aldea de los veranos de su infancia para adaptarse a una nueva función de médico rural.

Tuve la oportunidad de ver el primer capítulo y se la puedo recomendar sin dejar por ello de mirarme al espejo durante un mes. Pero no sólo a mis padres: a todos. Los guiones, sin estar en el vértice de la escala evolutiva de la narración, me parecen muy inteligentes. Son capaces de interesar a un amplio abanico de público sin necesidad de llamar imbécil a un alto porcentaje del mismo. Se nota que están cuidados, vaya, que no han hecho a los guionistas un contrato de becarios. Llámenme loco, pero sospecho que incluso les hayan podido hacer uno de verdad.

La producción también rezuma mimo y profesionalidad. Toda una apuesta por airear la ficción, tan pegada a los decorados de interiores normalmente. Así no extraña que las series españolas tengan a veces ese punto anquilosado y naftalínico. Quizá también por eso que la Duquesa de Alba tiene tanto éxito en la tele. Al contrario, aquí se pegaron un par de meses grabando en Asturias y se nota. ¡Esas cuestas no pueden recrearse en plató! Ni esa luz, tan de allí y tan bien recogida por Jose Luis Alcaine.

 

Doctor Mateo

Bueno, que también hay decorados. Mí me encantaría que Buenafuente tuviera uno así. 

El esfuerzo se nota desde el minuto uno. La cabecera es un gran acierto. Esta última temporada se nota el esfuerzo en este apartado desde todas las cadenas. Cuando los que sirven y los que engullimos empezamos a fijarnos en estos detalles de gourmet, es que vamos por el buen camino.

Pero sobre todo el experimento funciona por sus actores. Gonzalo de Castro, Natalia Verbeke, Alex O’Dogherty, Rosario Pardo… todos están dónde tienen que estar y ni un milímetro fuera de sitio. Y cuando tienes un gran elenco defendiendo unos personajes bien dibujados… corto aquí, porque me dan ganas de poner algo como “tienes una serie americana”. Asco me doy, oiga.

Así con todo, con mis padres es un valor seguro porque se ha rodado en el pueblo de al lado del nuestro. Y la van a ver para decir que los de Lastres no son así.

Si Natalia Verbeke viviera allí, yo no hubiera dejado de ir a los coches de choque en San Roque. A la cucaña y todo que me hubiera apuntado.

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20 Feb 2012

Sagas familiares

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Estos días estoy acoj atemorizadísimo cada vez que suena el teléfono. La mitad de las veces es mi padre para echarme la bronca:

- ¡No hay quien ponga la tele! Están todo el rato con lo mismo. ¡Qué vergüenza, de verdad! ¡Por qué no ponen nada decente?

- Padre, tienes más de treinta canales en el cable…

- ¡Y ponen en todos lo mismo!

Y me cuelga.

Mira que me cuesta creer que en TCM salga Ana Rosa. Aunque lo mismo sale Nacho Abad en algún cine negro de Fritz Lang, ahora que lo pienso. Pero no seré yo quien le lleve la contraria a esta fuerza de la Naturaleza.

En cualquier caso, le recomendé que viera Águila Roja, con lo que ha sido uno de los cinco millones de españoles que se tragaron el estreno de ayer. Hoy he llamado a casa para recabar información sobre el impacto. Primero hablé con mi abuela, el público objetivo de La 1:

- Hola, soy yo.

- ¡Hombre, milagro que llamas! ¿Quieres merendar?

- Abuela, son las once de la mañana. ¡Y estamos hablando por teléfono!

- Bueno, bueno, ahora te preparo unas galletinas para que lleves luego.

- Er… vale. Que te llamaba para que me hicieras la crítica de la serie que estrenaron ayer en La 1.

- Ay, hijo, yo no veo La 1.

- ¿?

- Es que dan sólo programas para viejos.

Nota mental: no comentar esto cuando hable con mis padres. Dejé la conversación con la abuela antes de que me obligara a llevarme un bizcocho que estaba haciendo y llamé a los autores de mis días:

- Hola, soy yo.

- Yo también -con estos diálogos nos ahorramos en la familia las pruebas de paternidad.

- Ah, hola, madre. ¿No está padre?

- Creo que está hablando con tu hermano por el otro teléfono, que ayer perdió no sé qué equipo y está indignadísimo -mi hermano es el que carga con las culpas de la sección de deportes.

- Llamaba para saber qué os había parecido la serie que os recomendé.

- Ah, muy bien, muy intrigante. Me gustaron mucho los decorados. Y los actores. Muy bien, muy bien. Bueno, ¡no me dormí!

He ahí la prueba definitiva de que Águila Roja va a ser un éxito arrollador.

Aproveché también para recomendarles Doctor Mateo, que se estrena el domingo en Antena 3 y mañana en la web. Pero de esto haré otro post luego, que se lo merece.

Y que necesito recuperarme de esta inmersión familiar.

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19 Feb 2012

Un ninja en la corte del rey Felipe (IV)

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“Pero es que en el siglo XVII no había ninjas en España”.

“El lenguaje no es el que se hablaba”.

“Murillo no se llamaba Murillo y además vivía en Sevilla”.

“El conejo que roba Satur es de una raza que no había llegado a Madrid en esa época”.

“Los justicieros enmasacarados del Siglo de Oro no sabían hacer un matrix para esquivar las balas. Esa técnica no la aprendieron hasta que fusilaron a Gila”.

¿Me dejo algo? Repasen el primer episodio de Águila Roja o véanlo en su estreno televisivo esta noche y pongan en los comentarios su queja pejiguera favorita. Ahora, les advierto que Robin Hood tampoco era exactamente una hermanita de la caridad y que nunca hubo nadie vestido de negro con un látigo y una espada y desafiando a la autoridad en la California española. Hum… puede que Karl Lagerfeld.

Javier Pons, director de TVE y mago de la ironía inconsciente, ha dicho que Águila Roja marca “un momento histórico”. Daniel Écija añade que “es un enorme esfuerzo de producción para hacer creíble una ficción de época”. Hombre, no os hagáis los chistes a vosotros mismos.

En Águila Roja no hay más historia que la ficticia, no le den más vueltas: se trata de un divertimento en el que lo importante es que hay un bueno muy bueno que le tiene que patear el trasero a una manga de malos muy malos. Critiquemos sólo eso. ¿Hay tópicos, intrigas y situaciones más manoseados que los pechos de Yola Berrocal? Sin duda. Si nos ponemos, el argumento de la trama podría ser una película de Steven Seagal si la llevamos a una prospección petrolífera en Alaska. ¿Y?

¿Que se notan los dobles de acción? Muchísimo. Da igual, tampoco me creería que Javier Gutiérrez hace todas esas cabriolas. ¿Se ven a la legua también los chromas y los decorados? Ya, yo tenía esperanzas de que fueran a rodar al siglo XVII, pero ese maldito Daniel Écija ha vuelto a preferir ahorrar costes.

Espero que no se metan también con los actores. Recordemos que están dando vida a carácteres, no a personajes. Son tópicos con patas, seres de una sola pieza como guiñoles dispuestos a devolvernos un instante de inocencia. Un instante de ochenta minutos, eso sí, manda gónadas masculinas. Ya sabemos cómo funciona la producción en España, pero de verdad que no necesito que me repitan ocho veces lo tristes que están los protagonistas sin la mamá fallecida. Aligera, hombre. Y si te vas a pasar por el arco de cuchilleros todas las realidad histórica, no te enfangues en costumbrismos de cartón piedra.

Mi única queja seria es que si esto lo cogen los americanos, te hacen Hércules o la más reciente Legend of the seeker. O incluso Buffy, qué demonios (¿han visto el juego de palabras para frikis? Estoy que lo tiro). Vamos, lo hacen y lo venden como un pasarratos intrascendente y punto. Es lo que es y a mí me parece estupendo. Mucho mejor que ese supuesto trasfondo histórico y reivindicativo de los panfletos del capitán Alatriste. Que sí, que la España decadente y todo eso, pero ¿cuándo se van a liar a espadazos?

La serie tiene un público potencial muy amplio y todos los nostálgicos del Coyote o del Zorro se van a enganchar, ya verán. Lo que me molesta es que me lo vendan como una gran superproducción. Es que yo soy de una generación en la que ese término todavía lo asociamos a cosas como Lo que el viento se llevó o Ben-Hur. Con lo bien que quedas diciendo que es como el Corsario Negro en Madrid y con katana.

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18 Feb 2012

La muerte tenía un precio

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¿Qué mejor que un titular estilo periódico deportivo para contarles en directo la decadencia de occidente? No hace ni una semana desde que Ferrán Monegal presagiara en este mismo periódico que llegaríamos a ver un suicidio instigado en directo. Casi, casi.

Solemos dar por sentado que la gente va a la tele por la pasta (y no me refiero al rancho del comedor). Aunque en general sea cierto, hay notables excepciones como Julián Me-van-a-embargar-y-no-veré-un-euro-por-contar-mi-mierda Muñoz. Otra a la que podríamos situar entre las salvedades es Jade Goody. Esta británica ya se hizo famosa por insultar a otra concursante de origen hindú en la casa de Gran Hermano. Con esto provocó un conflicto internacional y me convenció de que cuando hablo de la decadencia de occidente, peco de etnocentrismo.

Por lo que este pequeño animal televisivo ha vuelto al centro de la polémica es porque ha vendido a una cadena la exclusiva de su muerte. Para que luego a los tacaños nos digan chorradas de ser los más ricos del cementaerio. La joven sufre un cáncer terminal y una televisión ha pagado por sus últimos minutos de vida por nada menos que 100.000 libras. Y luego yo digo que me mato a trabajar para llegar a fin de mes.

Además de la exclusiva que te mueres, también ha vendido su boda a una revista. Una fecha muy especial tras la que, si todo va bien, podrá afirmar con poco margen de error que ha sido “el día más feliz de su vida”.

¿Creen que me paso con el humor negro? Sólo digo que no soy yo quien vendió su muerte a una cadena que se llama LivingTV. ¿Pondrán el clásico rótulo “live” para la emisión en directo? Sólo deseo que si en España hay contrapartida se la encarguen a La noria, ese programa capaz de afirmar que el asesino de la ballesta y su mujer se enamoraron por “un flechazo”.

Más allá de su sentido del humor (británico, sin duda), prefiero no juzgar a la pobre Jade, que bastante tiene con lo que tiene. Dice, además, que quiere dejarle el dinero a sus hijos. Será para que paguen los años de terapia que les llevará superar que cada poco aparezca su madre muriéndose en los zapping.

El canal LivingTV tiene también sus razones para emitir este espectáculo tan único en el devenir de las personas. Antes de criticar, ¿nos parecería mal presenciar un nacimiento en directo? ¿Y una concepción? Si hablamos de exclusivas pagadas, es que no eran los únicos interesados en producir el programa. Iba a cobrar Antonio Lobato lo que cobra si no fuera por la sacrosanta ley de la oferta y la demanda.

Por último, el público también tendría sus propios motivos: el morbo, la curiosidad, el miedo a la muerte, que en los demás canales pongan un rollo…

La ética me da un terrible dolor de cabeza. Voy a ver si le vendo mi jaqueca a una tele local.

Actualizado: Vaya, parece que al final lo de que vendía su muerte era un simple rumor y sólo vende la boda. Tendremos que conformarnos con la “bazofia” autóctona.

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