31 Feb 2012

Educación para la ciudadanía

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“La gente, en general, es bastante gilipollas”. Como pongo las comillas, es una cita textual y la culpa es de otro. Y así funcionan los periódicos, amigos.

Con el comienzo de la nueva temporada, encendí mi televisor esta mañana dispuesto a que me sorprendieran y a informarme sobre el mundo y su devenir. Es que estoy resfriado y la couldina me coloca. Porque, más o menos, teníamos lo de siempre: Ana Rosa haciendo de Ana Rosa, Susanna Griso haciendo de Ana Rosa, pero menos, y Los desayunos de TVE. Es difícil confiar en un programa informativo que se titula así y no tiene ni un mal croissant encima de la mesa. ¿Así quieren construir una imagen de credibilidad?

El argumento común era la preocupación por la gripe A, que al parecer está en la calle. Como yo no salgo de casa, no sé, igual es verdad. Lo más que veo por la ventana es gente preocupada porque no se note que no recogen las caquitas del perrete o porque no hay san Pancracio que aparque en esta calle, pero será verdad.

Como puede ser que mi barrio sea raro y que nadie se preocupe de la gripe A porque no entienden el español y no saben lo que dicen en los telediarios, decidí enterarme. Cometí el error de empezar por La 1. Allí estaba Trinidad Jiménez explicando que está todo bajo control, que la nueva gripe tiene una tasa de mortalidad de un tercio con respecto a la clásica (ya no hacen gripes como las de antes…) y que vacunar a todo el mundo es una locura. Puaj. La ciencia y los datos sólo sirven para arruinarnos una buena pandemia.

Trinidad Jiménez

¡Pincharruedas!

Lo bueno es conectar en directo con la madre de una chica con complicaciones por un presunto mal diagnóstico. De ahí es de donde la población sacamos la información de la buena. Si no es por Ana Rosa, nos quedamos sin alarmismo social. ¿Y qué sería entonces de los medios de comunicación?

Siempre está la opción de consultar con otro señor normal, convertido en líder de opinión. Así el profesor Neira nos dará las claves de por qué el apocalipsis será culpa “del señorito de la Moncloa”. Resulta que los rojos se han gastado el dinero en tonterías como subsidios sociales y planes para reflotar la economía y ahora no hay para vacunarnos a todos.

Espejo Público gana la partida, porque mucho mejor que la señora de Ana Rosa es un señor que siempre tiene razón en todo porque una vez fue un héroe. La heroicidad da más puntos de inteligencia que el estar informado. ¡Y que alguien le de un ribera del Duero ya a este hombre, por Baco!

La Griso no se quedó ahí en su afán informativo. Porque mucho mejor que un héroe es ¡una embarazada! A ver quién le lleva la contraria si ella dice que hay que cerrar los coles por la gripe A. O que hay que vacunar a todo el mundo. ¡Es una madre! Si ella dice que hay que ponerse la chaquetina porque refresca, nos la ponemos. Y si hay que pincharnos todos una vacuna en contra de lo que dice la UE, también.

Susana, que sepas que aún con todo, te admiro mucho. Sobre todo desde el lunes pasado, cuando coincidimos en el cine viendo esa película. Te hizo ganar muchos enteros.

La gripe A pasó en el contenido matutino, como pasará en el mundo real: sin solución de continuidad. Nacho Abad, Albert Castrillón, Arangüena, Capitán… Apagué cuando apareció en Telecinco José Luis Moreno contándonos lo del robo en su casa. Prefiero la versión original de la historia, con Bruce Willis de prota.

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27 Feb 2012

Otra vez: qué hacemos con la tele pública

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Elucubrábamos la otra noche acerca del futuro de TVE como servicio público sin publicidad. Esta es la charla desde el punto de vista del Anómalo:

- Será difícil que mantengan un perfil claro si ni la corporación define de una vez por todas qué entiende por servicio público.

- O bien los poderes ejecutivo y legislativo.

- Sin duda.

La charla desde cualquier otro punto de vista:

- Eres mi mejor amigo.

- Su tabaco, gracias.

- ¡Mi mejor amigo!

Si ellos toman decisiones legislativas los sábados de marcha, yo reflexiono sobre ellas los sábados de marcha. La pregunta que subyace en todo esto es la de siempre: ¿es Águila Roja servicio público? Por lo que sea, éste es un tema que nos tiene a todos muy preocupados.

¿Cuál es el criterio de audiencias que va a seguir TVE? Dentro del concepto servicio público, parece extraño competir con otras cadenas por productos con grandes posibilidades comerciales. Si las privadas quieren una serie de éxito, ¿por qué no cederla al mejor postor? La ciudadanía va a tener acceso a esta ficción, el servicio está garantizado y una tele pública arrasando en audiencia sin rentabilizarla sí que va a ser una anomalía (jijiji) en el mercado. Vasile, Carlotti, ¿a que no habíais pensado en eso?

Imagínense que en el campo de ficción, TVE tuviera que apostar siempre a la calidad en lugar de a la cantidad y acabara convirtiéndose en una especie de HBO pública. ¡Como escarpias se me ponen las calandracas! Y cada vez que algo funciona, hale, a subastarlo a las privadas. Esta idea de financiación os la regalo, Luis Fernández, pero a partir de ahora cualquier otra os la facturo como consultor, que es la ilusión de mi vida.

El caso es que la corporación ya tiene un modelo de servicio público sin publicidad para seguir. Y lo tiene en su misma casa: Radio Nacional. Claro, que es un modelo muy sui generis. Porque ¿qué hace la radio pública? Exactamente lo mismo que las privadas generalistas. Pero exactamente, ¿eh?: magacín mañanero, informativos mediodía, magacín de tarde, más informativos y programas raros por la noche. Lo único que no hacen programa de deportes, cosa que apreciaba mucho cuando tenían El ombligo de la Luna. Ahora no tanto.

Con estos mimbres y lo que pesa el funcionariado en sus estructuras, tienen la audiencia que tienen, que no es mucha pero está creciendo. Supongo yo que a base de rellenar el cada vez más amplio hueco que queda entre las polarizadas emisoras privadas. Ocupan la tierra de nadie en el dial. Sobre todo si tenemos en cuenta que, efectivamente, cubren más territorio que ninguna otra cadena.

La mañana de La 1 ya ha iniciado ese recorrido en televisión. Ya es el magacín que las privadas no quieren o no pueden hacer. Aunque yo mataría por tener a Belén Esteban en Saber vivir. Por las tardes sólo se saltan esa vía con Amar en tiempos revueltos y el culebrón que le sigue.

¿Y el prime time? Ah, el prime time, el eterno prime time

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25 Feb 2012

Daños y perjuicios (no es un post de política)

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Me piden las chicas de Canal + que les recuerde el estreno de la segunda temporada de Daños y perjuicios (Damages) el próximo 7 de septiembre. Lo haré (¡corran a su distribuidor de televisión de pago más cercano!) por dos razones.

El primer motivo es que en realidad nunca hemos hablado de la serie en este blog más allá de la sospecha de plagio de Acusados. Ya saben, aquí siempre huyendo el morbo.

Damages es el contenido televisivo con más trampas por minuto de emisión por detrás de los call TV. Imagínense: una serie sobre abogados y políticos corruptos, valga la redundancia (¡huy, lo que he escrito!). Como si de Mujeres y hombres y viceversa se tratase, todo el mundo engaña a todo el mundo y el espectador es posiblemente el que menos información maneja del conjunto.

Al igual que todo en esta vida, podría ser una película de Antena 3 a mediodía (como género), pero tiene una gente muy potente delante y detrás de las cámaras. Y no lo digo porque uno de los realizadores sea Mario Van Peebles. El reparto de la serie podría usar sus merecidos premios como amarracos para jugar al mus. Se han llevado Emmy por su papel en Damages Glenn Close y Zeljko Ivanek, mientras Rose Byrne y Ted Danson empiezan a entrar en la categoría de eternos candidatos, tanto en los Emmy como en los Globos de Oro. La Close, que también se llevó éste, seguro que se dedica a chincharles en el set. Menciono estos galardones por ser los más conocidos, no los únicos.

 

La careta de entrada no sólo me gusta, sino que va estupenda con el diseño urbano de esta bitácora

Una vez finiquitada la primera temporada, con una trama principal perfectamente resuelta, el riesgo de resbalón en la segunda era claro. No nos engañemos, pierde un poco de tensión. Pero en una época en la que Los misterios de Laura puede convertirse en un éxito tampoco es como para preocuparse. Se incorporan además William Hurt y Marcia Gay Harden y todas las tramas se retuercen un poquito más. Lo bastante para pasarse de rosca si no tuvieran unos guionistas que para sí quisiera el equipo de comunicación del PP.

La parte buena es que los personajes no tienen más remedio que evolucionar y que no se trata de repetir sin más una fórmula que funciona. Se trata de forzarla un poquito más y ver hasta dónde llega sin romperse. En la segunda temporada siguen sin verse las costuras y los mecanismos aún funcionan. Volveremos a tener miedo cuando empiece la tercera.

Ah, lo olvidaba. La segunda razón para este post es que las chicas de Canal + me lo pidieron por favor… mientras me regalaban una caja de donuts. Y es que yo soy muy sensible a la educación.

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24 Feb 2012

La tele no mató a la radio

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Hubo un tiempo en que se creyó que la televisión acabaría con la radio.

Era cuando las teles eran de tubo y en lugar de tener el mando, tenías hermano. Y claro, si un televisor de aquellos caía encima de una radio, no había forma de salvarla.

Eso en cuanto a continente. En cuanto a contenido, el medio televisivo se limitó a esquilmar la radio todo lo que pudo. Hasta hoy.

Hasta hoy mismo, vaya, y lo que te rondaré. Porque este lunes, TVE ha estrenado el mismo programa que lleva décadas haciéndose en todas las radios generalistas del país. La estructura de La mañana de La 1 es sencilla a más no poder: consiste en un presentador, en este caso una más que correcta Mariló Montero, alrededor del cual van pivotando todas las secciones cuyo peso llevan los distintos colaboradores del programa. Bien, esto no es del todo exacto, lo reconozco. Más bien al contrario, Mariló no es un eje inmóvil, porque la pobre se tiene que dar sus buenas carreras para llegar a las distintas partes del plató donde pasa cada cosa.

Lo que pasa son las habituales secciones de salud, actualidad, cocina, sociedad. Lo habitual en las mañanas radiofónicas. Hasta el punto que hubo secciones que ni siquiera contaban con las habituales imágenes que en otros programas ilustran (mal) las palabras de invitados y colaboradores. Tiene hasta boletines informativos cada hora.

Aunque no hay grandes cambios respecto a la etapa anterior en la programación matinal de la pública, si me ha parecido notar un cierto cambio de aires. Sin dejar de ser más de lo mismo, he creído olisquear un cierto tempo diferente (y mis percepciones olfativas no tienen nada que ver con el calor que hace en Madrid estos días). Había como un cierto aire a programa despertador americano. Quizá por ese tono blanco que intenta impregnarlo todo. Veremos lo que dura la intención.

La mañana de La 1

 Mariló y el frente juventudes

La sección de actualidad ya pecó de antiguos vicios a la hora de exponer un conflicto entre vecinos y botelloneros. Tampoco se pasaron. De hecho, creo que estaban los de Callejeros viéndolo al grito de: “¡uuuuuuuyyyy!” y “noooooo, menos charla y más farla” y así.

Otros dos puntos flojos: la tertulia de Fernando Ónega y la sección de “humor” con Capitán y García. La primera porque Silvia Tarragona es el nuevo Ramoncín, pero sin pollo frito. Y la segunda por pecar contra el divino mandato de la SGAE, porque parece que el guión lo hubieran cogido de un descarte de Arangüena en Espejo público. ¡Capi! ¡Puedes hacerlo mejor!

¿Verdad?

Pero, ya que he cogido inercia, les voy a revelar lo peor. El mal endémico. La insoportable levedad del ser. No, mucho peor, incluso. Sí, les voy a revelar El código Da Vinci. Porque lo terrible del caso es que La mañana de La 1 es que un programa de radio no deje de ser una de las ofertas matutinas menos vergonzantes de la televisión.

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20 Feb 2012

Serie negra de hospitales

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Lo reconozco: estoy perdido. Es imposible seguirle el ritmo a las series hospitalarias a ambos lados del atlántico y de los Pirineos. Seguro que si en Andorra producen alguna teleserie, será sobre hospitales. Un hospital en el que abundan las andorranas. Sí, estoy decidido a provocar un incidente diplomático con este post.

Tras el estreno de la poco clasiflicable Nurse Jackie, la nueva ojeada al mundo enfermeril nos llega de la mano de Hawthorne, título y apellido de la jefa del grupo de enfermeros sobre el que va la serie. Gente que trabaja en un centro sanitario con los conflictos derivados de su trabajo, su vida personal y el encuentro de ambas. ¿Qué dio de beber el creador de la serie a los representantes de la cadena para colarles un argumento tan osado y nunca visto? No me sean irónicos, que les falta un dato.

Al que le suene racista, que se rasque, pero la impresión que me han dado los primeros capítulos es que es una serie de hospitales de negros. Y me explico rápido antes de que me caigan palos por todas partes. Verán, en Estados Unidos la comunidad afroamericana estuvo marginada de la producción televisiva hasta mediados de los 80, con la irrupción de Bill Cosby. Éste cogió los estándares de las comedias de blancos de varias décadas antes y los aplicó a su propio grupo étnico: los negros no tenían por qué ser meros comparsas cómicos del héroe blanquito.

Aunque en los años 80 la comedia familiar y moralizante ya estaba pasadísima de moda, la comunidad afroamericana necesitaba hacer ese recorrido fase por fase. De alguna forma (y sospecho del poder hipnótico de los colores de sus jerseys),  el éxito de Cosby dio el pistoletazo de salida que con el tiempo nos llevaría a comedias más evolucionadas como Cosas de casa, o El príncipe de Bel Air, entre otras.

El paréntesis pedante anterior nos sirve para entender una serie protagonizada y producida por Jada Pinkett-Smith, mujer de Will Smith y que en su segundo episodio cuenta con Malcolml-Jamal Warner: el hijísimo Theo de La hora de Bill Cosby. El camino ya está recorrido en la comedia, es la hora de inciar el asalto a otros géneros; es la hora de las series negras de hospitales. Aunque atípica, porque en realidad hay personajes de todas las etnias que se les ocurran y todavía no he visto a ninguna señora haciendo “gestos de negra chunga”.

Empieza muy mal, con una enfermera (blanca) haciéndole un alivio manual a un paciente soldado. Con lo que me refiero a un militar hospitalizado, no al rey de los sudokus del cuartel. Ni caso. A alguien se le fue la mano. Con perdón. En realidad es un drama ligero con sutiles pinceladas de comedia, supongo que como los inicios de Anatomía de Grey (que sí, que no he visto Anatomía de Grey).

Se trata de personajes y situaciones muy humanos y bastante creíbles, algo que ya tiene mérito cuando hablamos de la sanidad televisiva. Se deja ver muy bien y es posible que acabe en el prime time de Cuatro, si sigue con su política de comprar todas las series que se parezcan a las que ya están emitiendo. Además, Hawthorne ya ha renovado para una segunda temporada.

A esa renovación es a la que yo temo. Demasiado componente sentimental en las tramas como para que esto no acabe degenerando en lacrimógenos culebrones en los que todos los del hospital acaben liándose entre sí.

Una serie que por todo lo anterior no dudo en recomendarles, mientras yo discretamente reservo ese tiempo a la semana para otros menesteres. Para qué estropear una primera impresión tan bonita.

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19 Feb 2012

Mucho al principio, nada al final

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Sigo siendo accionista de Telecinco, así que no me presupongan prejuicios negativos. Todo lo contrario: encendí mi tele totalmente dispuesto a venderles la moto. Supe que algo iría mal enseguida. ¿Saben esas fracciones de segundo en la que oyes la emisión pero todavía no ha logrado formarse la imagen? Oí a Jorge Javier y recordé por qué llevo desde junio sin ver otra cosa que informativos en la tele “normal”.

Acabó el programa con el uno de los mejores títulos elegidos últimamente e inmediatamente dieron paso a Toma cero y a jugar, quizá uno de los peores títulos elegidos últimamente. ¿Han visto que “inmediatamente” lo he escrito en cursiva? Esto quiere decir que sólo consumieron unos diez minutos de la cuota publicitaria permitida. Traducido al lenguaje de programación, significa que alguien quiere cargarse el concurso, porque en su segundo día de emisión, lo normal es protegerlo tratando de conservar la audiencia del programa consolidado precedente. Por razones de polisemia, también puede querer decir que alguien es muy inepto.

La mecánica del concurso es prometedora en la fase eliminatoria: dos concursantes, preguntas rápidas, descartes dinámicos de premios… ritmo, ritmo, ritmo, que es lo que se pide a un concurso diario. El que falla la pregunta, elige a un buenorro o una buenorra que sujeta un cartón con un número. Si el número es cero, no pasa nada. Si es distinto de cero, el guarismo se resta de la cantidad que le quede al concursante que parte con un bote de 120.000 euros.  Si el concursante acierta, le pasa el marrón al otro. Posibilidad de pique bueno. ¡Por Mayra, me está gustando!

Ay.

Nunca debí decir eso.

Una vez superado el tramo clasificatorio, esa vitalidad se desinfla por completo y Telecinco vuelve a sacar lo peor de sí misma. El juego abandona cualquier intervención distinta a la suerte del concursante y se convierte en Allá tú con puertas y ya todo se trata de falsas tensiones y puro azar. A lo cansino, con los clásicos “¿seguro?”, “te puedes plantar”, “hay mucho en juego”, etcétera…

Daniel Domenjó y sus azafatos y azafatas

Una de las chicas del fondo es ingeniera. ¿Ves como hay crisis, Zapatero?

Y cuando en el programa que yo vi, como concurso ya iban en caída libre, fuera caretas: hicieron que el marido de la concursante leyera una lacrimógena carta en la que explicaba que estaba en el paro y que necesitaba el premio para que no la desahuciaran. Ese es el bagaje. Y con él y 30.000 eurazos en juego, la dirección del programa le ofrece 3.000, sabiendo que no ha elegido la puerta que contiene el premio que necesita. Tócate los cojones (y sin ningún tipo de perdón aquí). Vale, es un juego, unas veces se gana, otras se pierde, ¿no? Salvo que la humillación ya te la llevas por delante. Ascazo, oiga.

Una vez tomada la pastillica, les comento también sobre el presentador, Daniel Domenjó. Miren que me gustaba cómo llevaba El enemigo en casa, en la sobremesa de La 2. Por aquel entonces no tenía “una sonrisa de boca a boca”, como dijo que se le pone ahora. No fue la única perlita: su primera frase fue algo así como que el mayor premio de Toma cero consiste en “120.000 euros de las antiguas pesetas”. Y así todo el rato. Ni logra empatizar como Jesús Vázquez ni generar tensión como Sobera, ni ser un colega como Antonio Garrido. ¡Si hasta Mar Saura tenía más soltura!

Así no levantamos cabeza en la Bolsa, Vasile. Que los accionistas pasamos de “tomar cero”. Es que me sale la vena capitalista y…

Anda, llámame y hablamos.

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17 Feb 2012

Ensaladilla yanqui

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Estaba deseando comentar con ustedes grandes series de este verano.

Pero no hay, así que conformémonos con estas:

Drop dead diva

Permítanme que descargue mi indignación antes de empezar con otras cosas más potables. Esto va de una tía buena cuya mayor aspiración es ser azafata de El precio justo  que se muere. Por lo que sea, en lugar de ir al infierno de escai y poliéster, va a parar al cuerpo de una inteligente, comprometida y gorda abogada. Con este ejemplo les va a quedar más claro: es como si la del panel de La ruleta de la fortuna fuera a parar al cuerpo de Cristina Almeida.

¿Por qué me indigno? Porque parece que el público americano es un hatajo de iletrados a los que Hollywood alienta con personajes con el coeficiente intelectual de una aceituna (¡sin anchoa!) dando lecciones sobre cómo hacer su trabajo a otros que son profesionales o que llevan toda su ficticia vida currándoselo. Porque, evidentemente, la modeli saca adelante casos que se le hubieran atascado a la chica cuyo cuerpo okupa.

Hale, ya pasó. Por lo demás, tampoco está tan mal. Es tan ligera que cuando la pongan en alguna TDT los sábados mientras desayuno, será una buena alternativa a las sirenas hijaputas de Antena 3.

The assitants

Hablando de adolescentes, me costó un rato entender por qué eran tan histriónicos los personajes de esta serie. Hasta que entré en Wikipedia y me enteré de cuál era su target. Se conoce que los jovenzuelos americanos sólo ven televisión en su ipod y los actores tienen que hacer gestos muy exagerados para que los chavales puedan verlos. Como en el teatro, ¿saben? Sólo que… bueno… peor.

La idea es muy buena, no obstante: se trata de reflejar el día a día de los asistentes de un ¿productor? de Hollywood. Ya saben, esas personas que aparecen en los títulos de crédito de las películas por ser los que les quitan las pasas al muesli de las estrellas. Si fuera valiente, aquí haría un chiste con un ministro.

Lástima que la brillantez se queda en la idea. Aunque hay buenas líneas argumentales y buenos comienzos en alguna situación cómica, acaban yéndose al traste por eso que decíamos del ipod. Mira: como Ramoncín.

Si llega a España, acabará en Neox y luego como relleno matutino en Antena 3, cuando se cansen de reponer la serie de la hermana de Britney.  Pero estamos hablando de Antena 3, así que eso no ocurrirá nunca.

Michael and Michael have issues

Las series de Comedy Central no suelen ser productos muy mayoritarios, así que ésta tampoco lo es. Dos cómicos, a lo Cruz y raya, y su programa, con fragmentos del mismo y un vistazo al trabajo en la redacción.

La parte del programa, muy Saturday night live, tiene sketches bastante graciosos, como el de los adolescentes que han hecho promesa de virginidad hasta el matrimonio. Y es difícil darle una vuelta más a un concepto tan cómico de por sí.

Las historias de la redacción parecen guiones rechazados en The office por demasiado pasados de rosca.  Aún así, encuentran grandes momentos.

Lamentablemente, esta serie, como pasa con mucho material de Comedy Central, hay que verla en inglés a pelo, sin subtítulos ni nada (que yo sepa). Por tanto es sólo para los que sean muy fans del humor americano. O para los que han aprovechado el verano para aprender inglés, que es algo que les servirá toda la vida.

Otro día, más.

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14 Feb 2012

Cosas que comer de una monja

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Hay un par de monjas a las que les comería todo. Son estas:

Sor Beatriz y Sor Liliana

Whopi Goldberg, trágate esa; que además, tienes nombre de hamburguesa

Zapatillas de hojaldre con cabello de ángel, almendraditos, rosquillas de viaje (¿lembas?)… todo lo que hacen me lo comería, oiga. Porque Sor Liliana y Sor Beatriz son dos de las estrellas del canal Cocina con su programa Bocaditos de cielo, mi gran descubrimiento de esta semana.

Es un espacio sencillo (y barato) a más no poder: dos monjas, una cocina grande para poder meter las cámaras y los focos y azúcar suficiente como para hacer dulce el mar Muerto. Las religiosas de clausura del convento  de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas de Segovia no podrán salir de los muros que las cobijan, pero desde luego, dejan entrar a cualquiera que tenga una suscripción al canal Cocina.

Hay varias cosas fascinantes en el programa. La primera, las recetas en sí mismas: típicos dulces de monjas de esos que te hacen la boca agua y fáciles de hacer a rabiar. Si en mi casa hubiera azúcar suficiente para hacer alguna de las propuestas, me hubiera puesto manos a la obra. Pero es un piso pequeño.

No sólo es sencillo el proceso, sino también la explicación. No hay grandes palabras ni instrumentos raros de cocina. “esto lo pueden hacer hasta los niños”, explicaba Sor Liliana. ¿Qué “los niños”? ¡Lo puedo hacer hasta yo!

Sin embargo, lo que más atrapa es la pareja titular. Buenafuente y Berto, sentid el miedo, porque son el tándem televisivo de la temporada. Sor Liliana y Sor Beatriz se complementan como equipo de cocina casi tan bien como dúo cómico. Las inocentes puyitas que se mandan, la relación de poder entre ellas, Sor Beatriz (la bajita) correteando por la cocina como pinche, cuando en realidad es la maestra… Ningún productor del mundo admitiría estos personajes en un producto de ficción por increíbles. Son increíbles, de verdad.

La pega de Bocaditos de cielo es, como en todos los programas de cocina, la publicidad encubierta. Las monjitas aprovechan para colarnos subliminalmente las bondades de su comuna. Sí, amigos: las Hermanas Cocepcionistas Franciscanas de Segovia con comunistas. Ellas mismas explican cómo en su convento no existe la propiedad individual y cómo las posesiones mundanas de cada una están a disposición de todas las demás.

Su labor de zapa en nuestros impresionables cerebros se viene abajo cuando ellas mismas, en un ataque de sinceridad, nos explican la gran pega: “Las mojas no podemos leer telenovelas”, revela Sor Liliana. “Así que leemos vidas de santos”.

Nada es perfecto. No hay más que ver este post tan bonito, estropeado por un título tan zafio.

Y así todo.

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11 Feb 2012

Mamachicho de luto (Cacao Maravillao)

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Imaginen una España en la que Carlos Pumares es una estrella de la televisión ¡haciendo un programa serio de cine! Un programa titulado, por otra parte, Polvo de estrellas sin que en ello haya el más mínimo atisbo de chiste (nota: llamar a La fábrica de la tele y ver si podemos comprar los derechos de ese título para…).

Con ese panorama en mente, que alguien me niegue que Valerio Lazarov hacía falta. ¿Qué hubiera sido de aquellos adolescentes sin Internet de no ser por Bellezas al agua, Ay, qué calor o las nunca suficientemente recordadas Mamachicho? Maldita sea, para toda una generación, la televisión que “inventó” este hombre empezó a ser mucho más que un aparato que había en el salón e invadió muchos otros espacios. Concretamente el cuarto de baño. Ejem.

No tengo edad para recordar la revolución que supuso la llegada a España de Lazarov en los 70, con sus valientes zooms y otros coloridos recursos. A los que me acusen de falta de cultura les responderé con el argumento de mi insultante juventud. A mí eso no me dará razón, pero a ellos sí les dará rabia.

Lo que sí tengo claro es que su etapa como director general de la recién creada Telecinco cambió la forma de hacer y entender la televisión en España, para bien o para mal. Da qué pensar que el presidente de la cadena fuera entonces un señor ciego. La cadena amiga hacía honor a su nombre guiñándonos un ojo con complicidad y dejándonos ver lo que los señores serios de otras cadenas nos tenían más escondido. Teleteta, como pronto se le conoció, jugó la baza de un erotismo picarón y, visto en perspectiva, muy naïf. Sobre todo si pensamos en las fiestas en las que estaría uno de sus propietarios en aquellos años.

Con todo lo criticable que tuviera aquel estilo de programar, con lo decadente que pueda resultar su rescate a lo vintage, Lazarov era un tipo listo. Supo leer una tendencia que se deslizaba por todo el panorama televisivo internacional y calzárnosla aquí a plena potencia. Porque el mismo año en que la pantalla de Telecinco se llenaba de chicas con escasas indumentarias de dos piezas (o menos), la NBC estrenaba otro de los iconos del erotismo de los 90: Los vigilantes de la playa. Claro, que también es cuando irrumpió en la Fox Los Simpson. ¿Alguien se había parado a pensar que los de Springfield y Antena 3 Televisión se lanzaron a las ondas a la vez? ¿No es inquietante?

Estamos en 2009 y muy pocos aceptarían un estilo televisivo como el de Lazarov; aunque no sea difícil percibir sus genes de realizador en productos como Los mejores años de nuestra vida. Ni las Escenas de matrimonio pueden negar su parentesco con la exitosa Hostal Royal Manzanares. Valerio, eso sí: no te perdono que sacaras de la nevera a Ana Obregón.

En estos días será comentario de muchos eso de que preferirían un Telecinco lazaroviano al de Vasile.  Serán los mismos que dicen que la comida no tiene tanto sabor ahora como hace años.

Y ojo, que puede ser.

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10 Feb 2012

¡Qué buen título!

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“¡Vamos a hacer una serie de ciencia-ficción realista!”, chilló el ejecutivo mientras se limpiaba la nariz.

Los resfriados de California son muy traicioneros. ¿De qué iba a ser si no gobernador un tipo cuyo apellido suena a estornudo? A lo que íbamos, que me pierdo.

“¡Con astronautas que estén buenos y buenas y que no sean rusos!”, contestó otro de los ejecutivos.

“Deja de decir obviedades y centrémonos: ahora que hemos llegado a Marte…”. Alguno de los ejecutivos presente se preguntó cuándo había ocurrido eso. Tal vez el jefe estuviera más informado. Después de que colaran el supuesto alunizaje de Armstrong no había que fiarse de la NASA. Si ése era su verdadero nombre…

“Hay que plantear algo más molón. Una misión a otro planeta. ¡No! ¡A otros siete! Se van a cagar los de la Fox si quieren copiarnos. Y estarán de viaje seis años. Como Gran Hermano, pero a lo bestia”.

“¡Con astronautas que estén buenos y buenas y que no sean rusos!”.

“Pero”, comentó alguien de producción, “¿vamos a rodar escenas espaciales en plan realista?”, preguntó mientras actualizaba discretamente su currículum en infojobs. “¿Con vacío e ingravidez y todo eso?”

“Sí, sí: todo en plan realista”, aseguró el primer ejecutivo. “Bueno, pero con la gente caminando normal por la nave, claro”.

Y así fue cómo decidieron que la serie se llamaría Defying gravity (Desafiando a la gravedad).

Hawking en el espacio

Cada vez que un ejecutivo de televisión habla de Física, Stephen Hawking llora. O se ríe, no lo tengo claro.

Dicen que es como Anatomía de Grey, pero en el espacio. Como no soy seguidor del drama hospitalario, deduzco que hablamos de un montón de gente que no tiene ni idea de qué va su trabajo y que piensa más en triscarse a sus compañeros que en lo que viene siendo desempeñar su empleo.

Me refiero a los asesores científicos de la serie, que en comparación dejan a Flipy a las puertas del premio Nobel.

Los protagonistas responden a la misma descripción. Además, hay flashbacks y una fuerza oscura y gente con visiones y escotillas… Pero lo que pesa no es el parecido con Perdidos (¿lo habían pillado?), sino el dramón. Más que eso, el que la gente se líe con gente, como si eso fuera tan fácil. O por lo menos se tenga ganas, todo ello en un espacio cerrado. ¿Mencioné Gran Hermano más arriba? En el capítulo piloto los personajes de la nave incluso tienen una especie de confesionario en su cuarto. En el segundo episodio ya han prescindido de él, aunque mantienen el recurso de la voz en off del astronauta macho alfa haciendo profundas reflexiones. Ya saben, frases sacadas de libros zen de esos que te venden en los aeropuertos. “Zen, aeropuertos… ¡claro!”, pensó el guionista.

Los más aficionados al melodrama podrán juzgarla dentro de esta categoría y a lo mejor me descubren que es una joyita del género. También pueden ayudarme a dilucidad quién se está tomando esta serie muy en serio: si los guionistas o yo. Porque la épica astronáutica casa mal con una serie que no puede hacer flotar las cosas que se supone que flotan en el espacio o dar una buena explicación seudocientífica para que no lo hagan. Algo así pide a gritos unas risas a su costa y dejar campo abierto para la chicha que quieren sacarle a las relaciones interpersonales.

El título Defying gravity es una sátira a sí misma genial o una implacable metáfora del destino de la serie. Porque ¿han probado alguna vez a desafiar a la gravedad? Pregúntenle al Coyote.

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