Podemos en Andalucía: entre lo táctico y lo estratégico

Miguel Urbán y Brais Fernández, miembro de Anticapitalistas

La política siempre es un reto con dos caras: táctico y estratégico. Necesitamos táctica, porque hay que responder a los problemas del hoy, porque la coyuntura nos impone una agenda que no podemos soslayar, a riesgo de renunciar a la política y convertirnos en algo externo que comenta de los procesos reales pero que no participa en ellos. Estrategia, porque toda política va inevitablemente más allá de la gestión neutra, porque hacer política es decidir hacia donde queremos ir y que sociedad queremos construir. En síntesis, debemos hacer hoy sin olvidar que nuestras decisiones prefiguran el mañana. Asumir responsabilidades sin renunciar a nuestros objetivos: demasiadas veces la izquierda ha renunciado a existir en el “aquí y  ahora” para quedarse mirando ensimismada el futuro o añorando un pasado glorioso que no volverá. Pero también, con demasiada frecuencia, la izquierda se ha imbuido en una dinámica en la cual un presunto interés inmediato escondía una incapacidad para pensar un proyecto alternativo, cayendo en lo “real” y dejando de pensar lo “posible”.

 

Podemos nació con un objetivo nítido, que responde a los anhelos de la marea popular que se comenzó a articular con el 15M. Echar a los responsables del expolio, que tomaban forma de vampiros financieros o políticos corruptos, para construir una democracia igualitaria, que repartiera la riqueza entre los que la generan con su trabajo. Nada de esto lo ha inventado a Podemos, sino que es a lo que se debe Podemos. Simplemente (y no es poco), apostamos por un vehículo abierto a ciudadanía, por convertirlo en una opción de gobierno.

 

Ahora bien, con la irrupción de Podemos en las instituciones pasamos a tener nuevas preguntas que resolver. En Andalucía, tras el resultado electoral (1) ha reaparecido con fuerza una de las grandes cuestiones que se le plantea a cualquier fuerza política ¿Cómo relacionarse con el resto de agentes políticos? En concreto, para Podemos en Andalucía, ¿Cómo relacionarse con el PSOE?

 

El PSOE en Andalucía ha ganado las elecciones holgadamente, por lo que es obvio que está lejos de descomponerse. Podríamos definirlo como un partido social-liberal, que acepta y fortalece el marco hegemónico marcado por la austeridad, los recortes en lo públicos y el dogma de “recuperar competitividad” a costa del esfuerzo mayoría de la población, sin que eso suponga ningún recorte a los privilegios de las élites. Pero por otra parte, también es percibido como un paliativo frente a las políticas agresivas del PP, posee un arraigo popular en el imaginario colectivo que lo hace aparecer como la “única izquierda” posible. Sus bases se encuentran en las clases populares, como demuestran todos los estudios sociológicos, por lo que es totalmente lógico comprender que entre su electorado prime más la segunda parte de sus elementos constitutivos que la primera.

 

Pero el PSOE es algo más que un gestor. Ha sido una “agencia política”, un vehículo instituyente del régimen del 78. El régimen del 78 es algo más que su Constitución: es un modelo de gobernabilidad, que se ha caracterizado por el bipartidismo, la corrupción, por convertir en sagradas ciertas partes de las leyes olvidando otras, por la combinación entre el debilitamiento estructural del poder social de las clases subalternas y la gestión del enfoque neoliberal dictado por las instituciones europeas. Así pues, no es de extrañar que la crisis del régimen del 78 y la posibilidad de una “revolución democrática” coincidan con la crisis del PSOE. Démosle la vuelta; el cierre de la posibilidad de una “revolución democrática” pasa porque el PSOE vuelva a aparecer como lo único posible, porque el PSOE vuelva a ser creíble ante mucha gente que ha roto con el.

 

Por eso hay que definir de forma clara donde ponemos nuestras fronteras: Podemos no es una alternativa a tal o cual partido, es una alternativa y una impugnación al régimen, a una forma de gobernar al servicio de las élites y contra los de abajo. Las medidas que proponemos no tienen como objeto negociar investiduras ni sillones: tienen como objeto mejorar la vida de la gente. La táctica es, ni más ni menos, que el PSOE se retrate: ¿Va el PSOE a responder a los anhelos de su electorado o seguirá siendo el partido de los intereses financieros, el partido que pone el pago de la deuda por encima de las necesidades sociales? La estrategia es demostrar que Podemos ha llegado para ganar, no para ser la “pata izquierda” de nadie; tenemos propuestas y un proyecto alternativo de país.

 

No podemos olvidar las lecciones que hemos visto en Europa durante los últimos años. Para que el descontento y las ansias de cambio no sean canalizadas por monstruos anti-democráticos, es necesario que las fuerzas que apuestan por una revolución democrática tengan una postura inequívoca, clara. Chantal Mouffe explicaba que una de las razones del auge de la extrema derecha francesa fue el vacío que generó la izquierda al ser incapaz de mostrarse como una alternativa nítida, al relacionarse de forma ambigua con el Partido Socialista Francés, el mismo que con sus políticas decepcionantes alimentaba el caldo de cultivo de la extrema derecha. Si alguien quiere parar los desahucios, contará con nuestro apoyo, venga de donde venga, se coloque la etiqueta que se coloque. Por eso, la apuesta es decir “NO” al proyecto de país que ofrece el PSOE y luchar por todas las medidas concretas que mejoren la vida de los de abajo (que por cierto, nunca las ha regalado el PSOE, sino que las ha ganado la gente común a través de la movilización popular), desde las calles, centros de trabajo y desde las instituciones.

 

Porque además, se abren nuevos retos. La irrupción de Ciudadanos muestra de nuevo que la lucha por el cambio no es una lucha solitaria, si no que siempre se hace frente a “otros”. La operación transformista del régimen ya está en marcha y la lucha entre tres bloques comienza a perfilarse: el bloque que apuesta por la continuidad, representado por el PSOE y el PP, el bloque del recambio y de la “regeneración democrática” liderado por Ciudadanos,en plena absorción de UpyD y el bloque del cambio y de de la revolución democrática, en el que Podemos debe situarse claramente y contribuir a su desarrollo junto con múltiples actores de los movimientos sociales y de la izquierda política. La búsqueda del “centro radical” significaría la anulación artificial del conflicto entre esos bloques, construyendo un nuevo consenso y colocando la hegemonía y la iniciativa política en la opción del “recambio”. Y como llevamos diciendo desde que nacimos, no hemos venido simplemente a “hacer oposición” o trapicheos parlamentarios, no a ser un partido más: hemos venido a recuperar todo lo que nos han robado.

 

1- Para un análisis de los resultados, recomendamos este artículo de Jaime Pastor en Viento Sur http://vientosur.info/spip.php?article9930