“Yo no he visto nunca que se publique a qué se dedican los hermanos, cuñados, primos o tíos de quienes se dedican a la política” -Esperanza Aguirre, presidenta madrileña-
He intentado hacerme un dossier sobre mí mismo, por pura introspección, por conocerme mejor, casi como una terapia. He incluido todos mis datos personales y laborales, mis ingresos declarados, el saldo medio de mis cuentas bancarias; pero también la actividad empresarial de mi familia, y el patrimonio que entre todos juntamos. Hasta he incluido algún pecadillo inconfesable, por darle más colorido.
Y nada. Me ha salido un dossier de lo más aburrido. Tres folios a doble espacio que son pura raspa. Con un dossier así no llegaré muy lejos en la vida. Me siento un fracasado.
De mayor quiero ser como Ignacio González, que alguien me haga un dossier como el suyo. Menuda novela la de su vida. Setenta páginas de chanchullos, amistades, negocios familiares y propiedades. Este hombre sí que ha llegado lejos. El yerno que toda madre querría para casar a su hija. Un buen partido.
El día de mañana, cuando deje la política, el vicepresidente madrileño puede usar su dossier como currículum. Seguro que le llueven las ofertas, vista su capacidad de influencia y de relacionarse. Porque una trayectoria como la suya sólo es posible teniendo mucha suerte, o paseando sin miedo por el filo de lo legal. Y ambas cualidades son muy valoradas en ciertas profesiones.
Nosotros, los aficionados, nos escandalizamos con estas cosas. Pero quién sabe, en ciertos círculos tal vez son un signo de distinción, como tener una SICAV para evadir impuestos, o varias cuentas en Suiza. En cambio, los que no tenemos quien nos haga un dossier no somos nadie, unos mindundis.
“Los líderes financieros sienten que están al borde de un precipicio y que pueden caerse en cualquier momento” -Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial-
En las últimas semanas hemos sabido de unos cuantos suicidios de ejecutivos e inversores arruinados por la crisis, pero ¿no les parecen pocos? Tantas veces hemos oído la historia de quienes se tiraban de los rascacielos tras el crack del 29, que ahora esperábamos más sangre.
Tranquilos, hay una explicación: los grandes hombres de las finanzas han resistido hasta hoy a base de antidepresivos porque quieren regalarnos una bonita foto de despedida: ¡un suicido colectivo en Davos, durante la celebración del Foro Económico Mundial! Si no, ya me contarán a qué van a Suiza esos 2.500 peces gordos, con la que está cayendo. ¿A llorar juntos? ¿A hacer un fuego de campamento y recordar los viejos tiempos? Nada, nada. Van a inmolarse en plan secta destructiva, ya verán.
Ay, qué nostalgia de aquellas cumbres de Davos cuando todos reían, presumían de ganancias, se hacían fotos con Bono y paseaban por la montaña suiza tras las comilonas. Este año no habrá nada de eso. Por no ir, no va ni el cantante de U2, supongo que avergonzado tras haberse codeado con esa chusma que nos ha llevado a donde hoy estamos.
Pero nada, no se hagan ilusiones. Al final pondrán cara de circunstancias y poca cosa más. Repetirán la milonga de que la codicia es mala, prometerán un capitalismo con valores, pedirán que los estados echen una manita, y tan contentos. La receta contra la crisis ya la adivinamos: más de lo mismo. Dos tazas. Una vez fundidos los recursos privados, ahora devorarán el dinero público. Ese es el verdadero suicidio colectivo que preparan: el de la humanidad.
“Estamos interesadísimos en seguir prestando porque es a lo que nos dedicamos, en cuanto el prestatario es solvente” -José Antonio Olavarrieta, director general de la CECA-
Hasta hace unos meses, entrabas en una sucursal bancaria y te ponían alfombra roja, el director te invitaba a su despacho, y salías con los bolsillos llenos de caramelos, bolígrafos promocionales y, por supuesto, el crédito solicitado. Pero eso se acabó. Si hoy entras en una oficina, o eres tan solvente que ni falta te haga pedir dinero, o se encerrarán todos tras el cristal antiatracos.
Llevamos días acusando a los bancos de cerrar el grifo del crédito y estrangular así la economía, y no es cierto. Ellos están deseando dejarnos dinero. Si no lo hacen es por nosotros, por nuestro bien, porque no nos ven solventes, y prefieren ahorrarnos el disgusto de vernos en un aprieto el día de mañana. “Pero a ver, so insolvente, ¿tú para qué quieres un crédito? Que no, que no, que te lo vas a gastar todo, que te conozco, que llevas años viviendo por encima de tus posibilidades.”
En realidad la banca española se está haciendo querer. Está harta de que no le reconozcamos su labor, y ha decidido hacerse la interesante, para que nos demos cuenta de que no podemos vivir sin ella. Por un lado presume a todas horas de estabilidad y beneficios, frente a los bancos tontos de otros países que quiebran o lloriquean a papá Estado para que los recapitalice. Por otro, nos niega su cariño, nos cierra el grifo, para que la queramos más y suspiremos por su amor perdido.
Lo malo es que de tanto hacerse la interesante parece que nos está chuleando más de la cuenta. Porque si ésta es una banca fuerte y fiable, casi prefiero una banca débil que acabe nacionalizada.
“El problema de Dios es demasiado serio para que se dirima o se discuta en unos autobuses” -Juan José Tamayo, teólogo-
Adónde vamos a llegar. Siglos de disputas teológicas, herejías y hogueras reducidos a un eslogan gracioso sobre la chapa de un autobús urbano: “Probablemente Dios no exista. Deja de preocuparte y disfruta la vida.” En vez de organizar un seminario de filósofos, o ir casa por casa convenciéndonos con argumentos racionales, van los ateos y contratan una campaña publicitaria con la empresa municipal de transporte.
Pues claro. No son tontos. Fíjense la que han montado con unos pocos anuncios. Una de las campañas más eficaces de la historia. Han conseguido protagonismo informativo, donaciones millonarias, contracampañas y, claro, llevar el debate a la calle, consiguiendo una visibilidad que hasta ahora no tenían.
Y es que la publicidad se ocupa de las cosas serias. El medio es el mensaje y todo lo que quieran, pero hace tiempo que los anuncios no sólo venden detergentes. Y si en algo creemos hoy, es en la publicidad. Nos propone modos de vida, nos adoctrina y en general nos hace el mundo más soportable, lo que no deja de ser un acto político.
Votamos orientados por la propaganda, nos concienciamos mediante campañas de sensibilización, y vamos al cine empujados por trailers que suelen ser más interesantes que la propia película. Así que, ¿por qué no vamos a cuestionar nuestras creencias con unos anuncios?
De ahí el cabreo de los obispos, que acaso temen que la fe de sus creyentes, tras resistir siglos de controversias y evidencias científicas, pueda tambalearse hoy al coger el autobús.
“El Papa sabe los aspectos negativos de las nuevas tecnologías, pero si los hombres se encuentran allí, hay que ir allí a encontrarlos.” -Claudio María Celli, presidente del Pontificio Consejo para las Comunicaciones-
Éramos pocos en Internet, y apareció el Papa. El Vaticano acaba de inaugurar su propio espacio en Youtube, un primer acercamiento que piensan extender también a las redes sociales tipo Facebook, a las que el Papa quiere llevar el mensaje católico.
Como ese padre que supera su tecnofobia y un día se conecta a Internet para enterarse de en qué gastan las horas sus hijos, también el Papa ha decidido entrar en la Red, para ver qué hace su feligresía por esas webs.
Eso sí, el Santo Padre lo hace armado de valor, consciente de los peligros del invento. Como esos misioneros que se adentraban en la terra incognita para cristianizar a los salvajes, y se exponían a ser devorados por las fieras o los nativos, allá van también Benedicto y sus cruzados, dispuestos a “evangelizar el continente digital”.
En la selva de Internet le esperan grandes peligros, tentaciones, ofertas que parecen propias del maligno (alargamiento de pene, famosas desnudas…), páginas que prometen lo prohibido, foros donde circula información poco adecuada para Su Santidad.
Esperemos que Google, como ya hizo en China, establezca un filtro en el Vaticano para limitar riesgos, censurando ciertas páginas y filtrando las búsquedas. No sea que el Papa, navegando, navegando, acabe como la Reina Isabel de la simpática novela de Alan Bennett, que un día entra en la biblioteca y, leyendo, leyendo, acaba dudando de todo y abdica.
“Estaría contento con repetir resultados este año, me daría con un canto en los dientes” -Jaime Echegoyen, consejero delegado de Bankinter-
Qué mal lo están pasando los bancos, pobrecitos, se entiende que no presten ni un euro y nos tengan asfixiados. Ya han recibido más de 13.000 millones de dinero público y ni por ésas, no abren el grifo. Seamos comprensivos: a la banca también le afecta la crisis.
Fíjense por ejemplo en Bankinter, uno de los primeros bancos españoles. Ayer publicó resultados, y las noticias dicen que sus beneficios han caído un 30% en 2008. Oh, ah, exclamamos todos. Una caída del 30%, con lo que tiene que doler eso. No sean malos, no se rían.
Seguimos leyendo y nos enteramos de que han ganado 252 millones de euros. Pero, ¿cómo? ¿No habían caído? Pues no. Despista el verbo “caer”, pero no significa que no tengan beneficios, sino que no han ganado tanto como el año anterior. Un 30% menos que entonces, pero siguen ganando.
Atención, sigo leyendo y resulta que, descontando ciertas operaciones extraordinarias, en realidad sus beneficios han crecido un 1,6%. No se me despisten otra vez. No es que ganen un 1,6%, sino un 1,6% más de lo que ganaron en 2007, año en que aumentaron en un 31% los beneficios, mientras que en 2006 los habían incrementado en un 11%.
Es decir: sus beneficios siempre crecen –más que nuestros salarios, no se molesten en echar la cuenta que ya se lo digo yo-, y este año, con crisis y todo, siguen ganando más. Eso sí, siguiendo las recomendaciones del banco central, no presumen de beneficios. Disimulan para que creamos que ganan menos, o incluso que pierden.
“Hay personas poderosas que pueden tener razones, aunque a mí se me escapen, para poner en marcha una operación así” -Francisco Granados, Consejero de Interior madrileño-
Lo de Madrid ya no es divertido. Hasta ahora nos reíamos con las peleas entre Aguirre y Gallardón, las salidas de tono de la lideresa, o la manipulación cutre en Telemadrid. Una comedia de enredo que cada poco deparaba nuevos episodios, y con la que nos distraían para disimular el desguace de los servicios públicos.
Pero no, no tiene gracia. Cada vez menos. La lucha a colmillo por Caja Madrid, las operaciones urbanísticas sospechosas, las amistades peligrosas, y ahora esa apestosa trama de espionaje -que convierte la rivalidad pepera en puro canibalismo- nos dejan con la sonrisa congelada, con cara de tonto.
Hace una semana, tras los sucesos con porteros de discoteca, el mismo Francisco Granados decía que “el crimen organizado se ha adueñado de Madrid”, y remataba su compañero González Pons comparando Madrid con el Chicago de los años treinta. Con lo que ahora sabemos, sus palabras producen escalofrío.
Pero no hace falta mirar al Chicago mafioso. Tenemos un referente más cercano: Marbella. Cada nuevo episodio confirma la marbellización de una comunidad, la madrileña, donde se ventilan grandes negocios y se maneja un enorme presupuesto público.
Cada vez huele más a podrido, pero ya verán como las ratas sobreviven otra vez. Porque en Madrid hay mucha mierda para repartir, y sabiendo además que circulan dossiers, pocos se atreven a tirar la primera piedra. Recuerden lo sucedido con los tránsfugas Tamayo y Sáez, cuando el PSOE se dejó robar el gobierno.
“De esta crisis vamos a salir. La humanidad no va a desaparecer con esta crisis” -Celestino Corbacho, ministro de Trabajo-
Por fin el gobierno comienza a mandar mensajes tranquilizadores. Podemos recuperar la confianza. Poquito a poco, pero con paso firme. No sabemos hasta dónde llegará el paro, cuánto caerá la economía ni cuántos años durará, pero ya sabemos algo: que la humanidad sobrevivirá. No nos vamos a extinguir. Qué alivio.
Si en la crisis hay un componente psicológico, de pérdida de confianza, que la agrava, hasta ahora el gobierno no ha hecho mucho por tranquilizarnos, la verdad. Tras meses de negar la crisis, desde que por fin la reconocieron se han sucedido los mensajes catastrofistas. Oír a un ministro de Economía decir que nunca ha visto una crisis como ésta y que ya ha agotado las respuestas posibles; o leer a diario previsiones negativas a tres años vista, no es como para tener confianza y seguir consumiendo como si nada. Ni siquiera nos consuela que sea un problema global.
No digo que la crisis no sea gorda, pero me da la sensación de que algunos se ponen en lo peor adrede. Así, todo lo que quede por debajo de esas malas previsiones nos parecerá bueno. Si te dicen que el paro llegará al 20% y al final se queda en el 15%, será un éxito.
Pero además puede haber otra intención: asustarnos. Te vas a quedar sin trabajo, tu banco puede quebrar y fundir tus ahorros, el sistema se tambalea… Y tú, aterrorizado, ¿qué pides? Que te salven. Como sea, al precio que sea. Millones para los bancos, ajustes presupuestarios, congelación salarial, reforma laboral. Lo que haga falta, con tal de que nos salven.
“El pueblo palestino está secuestrado por el terror de una organización criminal que lo ha sumido en la destrucción, miseria y muerte” -Manifiesto por Israel, Asociación de Solidaridad España-Israel-
En pocos días Gaza volverá a la normalidad, y desaparecerá de las portadas informativas. Digo normalidad, pues para los habitantes de Gaza hace mucho tiempo que lo “normal” es la situación desesperada en que se encuentran hoy. Si cabe, tras los ataques israelíes será más normal todavía, pues todo lo que ya conocían se multiplicará: el encierro, el bloqueo, la pobreza, la enfermedad, las operaciones militares, la muerte.
Antes del ataque decíamos que los palestinos estaban en situación crítica, asfixiados por el bloqueo, hacinados en esa gran cárcel a cielo abierto, faltos de alimentos y medicinas, sin trabajo. Si aquellas condiciones eran críticas, ¿cómo calificamos las actuales, cuando a la miseria previa se suma la destrucción de infraestructuras básicas, la falta de hogar para miles de personas, la penuria sanitaria de los heridos?
Ni siquiera cuentan con el consuelo de quedarse solos con su destrucción y empezar de cero. No, porque el ejército israelí seguirá controlando la franja, los pasos fronterizos, las mercancías, y por supuesto actuando a su antojo. Nada sabemos, por ejemplo, de los cientos de jóvenes palestinos que han sido detenidos y sacados de Gaza, siguiendo una práctica habitual que ríete tú de Guantánamo.
En efecto, como decía el manifiesto leído el domingo en Madrid, el pueblo palestino es rehén del terror y vive sumido en la destrucción, miseria y muerte. Pero no precisamente por Hamás.
“Tenemos un sistema laboral obsoleto, heredado de un régimen autoritario, autocrático y antiliberal como el franquismo” -Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad de Madrid-
Imagínense que al ministro de Trabajo se le ocurre decir que la culpa del paro es del franquismo. La que le cae encima. Pues ahí está la lideresa madrileña, llamando a reformar un sistema “obsoleto”, herencia del franquismo, y que hace que en situaciones de crisis se dispare el desempleo, según ha dicho Aguirre.
Y encima lo hace usando términos que no son habituales en la boca de un dirigente del PP cuando se trata del franquismo: un régimen autoritario, autocrático y antiliberal. Podía haber simplificado diciendo “dictadura”, pero ése es un término que ella se reserva para Cuba, no liemos las cosas.
Pero lo más interesante de su declaración no es el repentino arrebato antifranquista de la presidenta madrileña. Lo mejor es la forma en que quiere convencernos de la necesidad de una reforma laboral para abaratar el despido. Como no tragamos con argumentos económicos, y montamos una huelga cada vez que un gobierno mete mano al tema, Aguirre apela a la memoria histórica, a ver si por ahí cuela.
“¿No queréis eliminar todos los restos del franquismo?”, parece preguntar Aguirre, “pues ahí tenéis el sistema de relaciones laborales, que es tan franquista como el Valle de los Caídos”. Tal vez está dando ideas a los empresarios para que consigan su deseada reforma laboral: que exijan al gobierno el cumplimiento de la ley de la memoria: retirada de estatuas, cambio de nombre de calles, apertura de fosas y reforma del mercado laboral.