Publicidad

A seguir la línea

30 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: ,

“Un día decidió calcular cuántos kilómetros cubrirían sus escritos, en caso de colocarlos todos en una larguísima línea” -Javier Ortiz, periodista. De su obituario- 

                      

 No, no soy Javier Ortiz, ya se habrán dado cuenta. Tampoco pretendo reemplazarlo, aunque desde hoy ocuparé el espacio impreso que queda tras su muerte. Sé que durante mucho tiempo los lectores seguirán esperando la columna de Javier al abrir esta página. Todos sus lectores. Los afines, pero también –o sobre todo- sus enemigos, quienes le leían a la contra. 

Los lectores de periódico somos animales de costumbre, y seguimos una rutina invariable al abrirlo cada mañana. Cada uno tiene una forma de leer, decide por dónde empieza y en qué orden pasa las páginas, discriminando según sus intereses. Y si algo altera esa rutina, si nos cambian el orden de las secciones o falta algo en la página habitual, tardamos en adaptarnos al cambio. 

Por encima de esas rutinas, hay periodistas que marcan su página. Que atraen lectores y los vuelven fieles. Es el caso de Javier Ortiz en este periódico, en esta página que hoy cambia. Lo suyo más que una columna parecía un pilar, ya me entienden. No es que sin él se tambalee el periódico –sólo de pensarlo me parece oír su carcajada-, pero habrá que aprender a leerlo de otra manera, sin sus dardos, sin sus aciertos y sus manías. 

Cuando desaparece un referente seguimos viendo la realidad con sus ojos, echándolos de menos. A muchos nos pasa desde hace años con Vázquez Montalbán, o con Chumy Chúmez, y nos pasa ya con Javier. La pregunta habitual es: “¿qué habría opinado él sobre esto?”. En estos casos, su falta no debe movernos a la melancolía, sino a pensar libremente, a sospechar, como haría él. En definitiva, a seguir la línea que él empezó, aunque no tengamos el mismo trazo.

Para que no se note que no está Javier

29 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: ,

“Se dedicó con gran entusiasmo a cultivar el noble género del panfleto. Sin parar. A diario. Año tras año.” -Javier Ortiz, periodista. De su obituario autógrafo- 

                

Fiel a su estilo, Javier dejó escrito un obituario burlón para su propia muerte, para ahorrarse la típica necrológica “burocrática y de circunstancias”, llena de lugares comunes: la que escribiríamos quienes apenas le conocimos personalmente, por mucho que quisiéramos honrarle en su despedida. 

Y en efecto, si intento escribir una columna de homenaje, donde expresar todo lo que admiré en él –su independencia, su constancia, su inteligencia, su curiosidad y su desconfianza-, en cada línea oigo su risa. Sé que él sería capaz de escribir, sólo un día después de su entierro, una columna contra sí mismo, en la que desmarcarse del dolor por la pérdida, de la tristeza general y del recuerdo emotivo, para poner el dedo en la llaga, incluso en la propia. 

Se va y nos deja mucho trabajo pendiente, pues pocos periodistas ha habido con esa capacidad de trabajo, preocupado siempre por dejar lista la columna de mañana, incluso cuando en los últimos días estaba ya hospitalizado. 

Javier contaba que alguna vez hizo de negro para otros. Pienso que el mejor homenaje que podemos hacerle es convertirnos en sus negros, escribir por él, para que no se note que no está, para que no vivan tranquilos los muchos corruptos y necios a quienes señaló, y para que no se alivien las llagas sobre las que siempre puso su dedo afilado.

Ya sólo falta el meteorito

28 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , ,

“La gripe no nos puede pillar desprevenidos; cuanto antes empecemos a actuar, más tranquilidad tendrá la gente” -Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del PP en el Congreso- 

 

La humanidad asiste a sus últimos días, ya podemos ir despidiéndonos. Los últimos humanos que conseguimos sobrevivir a la gripe aviar (que devastó medio planeta años atrás), a las vacas locas (que diezmó la población europea hace una década) y al efecto dos mil (que extendió el caos en occidente), vemos cómo la gripe porcina puede ser el tiro de gracia final, a la espera del meteorito que siempre está a punto de chocar contra la tierra. 

Tal vez tenga que tragarme mis palabras, pero me da que dentro de un mes ya nadie hablará de la pandemia. Mientras tanto, tendremos varias semanas de noticias alarmistas, hipocondrías, anuncios gubernamentales, controles aeroportuarios, fotogénicas mascarillas, abstinencia de carne de cerdo, y anécdotas de todo pelaje. 

Supongo que habrá motivos para activar las alertas sanitarias y tomar medidas preventivas. Pero me mosquea la gestión informativa que las autoridades hacen en estos casos, que extienden la alarma en una población siempre a la espera de la tercera guerra mundial. 

El día que se desató la alarma coincidió con el día mundial contra la malaria, que cada año mata a cientos de miles sin necesidad de mutaciones víricas. Por no hablar de las sencillas gastroenteritis que matan niños a puñados. Eso sí, ayer subían en bolsa las farmacéuticas. Por ahí deberíamos empezar.

¿Esta era la reconstrucción de Gaza?

27 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , , ,

                             

“El verdadero punto muerto con los palestinos no es la ocupación ni los asentamientos. Hoy ya es un conflicto religioso.” -Avigdor Lieberman, ministro de Exteriores de Israel- 

                                

 Si alguien creía que el sufrimiento de los palestinos había tocado techo tras los ataques israelíes de meses atrás, desengáñese. Una vez más se comprueba que todo puede ir a peor en Palestina, y no ha dejado de empeorar, por mucha conferencia de donantes y promesas de reconstrucción.

Tras los millones prometidos, nada ha cambiado. O sí: ahora están peor. Las fronteras siguen cerradas y el bloqueo se ha endurecido más aún, según acaba de denunciar el director de la agencia de la ONU para los refugiados en Gaza. Los casos de desnutrición infantil se multiplican, y los heridos por los bombardeos carecen de un mínimo sanitario.

El gobierno israelí también está poniendo todo de su parte: tras nombrar un ultra al frente de Exteriores –incluso un país cercano como Egipto se niega a recibirlo, imagínense cómo va a contribuir a mejorar las relaciones en la región-, en Jerusalén Este siguen demoliendo viviendas palestinas y construyendo asentamientos, debilitando de paso más aún a la Autoridad Palestina.

¿Qué más cabe esperar? ¿Queda algo peor para los palestinos? Sí, claro. Todavía pueden sufrir nuevos ataques, de remate. Total, ya dijo el otro día el ministro de Defensa, Ehud Barak, que el ejército israelí es uno de los más éticos del mundo. Pero tranquilos, palestinos, que ya va Obama y lo arregla en un rato.

Al final comeremos croquetas

24 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , ,

                                

“Ya que son necesarias propuestas nuevas, los jóvenes empresarios queremos participar y lanzar propuestas novedosas y ambiciosas” -Jorge Fuset, coordinador del Foro de Economistas-                        

               

Lo de “la receta para salir de la crisis” ya se ha convertido en una frase hecha. Cada día nos encontramos con unos cuantos genios que ofrecen sus consejos al gobierno. Nunca habíamos conocido tantos centros de estudios, foros y seminarios, tanto experto dispuesto a aportar su sabiduría para salvarnos.

Tanto hablan, y tanta atención reciben, que crean la ilusión de debate social, de que realmente asistimos a la sesuda búsqueda de soluciones novedosas, cuando en realidad las recetas son todas del mismo plato, con escasas variaciones: reforma laboral, bajada de impuestos, recorte de gasto social.

Es como las croquetas. Cada uno las hace a su manera, pero todas son al fin croquetas. Uno pone mantequilla, otro cebolla picada, aquel deja la bechamel más líquida, pero al final salen croquetas, aunque algunas se dejen comer mejor que otras, o tengan mejor aspecto. Algunos cocineros, cuya comida causa pesadas digestiones, prueban a echar alguna hierba olorosa, por si cuela y nos la tragamos: ahí está la CEOE con su divertido “contrato indefinido no fijo”. 

Por ahora el gobierno dice que no atiende los consejos de tanto arbitrista. Pero le insisten tanto, que cualquier día toma nota de las recetas, se remanga, se pone el delantal y se mete en la cocina, a ver qué sale. Pues ya saben: croquetas.

Waterboarding a Cheney, y acabamos antes

23 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , ,

                   

“No hay forma de saber si la misma información obtenida con esas técnicas podría haberse obtenido mediante otros métodos” -Dennis Blair, director de Inteligencia de EEUU- 

                    

 Me sorprende la lentitud con que Obama investiga el uso de la tortura por la CIA. Se pierde un tiempo precioso en desclasificar documentos, preguntar a los responsables, documentar casos, esperar la investigación del Congreso, activar la maquinaria judicial… Con lo fácil que sería coger a Dick Cheney, desnudarlo, tumbarlo en una mesa y someterlo a una sesión de waterboarding. En un par de minutos cantaba, y caso cerrado.

Así habría que actuar, de seguir el razonamiento con que los ideólogos de la tortura se defienden estos días: la tortura es eficaz, dice Cheney, e incluso pide desclasificar informes que permitan a la sociedad estadounidense saber cuánta información vital se obtuvo mediante su uso.

Si el argumento de la eficacia no cuela, lo próximo que dirán es que con ella reducían costes, apelando así a la preocupación que sus compatriotas suelen tener por el gasto público. La tortura es rápida y barata, ahorra mucho trabajo. Horas, días o meses de investigaciones e interrogatorios se liquidan con un rato de palizas y humillaciones.

El ahorro para el contribuyente es notable, sobre todo cuando su uso es sistemático. Porque la tortura, una vez autorizada, deja de ser el último recurso para convertirse en el único. Si uno puede torturar impunemente, ¿para qué perder el tiempo, pudiendo ir directo al grano?

Leer para salir del refugio

22 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Hace unos meses, justo antes de la campaña navideña, circuló en el mundo editorial la idea de que el libro era un “valor refugio”, ajeno a la caída del consumo. No sólo resiste bien, repetían editores y libreros como un mantra optimista: es que hasta le sienta bien la crisis, y a partir de ahí enumeraban razones relacionadas con su bajo precio en comparación con otros bienes de consumo, la satisfacción que provoca, la duración de ésta, etc. La idea era bonita, no lo nieguen: el libro convertido en un valor refugio, a prueba de recesión, resistente a todo.

Supongo que alguno siguió repitiéndolo semanas después, sepultado bajo el alud de devoluciones una vez pasadas las ventas navideñas.

Al margen de cuestiones económicas, la idea prendió con facilidad por la resonancia que sugería cuando la aplicábamos no ya al libro como producto, sino por extensión a la obra literaria: la atractiva imagen de la literatura como un refugio en tiempo de crisis, la lectura como algo a lo que agarrarnos cuando todo se desmorona, una tabla en medio del naufragio. Los propios editores hacían el mismo razonamiento extendido, y afirmaban que los ciudadanos, si veíamos reducido nuestro poder adquisitivo, prescindiríamos de otros bienes antes que de la lectura, pues seguiríamos necesitando leer, más aún en tiempos de turbulencia como éstos.

No dudo de que haya quien en efecto encuentre en la lectura un refugio, y en ese sentido la oferta editorial facilita salvaciones para todos los gustos: desde la pura evasión hasta la autoayuda, pasando por todo tipo de terapias, consuelos y anestésicos.

Parapetados tras un libro

La pregunta es otra: en el momento actual, con la que está cayendo y con los nubarrones que vemos en el horizonte, ¿es un refugio lo que necesitamos? ¿Queremos escondernos? ¿Y si en vez de un refugio quisiéramos una barricada? ¿Nos la daría también la literatura? ¿Servirían los libros como ladrillos para levantar el parapeto –y hasta para convertirlos en arma arrojadiza–, o sólo se sostienen como techo de un búnker?

Cabría dudar además de que, en tanto que refugio, la literatura lo sea a prueba de bomba, o más bien sea una cabañita que se desmorone en cuanto el lobo sople. Sobre todo porque el tipo de refugio que tendemos a construirnos cuando leemos es más bien una habitación pequeña, de uso individual, donde no caben los otros, pues solemos leer hacia dentro, así nos han enseñado a leer –la lectura solitaria y silenciosa que no trasciende–, y esa parece la única posibilidad de lectura que propone buena parte de la literatura circulante.

Pero, ¿y si los lectores, los ciudadanos, queremos otra cosa? ¿Y si no queremos escondernos, huir, protegernos? ¿Y si ante la crisis preferimos salir a la calle, organizarnos, actuar? ¿Nos ofrecen también los libros esa posibilidad, nos sirven? ¿Cabe leer hacia fuera, no encerrarnos en el libro sino salir desde el libro?

La lectura sigue siendo la manera en que muchos nos relacionamos con el mundo. De la literatura –sobre todo de la literatura de ficción, la novela como género dominante– tomamos los elementos con que nos construimos nuestra interpretación de la realidad. Nuestro pensamiento tiene una base más narrativa que analítica, comprendemos a partir de relatos –el storytelling hoy de moda, y que en realidad es muy viejo, que se lo digan a los cuentacuentos del cristianismo–. En la literatura confiamos, en ella creemos. Seguimos siendo muy crédulos.

Por eso, a la hora de enfrentarnos a la crisis, recurriríamos también a la lectura para construir esa barricada figurada. Pero nos encontramos con que la mayoría de libros disponibles sólo sirven para ese refugio chiquito y frágil, facilitan el escondite antes que el enfrentamiento. Es entonces cuando sentimos traicionada nuestra confianza, y pedimos cuentas a los responsables.

Porque de la misma manera que señalamos a los tiburones financieros como culpables de la crisis económica, también podríamos pedir cuentas a los escritores que han traicionado nuestra confianza y nos han dejado desarmados, sin capacidad de respuesta para momentos como estos.

Sería fácil hacer un paralelismo entre la crisis financiera y la manera en que actúan muchos de los libros más difundidos en los últimos años. Cabe utilizar términos comunes: también en literatura podemos hablar, como en las finanzas, de movimientos especulativos, de burbuja, de activos tóxicos que contaminan el sistema, de avaricia, y de crisis de confianza.

A la manera de los hedge funds y las hipotecas basura, también en el mercado editorial hay productos con apariencia literaria cuyo valor está hinchado, y que las editoriales distribuyen masivamente, como esos bancos de inversión que buscan colocar sus productos sin preocuparse por las consecuencias.
Un juego del que participan los medios culturales, críticos incluidos, a la manera de esas agencias de calificación hoy desacreditadas por haber otorgado altas valoraciones a la basura financiera.

Siguiendo el paralelismo, de la misma forma que se señala la distancia entre la economía especulativa y la economía real, también podemos llamar la atención sobre la distancia entre cierta literatura y el mundo real. Puesto que, al margen de las intenciones de los autores, los lectores seguimos siendo crédulos, decimonónicamente crédulos, y seguimos creyendo que lo que leemos es reflejo de ese mundo real, debemos preguntarnos qué realidad es la que nos muestran esos libros, cuánto nos muestran y cuánto nos ocultan, y si nos permiten entender el tiempo que vivimos (sobre este punto recomiendo una lectura: el ensayo colectivo La (re)conquista de la realidad, coordinado por Matías Escalera).

Tal vez descubramos que, a la hora de actuar –si es que ésta es la hora de actuar– nos faltan elementos para comprender esa realidad, nos falta todo aquello que nos ha sido escamoteado mientras leíamos. Una credulidad quijotesca, que nos ha hecho tomar la realidad por lo que sale en los libros, y por tanto, en su reverso, creer que lo que no sale en los libros no existe, hasta que un día descubrimos que sí existe, y no sabemos cómo hacerle frente.

Precisamente todo aquello que creíamos superado y que hoy descubrimos que sigue existiendo, y se nos viene encima: la explotación, la dominación, el abuso, la violencia.

El mensaje satánico de las pensiones

22 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: ,

                          

“Al alertar sobre el futuro de las pensiones, el gobernador del Banco de España actuó con mucha sensatez” -Mariano Rajoy, presidente del PP- 

                           

 Con naturalidad, sin dramatismo, los trabajadores de mi generación tenemos asumido que cuando lleguemos a viejos no tendremos pensión, o la tendremos raquítica. Ya digo, no hacemos un drama de ello, lo tenemos asumido y no nos dolerá ni nos sorprenderá llegado el momento. Para eso nos vienen convenciendo desde hace años.

Cada poco tiempo, con crisis o sin ella, se reabre el debate sobre el futuro del sistema de pensiones, siempre siguiendo el mismo juego: un “experto” opina en público que lo ve muy negro, se arma el revuelo, y al final sale alguien del gobierno para tranquilizarnos cuando el daño ya está hecho, mensaje recibido.

Yo no digo que no haya problemas, y que no sea necesario un debate, y hasta alguna reforma. Pero me mosquea la insistencia periódica en el mismo mensaje. Así que he hecho un experimento: he cogido el discurso habitual sobre la futura quiebra del sistema de pensiones, y lo he puesto en el tocadiscos al revés, para ver si hay mensaje oculto, como los mensajes satánicos del rock.

Y para mi sorpresa, al oírlo al revés aparece una voz que con claridad susurra: “hazte un plan de pensiones, hazte un plan de pensiones…” Ah, vale, entonces era eso. Ahora entiendo por qué esos mensajes se lanzan con frecuencia en foros y cursos de verano patrocinados por los mismos bancos que comercializan esos productos. Corro a hacerme uno.

No son piratas, son mutantes

21 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: , ,

                       

 “No nos conformamos con rescatar un buque. Queremos rescatar estos mares de las garras de los piratas ” -Carme Chacón, ministra de Defensa- 

                        

 ¿Cómo es posible que un puñado de hombres armados ponga en jaque el tráfico mundial de mercancías y provoque el envío de barcos de guerra, aviones y cientos de soldados, incluidos los marines USA? Muy fácil: no son simples piratas. Son mutantes, con superpoderes que ríete tú de los X-men.

La mutación se produjo, como en los tebeos, por la exposición prolongada a elementos radiactivos: los miles de barriles de basura tóxica –incluidos residuos nucleares- que barcos de todo el mundo vertieron en las costas de Somalia durante años, y que han multiplicado los casos de cáncer en la zona.

Mi amigo José Cendón –fotoperiodista secuestrado en Somalia meses atrás-, que está escribiendo un libro impresionante sobre el tema, me cuenta que los primeros piratas eran guardacostas espontáneos que se lanzaron al mar hartos de la facilidad con que los pesqueros esquilmaban su rica costa atunera, y de quienes se deshacían de desechos contaminantes en sus playas aprovechando el vacío de poder tras el hundimiento del Estado.

A partir de ahí, los empobrecidos somalíes descubrieron que el único negocio con futuro en su tierra era el asalto de barcos, que permite millonarios rescates. Pero atención, que Obama y la Unión Europea se han puesto serios: hay que acabar con ellos, porque aparte del daño que hacen, son un ejemplo peligroso para tantos miserables del mundo.

Jugando con las cosas de comer

20 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious
Etiquetas: ,

                           

“Es incomprensible que la biotecnología pueda resolver problemas de salud, y que la rechacemos en la producción de alimentos”  -Alejandro Alonso, portavoz del PSOE en la Comisión de Medio Ambiente- 

                             

 ¿Sabemos lo que comemos? ¿Nos importa cómo se producen nuestros alimentos? Más bien no. Parece que hemos aceptado que no tenemos más remedio que comer mierda, y hacemos la vista gorda, con sólo alguna queja rutinaria -que si los tomates ya no saben como antes, etc-.

Pero una cosa es comer mierda, y otra tragar veneno. ¿También nos da igual? Pues lo parece. Si no, no se entiende que en España el debate sobre la seguridad alimentaria sea tan escaso en comparación a otros países. Acabamos de pasar toda una semana de acciones contra los transgénicos, y me da que la mayoría sigue sin saber de qué va la película.

Pues a primera vista la película parece de terror: una empresa con nombre de organización criminal de James Bond, Monsanto, está sembrando el mundo con semillas genéticamente modificadas para resistir plagas. Mientras los científicos sospechan de sus efectos en la salud, los cultivos masivos de soja o maíz transgénicos expulsan a miles de agricultores y empobrecen a otros –pues la semilla ya no sale de la planta; hay que comprársela al fabricante.

Los países europeos los prohíben, pero en España no deja de crecer la superficie cultivada. Parece que nos resignamos a un futuro en que una minoría pueda comprar productos de agricultura ecológica, mientras los demás comeremos lo que nos echen.