“Este año continuaremos fortaleciendo nuestros acuerdos comerciales con aliados clave como Corea, Panamá y Colombia.” -Barack Obama, presidente de Estados Unidos-
Ay, qué pillo es este Obama. Todos pensando que Estados Unidos estaba instalando bases en Colombia para respaldar la política belicosa de Álvaro Uribe, y estar a tiro de piedra de Venezuela, y resulta que es una maniobra de despiste: en realidad están invadiendo el país, sin disparar un tiro y con el consentimiento del engañado presidente. Y cuando se descuide, derrocarán a Uribe, lo detendrán y lo entregarán al Tribunal Penal Internacional
¿Que otra cosa puede hacer el Nobel de la Paz en un sitio así? Por mucho menos de lo que pasa allí, han bombardeado ciudades, ocupado países y capturado dirigentes. Por eso pienso que en realidad Obama está haciéndole la cama a Uribe, para acabar con un presidente que es un peligro para sus ciudadanos y para los países vecinos. Incluso el anuncio, esta semana, de que fortalecerá los lazos comerciales, es sólo para que se confíe y sea más fácil atraparlo.
Vale, ya sé que no, que es imposible. Pero es que lo de Colombia ya no sé por dónde cogerlo. Creíamos que ya habían tocado fondo, con el ejército y los paramilitares limpiando territorios con la excusa de combatir a la guerrilla; los derechos humanos pisoteados; el asesinato de opositores, sindicalistas, periodistas y activistas sociales; y todo ello aliñado con toneladas de cocaína. Pues por si todo era poco, ahora se confirma la política sistemática de “falsos positivos” –civiles asesinados y presentados como guerrilleros para cobrar recompensa-; y aparecen fosas comunes repletas de cadáveres.
Imagínense una sola fosa, pequeñita, aparecida en Venezuela. Ya estaría la Cuarta Flota en camino. Pero la manga ancha con Colombia sigue estirándose. Cualquier día se rompe.
“De momento la tasa de paro está por debajo del 19%, tal y como preveía el gobierno, aunque no sea un triunfo.” -Celestino Corbacho, ministro de Trabajo-
Recuerden el poema de John Donne, célebre desde que Hemingway lo tomó prestado para titular una de sus novelas: “Ningún hombre es una isla (…) La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad. Así que nunca preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti.”
Tras conocer la EPA, y ver hasta dónde ha llegado el paro en el último año, con más de cuatro millones de parados, los trabajadores bien podríamos parafrasear esos versos sin que pierdan su sentido original: “El despido de cualquiera me disminuye, porque estoy ligado a la clase trabajadora. Así que nunca preguntes por quién dobla la EPA. Dobla por ti.”
Los que tras el último parte de bajas seguimos en pie, los que no hemos perdido el trabajo en lo que va de crisis, no podemos respirar aliviados. El paro nos afecta a todos. Cualquiera puede ser el próximo, pero además, la existencia de cuatro millones de parados es un daño colectivo, una bomba social de la que nadie sale indemne. Por mucho que el empleo se recupere dentro de tres o cuatro años, nada volverá a ser lo mismo.
Lo he dicho otras veces, perdonen que me repita: no hace falta que empresarios y sindicatos acuerden una reforma laboral, ni que la decrete el gobierno. La verdadera reforma la está haciendo el paro, que va a dejar secuelas sobre varias generaciones de trabajadores. Tanto por la precarización aún mayor, como por la caída en la economía sumergida de muchos, y sobre todo por el miedo al paro que pesará sobre todos a la hora de aceptar las lentejas que nos pongan delante.
El paro no es un problema sólo de los parados, aunque por supuesto lo sufran más que nadie. Todos estamos ya en la cola.
“Contra la corrupción se lucha en los juzgados, y no en la calle y los medios de comunicación contra todo un pueblo.” -Comunicado del PSOE de Seseña-
Lo de Seseña, el enfrentamiento entre el alcalde Manuel Fuentes y el constructor conocido como El Pocero, Francisco Hernando, daría para una comedia. Algo de neorrealismo italiano, a la manera de aquellas peleas entre el cura Don Camilo y el alcalde Peppone, pero en versión castiza.
De entrada hay material jugoso para ello. Fíjense en los protagonistas: un alcalde comunista quijotesco que se opone al urbanismo salvaje de su pueblo. Un rey del ladrillo, self-made man de origen humilde y con ademanes de nuevo rico. Y una juez que pone fianzas millonarias y luego dice que se hizo un lío con los ceros. Todo ello ambientado en un pueblo manchego. ¿Qué no habría hecho el gran Berlanga con una historia así?
Pero aunque suene a chiste, la cosa no tiene ni pizca de gracia. Más bien al contrario: en un país en que a todos se nos llena la boca contra el urbanismo depredador, es una vergüenza la soledad del alcalde de Seseña, sometido a un interminable acoso judicial por parte del constructor, que suma una docena de querellas, con fianzas que obligan a abrir colectas entre los simpatizantes, y hasta alguna condena por calumnias.
Fuentes dice que él no se deja comprar –el anterior alcalde del PSOE, que permitió la macrourbanización, está acusado de corrupción tras multiplicar su patrimonio-, y que por eso le intentan callar sentándolo en el banquillo una y otra vez.
Para arroparle, y convertir Seseña en bandera contra la corrupción, Izquierda Unida ha convocado mañana una marcha a pie desde el pueblo hasta Madrid. El PSOE local la rechaza, porque dice que “estigmatiza” Seseña. Si ustedes no tienen miedo a las ampollas ni a los constructores, acompañen a este alcalde valiente.
“En 2009, con los líderes económicos en estado de shock, los gobiernos tomaron la iniciativa. Este año trabajarán juntos de nuevo.” -Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial-
¿Creían ustedes que la prometida refundación del capitalismo se quedaría en nada, en buenas palabras? Pues no. Una vez pasado el susto, los responsables de la cosa económica piensan ponerse en serio a reformar el sistema. A ello prometen dedicarse en Davos, donde el Foro Económico Mundial tiene este año por lema “Mejorar el estado del mundo: repensar, rediseñar, reconstruir”.
El problema es que Davos no parece el mejor escenario para una tarea así, siquiera para que sea tomada en serio. Pretender que los líderes reunidos en Davos rediseñen el mundo es como convertir una romería en un congreso de teología. Porque eso es lo que Davos ha sido durante muchos años: una romería del capitalismo, a la que acudían los triunfadores del mundo para pasar varios días celebrándose a sí mismos, en un ambiente de lujo, acompañados por famosos y líderes mundiales sonrientes, con una agenda llena de grandes temas que eran poco más que pompas de jabón.
Y claro, una romería siempre es una romería, y cuesta cambiar el paso. Aunque este año los participantes no se rían tanto –siempre pareció que se reían de nosotros, sí-, e impongan un perfil austero al encuentro, el cuerpo del romero no olvida los grandes momentos vividos allí, y en cuanto uno baja la guardia acaba dando palmas y abriéndose la camisa.
Frente a la romería de los poderosos, los ciudadanos tenemos nuestra propia fiesta popular: el Foro Social Mundial, que cumple diez años, y que a la sede de Porto Alegre suma otras por todo el mundo. En Madrid y Barcelona hay Foro desde hoy, y les aseguro que el programa es muy interesante. Ustedes deciden si prefieren ir a Davos o al Patio Maravillas.
“Desde el Grupo Popular haremos todo lo posible para que la Unión Europea reconozca la legitimidad del nuevo presidente” -Carlos Iturgáiz, eurodiputado del PP-
Bueno, pues ya está. En unas pocas horas Porfirio Lobo tomará posesión como presidente, el golpista Micheletti se retirará a descansar, y el derrocado Zelaya saldrá del país protegido por el presidente de República Dominicana. Y pelillos a la mar, aquí no ha pasado nada.
Las últimas semanas han sido intensas en Honduras: Micheletti decidió pasar a un segundo plano y evitar apariciones públicas, abandonando incluso la residencia oficial, pero sin renunciar al cargo. Antes, fue condecorado por el congreso por los servicios prestados, y nombrado diputado vitalicio (figura inexistente hasta ahora, y que le asegura inmunidad). El vicepresidente colombiano se entrevistó con Lobo para ofrecerle el “modelo de gobierno” de Uribe como guía a seguir. Y por último, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos denunció en un duro informe la represión de estos meses: muertos, detenciones, torturas y violaciones.
Ya ven, un fin de fiesta como se merece, donde no falta la amnistía a los golpistas, para dar paso a la “reconciliación nacional” que permitirá que los países reacios vayan sumándose al reconocimiento del nuevo gobierno que ya hizo Estados Unidos, cuyo papel en la crisis ha puesto las cosas fáciles a los golpistas.
Aunque nos cabree, todos nos olvidaremos de Honduras en unas semanas. Pero habrá quien no se lo quite de la cabeza fácilmente: todos aquellos que en América Latina ven lo sucedido como un precedente que abre nuevos caminos al golpismo continental. En un momento caliente como éste, los que estén tentados de pasarse la constitución por el forro no tienen más que aplicar el patrón hondureño. Ya saben a lo poco que se exponen, y todo lo que ganan a cambio.
“Ya tenemos un sistema penal durísimo: no hay ningún país en Europa con cuarenta años de prisión efectiva.” -Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de Interior-
Por lo visto la mejor manera de evitar que gane peso la ultraderecha es echarnos todos un poquito para allá, y ocupar el espacio que queda más a la derecha. Lo hemos visto en Vic, donde el alcalde decía asumir las propuestas del partido xenófobo para no darles argumentos. Ayer mismo Artur Mas proponía “abordar con claridad” la inmigración para “frenar el auge de partidos xenófobos”, y el PP volvía a pedir la cadena perpetua y el endurecimiento de la Ley del Menor.
Pero claro, si PP o CiU se corren un par de asientos hacia la derecha, el PSOE va detrás para ocupar el espacio que dejan: aprovechan para recordar que el año pasado incrementaron las expulsiones a inmigrantes, o lo larga y dura que es la cárcel en España.
Y digo yo: ¿dónde está esa extrema derecha cuyo inminente auge hay que frenar mediante la hábil estrategia de secarle el argumentario? Porque yo no la veo por ningún lado. Veo fachas, claro que sí: celebrando misas a Franco, calentando el fútbol, organizando manifestaciones xenófobas, y dando palizas. Pero no les veo capacidad de montar un partido con opciones, ni el sistema electoral lo permite. Como mucho, unos cuantos concejales aquí y allá.
Pero sobre todo, qué necesidad tienen los votantes más a la derecha. Como si no lo tuvieran claro ante la urna. Su opción electoral ha sido siempre el PP, donde tienen que tragarse algún Gallardón blandito, sí, pero que no les incomoda más de lo que molesta Bono a los votantes del PSOE más izquierdistas.
Así que, si todos echan un pasito hacia la derecha, no se justifiquen asustándonos con el coco. Tanto decir que hay que cerrar la puerta para que no entre el monstruo, y resulta que ya está dentro.
“Somos enormemente optimistas, y seguiremos invirtiendo para beneficio de nuestros usuarios y clientes, y de toda la red.” -Eric Schmidt, consejero delegado de Google-
¿Quién dijo crisis? Fíjense en el caso de Google. La compañía acaba de presentar resultados del último trimestre: sus ingresos aumentaron un 17%, y sus beneficios un 33% respecto al trimestre anterior. En todo el año sus beneficios crecieron un 54%, hasta los 4.600 millones de euros.
Cada vez que hacemos clic en el buscador, otra moneda cae en la hucha. Estaría simpático que adornaran su web con un contador que sumase en tiempo real sus beneficios. Para que se hagan una idea de la velocidad a que pasarían las cifras, en 2009 se embolsaron 150 euros por segundo (hablo de beneficios, no de ingresos, que sería mucho más).
Pues muy bien, dirán ustedes, que lo disfruten ellos que pueden. Pero hay quien no lo ve con tan buenos ojos. Al contrario, más bien con ojos envidiosos: todos aquellos sectores y empresas que están dejando de ganar con productos de los que Google se beneficia. Periódicos, editoriales, industria musical y cinematográfica, televisiones… Todos ven reducidas sus ventas, y sobre todo sus ingresos publicitarios, mientras el buscador crece y crece.
Hay que recordar que Google obtiene la mayor parte de sus ingresos por anuncios. Y mientras el mercado publicitario de los medios tradicionales cae año tras año, el número de anunciantes de Google, y el precio de los anuncios, suben. De ahí que muchos vean un trasvase de ganancias, y se planteen fórmulas para coger cacho. En Francia han propuesto cobrar una “tasa Google”; en Alemania los editores le han puesto un pleito; el magnate Murdoch dice que cerrará sus contenidos si no comparten ingresos, y así todos.
Sobra aclarar que todos los datos de esta columna los he buscado en Google. Clic, clic.
“El gobierno aplicará una política de línea dura: si algún haitiano es encontrado en alta mar, será llevado a Guantánamo” -Diana Hayne, portavoz del ejército estadounidense-
Ya que llevamos ayuda a los haitianos y les asistimos en la reconstrucción del país, podíamos aprovechar el viaje para civilizarlos un poco, rescatarlos del estado de salvajismo en que viven. Ya me entienden: enseñarles buenos modales, a hablar sin gruñidos, a comer con el tenedor y hasta a caminar erguidos. ¿O es que nuestra caridad se va a limitar al alimento y cobijo, con lo faltos que están de civilización?
¿Creen que exagero? Qué va. Me limito a dar por buena la imagen que los grandes medios internacionales han transmitido estos días: los haitianos como un pueblo salvaje, atrasado, embrutecido, proclive a la turba y el linchamiento, que saquea ruinas y vacía los bolsillos de los cadáveres, además de propensos a la violencia por su naturaleza.
¿Que no se ajusta a la realidad? Sí, yo también he leído testimonios de miembros de los equipos de rescate, ONGs y hasta periodistas que subrayan el carácter tranquilo de los haitianos en momentos tan dramáticos, lo esporádico de los actos violentos (menos que antes del terremoto), su organización espontánea para el rescate y suministro, la dignidad que les hace pedir trabajo antes que limosna, y cómo los vecinos comparten lo poco que tienen con los que han perdido todo.
Sin embargo, la imagen mediática insiste en el caos, el pillaje, la inseguridad y la violencia, a la vez que nos recuerda que son un pueblo de esclavos emancipados que practican el vudú. Lo que se lee entre líneas es: ¿cómo no van a vivir en la miseria, si apenas han salido de la selva? Así nos convencemos de que necesitan soldados yanquis que los metan en cintura. Y hasta sacerdotes que los evangelicen, si me apuran.
“Dar caña a los bancos se ha convertido este año en el deporte favorito de los políticos en todo el mundo.” -Stephen Roach, presidente de Morgan Stanley en Asia-
Cuanto más cae la popularidad de Obama en Estados Unidos, más aumenta en Europa, y particularmente en España. Yo no pienso jugar otra vez el papel de aguafiestas, así que hoy me uno a la hinchada y aplaudo el guante lanzado por Obama a los grandes bancos, a los que amenaza con poner derechitos, ya que no han sido capaces de regularse ellos solos.
Pienso hacerme una camiseta con sus palabras del otro día: “Si estos tipos quieren pelea, la van a tener.” Para ello, reciclaré otra camiseta que ya no me sirve: la de su discurso contundente sobre la reforma sanitaria en septiembre (“No soy el primer presidente que quiere reformarla, pero estoy decidido a ser el último”), ya que tras la derrota en Massachusetts se está planteando aparcar una reforma que se decía histórica -y eso que ya salió requetepeinada del Senado-.
En el armario guardo otras camisetas que me hice con otras proclamas admirables: el cierre de Guantánamo, la paz en Palestina, la restitución de Zelaya, el fin de los paraísos fiscales… Pese a sus incumplimientos, yo mantengo la ilusión. Ya he leído en la prensa económica a analistas comentando lo vago de la propuesta, lo improbable de su tramitación tal cual, y lo fácil que sería para los bancos esquivar esas regulaciones (podrían reclasificar las transacciones, sugiere un experto en el Washington Post); pero mi fe lo resiste todo.
Hay quien ve en sus palabras contra la banca sólo un discurso populista para contentar a los muchos norteamericanos que han perdido trabajo y casa, y que hoy ven cómo los bancos se lo vuelven a llevar crudo. Qué malpensados. Ya veremos quién ríe el último, cuando el año que viene se lleve el Nobel de Economía.
“Si Guadalajara ha sido muy solidaria en lo nuclear, El Ejido lo es en viveros y Benidorm en turismo. ¿Qué hay de malo?” -Juan Pedro Sánchez, alcalde de Yebra-
No entiendo las reticencias para la instalación de un almacén de residuos nucleares en algún municipio. Si, como asegura el ministerio de Industria, la instalación será totalmente segura y no dará problema alguno a su entorno, ¿dónde está el inconveniente? Y encima, el que acepte quedarse la basura radioactiva se llevará setecientos millones en inversión y un puñado de puestos de trabajo.
Sin embargo, ya ven: en los pocos pueblos que se lo están pensando, hay división política y rechazo vecinal. Y en el caso de Yebra, la secretaria general del Partido Pronuclear ha amenazado con sanciones al alcalde por presentar la candidatura. ¿Es que el PP flaquea en su defensa de la energía nuclear? ¿O hay algo que no nos han contado?
Lo del almacén nuclear es como aquello que se decía del trabajo, que si fuese algo tan bueno como aseguran, se lo quedarían los ricos. Pues lo mismo el almacén: si fuese el chollo que dice el gobierno, completamente seguro y creador de riqueza y empleo, se lo disputarían las capitales y se lo acabaría quedando Madrid. A falta de Juegos Olímpicos, un pozo lleno de mondas nucleares. Tal vez por eso el gobierno sacó la convocatoria la víspera de nochebuena, para que sólo se enterasen unos pocos y no hubiese peleas por llevarse el regalo.
Además, no es cierto que un almacén de residuos espante inversiones y turismo. Si como dicen habrá cientos de transportes peligrosos procedentes de las centrales y de Francia –donde en su día colocamos cien toneladas que hay que recuperar-, los restaurantes se forrarán con menús para camioneros. Y los ecologistas que organizan manifestaciones contra esos transportes, algo de gasto harán en el pueblo, ¿no?