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Aquí hay menos libertad que en Honduras

31 may 2010

“Para subir en la lista un país debe tener bajos impuestos, menos barreras al comercio, y confiar en los mercados más que en los procesos políticos.” -Ranking de Libertad Económica en el Mundo del Cato Institute-

 

La semana pasada se presentaron dos informes sobre la situación del mundo que coincidían en dar un tirón de orejas a España. En ambos se usaba la palabra “libertad”. Y hasta ahí llegan las coincidencias.

Uno de ellos hablaba de libertad, sí, pero “libertad económica”. Se trata del índice que el Cato Institute, un think tank neoliberal estadounidense, elabora sobre la libertad económica en el mundo. Ya imaginan lo que entienden por tal: poco peso del Estado, desregulación, libre comercio, flexibilidad laboral, etc. Según este ranking, estamos en el puesto 39 de 141 países, en una lista que encabezan Hong Kong y Singapur, y donde estamos por detrás de algunos países de nuestro entorno, pero también de los Emiratos Árabes, Kuwait y Honduras. Según el informe hemos perdido varios puestos, somos un país menos libre. Una tragedia, ¿verdad? En España lo presentó Díaz Ferrán, y con eso está todo dicho.

El segundo informe, muy distinto al anterior, es el de Amnistía Internacional sobre el estado de los derechos humanos en el mundo. Ellos no hacen ranking, pero sí nos llaman la atención por varios asuntos, sobre todo las torturas y malos tratos policiales, con 230 denuncias el año pasado.

El retrato del mundo que hace Amnistía Internacional es muy diferente del que hace el Cato Institute. Sería interesante cruzar ambos informes para observar el contraste, y percibir la distancia que puede haber entre la libertad económica y las libertades efectivas. Así descubriríamos cuánto cuesta, en términos de derechos humanos, la preciada libertad de mercado. Algunos países están bien situados en ambos informes, pero en muchos la relación es inversa: campeones de la libertad económica que son liberticidas en todo lo que no sea mercado.

En el caso de España, hay un aspecto donde según el Cato somos especialmente enemigos de la libertad: el mercado laboral, cuya “rigidez” nos deja en los puestos bajos del ranking. Se entiende así la insistencia del FMI y compañía para que hagamos una reforma laboral. Están preocupados por nuestra libertad.

La gota china de la reforma laboral

30 may 2010

“Es urgente una revisión radical del mercado laboral, una reforma ambiciosa y amplia para evitar perder una oportunidad histórica.” -Informe sobre la economía española del FMI-

 

Como ya parece seguro que no nos libraremos de la reforma laboral, que con acuerdo o sin acuerdo de la próxima semana no pasa, me he entretenido mirando la hemeroteca para ver cómo hemos llegado hasta aquí, cómo han conseguido, si no convencernos, sí al menos que veamos esa reforma como inevitable a estas alturas.

Como ayer recordaba, el diálogo social que ahora concluye arrancó hace casi dos años, en junio de 2008. Entonces, aunque la patronal y sus comparsas repetían la misma canción de siempre, tanto Gobierno como sindicatos insistían en que no había ninguna reforma laboral a la vista, y que el coste del despido no estaba sobre la mesa.

Eran otros tiempos, es verdad: la crisis sólo asomaba la patita, la burbuja aún aguantaba, y el PIB no caía, sólo se desaceleraba. Y sobre todo había dos millones de parados menos. A partir de ese momento, fue sentarse a la mesa y empezar el raca-raca de la reforma laboral, sin hablar de otra cosa. La situación económica se fue deteriorando, cierto. Pero si van a la hemeroteca verán que ese deterioro no ha sido tan decisivo como la labor propagandística para crear la necesidad de una reforma laboral.

Hemos sido sometidos a una tortura equiparable a la gota china: ya saben, la gotita que cae machacona sobre la cabeza del reo durante meses, hasta agujerearle el cerebro si no enloquece antes. La gota china de la reforma laboral ha sido constante: plop, plop, plop, reforma, reforma, reforma, una semana y otra y otra, expertos, institutos, organismos internacionales, gobernador del Banco de España, ministros y comisarios europeos insistiendo en la misma idea.

Y sin embargo, todavía somos muchos los que no tragamos con la inevitabilidad de una reforma del mercado de trabajo, por pesada que sea la gota, y nos resistimos a aceptar que sea imprescindible y urgente para salir de la crisis. Tal vez por eso hay quien apuesta por abrir más el grifo, y probar otra tortura más rápida: el waterboarding, el ahogamiento simulado. Vía decreto nos pueden meter la reforma de un manguerazo. A riesgo de que más de uno se ahogue.

El ‘ménage à trois’ que no pudo ser

29 may 2010

“Lo más importante no es que haya acuerdo o no, sino que de alguna manera, bien por acuerdo o porque el Gobierno goberne, se haga la reforma.” -Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE-

 

Lo de montar un trío es una vieja fantasía de algunos, pero a la hora de la verdad suele terminar fatal. Para que un trío funcione debe ser un tríangulo equilátero. Pero en la práctica siempre hay dos que se lo acaban montando por su cuenta y echan al tercero de la cama. Más o menos lo que parece hoy el diálogo social, en su recta final: los sindicatos esperaban un ménage à trois con el gobierno y la patronal, y ahora sospechan que estos dos se la están pegando por detrás.

El diálogo social puede acabar en encerrona, tras dos años a tirones: el ultimátum del Gobierno a los negociadores para que lleguen a un acuerdo de inmediato, o de lo contrario lo hará por decreto, va más bien dirigido a una de las partes, la sindical. Sólo hay que ver cómo han respondido los empresarios al ultimátum: están encantados, y animan al Gobierno a legislar.

Uno piensa: ¿por qué se metieron los sindicatos en esa cama? ¿Acaso no sospechaban que acabarían siendo los cornudos del triángulo? ¿No son ya mayorcitos para saber de qué hablamos en España cuando decimos reforma laboral?

Podemos creer que a los sindicatos los llevaron al huerto con promesas de amor y palabras bonitas, y que han pecado de inocentes. Basta echar un vistazo a cómo empezó el diálogo social, hace casi dos años: en junio de 2008 el presidente del Gobierno citó a patronal y sindicatos en Moncloa ofreciéndoles su dormitorio para intimar. Sólo un mes después, las tres partes fijaron la llamada “hoja de ruta” de la negociación, al firmar una “Declaración para el impulso de la economía, el empleo, la competitividad y el progreso social”, donde por supuesto todo era blanquísimo, sin mención alguna a la reforma laboral, ya que fijaba otros temas para hablar.

Pero una vez en la cama, los empresarios no tardaron en pedir lo de siempre, “anda, déjame que te flexibilice un poquito, tontín, que no te va a doler”, y hasta aquí hemos llegado. Ya se sabe: quien con la patronal se acuesta, reformado se levanta. Y pese a todo, dicen que los sindicatos lucharán por salvar la relación hasta el último momento.

Voy a destriparles el final de Camps

28 may 2010
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“Usted se ha acogido al Código Penal. Yo me cojo a la Senyera y a mis conciudadanos para seguir trabajando por el futuro de esta tierra.” -Francisco Camps, presidente del Gobierno valenciano-

 

A fuerza de enredarse la madeja del caso Gürtel, cada día nos parece más inverosímil la supervivencia política de Camps. Todos nos preguntamos cómo es posible que siga vivo, que haya llegado hasta aquí, y nos parecen increíbles sus risas y sus confesiones de felicidad. Nadie se lo explica, ni en su propio partido. De manera que todos esperamos al último capítulo para encontrar las claves y entender su comportamiento.

Pues bien, yo sé el final del culebrón, sé por qué actúa así Camps. Antes de contarlo, advierto a quienes estén enganchados a la serie, pues voy a destripar el final (eso que llaman spoiler). La solución es fácil, incluso previsible: Camps se comporta así porque en realidad ya está muerto. Políticamente muerto, se entiende.

Entiendo la decepción de quienes han seguido la trama capítulo a capítulo, y esperaban un desenlace más original. Es lo que ha pasado a muchos fans de la serie Perdidos, al descubrir que al final estaban todos muertos. Un argumento clásico, muy visto ya en el cine y la literatura: un protagonista al que ocurren cosas imposibles, inexplicables, en una trama que se enreda de tal manera que sólo caben dos salidas posibles: o todo es un sueño (como le pasa a Alicia), o el protagonista estaba muerto y no lo sabía (como en Los otros o El sexto sentido, por citar dos ejemplos del cine, o Pedro Páramo en literatura).

En el caso de Camps, descartamos que todo sea una pesadilla y pueda despertar en cualquier momento. Así que sólo queda la otra opción: Camps es un cadáver político desde hace meses, y por eso actúa así. Sólo tengo dos dudas: si quienes le rodean lo saben, y si él mismo lo sabe. En cuanto a lo primero, parece que sí, pues en su partido lo ven como un fantasma, e incluso muchos ya ni lo ven. Y en lo segundo, a diferencia de esos héroes que no saben que están muertos hasta la revelación final, yo estoy seguro de que Camps se sabe muerto, pero disimula. Por eso agarró ayer la bandera: para que lo amortajen con ella, no sea que para el entierro le quieran poner uno de esos desgraciados trajes.

Sin endeudarse, luce menos ser alcalde

27 may 2010
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“No vamos a rendirnos a la crisis. Vamos a plantarle cara con los recursos de los que Madrid se ha dotado en estos años.” -Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid-

 

Vaya faena eso de que los ayuntamientos no puedan endeudarse. Yo que pensaba presentarme a alcalde, que me hacía ilusión, y ahora se me han quitado las ganas. Ya me fastidiaba haberme perdido los años dorados del ladrillazo. Y hasta me resignaba a no colocar una primera piedra de AVE o aeropuerto tras el recorte en infraestructuras. Pero si encima no voy a poder endeudar al municipio, ¿qué me queda? ¿Con qué cara me presento ante los vecinos si no puedo prometerles un gran túnel, un puente colgante o un evento mundial del que ser sede? ¿Con qué voy a ilusionarlos? ¿Con guarderías y equipamientos para los barrios? ¡Venga ya! Esas cosas también cuestan dinero, y no lucen tanto.

No son los ayuntamientos quienes han provocado esta crisis, es cierto. Pero muchos se pusieron espléndidos en los años felices, y hoy se ven con la caja vacía y rodeados de vecinos necesitados. Entonces había dinero, mucho dinero, pero las prioridades eran otras: no tanto mejorar la vida de los vecinos como “modernizar”, “transformar”, poner “guapa” la ciudad. No necesitan hacer memoria, basta dar una vuelta pues todo sigue ahí: edificios singulares (palacios de congresos, museos, puentes, todos de autor) cuyos altos presupuestos sumaban sobrecostes; estadios y pabellones para grandes eventos que como llegaron se fueron; tranvías, túneles, puentes, y por supuesto candidaturas a ser sede de todo lo que se pusiera a tiro.

Todo muy bonito, premiado y fotografiado, pero también infrautilizado, de mantenimiento carísimo, y sin relación entre lo gastado y el beneficio para los ciudadanos. En Madrid, ya lo he contado otras veces, tenemos M-30 subterránea, caja mágica, noches blancas y alfombras azules en la Gran Vía; pero mis vecinos tienen que llevar a sus hijos a la guardería a las siete de la mañana. Y quien dice Madrid dice otras ciudades, como Sevilla, donde van a comerse con patatas el Metropol Parasol.

Hubo dinero, pero las prioridades de gasto eran otras. Hoy que no hay dinero, nos tememos las prioridades de recorte.

Doncellas, no. Trabajadores y jubilados, sí

26 may 2010

“La reforma de las pensiones es esencial. Incluso puede estimular la demanda, ya que si la gente se jubila más tarde puede consumir algo más. -Olivier Blanchard, Economista Jefe del FMI-

 

Como en aquel viejo chiste, si yo les cuento que tengo un plan para exterminar judíos, negros, homosexuales y dentistas, ustedes me preguntarán: ¿y por qué a los dentistas? De entrada, la inclusión de los otros tres colectivos les parecerá algo más lógico, propio de un plan de exterminio. Les horrorizará y me denunciarán, sí; pero no les extrañará tanto como matar odontólogos.

Pues lo mismo pasa con los muchos oráculos que recomiendan planes de ajuste, reformas drásticas y sacrificios. Si el FMI, el gobernador del Banco de España, el experto de turno o la vicepresidenta propusieran hoy “recortar las pensiones, los salarios, el coste del despido y el largo de las faldas”, todos exclamaríamos sorprendidos: ¿Y por qué el largo de las faldas?

Me dirán ustedes: “No vale el ejemplo, pues el largo de las faldas no tiene nada que ver con la crisis ni con ningún tipo de medida para recuperar la economía.” Ah, cayeron en la trampa. ¿Es que acaso las pensiones, los salarios o el coste del despido tienen algo que ver con esta crisis, con su origen o con su solución?

Ése es el aro por el que hemos pasado todos, con más o menos resistencia. A fuerza de machacar los mismos mensajes, hemos acabado asumiendo esa relación, aceptando como inevitable que algo habrá que reformar en lo laboral y social. Por supuesto protestaremos, y pelearemos para que las reformas sean lo menos dolorosas posible; pero partimos de la aceptación de que para salir de la crisis hay que hacer ese tipo de reformas, y que inevitablemente serán dolorosas. Caemos en la trampa, y aunque nos opongamos, lo hacemos en su terreno de juego, con sus reglas.

En Noticias, el libro de Santiago Alba que ya les recomendé, el presidente de la Reserva Federal anuncia que la salida de la crisis exigirá el sacrificio de diez mil doncellas diarias durante varios meses, para así recuperar la actividad financiera. Es un disparate, sí, pero ¿no deberíamos pensar lo mismo cuando proponen sacrificar trabajadores y pensionistas para salir de la crisis?

Rezando para ganar (o perder) el Mundial

25 may 2010
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“La gente está esperando algo bueno del Mundial. Tal y como van las cosas en nuestro país, tenemos que hacerlo bien y traerles algo de alegría.” -Giorgos Karagounis, capitán de la selección de fútbol de Grecia-

 

No me interesa lo más mínimo el fútbol, pero esta vez estoy deseando que España gane el Mundial. No por patriotismo, ni por dar gusto a mi futbolero padre, sino por todo lo que me embolsaré si se traen la copa: el ordenador, la tele y el GPS que acabo de comprar me saldrán gratis, varios comercios del barrio me devolverán el importe de mis compras, acumularé descuentos en el súper y la gasolinera, y el banco me subirá un punto la rentabilidad del depósito balompédico que acabo de contratar.

Quedan poco más de dos semanas para que empiece el Mundial, y el fútbol va ocupándolo todo. Y no sólo en la publicidad, que intenta vendernos cualquier cosa con la camiseta de la selección.

Decía el ABC hace dos días que los sindicatos están calendario en mano buscando fechas por si convocan huelga general, y que lo tienen difícil con tanto partido de fútbol como se avecina. La noticia, tal como estaba contada (“Los sindicatos supeditan la huelga general al Mundial de fútbol”) sonaba a pulla contra UGT y CCOO, pero me temo que tiene un fondo de verdad: dentro de un mes la mayoría estará más pendiente de la pelota que de los recortes sociales o la reforma laboral.

Lo sabe también el gobierno, que habrá incluido la variable futbolera en sus cálculos políticos. De entrada, gana un mes de tranquilidad, que no hay como el circo (perdón, el fútbol) para apaciguar los ánimos. Y si encima la selección triunfa, qué más quieres: se arregla todo, la crisis, el diálogo social, el Constitucional y lo de Garzón, ya verán.

Eso sí, como España haga lo de otras veces, y caiga a las primeras de cambio, la depresión nacional puede ser histórica, con tantas expectativas como hay. Entonces sí que montamos una huelga general y exigimos elecciones anticipadas, que con la que está cayendo sólo faltaba que nos quiten esa última ilusión.

Así visto, me da que hay españoles poniendo velas para que España no gane el Mundial. Y no me refiero sólo a esos vendedores que tendrán que devolverme el importe de la compra.

Por fin alguien planta cara ¿a los mercados?

24 may 2010
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“Un paso más en la política de liberalización de la economía que ha permitido que Madrid aproveche como ninguna región su margen de competencias.” -Ley 8/2009 de Medidas Liberalizadoras de la Comunidad de Madrid-

 

¡Notición! Acabo de enterarme de que la Comunidad de Madrid, a instancias de la Unión Europea, ha decidido meter en cintura a los mercados. Por fin alguien se decide a actuar contra ellos. ¿Quién dijo miedo? Ah, no, esperen, que no leí bien: Van a actuar, sí, pero no contra los mercados… Sino contra los mercadillos. Ya me parecía.

Resulta que los comerciantes de la venta ambulante, los mercadillos de toda la vida, están en pie de guerra pues desde Europa vienen aires de cambio en su actividad, y no precisamente para mejor. La famosa directiva Bolkestein sobre liberalización de servicios sigue pasando como un rodillo por todo tipo de sectores. Ahora le toca a los mercadillos, que deberán adaptarse a la nueva norma, lo que implica requisitos que pueden echar del sector a los vendedores de toda la vida.

La adaptación corresponde a ayuntamientos y comunidades autónomas, y cada uno lo está haciendo a su manera. En Madrid la directiva ha encontrado el entusiasmo habitual del gobierno de Esperanza Aguirre, que saliva en cuanto oye hablar de liberalización de servicios. Los vendedores se plantaron el jueves ante su despacho para protestar por la nueva ley autonómica, que puede dejar sin licencia a muchos y poner los mercadillos en manos de otro tipo de empresas.

Soy comprador habitual de mercadillo, y en el dominical de mi barrio ya he visto carteles de protesta. La amenaza de cambios les llega en el peor momento, pues la crisis se nota en ellos, y mucho. Según pasan los meses he visto cómo aumentaban los vendedores irregulares, los que no tienen puesto y ofertan su mercancía en cajones, con un ojo pendiente de la inminente llegada de la policía para salir corriendo. Ya son tantos que apenas se puede andar por los pasillos, y se extienden también por los alrededores.

Cada vez que oigo hablar de “los mercados”, ésos que atemorizan a los gobiernos europeos, me acuerdo de estos otros mercados, humildes y populares, cuya supervivencia está en peligro. Y todos perdemos.

Lo que Google sabe de ti

23 may 2010
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“Internet ha creado un montón de datos que ahora son públicos y semipúblicos, y antes no lo eran. Es un tema muy complejo.”-Eric Schmidt, consejero delegado de Google-

 

Si, como suele decirse, la información es poder, estaremos de acuerdo en que Google se ha convertido en una empresa muy, pero que muy poderosa. Su actividad, su negocio, es la información, y con sus sucesivas aplicaciones y productos ha ido acumulando una enorme cantidad de información.

En realidad no sabemos cuánta, pues según crece y se extiende su negocio, se multiplican las posibilidades de captar información. Lo que acabamos de conocer, por ejemplo, sobre la captación de datos con el ‘street view’, es algo que si nos lo cuenta un amigo, pensamos que es paranoia: que un coche vaya por las calles fotografiándolo todo ya es de por sí mosqueante, pero a estas alturas lo damos por bueno. Pero que encima ese coche vaya copiando datos de las redes wifi que se encuentra a su paso, ya parece demasiado, propio de una mente conspiranoide. Y Google es el mejor regalo para las teorías conspiranoicas, que lo asimilan al Gran Hermano.

Solemos decir que Google sabe mucho de nosotros, pero nunca nos paramos a pensar cuánto es ese “mucho”. Deténganse un instante y piénsenlo, al detalle: recuerden todo aquello que en la última semana han consultado usando el buscador. Pueden comprobarlo viendo el historial de navegación. Ahí está una parte de nosotros: nuestros gustos, obsesiones, fobias, caprichos, ignorancias, militancias, tentaciones. Y lo saben porque nosotros se lo hemos dado. Si además del buscador usan su servicio de correo, más información todavía, pues reconocen leer los mensajes para personalizar anuncios.

Google suele defenderse de las sospechas con dos argumentos: que la información se gestiona mediante robots, de modo que nadie la ve. Y que su negocio es la publicidad, que sólo le interesan los datos para su explotación comercial. Ninguno de los dos argumentos es muy tranquilizador, ¿verdad? E incluso en el caso de que Google fuese un dechado de bondad, cabría el riesgo de que toda esa información cayese un día en otras manos. Y no sigo, que ya me estoy dejando llevar por la conspiranoia.

Noticias ¿del otro mundo?

22 may 2010

“La apertura del juicio oral contra Javier Krahe supone una verdadera victoria en defensa de la libertad religiosa.” -Comunicado del Centro Jurídico Tomás Moro-

 

Pensaba escribir sobre el juicio a Javier Krahe por cocinar un cristo, pero de repente dudo: ¿lo he leído en el periódico, o en el último libro de Santiago Alba Rico, Noticias? Ah, seguro que es cosa de Santiago, otra de esas noticias fantásticas que llenan su libro. Tiene toda la pinta de ser inventada: una asociación ultracatólica que se hace llamar Tomás Moro, un cantante humorista, un cristo untado con mantequilla y metido al horno, y un juez que aprecia un “delito contra los sentimientos religiosos.” No puede ser cierto, me repito: se la ha inventado Alba Rico, como tantas noticias imposibles, fantásticas, delirantes y poéticas que incluye en su libro.

Pues no, no es una broma, lo he leído en la prensa. Lo que demuestra, una vez más, que la sorpresa que nos provocan las antinoticias inventadas por Alba Rico es muy similar al estupor que sentimos tantas veces ante lo que nos cuentan los medios. De manera que ahora ya dudo de si todo lo que he leído en su libro es fabulación, o si nos ha colado noticias “reales” que son tanto o más disparatadas.

Hagan la prueba, lean este gran libro: verán cómo en sus páginas, bajo esa apariencia de fantaperiodismo, hay más verdad y más realidad que en el telediario. Y descubrirán que, aunque al principio parece una colección de recortes sacados de la prensa de otro mundo, de una realidad paralela al otro lado de un espejo carrolliano, es al contrario: se trata de noticias de este mundo, de este lado, y son los grandes medios los que parecen vivir en otra dimensión.

La apuesta de Alba Rico es subversiva: dado que los medios, más que reflejar la realidad, crean su propia realidad, él acepta el reto y se dedica a fabricar realidad mediáticamente, con una colección de noticias imposibles que actúan como reverso de las informaciones que consumimos a diario.

No se pierdan Noticias. Está lleno de dolor, violencia e injusticia, pero también risa, belleza, amor, sueños, poesía, esperanza, libertad y lucha. Todo aquello que aún resiste, y que nos permite resistir.