Los sindicatos son unos… unos… ¡terroristas!

20 Sep 2010
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“No se va a recortar ni un solo derecho sindical, pero no podemos mantener una aristocracia sindical a costa del dinero de los madrileños.” -Francisco Granados, Consejero de Presidencia de la Comunidad de Madrid-

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Empieza una nueva semana, penúltima antes de la huelga, y estoy deseando ver con qué nos sorprende el piquete mediático antisindical. Algo deben de tener ya preparado para continuar la campaña antihuelga, que sólo puede ir a más.

Me espero cualquier cosa, pero les va a costar superar el listón de la semana pasada, que fue de traca: cuatro diarios nacionales y dos económicos dedicaron portadas a todo tipo de noticias sobre el lado oscuro del sindicalismo. Empezaron con los liberados, que dieron para unas cuantas tertulias, y a partir de ahí ya no pararon: sobresueldos de los dirigentes sindicales, millones en cursos, salarios de miseria para sus empleados, negocio con los ERE y las pensiones, y la guinda, el último petardo del castillo de fuegos: el viaje en crucero de Fernández Toxo y señora, ilustrado con fotos de la feliz pareja a bordo.

La guerra sucia antisindical no es moco de pavo. Y la locomotora ya no puede parar. Más madera, que es la guerra. O más mierda. Deben de estar buscando por todas partes, a ver si encuentran un chanchullo, una contradicción, algo sospechoso: bajo las alfombras, en las hemerotecas, en el BOE, en archivos, en las publicaciones sindicales, y por supuesto en los cubos donde dejan la basura los sindicatos, a ver si encuentran algún diamante.

No descarten que alguno contrate una agencia de detectives: “Sigan a ese sindicalista, no lo dejen ni de día ni de noche, quiero saber con quién está y dónde, qué hace, qué come, qué compra, si se mete el dedo en la nariz o aparca en doble fila. Y tráiganme algo, lo que sea, una multa de tráfico, una amante, un chiste racista.”

No quiero dar ideas, pero me temo que ya sólo les queda lanzar contra los sindicatos la última acusación, la peor en estos tiempos: terroristas. Ya encontrarán algo, una firma en un manifiesto, una pegatina en el tablón de alguna sección sindical, un miembro de comité de empresa que hizo una broma en twitter. Cualquier cosa sirve para poder sacar la portada deseada en vísperas de la huelga: los sindicatos, cómplices del terrorismo. Ojalá me equivoque.