¿Crímenes de guerra en Irak? ¡Increíble!

26 Oct 2010
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“Condenamos que Wikileaks siga publicando información confidencial. Y desearíamos que los medios de comunicación no cooperasen con ellos.” -Philip J. Crowley, portavoz del Departamento de Estado de EEUU-

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Me he leído ya tres veces cada uno de los 400.000 documentos revelados por Wikileaks, y creo que todavía haré una cuarta lectura, porque sigo sin poder creérmelo. Imagino que ustedes sufrirán idéntica incredulidad. ¿Crímenes de guerra en Irak? ¿Asesinatos de civiles, torturas, soldados de gatillo fácil, mercenarios descontrolados? No puede ser, es inverosímil, no entra en nuestros cálculos.

Aunque valiente, la filtración –apenas la punta de un terrible iceberg- tiene el mismo valor informativo que si el telediario nos cuenta que el sol ha salido por la mañana y se ocultará al final del día. Nada que no supiésemos ya. Que no nos cuenten nada nuevo no quiere decir que no sea importante: su verdadero valor debería ser judicial antes que periodístico, como pruebas para llevar ante los tribunales a los autores y responsables. Y valor político: deberíamos tener una copia a mano para la próxima vez que alguien quiera llevarnos a la guerra.

Pero quienes peor parados salen de estos documentos no son los militares ni los gobernantes, sino los grandes medios de comunicación, todas esas cadenas de televisión, agencias y diarios de prestigio que durante estos años no han contado lo que hoy demuestra Wikileaks: que la guerra de Irak ha sido redundantemente sucia y criminal, que los civiles han sido masacrados una y otra vez, y que la impunidad ha sido la norma.

Los grandes medios han ignorado (o lo han contado cuando eran casos flagrantes) lo que todos sabíamos, lo que llevan años denunciando organizaciones de derechos humanos, activistas iraquíes y medios independientes. Por eso, a la vez que a gobiernos y militares también habría que exigir responsabilidades a quienes presumían de corresponsales sobre el terreno y fuentes privilegiadas.

Tradicionalmente estas filtraciones se hacían a los grandes periódicos, que disfrutaban así de exclusivas históricas –como los famosos Papeles del Pentágono-. Hoy esos mismos diarios se limitan a reproducir lo que publica una web, y los filtradores lo envían a Wikileaks antes que a ningún medio convencional. Por algo será.