El gatillazo del Papa

09 Nov 2010
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“En las calles había mucha gente, pero seguramente muchos otros se quedaron en casa para verlo más cómodamente por televisión.” -Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona-

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A la espera de que la empresa Lynce divida por diez el número de asistentes, parece confirmado que la visita del Papa a Santiago y Barcelona fue casi un bluf. Los cálculos de asistencia más generosos (de los anfitriones, que necesitan justificar el gasto con un éxito de público) son muy inferiores a las optimistas previsiones, y en ambas ciudades se vieron sillas vacías y pocas apreturas. Por no hablar del cabreo de los hosteleros a medio gas, y los comerciantes que llenaron sus vitrinas de bocadillos y llaveros conmemorativos que ahora tienen que comerse.

Y eso que no había que pagar entrada, y que la campaña publicitaria y las facilidades dadas garantizaron que ningún católico se quedase sin saber que el Papa venía, y además tuviera un autocar a su alcance. Pero nada, gatillazo, pese a que Ratzinger llegó con todo a su favor para triunfar.

El Papa se queja del anticlericalismo español, pero si desayunó el sábado con la prensa nacional y ha visto algo de televisión habrá comprobado que el anticlericalismo, de existir, tiene tan poca presencia mediática como institucional. No quiero pensar lo que habría pasado si hubiera sido recibido por un piquete mediático anticlerical comparable al piquete antisindical que precedió a la huelga del 29S.

¿Se imaginan? Varias semanas de noticias sobre los liberados de la Iglesia, subvenciones, patrimonio, negocios, beneficios fiscales, pasado turbio y escándalos varios. No habrían ido a verlo ni las cuatro monjas que tan diligentemente limpiaron el altar tras la unción, y que trapo en mano se sintieron realizadas justo después de que el Papa llamase a la realización de la mujer en el hogar y en el trabajo.

Si algo provoca sentimientos anticlericales en los ciudadanos es el discurso retrógrado de Benedicto XVI. Él solito se basta, con la entusiasta ayuda de la jerarquía española, para lograr que el catolicismo vaya a menos.

Eso sí: que nadie espere que este pinchazo de convocatoria llevará a los anfitriones madrileños de 2011 a revisar a la baja los 25 millones presupuestados. Probablemente lo aumentarán para garantizar el lleno.


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