¿A cuánto el kilo de democracia árabe?

01 Mar 2011
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“Si el precio de tener democracia y libertad en esos países fuese de 15 o 20 dólares por barril, lo pagaríamos encantados.” -Joaquín Almunia, Comisario Europeo de Competencia-

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En otra aplicación asombrosa del efecto mariposa, un joven tira una piedra contra el tirano a varios miles de kilómetros de aquí, y la pedrada acaba pegando en el surtidor de la gasolinera de nuestro barrio. Estos días estamos descubriendo que la lucha de los pueblos por su libertad tiene un precio, y que una parte de la factura nos toca pagarla a nosotros.

Lo que no sabemos es si esas revoluciones nos saldrán caras o baratas. Si como dijo ayer el comisario Almunia, la libertad de Túnez, Egipto, Libia y tal vez Argelia cuesta quince dólares por barril de petróleo, habrá quien piense que es barato, y diga como en el chiste del que pide un euro para un bocata: toma dos euros y me traes otro para mí; ponme otros quince dólares por barril y me liberas cuatro o cinco países más.

Aunque también habrá quien lo vea caro y diga que casi mejor se queden como estaban, oprimidos, que no es plan de que se nos dispare la gasolina o tengamos que ir más despacio por la autovía. Más que nada porque si el incendio se acaba extendiendo a otros países, igual la democracia nos acaba pareciendo demasiado cara.

Porque, ¿qué pasa si las revueltas llegan a las autocracias del Golfo? Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes o Arabia Saudi, primer productor mundial. Países que no sólo controlan el grifo, sino que además financian nuestra economía con sus alegres petrodólares, como la nada democrática Qatar, que echará una manita con las cajas de ahorro.

Me da que en países así lo que subiría los precios no sería tanto la inestabilidad momentánea como la desaparición de unos reyezuelos con los que hoy da gusto negociar. Si fuesen sus pueblos los que libremente decidiesen sobre sus recursos, igual ya no nos salían las cuentas, y veríamos muy cara su libertad.

Pasa lo mismo con países donde la ausencia de libertad permite producir a bajo coste y que nosotros consumamos barato. Empezando por China, claro. La libertad de esos países tiene un precio para nosotros. Y al revés, nuestro bienestar y consumo tienen un precio para sus habitantes. Y es un precio alto.

 


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