Todas las campañas duran noventa minutos

17 May 2011
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“De la misma manera que los partidos se ganan sobre el césped, las elecciones no se ganan con encuestas, sino en las urnas.” -José María Barreda, presidente de Castilla-La Mancha-

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Desde hoy martes ya no se pueden publicar encuestas electorales, así que los medios tendrán que buscar otra cosa para cubrir todas esas páginas que hasta ahora han llenado con gráficos y tablas; los electores seremos más libres sin que nos inciten o nos desanimen; y los políticos dejarán de lado los topicazos futboleros con que responden invariablemente a las encuestas: todos los partidos duran noventa minutos, hasta el pitido final no hay nada ganado, la única encuesta que vale es la del día de las elecciones.

Las interesantes son las que no vemos: las que hacen los propios partidos hasta el último día, con fama de infalibles y sobre las que diseñan su estrategia de campaña a diario. Las otras, las que encargan los medios, van destinadas a nosotros, los electores, a menudo con ánimo de condicionarnos.

Con o sin intención, con cocina o sin ella, las encuestas tienen influencia. Los expertos discrepan sobre el sentido de la misma, pero todos coinciden en que algún efecto tienen sobre los electores. La prueba de que no son inocuas es que está prohibida su difusión en los cinco últimos días.

El llamado “voto útil”, por ejemplo, no tendría tanta fuerza si no hubiese sondeos que advierten al votante de lo que puede ocurrir si se queda en casa o si opta por un partido pequeño. Del mismo modo, el bando abstencionista está lleno de votantes desanimados por las encuestas, convencidos de que su voto no va a servir para nada. En cuanto a los partidos minoritarios, con los sondeos son derrotados de antemano, pues para qué vamos a votar a quien no tiene opción ni de conseguir escaños.

De ese modo las encuestas aspiran a ser profecías de autocumplimiento, y a menudo lo consiguen, pues hay votantes que apuestan a caballo ganador, como hay otros que abandonan el barco al que pronostican naufragio. En otros casos, la demoscopia presenta un panorama tan contundente, que se le quitan a uno las ganas de intentarlo.

Estaría bien probar, aunque sólo sea una vez, unas elecciones sin encuestas previas. Igual nos llevábamos alguna sorpresa.