Cuando despertó, el alcalde estaba allí

23 may 2011
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“Los españoles, a la hora de votar el 22 de mayo, están pensando que ese voto valga para provocar un adelanto electoral.” -María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP-

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Bueno, pues ya pasó, ya está hecho y no tiene vuelta atrás. Hemos votado, han contado los votos y ya sabemos el resultado. Nos quedan días de lecturas políticas y análisis, pero cuando el debate se diluya quedará una realidad sólida: nuestras ciudades y comunidades tienen alcaldes y presidentes. En algunos casos, los mismos que ya estaban. En otros, inquilinos nuevos.

Con tanta campaña nacional, Bildu y acampada, y con tanta invitación a castigar a los unos, a los otros o a todos, se nos había olvidado de qué se trataba ayer: elegir quién administrará lo nuestro en los próximos cuatro años. De modo que hoy, cuando despertemos del sueño electoral, el alcalde estará allí, con su sonrisa de cartel y acariciando el bastón de mando.

Pero más que al dinosaurio del cuento de Monterroso (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”), el triunfante alcalde o presidente autonómico se parecerá a la desconocida que duerme a nuestro lado cuando despertamos resacosos tras una noche loca, sin recordar nada y con dolor de cabeza. “¿Qué hice anoche? ¿Quién es ésta? ¿Por qué tengo este tatuaje?” Que viene a ser: “¿Ése es mi alcalde? ¿Qué he hecho para merecer esto?” Muchos se llevarán hoy un disgusto, preludio de un resacón de cuatro años.

Seguramente las muchas distorsiones de una campaña que ha sido de todo menos municipal y autonómica ha beneficiado a alcaldes que no merecían ser renovados, a la vez que otros han pagado una culpa que no les correspondía y serán relevados por candidatos que en otro contexto no habrían ganado.

El resacón puede derivar en una jaqueca histórica. Porque ahora viene lo bueno, cuando pasada la campaña muchos inicien su mandato con lo que desde hace meses es un secreto a voces: no hay dinero, la caja está vacía, el agujero es mayor del reconocido, y hace falta meter tijera.

Y es que no hemos votado alcaldes o presidentes: hemos elegido a quienes empuñarán la tijera y decidirán por dónde cortar. Y encontrarte a una extraña en la cama tiene un pase. Pero que lleve una tijera en la mano es ya de pesadilla.

 


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