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Se acabó

24 feb 2012
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Ya sé que hoy es día de lamentar el daño a la pluralidad informativa, la pérdida de una voz crítica, la orfandad de tantos lectores o el hueco que queda en el lado izquierdo del kiosco cuando más falta hace tenerlo cubierto, en tiempos de ofensiva reaccionaria. Pero me permitirán que no gaste mi última columna en repetir tópicos, pues ninguno de ellos ha salvado el periódico, ni tampoco han sido esos lugares comunes y afectados los que han hecho posible que el diario esté en la calle cuatro años y medio.

Yo prefiero despedirme de esta columna con un reconocimiento a todos los que sí han mantenido en pie este periódico un día y otro durante estos años: los trabajadores de Público. Los compañeros periodistas, los compañeros de administración, así como los compañeros colaboradores, fotógrafos, dibujantes, articulistas. Si Público ha sido esa voz crítica que desde hoy echaremos de menos, ha sido por el trabajo de quienes hoy se quedan sin trabajo, y de los que han pasado por aquí en algún momento desde 2007.

Ni la independencia, ni la voz crítica, ni la libertad ni la valentía surgen espontáneamente por fundar una cabecera, ni aparecen de la nada porque así lo quiera la empresa o porque figuren en una declaración de principios. Hay que pelearlos día a día, dejándose horas, esfuerzo, nervios y no poca salud, atreviéndose a mirar donde otros no miran y a preguntar donde otros asienten; hay que dar la cara como la han dado todos estos trabajadores hasta el último día, incluidos estos dos últimos meses tan difíciles en que mantuvieron el periódico vivo, independiente, crítico, libre y valiente pese a la incertidumbre con que iban cada día a la redacción, pese a no cobrar durante semanas, pese a sentirse defraudados, y con razón.

Ya sé que el mundo no se acaba y, aunque no será fácil, todos nos buscaremos la vida, otro sitio donde seguir escribiendo, aquí o en Laponia. Seguramente costará mucho encontrar la libertad que aquí hemos tenido, pero la seguiremos peleando donde nos dejen.

Pero aunque sea un día negro, más de rabia que de tristeza, me resisto a pensar que ha sido en vano, que todo se perderá a la velocidad en que amarilleará el papel del último ejemplar de hoy. Estoy seguro de que Público deja huella, que no hemos fracasado, que todo este esfuerzo no ha sido inútil, y vendrán otros que usen esas huellas para continuar, para averiguar hasta dónde se puede llegar.

Hoy, además de lamentar lo que se pierde, toca seguir comprometidos con el periódico, también los lectores, para exigir que la salida de sus trabajadores sea en las mejores condiciones posibles, pues todo será poco para lo que merecen.

Otro día, si quieren, discutimos sobre qué hay que hacer (y qué no hay que hacer) para tener un medio crítico, y qué lecciones hay que aprender de Público. Hoy, como comprenderán, no tengo humor para ello.

Gracias, un fuerte abrazo y hasta pronto.

Mis previsiones económicas

24 feb 2012
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Como aquí hasta el último mono presenta sus previsiones económicas, no pienso yo ser menos. Aquí va la mía para 2012: la cosa pinta mal; hay crisis para rato; los parados pueden esperar sentados y el resto prepararse por si le despiden; no se venderá una escoba porque no hay quien la compre; el final de mes se adelantará otra semana; habrá más gente sin casa; trabajaremos más y cobraremos menos; seremos más pobres y desiguales.

Si les suena demasiado llana, la reescribo en lenguaje economicista: seguirá la recesión, el PIB caerá más, el desempleo crecerá y las medidas de ajuste deprimirán más la demanda. ¿Les vale, o necesitan también porcentajes? Como quieran: el PIB caerá un 2%, el paro llegará al 24,5%, el consumo privado bajará un 3%, y el déficit superará el 6%. ¿Necesitan un powerpoint?

¿De dónde saco estas previsiones? Pues de mi servicio de estudios, que es como mínimo tan fiable como los de Bruselas, el FMI, el Banco de España, la Funcas y los innumerables servicios y expertos. Todos ellos se equivocan una y otra vez, y no pasa nada, no sé por qué a mí me lo van a tener en cuenta. Además, mis previsiones están “sujetas a un grado elevado de incertidumbre”, que es la coletilla que siempre añaden para que disculpemos sus errores.

Las previsiones se equivocan una y otra vez, sí, y sin embargo son tenidas en cuenta por los gobiernos para elaborar sus presupuestos y planificar el ajuste. ¿Pero cuál es el huevo y cuál la gallina? El ajuste se basa en las previsiones, pero al final el ajuste deprime más la economía e invalida las previsiones, de modo que éstas se revisan, y la nueva previsión sirve para el nuevo ajuste, y etc. Aplicado a España: basándonos en una previsión, fijamos un objetivo de déficit del 4,4%. Como el esfuerzo nos hunde más, revisamos la previsión y corregimos unas décimas el objetivo de déficit, pero como éste no es menos duro que el anterior sino sólo proporcional al deterioro económico, volveremos a incumplir la previsión y el objetivo, revisaremos todo otra vez y vuelta a empezar. Y entre tanto, cada vez estamos más abajo.

La bondad de los bancos

23 feb 2012
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No entiendo la desconfianza que provoca el anuncio del ministro De Guindos de un código de buenas prácticas para la banca en materia de hipotecas. Sí, es verdad que todo queda a su buena voluntad, pero por eso no entiendo el recelo: ¿es que los bancos no tienen buena voluntad? ¿No les vemos capaces de un gesto bondadoso?

Como soy de natural confiado, me resisto a pensar que los banqueros carezcan de corazón. Así que acudo a las webs corporativas de las entidades, y ahí están: las pruebas de que no son tan malos como pensamos. Navegando encuentro que uno de los mayores bancos cuenta con un “código de conducta” y unos “principios éticos”, que publicita junto a una “política de derechos humanos”. Voy a otro banco, y encuentro varios documentos que explican su “compromiso con la sociedad” y su “compromiso en materia de derechos humanos”. Un tercer banco presume de contar con una “Política de Ética y Derechos Humanos”, y otro más asegura ser una “entidad comprometida” que se basa en unas “finanzas responsables”.

Si nuestros bancos cuentan ya -sin que se lo pida el ministro- con principios éticos, códigos de conducta y compromisos en derechos humanos, ¿por qué no iban a tener un gesto de bondad con las familias que peor lo están pasando?

Pues no, se ve que ni el ministro confía mucho en esa bondad, y por eso ofrecerá incentivos fiscales. A ver si al final el banco va a acabar deduciéndose por un dinero que en ningún caso iba a cobrar, pues hablamos de familias (sin ingresos) que nunca iban a poder hacer frente a la deuda; o acaba recibiendo incentivos por dar facilidades a las familias para quedarse (y seguir pagando) un piso que el banco no quiere ni en pintura.

Tras más de 300.000 ejecuciones hipotecarias y cientos de protestas, todo lo que tiene el Gobierno para las familias asfixiadas es un código de buenas prácticas. Imagino que lo próximo será un código de buenas prácticas para las empresas, para que apliquen con humanidad la nueva reforma laboral; y hasta un código ético para los antidisturbios valencianos. De cumplimiento voluntario, por supuesto.

 

Trece horas poniendo naipes

22 feb 2012
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Esos malditos griegos, no contentos con malgastar nuestro dinero, contagiarnos su crisis de deuda, poner en riesgo el euro y hacer que los pobres bancos renuncien a parte de lo prestado, además de todo eso hacen perder a los ministros europeos un tiempo precioso que bien podían emplearlo en arreglar sus propios países: trece horas duró la reunión del Eurogrupo.

¡Trece horas! ¿De qué pueden hablar los ministros durante trece horas, teniendo en cuenta que antes ya hubo contactos telefónicos, intercambio de papeles, reuniones preparatorias de técnicos y varias cumbres? Yo se lo explicaré: trece horas es lo que se tarda en levantar un enorme castillo de naipes y que te aguante en pie al menos un par de semanas. Al salir de la reunión los ministros contenían la respiración y cerraban la puerta despacito, para que no se cayese.

Dice la declaración resultante que con el rescate, la quita y el ajuste, la deuda griega se reducirá al 120,5% de su PIB en 2020. ¿Cuántas cumbres del tipo “Grecia y el euro se salvan en el último minuto” caben de aquí a 2020? ¿Cuántas reuniones de trece horas? ¿Cuántos nuevos planes de rescate en esos ocho años?

Lo previsible es que el nuevo castillo de naipes no aguante mucho en pie, pues se apoya sobre demasiados “si”: se cumplirá si todos los acreedores aceptan la quita, si el FMI aporta una suma importante, si el gobierno griego aprueba todos los ajustes y reformas exigidos, y el ‘si’ más importante e improbable: si la economía griega se recupera y empieza a crecer en un par de años, algo que nadie se cree, pues las propias exigencias del rescate son una condena a la recesión más profunda.

El castillo de naipes sólo tiene una parte sólida, de cemento: la pérdida de soberanía de Grecia, sometida a un control propio de país perdedor de una guerra: no podrá tocar un euro sin que lo apruebe la Troika, que se instalará permanentemente en Atenas; el dinero se destinará a los acreedores antes que a los ciudadanos; y los partidos se comprometen a aplicar el programa gobierne quien gobierne. Se entiende que los griegos no salgan a la calle a celebrarlo.

La olla empieza a soltar vapor

21 feb 2012
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Parece de justicia que las primeras cabezas abiertas de la crisis sean en Valencia, que los primeros puntos de sutura a manifestantes se cosan en el cuero cabelludo de valencianos. Tanto decir que esta comunidad es la Grecia de España por la situación de quiebra en que la han dejado años de corrupción y despilfarro, que lo esperable era que las primeras escenas atenienses se produjeran en las calles valencianas, aunque sea (por ahora) a pequeña escala.

También es de justicia que las primeras cabezas abiertas sean de estudiantes, y cuánto más jóvenes, más acertado: son ellos, los hoy adolescentes, las mayores víctimas de la crisis y las políticas contra la crisis. Mientras sus padres tienen más o menos resuelta ya la pensión futura, y sus hermanos mayores todavía pueden aspirar al mileurismo, ellos sufrirán de inmediato el deterioro del sistema educativo, para el día de mañana ser arrojados a un mercado de trabajo salvaje, con ofertas de empleo irrenunciables en Laponia.

Por supuesto, hay que condenar la violencia de estos muchachos. Porque lo suyo es violencia pura y dura, y merece jarabe de porra. Ya saben cómo va esto: cortar la calle es violencia; recortar el presupuesto educativo no es violencia; manifestarse sin autorización administrativa es violencia; hacer pagar a la comunidad educativa tu mala gestión de décadas no es violencia.

Quien no quiera verlo, que siga con los ojos cerrados, que piense que lo de Valencia son sólo un puñado de alborotadores, juegos de adolescentes que encuentran diversión en correr delante de la policía. Otros en cambio vemos en el pequeño estallido valenciano un chorro brusco de vapor que sale de la olla a presión en que están convirtiendo este país, con cada vez más colectivos cabreados, cada vez más gente al límite de su paciencia, y cada vez más ciudadanos que, como en Grecia, ven con desesperación que su protesta pacífica es desoída.

La temperatura de la calle está subiendo, y quien no lo vea y se entretenga en echar cuentas de manifestantes (como ayer Cospedal con las protestas del domingo pasado), acabará quemándose.

Menos cerebro, más alma

20 feb 2012
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Aparte de un país empobrecido y desigual, la crisis nos está convirtiendo en un país descerebrado: la “fuga de cerebros” va en aumento, para desgracia de nuestro futuro. Ya saben de qué hablo: la marcha de miles de investigadores a otros países, una emigración científica que irá a más en los próximos tiempos, a la vista de los recortes que ya afectan a todo tipo de instituciones y programas, y a la espera del tiro de gracia en los presupuestos generales.

La fuga llega tras unos años en que presumíamos de que por fin, tras una larga historia de atraso científico, nos subíamos al tren de la investigación, con nuevas promociones de estudiantes que no iban a pensar eso de que “investigar en España es llorar”, y sobre todo con el regreso a casa de unos cuantos cerebros ilustres que habían hecho su carrera allende, y a los que el gobierno español ponía alfombra roja y los recursos necesarios para que, en expresión de un ministro optimista, emulásemos en el terreno científico los éxitos de nuestros deportistas.

Pero está visto que la ciencia aquí es un lujo que sólo podemos permitirnos cuando nos sobra el dinero y no sabemos ya en qué gastarlo, en vez de un suelo firme sobre el que levantar ese nuevo modelo económico del que tanto hablan los gobernantes, tan amigos de pronunciar esas siglas mágicas, I+D.

Leo una noticia sobre la fuga de cerebros que comparte página con otra sobre la recaudación de la Iglesia Católica en el IRPF. El contraste es inevitable: mientras en cerebro flaqueamos, el alma está fuerte como un roble. El alma católica, se entiende, pues aparte de la engañosa casilla del IRPF (que los científicos proponen copiar, a ver si los contribuyentes están por el cerebro tanto como por el alma), la iglesia es una de las pocas instituciones, si no la única, que se salva de los recortes. Mientras para la ciencia no hay dinero, los obispos siguen recibiendo lo suyo (que es lo nuestro), vía impuestos, programas, ayudas, conciertos y las generosas exenciones fiscales de que siguen gozando.

Lo dicho: seremos un país sin cerebro, pero a alma no nos gana nadie.

Hoy, con los sindicatos

19 feb 2012
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Hoy toca salir a la calle contra la reforma laboral. Nos convocan los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO. Sí, los parásitos sociales que chupan de la teta del Estado; los que viven del cuento con sus miles (que digo miles, millones) de liberados que no han dado un palo al agua en la vida; los que llevan una vida de lujo, con sueldazos, cruceros y restaurantes caros.

Esa es, ya saben, la imagen de los sindicatos que resulta de la guerra sucia política y mediática, que redobla su fuego a discreción cada vez que se acerca una protesta convocada por ellos. Los mismos medios que elogian la responsabilidad de los sindicatos cuando pactan reformar las pensiones o congelar salarios, son los que sacuden de lo lindo a Méndez, Toxo y compañía si se les ocurre poner pegas a una reforma laboral de inspiración decimonónica.

Habrá quien hoy no salga a la calle por dar crédito a esos ataques sucios contra CCOO y UGT. Pero no es el único motivo por el que muchos trabajadores han dado la espalda a estos sindicatos en los últimos tiempos. A su pérdida de crédito ha ayudado mucho la forma en que se han enfrentado a la crisis, firmando reformas como la mencionada de pensiones, y mostrándose más dialogantes que combativos en momentos de ataques contra los trabajadores. Soy el primero que desde esta columna ha criticado una y otra vez la apuesta de los sindicatos por el diálogo social en tiempos en que la otra parte, la patronal y el gobierno, sólo entienden la paz social como placidez total.

Pero ser críticos con los sindicatos no es un motivo para quedarse hoy en casa, sino una razón más para acudir a las manifestaciones. No andamos muy sobrados de fuerzas, y se trata de sumar, no dividir más. Quienes piensan que con estos sindicatos no llegaremos muy lejos, deben reconocer que sin ellos vamos menos lejos todavía. Por eso son muchos los colectivos, 15-M incluido, que han decidido salir hoy a la calle, juntos pero no revueltos, con sus propias pancartas y lemas. Después de la reforma, y con lo que está por venir, yo tengo claro quién es el enemigo. Y no son los sindicatos.

La otra guerra de Siria

18 feb 2012
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Para ganar una guerra hoy, tan importante como tener un buen general al frente de las tropas es contar con un buen jefe de comunicación. Algunos incluso contratan una empresa de relaciones públicas, como hizo Kuwait en 1990 para concienciar a la opinión pública occidental de la necesidad de machacar Irak, usando para ello manipulaciones tan burdas como efectivas.

Aquella guerra de Irak marcó un antes y un después en el uso de la propaganda. No es que antes no se hiciese, pues lo de que “la primera víctima de la guerra es la verdad” es algo casi tan viejo como la humanidad; pero después de aquella campaña los contendientes sofisticaron mucho sus métodos, se apoyaron en técnicas más próximas al marketing que al arte de la guerra, y sobre todo fueron mucho más conscientes de la importancia de ganarse la opinión pública, no tanto la propia (que era lo clásico) como la de los países más poderosos, en el marco de las nuevas “guerras humanitarias” (y cuál no lo ha sido en las últimas décadas).

Desde entonces, toda historia bélica que se escriba obliga a reservar un capítulo para esa otra guerra, la informativa. Algunas manipulaciones son de todos sabidas; otras en cambio sólo se conocen pasados muchos años, cuando ya no importa ni apenas reciben atención.

En esas estábamos cuando llegamos a la actual guerra en Siria. Y digo guerra, consciente de que la lucha de propaganda empieza siempre por el lenguaje: mientras para unos se trata de una guerra civil, para otros es una masacre de una dictadura contra su población, e incluso hay quien la ve ya como una guerra imperialista más.

Yo no sé en qué mienten o dicen la verdad unos y otros, tanto el régimen de Al Asad como los combatientes organizados contra él. Sólo sé que la historia reciente, las veces en que hemos sido engañados, debería hacernos extremar el sentido crítico, y estar alerta ante toda información que llegue de Siria, contrastando fuentes y dudando por principio. De lo contrario, junto a las víctimas que ya se están produciendo, nos sumaremos nosotros como víctimas de esa otra guerra, la informativa.

Grandes éxitos contra la crisis

17 feb 2012
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Recapitulemos, para apreciar en su totalidad la lista de los éxitos más recientes. En primer lugar, el gobierno despliega una agenda de reformas para hacer eso que Rajoy dice que sabe que hay que hacer: recortes, subida de impuestos, reformas, estabilidad presupuestaria… Todo lo necesario para recuperar la confianza. Resultado: aunque durante unas semanas parecía que nos sonreía la fortuna, seguimos donde estábamos, con la prima de riesgo disparada, mientras el Tesoro Público, tras unas pocas subastas favorables, vuelve a pagar intereses más altos.

Siguiente éxito: el problema financiero que estrangula la economía. El gobierno lo aborda con una reforma para sanear nuestra banca y que siga siendo esa banca campeona de la que estábamos tan orgullosos. Y ahí está: el mismo día en que el Congreso aprueba la reforma, los bancos se hunden en Bolsa, y Moody’s anuncia que revisará la nota de 21 entidades españolas. En cuanto al crédito, nadie confía en que vaya a fluir, sobre todo teniendo en cuenta que los bancos se están limitando a hacer ajustes contables mientras la gran balsa tóxica sigue ahí.

El próximo éxito, a la vista de los resultados a corto plazo de las anteriores medidas, parece obvio: la reforma laboral. ¿Adivinan cómo será la próxima EPA? La próxima, y la siguiente, y la de más allá, pues el gobierno ni se molesta en convencernos de que la reforma tenga algo que ver con la creación de empleo, y da por perdidos los próximos dos años. Y el mismo futuro triunfal podemos esperar del crecimiento, el consumo y hasta el sagrado déficit.

Por supuesto, el repertorio de éxitos no es exclusivo de este gobierno, tras el brillante palmarés del anterior; ni de este país, visto cómo le va a los vecinos.

Ante tal colección de victorias, caben varias explicaciones: echar la culpa a los griegos; insistir en que el problema de las reformas y ajustes es que siguen siendo insuficientes (hasta la reforma laboral se ve ya insuficiente, tras olvidar el derecho de huelga); o reconocer que son esas políticas las que nos llevan de derrota en derrota hasta la recesión final.

Presupuestos a mano

16 feb 2012
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Qué prisa le ha entrado a la Comisión Europea con que el gobierno presente ya los presupuestos de este año, y no espere hasta finales de marzo o incluso abril. Pero vamos a ver: los presupuestos, ¿no son para 2012? ¡Pues entonces estamos en plazo! El problema sería que los aprobasen en 2013, pero mientras le quede un día a este año, seguirán estando en fecha. Y como se pongan tontos, se los enviamos en diciembre.

Además, ¿qué se han creído esos burócratas europeos, que unos presupuestos se hacen en una tarde? Pues no, ni en una tarde, ni en dos, ni en tres meses. Unos Presupuestos Generales del Estado serios, como Dios manda, propios de un país que sabe lo que tiene que hacer y lo hace, necesitan su tiempo. Lo que pasa es que la gente, desde que los ministros de Economía llegan al Congreso con una memoria USB en la mano en vez de las carretillas de guías telefónicas con que iban antes, se creen que esto ya está todo informatizado, le das a un botón y salen las cuentas solas. Pues no, entérense: las cuentas hay que hacerlas bien, con los dedos si hace falta.

Ya lo dijo ayer la vicepresidenta: el gobierno va a redactar los presupuestos en el “tiempo récord” de tres meses. Y eso teniendo en cuenta lo liados que están los ministros, que con tanto como tienen que reformar y abolir, les cuesta sacar cada día un rato para echar números.

Dicen los mal pensados que el motivo del retraso son las elecciones andaluzas, para no chafar sus expectativas de victoria. Otros sostienen que el gobierno está ganando tiempo, a ver si de aquí a entonces Bruselas (o Berlín, más bien) relaja las exigencias de déficit, y en vez de motosierra nos vale con el hacha. Y hasta hay quien sospecha que las cuentas, con su previsible ajuste durísimo, tienen fecha de presentación: primeros de abril, vísperas de Semana Santa, para que las vacaciones nos hagan menos amargo el trago.

Que no, que no me convencen: el único motivo es la seriedad de un gobierno que, de tan como Dios manda que es, hasta escribe a mano los miles de páginas del presupuesto. Y con una caligrafía que da gloria verla.