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Un capitalismo malo para salvar el bueno

13 oct 2011
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Si la crisis, como dijo Jean-Claude Trichet, es sistémica, ¿qué hacemos perdiendo el tiempo en rescatar este o aquel banco? ¡Rescatemos el sistema entero, a lo grande, y así acabamos de una vez y nos ahorramos un sobresalto cada semana!

Miren el caso de Dexia, el banco francobelga que agonizaba. Los gobiernos de Bélgica y Francia han acordado auxiliar a la entidad, y para que salga adelante han decidido crear un “banco malo” (parece una redundancia, pero no), una entidad paralela donde “aislar las actividades y elementos que puedan pesar sobre las actividades bancarias de Dexia”, en palabras del primer ministro belga. Es decir, un contenedor para encerrar los llamados “activos tóxicos”, toda la basura financiera que nadie quiere y que se acabarán comiendo los ciudadanos franceses y belgas, pues el banco malo sólo podrá existir con la garantía del dinero público.

La fórmula no es nueva, se ha usado repetidas veces en lo que va de crisis. En España la aplicó con éxito Bankia, que para salir a Bolsa dejó aparcados en otro banco los cuantiosos activos inmobiliarios, créditos dudosos y todo aquello que pudiese quitar atractivo en el parqué bursátil. El banco malo, sobra decirlo, nos lo estamos comiendo entre todos. Y no sólo Bankia: el propio FROB, el fondo de rescate para las cajas, se ha convertido en un enorme banco malo al quedarse con las entidades que nadie quería, tanto las intervenidas como las nacionalizadas. Todo para que el sector financiero siga su camino sin cargar con ese lastre.

De modo que, como la crisis es sistémica, ¿qué sentido tiene ir banco a banco metiendo dinero y creando tropecientos bancos malos? Lo mejor sería crear un sistema financiero “malo”, donde acumular toda la basura para que el sistema “bueno” vuelva a ganar dinero como en los buenos tiempos. Ya puestos, creemos un “capitalismo malo” (valga la redundancia), para que el “capitalismo bueno” (suena a oxímoron, lo sé) sobreviva otra temporadita, hasta que acumule de nuevo porquerías y haya que repetir la jugada.

La propuesta puede sonar descabellada, pero piénsenlo bien: ¿no es eso lo que ya está pasando, sólo que por capítulos? Pues acabemos de una vez por todas, y a otra cosa. ¿Que con tanto comer activos tóxicos acaban los Estados envenenados y arruinados? No pasa nada: creamos un planeta malo, y que el bueno siga rodando.

Recapitalizar, no: requetecapitalizar

07 oct 2011
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Dicen los líderes europeos que hace falta recapitalizar la banca para liberarla de activos tóxicos. Es “urgente”, según Merkel. Como ya sabrán, recapitalizar es el tecnicismo de despiste que usan para no decir “meter dinero”, pues de eso se trata: destinar cientos de miles de millones de dinero público. Pero además, está mal empleado, pues no sería una recapitalización, sino de una requetecapitalización, puesto que será la segunda recapitalización masiva de la banca europea.

La primera, si recuerdan, se hizo en 2008, hace justo tres años. Desde entonces son 25 los bancos rescatados, y otros 11 han sido liquidados. Según el comisario Almunia, ahora se baraja rescatar a 21 bancos, aunque el número es provisional, y seguramente será mayor. Sepan que entre recapitalizaciones y garantías nos hemos fundido ya 4,6 billones (con b de banco). Repitan la cifra en voz alta, y en pesetas, que cuesta creerlo: casi 800 billones (con b de bandido) de las viejas pesetas.

De los bancos que ahora necesitan dinero, muchos no serán recapitalizados, sino requetecapitalizados, pues será su segundo rescate. Es el caso del primero en caer, Dexia. En 2008 Francia, Bélgica y Luxemburgo arrimaron 6.500 millones que ya no recuperarán, y ahora además tendrán que comerse los 95.000 millones de activos tóxicos que necesitan saneamiento.

Según el FMI, Europa deberá inyectar otra vez a la banca no menos de 200.000 millones. ¿Y de dónde sacarán los países ese dineral, ajustados como andamos? Pues ya tienen solución: en buena parte lo cogerán del fondo europeo de rescate, ese que acaba de ampliarse, y que creíamos que era para salvar a Grecia, y resulta que no: en la cumbre de julio metieron en la letra pequeña la posibilidad de que el fondo sirva también para recapitalizar bancos en apuros.

En fin, lo que ya sabíamos: que lo llaman rescate de Grecia cuando en verdad quieren decir rescate de la banca. Ése es el verdadero problema de la zona euro. Porque si una economía pequeña como la griega es capaz de desestabilizar todo el sistema financiero, el problema no es Grecia, sino que ese sistema está podrido de raíz. Y si después de limpiar a los bancos de activos tóxicos en 2008, han vuelto a acumular basura, lo tóxico no son los activos sino el propio sistema financiero. Y esa toxicidad no se va a quitar por mucho dinero que sigamos quemando.

Resacón en el sector financiero

01 oct 2011
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Siguiendo con el estribillo de “la fiesta ha acabado”, como imagen que caracteriza los años de excesos, el Gobernador del Banco de España volvió a apoyarse ayer en el lenguaje metafórico-festivo al presentar el resultado del proceso de recapitalización del sector financiero: dijo que el objetivo ha sido redimensionar el sistema tras la “borrachera” vivida hasta el año 2006.

Sí, Fernández Ordóñez lo usó también en sentido metafórico, pero a la vista de lo que nos ha costado la broma, uno se plantea si la citada borrachera fue figurada o literal. Y no me refiero sólo a algunos casos cercanos al coma etílico, como el de la CAM, pues en general parece que nadie se mantuvo sobrio en aquellos años.

Tras la borrachera, claro, llegó la resaca, resacón en el caso del sector financiero español. Es inevitable recordar a los protagonistas de la disparatada Resacón en Las Vegas. Como los colegas de la película, con la crisis también la banca despertó una mañana con un tremendo dolor de cabeza y sin recordar nada del día anterior, aunque con huellas de una juerga histórica: un diente menos, un tatuaje inexplicable, una cartera inmobiliaria hinchada y maloliente, un montón de créditos irrecuperables.

El problema no es sólo que tuvieran mal cuerpo, que eso se pasa con una caña, sino que había que pagar la factura de la borrachera, los destrozos cometidos y las cuentas dejadas a deber. Y por ahora la broma nos ha costado 7.551 millones de euros de todos, cantidad que según Fernández Ordóñez puede parecerle grande “a un ciudadano normal español”, pero que para un Gobernador es poca cosa.

Y si sólo fuera eso, nos fastidiaría y ya. Pero además, como cuando en plena cogorza se te acerca un simpático y te da un abrazo para birlarte la cartera, la borrachera ha servido también para desvalijar el sistema de cajas de ahorro, que pasó a mejor vida tras las fusiones y su obligada conversión en bancos.

No sabemos si el resacón servirá como lección y el sector se volverá abstemio, o si a las primeras de cambio, como le pasa a los protagonistas de la película, volverán a pillarse un pedo de fatales consecuencias. Ahí está el Santander, que por ahora presume de pagarse sus juergas y asumir sus resacones, pero que acaba de prometer que dentro de poco volverá a tener beneficios a niveles propios de bebida de alta graduación, de más del 30%.

A Europa no le gustan las prisas

29 sep 2011
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Leo en el periódico que la Comisión Europea, por boca de su presidente, ha propuesto una tasa a las transacciones financieras, y lo primero que pienso es que un duende de imprenta ha traspapelado una noticia vieja y la ha publicado de nuevo. Pero no, compruebo en el resto de medios que es de ayer: la Comisión propone una tasa a las transacciones financieras. ¿Cuántas veces en los últimos dos años hemos oído a Durao Barroso pronunciar la misma frase?

Se criticaba estos días a la Unión Europea por su lentitud mastodóntica a la hora de tomar decisiones frente a la ultra velocidad de unos mercados que ríete tú de los neutrinos. Ahí está la añeja tasa financiera, para que vean qué poco gustan las prisas a los líderes europeos (los mismos que ayer se citaron para dentro de 20 días en la enésima cumbre que debería desbloquear la ayuda a Grecia).

En el caso de la manoseada tasa, tras dos años aireándola en sucesivas reuniones, y tras pasear la idea por el G20 y hasta por la Cumbre del Milenio de la ONU (donde Zapatero y Sarkozy la defendieron hace justo un año), ahora por fin la Comisión la ha aprobado. Pero esperen, no corran tanto. Sólo han aprobado la propuesta, para luego mandarla al Consejo y al Parlamento, para que la validen, y que después deberá contar con la unanimidad de los países. Y si consiguiesen llegar al final del largo camino, descuiden que aún le pondrían un plazo de dos o tres años hasta entrar en vigor.

Y todo para una tasa que ni el nombre merece, sería mejor dejarla en tasita: se baraja un 0,01%, aunque lo más probable es que en las rebajas de última hora le cayese otro cero más a la derecha de la coma. Con la propuesta actual se recaudarían 55.000 millones al año, una minucia comparado con lo que se mueve en un solo día, o con los 4,6 billones (con b de Barroso) con que Europa ha aliviado al sector financiero de sus penas en tres años. Para más risa, algunos países y el BCE se oponen a la tasita con el argumento de que produciría una “deslocalización financiera”.

La pregunta es: si la tasita sería tan insignificante, y con un valor más simbólico que efectivo (pues a la velocidad que la elaboran ya habrán inventado algo para eludirla los afectados), ¿por qué ni por ésas sale adelante? ¿Es que no están dispuestos a concedernos ni siquiera una victoria simbólica, por minúscula que sea? Pues no.

Con la oreja puesta sobre la vía

29 jul 2011
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“No es una reacción, sino sensibilidad; las empresas deberíamos ser sensibles no a movimientos especiales sino a la situación de la calle.” -Juan Manuel Cendoya, director de Comunicación del Santander-

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A los pitonisos de la cosa política (periodistas, tertulianos, portavoces de partido, algún sociólogo despistado) habrá que ofrecerles un master de urgencia en movimientos sociales, a ver si así afinan un poco más sus pronósticos sobre el 15-M. Porque hasta ahora no han acertado ni uno. Sobre todo porque los propios indignados se han aplicado a fondo en incumplir aquellos pronósticos iniciales e invalidar los análisis de primera hora.

Nos anunciaron que el 15-M se desinflaría con el paso de los días, y que al levantar las acampadas menguaría su apoyo. Nada de eso: cada semana surgen nuevas asambleas en barrios y pueblos. Y esperen a que reabra la universidad en octubre, que ya verán cómo se anima. En cuanto a su poder de convocatoria, basta ver la reciente marcha sobre Madrid, y para más desparpajo en pleno mes de julio, como si se burlasen de quienes veían el verano como un factor desmovilizador inmediato.

Recordamos también a los que aseguraban que del 15-M no podía salir nada, porque era una mezcla de ilusos y antisistemas sin los pies en el suelo. Ahí está el iluso y antisistema Joseph Stiglitz participando en una asamblea, en un golpe de efecto del que algunos aún no se han recuperado. Y en cuanto a conseguir algo práctico, por ahora decenas de familias siguen en sus casas, tras paralizar su desahucio.

Quienes alertaban de la falta de propuestas viables, ahí tienen el debate hipotecario, abierto en canal gracias a ellos y que incluso ha conmovido a todo un Santander –a su manera, claro, todo lo sensible que puede ser un banco-; o el documento que acaban de colar en el Congreso con demandas absolutamente terrenales, pueblo a pueblo por toda España. Por no hablar de cómo los partidos buscan atraerse sus simpatías con guiños más o menos serios.

De éxito en éxito, los agoreros que esperan que sus pronósticos sobre el 15-M funcionen como profecía de autocumplimiento recuerdan a esos que ponen la oreja en la vía para averiguar cuándo llega el tren. Al final, la locomotora les acaba pasando por encima.

Peor que vender una caja: malvenderla

20 jul 2011
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“El proceso de salida a Bolsa ha sido un éxito por haberse logrado en uno de los momentos más difíciles de mercado de los últimos años.” -Comunicado de Bankia-

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Menos mal que hoy el presidente de Bankia, Rodrigo Rato, tocará por fin la campana de salida a Bolsa, que si tarda dos días más habrían acabado regalando acciones en las sucursales, a la manera de los bolígrafos y calendarios que daban antes a los clientes. Los trabajadores de las oficinas reclaman su parte de mérito en la colocación de las participaciones, y no es para menos, pues muchos inversores no las querían ni regaladas.

Con la salida hoy de Bankia a Bolsa se completa un paso más en el vergonzoso desmontaje de las cajas de ahorro. Después de obligar a las entidades a fusionarse a la carrera, en un juego algo vodevilesco de cajas buscando pareja para encamarse; tras forzar su conversión en bancos y subirles las exigencias de capital para obligarlas a salir al mercado o ser nacionalizadas (temporalmente, que nadie se haga ilusiones), hoy se salda un puñado de cajas que se entregan a los mercados como ofrenda.

No ha sido suficiente con limpiar la entidad quitándole grasa mediante la creación de un banco malo -que se ha quedado con lo que nadie quiere no ya regalado, ni siquiera cobrando, y que para variar nos lo comemos entre todos vía FROB-. Al final han tenido que rebajar el precio de las participaciones, hasta convertir lo que era una unión de varias de las mayores cajas de España en una empresa devaluada, que en Bolsa estará muy por debajo de compañías con mucho menos valor.

Ya comenté alguna vez que en la privatización de las cajas había un componente sentimental que los gobernantes no estaban teniendo en cuenta. Después de décadas como cliente de, pongamos, Caja Madrid, escuece que te llegue una carta firmada por Bankia, eliminado ya todo rastro del viejo nombre y logo. Después llega la tomadura de pelo de la campaña invitándonos a hacernos “bankeros”. Y ahora esto, la última puñalada, ver como nuestra caja se malvende al primero que suelta cuatro euros.

Es decir: no sólo nos deja, no sólo se va con el primero que pasa, no sólo lo hace por dinero. Encima lo hace por poco dinero. Cornudos, apaleados y con recochineo.

El estrés de los tests de estrés

15 jul 2011
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“Si una entidad no pasa el test por no computar las provisiones dinámicas merece toda confianza, es un resultado totalmente irrelevante.” -Andreu Mas-Colell, conseller catalán de Economía-

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Me preguntaba yo por qué llaman “test de estrés” a los exámenes a los bancos, y ahora lo entiendo: por el estrés que provocan. Esta semana, en vísperas de la publicación hoy de los resultados, se multiplicaba el nerviosismo: banqueros estresados por si tienen mala nota, gobernantes estresados por la respuesta de los mercados, bolsas con la respiración contenida. Ya digo, para estrés, el que causan los tests de estrés.

Y es que no falla: cada vez que Europa hace algo para devolver la confianza, consigue lo contrario: más nervios, desconfianza e inestabilidad. De ahí que los días previos todos se pongan el parche antes de la herida: que si mi banco está muy sano pero el test no tiene en cuenta las provisiones genéricas; que si estoy como un roble pero no me aceptan como capital la última emisión de convertibles; que si los examinadores son más exigentes con mis bancos que con los vecinos… El parche gordo, por lo que pueda pasar, lo puso Bruselas hace tres días al confirmar que dará ayudas a los que suspendan. Y para variar, dijo que lo anunciaba para no poner nerviosos a los mercados.

Más que a las pruebas de resistencia de los deportistas, los tests recuerdan a los controles de alcoholemia, y las excusas de unos y otros son como el borracho que no se tiene en pie pero cuando le piden que sople jura que sólo se ha bebido una caña pero con el estómago vacío, o que está tomando un medicamento que altera el resultado, o que el cacharro no funciona bien.

Lo mismo con los bancos: aunque sospechamos que hay entidades a las que todavía les dura la cogorza que se pillaron en los años de fiesta, sin embargo luego soplan y les sale que están sobrios. El año pasado hasta los bancos irlandeses pasaron el test, y eso que iban haciendo eses por la carretera. Este año, los alemanes dejan sin soplar a los bancos con más pinta de beodos. Y en cuanto al resto, el aprobado masivo hace temer que haya trampa, que como en el chiste hayan emborrachado al niño y a la abuela para convencer al guardia de que el aparato está averiado.

Cuando el director era nuestro mejor amigo

08 jul 2011
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“La demonización del sistema financiero por el Gobierno ha hecho mucho más daño a la prima de riesgo que las agencias de calificación.” -José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos-

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Hagan la prueba: entren en una sucursal bancaria y pregunten en voz alta por el director. De repente todos quedan en silencio, se miran unos a otros nerviosos, alguien intenta salir por la puerta trasera, y alguno aprieta el botón policial, por si acaso. Qué diferente hace unos años, en la edad dorada, cuando el director de la sucursal era todo un personaje en el barrio, amigo de todos los vecinos, con las puertas de su despacho siempre abiertas y tan popular como en otros tiempos el párroco.

Hoy no pasan por su mejor momento, cuando reciben más visitas de hipotecados en apuros que de clientes preferentes. Además, la crisis los coloca en el centro de la diana, pues muchos les reprochan la alegría con que concedieron hipotecas. Ayer el ministro de Fomento recordaba cómo a los directores se les marcaba objetivos para batir el récord de préstamos concedidos mes tras mes, y con tanta crítica la Federación de Cuadros y Profesionales de Cajas de Ahorro ha protestado por que se cargue en ellos la culpa.

El debate sobre la responsabilidad de la crisis hipotecaria está sobre la mesa, y hay que ver cómo el brazo mediático de la banca ha salido en su defensa en cuanto el PSOE se ha mostrado sensible al clamor ciudadano. Acusan a los socialistas de populismo antibancario, pero lo cierto es que se ha abierto un debate que, aunque tardío y oportunista, es necesario.

Por supuesto que no toda la responsabilidad es de la banca, pues también los gobernantes favorecieron una economía basada en el crédito fácil. Algunos incluyen en la culpa a los ciudadanos, por pedir tantas hipotecas, en la vieja estrategia del “todos fuimos culpables”, que es como decir que nadie lo fue.

Es cierto que hubo mucho cuento de la lechera, y especuladores aficionados que pedían hipotecas a pares. Pero la mayoría acudía a la sucursal porque quería tener casa, sin más. Y muchos se encontraron con trampas, atrapados en préstamos imposibles con la connivencia de promotores y bancos. Repartamos responsabilidad, sí, pero no nos den tongo de nuevo.

Algo más que una palmadita en la espalda

07 jul 2011
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“Entiendo y comparto que la gente se indigne y piense que no es justo ver bancos que reparten bonos extraordinariamente altos.” -Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente primero del Gobierno-

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Con la que está cayendo, ¿no les parece pitorreo que Bankia –la fusión de Caja Madrid, Bancaja y otras- anuncie su salida a Bolsa animándonos a hacernos banqueros? “Hazte bankero”, dice la campaña, jugando con la ‘k’ del nombre. Con la buena imagen que tiene el sector financiero, suena a recochineo.

Miren si estarán altos los niveles de cabreo, que hasta los gobernantes empiezan a conmoverse. Estos días se multiplican los mensajes mostrando comprensión hacia el hartazgo de la gente con los excesos de los banqueros (bankeros incluidos, como Rato). El candidato Rubalcaba dice que lo comparte, y pide responsabilidad a los bancos, mientras el ministro de Trabajo ve “obsceno” lo que ganan los directivos.

Al mismo tiempo, los dirigentes europeos expresan su malestar con esas agencias de calificación que echan gasolina a manguerazos cada vez que un incendio parece controlado. Ayer el presidente de la Comisión dijo “lamentar profundamente” la actitud de Moody’s con Portugal, y la acusó de “añadir más especulación”.

Vale, de acuerdo, aunque sea con tres años de retraso, aceptamos la palmadita en la espalda. Pero esperamos algo más. Porque los ciudadanos podemos cabrearnos, patalear, salir a la calle. Pero de los gobernantes se espera algo más: que actúen. Si de verdad creen “obscenos” los sueldos de los banqueros, ya están tardando en meterles mano. Si en serio creen que la banca es responsable de la tragedia hipotecaria, legislen algo más que esas tímidas medidas para aliviar a los embargados. Si no es fingido su malestar con las agencias, reformen de una vez el sistema hasta donde puedan, que no es poco.

¿Que no se sienten con fuerzas, que tienen miedo al poder financiero? Pues pídannos ayuda. Cada vez hay más ciudadanos cabreados y dispuestos a hacer algo, así que por apoyo no será. Igual que impedimos desahucios –o redadas policiales, como esos admirables vecinos de Lavapiés-, estaríamos dispuestos a hacer fuerza para que todo cambie. Pero si van en serio. Mientras no sea así, guárdense las palmaditas en la espalda.

La hipoteca no era un animal de compañía

02 jul 2011
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“Responder a presiones populistas está bien, pero hay que tener cuidado de no estropear un mercado hipotecario de referencia mundial.” -Ángel Cano, consejero delegado del BBVA-

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Pocas cosas tan typical spanish como una hipoteca. En uno de los países con mayor porcentaje de viviendas en propiedad, donde el alquiler se ha visto como una forma de tirar el dinero –y nunca se ha apoyado-, tener una hipoteca es para la mayoría de familias tan natural como tener perro. Está interiorizado en nuestro ADN que para tener casa propia hay que pasarse más de media vida soltando dinero al banco, hasta acabar pagando, a base de intereses, mucho más de lo que costó la vivienda.

A mí, que llevo toda la vida de alquiler, siempre me sorprendió la familiaridad con que mis amigos hablaban de amortizaciones y subrogaciones, términos que me sonaban a chino, lo que acrecentaba la imagen que tenían de mí: un pobre ignorante que seguía tirando dinero mes tras mes por no hipotecarme.

Por eso en España la hipoteca está, mucho más que en otros países, en el centro de la crisis. Es el corazón mismo de la crisis. La prosperidad burbujeante se levantó a base de hipotecas alegres que hicieron posible el milagro inmobiliario. Y cuando todo se vino abajo, las hipotecas siguen estando en el centro: para los bancos, que se encuentran con morosidad y una cartera inmobiliaria de difícil digestión; y para los ciudadanos, asfixiados y amenazados de desahucio.

Hoy las hipotecas están en el centro del debate gracias al 15-M, que puede apuntarse un primer éxito al poner el foco en el asunto y obligar a los partidos a retratarse. Las medidas aprobadas ayer por el Gobierno, que siendo poco ambiciosas facilitarán la vida a quienes peor lo pasan, estaban fuera de agenda el 14-M, de la misma forma que hoy todos hablamos de la dación.

Claro que los bancos se toman el debate como una declaración de guerra, porque tocarles la hipoteca es hurgarles en lo más sensible. Por ahora advierten que, si se modifican las condiciones, encarecerán las hipotecas, para que se siga cumpliendo lo de “la banca siempre gana”. Ya veremos si pueden, porque cada vez más ciudadanos saben que la hipoteca no es un animal doméstico, y que cuando muerde hace mucho daño.