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Voy a destriparles el final de Camps

28 may 2010
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“Usted se ha acogido al Código Penal. Yo me cojo a la Senyera y a mis conciudadanos para seguir trabajando por el futuro de esta tierra.” -Francisco Camps, presidente del Gobierno valenciano-

 

A fuerza de enredarse la madeja del caso Gürtel, cada día nos parece más inverosímil la supervivencia política de Camps. Todos nos preguntamos cómo es posible que siga vivo, que haya llegado hasta aquí, y nos parecen increíbles sus risas y sus confesiones de felicidad. Nadie se lo explica, ni en su propio partido. De manera que todos esperamos al último capítulo para encontrar las claves y entender su comportamiento.

Pues bien, yo sé el final del culebrón, sé por qué actúa así Camps. Antes de contarlo, advierto a quienes estén enganchados a la serie, pues voy a destripar el final (eso que llaman spoiler). La solución es fácil, incluso previsible: Camps se comporta así porque en realidad ya está muerto. Políticamente muerto, se entiende.

Entiendo la decepción de quienes han seguido la trama capítulo a capítulo, y esperaban un desenlace más original. Es lo que ha pasado a muchos fans de la serie Perdidos, al descubrir que al final estaban todos muertos. Un argumento clásico, muy visto ya en el cine y la literatura: un protagonista al que ocurren cosas imposibles, inexplicables, en una trama que se enreda de tal manera que sólo caben dos salidas posibles: o todo es un sueño (como le pasa a Alicia), o el protagonista estaba muerto y no lo sabía (como en Los otros o El sexto sentido, por citar dos ejemplos del cine, o Pedro Páramo en literatura).

En el caso de Camps, descartamos que todo sea una pesadilla y pueda despertar en cualquier momento. Así que sólo queda la otra opción: Camps es un cadáver político desde hace meses, y por eso actúa así. Sólo tengo dos dudas: si quienes le rodean lo saben, y si él mismo lo sabe. En cuanto a lo primero, parece que sí, pues en su partido lo ven como un fantasma, e incluso muchos ya ni lo ven. Y en lo segundo, a diferencia de esos héroes que no saben que están muertos hasta la revelación final, yo estoy seguro de que Camps se sabe muerto, pero disimula. Por eso agarró ayer la bandera: para que lo amortajen con ella, no sea que para el entierro le quieran poner uno de esos desgraciados trajes.

Ric, el tonto de la clase

15 oct 2009
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“La política a veces es muy injusta y muy ingrata, pero cuando uno acepta un cargo sabe lo que lleva aparejado” -María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular- 

           

Todos hemos conocido un Ric Costa en nuestra vida. ¿Lo recuerdan? En el colegio o en el instituto, en la pandilla de los guays siempre había uno, más tonto que el resto, que corría menos y siempre le pillaban. Era el que se comía el marrón del grupo. Participaba de sus trastadas, pero cuando todos escapaban él se quedaba con cara de bobo ante el profesor. Si los listos hacían un simpa en un bar o mangaban algo en el Simago, el encargado siempre agarraba al mismo, y le tocaba pagar. 

Costa creía que era uno de los guays, con su cochazo y su peluco, sus trajes a medida y sus amiguitos del alma. Pero cuando hubo que salir corriendo y esconderse, lo dejaron solo en medio del pasillo, y ahora se arriesga a que le expulsen del instituto. Llora y asegura que él no ha sido, pero el director ya ha llamado a sus padres y se la va a cargar, mientras sus compinches hacen como que no le conocen. 

Supongo que con sus comparecencias lacrimógenas pretende ganar nuestra compasión, ablandarnos. Y si insiste en su pataleo conseguirá que lo veamos como un juguete roto, humanizado por la patada en el culo de sus desleales compañeros. Bajo la jeta de pijo chuleta que hasta ahora veíamos asoma un pobre hombre, el tonto de la clase que un día se creyó especial. Por ahora no nos cae simpático, pero provoca pena, que ya es algo. 

Ya veremos qué camino sigue. Si fuese de verdad un juguete roto tendría un sitio bien remunerado en los programas basura de la tele, donde contar sus penas, y hasta algún editor dispuesto a pagar un anticipo por sus breves memorias políticas. Claro que también puede seguir los pasos de aquellos infelices del colegio: convertirse en un chivato.

La ‘Gürtel’ acabará en tiroteo

14 oct 2009
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“Me preocupa que unos mafiosos hayan podido abusar de la confianza de gente de buena fe” -Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón- 

          

Al final acabarán haciéndose daño. Como sigan por ese camino, no va a quedar vivo ni el apuntador. Si no se ponen de acuerdo para salvar el pellejo todos juntos, la trama Gürtel puede acabar en tiroteo masivo dentro del PP. Nadie se fía de nadie, cualquiera puede tirar de una manta que cada vez tapa menos culo, y recuerda a esas pelis de mafiosos donde la banda se pudre por la desconfianza y todos se espían, se suceden las alianzas y traiciones, y la mano amiga en la espalda esconde un puñal. 

En el cine ese tipo de situaciones, sean entre mafiosos, policías corruptos o vaqueros, se resuelven con eso que en el argot se llama mexican standoff: la típica escena en que todos sacan el arma al mismo tiempo, se apuntan unos a otros, y quedan congelados durante segundos de tensión a la espera de que alguien dispare primero. En tal caso, del fuego cruzado no sale nadie vivo. 

¿Nadie? Un momento, un momento. Cuando las armas aún humean y los fiambres se amontonan en el suelo, siempre se abre la puerta y aparece el vencedor en la sombra, el superviviente, escapado sin un rasguño. 

¿Quién sobrevivirá al tiroteo pepero? Ahí va mi apuesta, y no es broma: Carlos Fabra. Con toda la mierda que está salpicando al PP, el único que va a salir limpio es el presidente de
la Diputación de Castellón. Será por eso que lleva semanas hablando como conciencia moral del partido, poniendo la mano en el fuego por los suyos y denunciando a las manzanas podridas. La experiencia es un grado: los aficionados se matan entre ellos, y el viejo capo, curtido en mil batallas, calloso, inmortal, ríe el último. Ah, esperen: no todos están muertos. Allí al fondo hay una rubia que todavía colea. ¡No puede ser! ¡Es ella!

Yo tampoco me creo la trama Gürtel

08 oct 2009
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“Me lo creeré cuando haya un juicio y alguien sea declarado culpable; y mientras tanto no me lo creeré.” -Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón-

                       

Con lo que ya sabemos de la trama de corrupción del PP, y teniendo en cuenta que no ha salido a la luz más que un tercio del chanchullo, sólo le queda una defensa a los implicados: la inverosimilitud. Que no nos lo creamos. Porque coincidirán conmigo en que cuanto más sabemos, más cuesta creerlo.

Hagan un experimento para comprobarlo: imaginen que se trata de un asunto de ficción. Digamos una película. Española y comedia, por supuesto. Obsérvenlo todo desde su butaca de cine. ¿Qué dirían al salir? “Está bien, divertida, pero al guionista se le ha ido la mano con la brocha gorda”. “Los personajes son demasiado caricaturescos: el chuleta que se engomina los bigotes, el que se hace llamar don Vito, el de las gafas ahumadas, y todos esos pijos de telecomedia…”

Podemos también imaginar qué diría la crítica: “Un claro homenaje a Berlanga, a su escopeta nacional, pero pasado de rosca.” “Como comedia tiene su punto, pero como retrato sociológico carga demasiado las tintas.” “No falta de nada en esta colección de topicazos de nuevo rico: el cochazo de lujo, el peluco de 20.000 euros, los bolsos de marca, la boda imperial… Puro esperpento.”

Y es que nadie sale limpio de esta ducha de caspa y gomina. Ni siquiera el yernísimo Agag, que ya frecuentaba a esos ricachones horteras que manejan la Formula Uno, igualmente inverosímiles. Por eso sospecho que todo –desde la pinta de los implicados a la jerga empleada en sus conversaciones, pasando por sus manejos de mafioso aficionado- es una estrategia para, a fuerza de exagerar, conseguir que no nos lo creamos. De hecho hay más de uno, en el PP y su entorno, que sigue diciendo que no se lo cree. Es su última esperanza.

El PP se prepara para la clandestinidad

26 sep 2009
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“Es un montaje urdido por la policía gubernativa, propio de regímenes autoritarios. Sentimos opresión política”  -Federico Trillo, coordinador de Justicia del PP- 

  

 En situaciones como ésta es donde se nota la inoperancia de la ONU. No sé qué hacen que no han mandado ya una misión a España. Ni siquiera el Consejo de Seguridad ha sido capaz de emitir una condena y decidir un bloqueo comercial. Nada. España es un régimen de terror donde los adversarios políticos sufren persecución, y el mundo mira para otra parte.

Y no será porque los oprimidos callen, al contrario. La voz de los perseguidos se abre paso, y no consigue ser aplastada. Ahí está ese mártir de la libertad, Francisco Camps, que hace dos días, en reunión con sus parlamentarios autonómicos, denunció que los “marxistas y comunistas” del PSOE quieren eliminarle, y que “si pudieran lo gasearían”. No se rían, que no me lo invento; así se ha publicado en la prensa valenciana.

El heroico Camps, que no duerme dos noches en la misma casa para no ser capturado por la terrible policía política, hizo un emocionante llamamiento a la resistencia: “Vosotros sois los representantes de la esperanza y la libertad”. De eso se trata: un puñado de hombres valientes defendiendo la libertad, y un régimen de terror que quiere gasearlos.

No se crean nada de lo que se publica, ni por supuesto confíen en la Justicia, que es cómplice del opresor. Nada es lo que parece. En realidad el Bigotes es un guerrillero, el concejal Rodrigo de Santos iba por los prostíbulos repartiendo octavillas subversivas, y Jaume Matas se exilió a Estados Unidos para no ser torturado. Y por supuesto, no estamos ante un caso de financiación ilegal: es más bien una red de aprovisionamiento de fondos para cuando la persecución se recrudezca y tengan que pasar a la clandestinidad. Ya les queda menos.

Camps no sabe qué ponerse

18 may 2009
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“Cinco pantalones, un cinturón de piel, una deportiva, una chaqueta austriaca, una americana sport, una deportiva barbour y una chaqueta fantasía” -Declaración del sastre José Tomás ante el juez- 

               

Francisco Camps pasará hoy todo el día preparando su declaración de mañana como imputado en la trama de corrupción de Correa, el Bigotes y compañía. Pero no crean que estará rodeado de colaboradores, diseñando una estrategia, reuniendo papeles y buscando argumentos en su defensa. Nada de eso. Su preocupación es otra: qué se pone mañana. 

Ahí lo tienen, varias horas frente al armario, eligiendo y descartando trajes. No se piensen que es algo sin importancia, o un gesto de coquetería. Qué va. El problema es que Camps está buscando un traje que esté limpio. Ya me entienden. No estoy hablando de salpicaduras de comida ni de caspa en los hombros. 

Imagínense la escena. El honorable presidente, en albornoz, brazos en jarra frente al ropero: “Cuál me pongo mañana… A ver… Éste no, que me lo regaló Correa… Éste tampoco, que no tengo factura… Este chaleco no puede ser, que es el de la visita al Papa…” 

Tampoco se atreve a encargar un traje nuevo para la ocasión. No hay sastre que le acepte un encargo, visto lo visto. En la sección de Caballeros de los grandes almacenes se esconden los dependientes cuando lo ven venir. Y tampoco tiene quien le lleve muestras a la suite del Ritz. 

Camps se va a pasar el día revisando bolsillos y cajones a ver si encuentra alguna factura que le permita justificar el traje que llevará puesto cuando vaya al tribunal. Quiere ir limpio, no sea que en mitad de la declaración el juez le mire la etiqueta, o el fiscal le haga la pregunta más temida: señor Camps, ¿quién pagó ese traje que lleva puesto? Va a tener que ir en chándal.

¡Lo de Camps era una broma!

03 may 2009
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“Tengo unas ganas locas de explicar lo que hay, que es nada. Pero todo tiene que ir con los pasos que corresponden.” -Francisco Camps, presidente de la Generalitat Valenciana- 

                   

Como broma ha estado bien. Hemos picado, por mucho que al principio nos costaba creérnoslo. Parecía muy burdo, todo ese rollo de “te quiero un huevo”, “amiguito del alma”, “tenemos que hablar de lo nuestro, que es muy bonito”, y tal. No podía ser cierto, todo un presidente valenciano hablando en ese tono borrachín con un jeta que se engomina los bigotes. Y sin embargo nos lo creímos, picamos el anzuelo. 

Lo mismo pasó con el vicepresidente madrileño, Ignacio González. Otro cachondo. Ese video colombiano, entrando con bolsas llenas y saliendo con las manos vacías, y hablando de paraísos fiscales y cosas así de pringosas. Era demasiado evidente, algo no cuadraba. 

Ahora lo entiendo todo. Era una gran broma. Se han reído de todos nosotros, que hemos picado como bobos. Hay que felicitarles por el ingenio. 

Les cuento mi teoría, que espero confirmar pronto: en realidad, tanto la conversación telefónica de Camps con el Bigotes, como el video de los espías que pillaron a Ignacio González en actividades sospechosas, eran una broma que pronto se desvelará, en cuanto cuelguen el montaje definitivo en Youtube. Se trata de una guasa como la que hizo el Gran Wyoming con los fachas de Intereconomía. ¿Lo recuerdan? Aquel vídeo clandestino en que le echaba un broncazo a la becaria, y luego era todo una coña. 

Pues seguro que lo del PP es igual, han copiado la idea. Al final de la grabación, Camps y el Bigotes se partirán de risa y gritarán “¡Habéis picado, pardillos!”. Ignacio González hará pedorretas mirando a cámara. 

¿Cómo, que no se lo creen? Vale, yo tampoco. Pero es la única salida digna que se me ocurre para ambos. Porque de lo contrario, cuesta creer tanta cutrez.

Por fin una mano ignífuga

20 feb 2009
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“Como no tengo absolutamente ninguna duda, yo sí pongo la mano en el fuego por el presidente Camps” -Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón-                     

                    

Quienes lo tratan en la intimidad dicen que es un cachondo, que una velada con él tiene risas garantizadas. Es entonces cuando se transforma en Charly y se esfuma ese aspecto hosco con que suele salir en las fotos. Sus compañeros están habituados a chistes como el de ayer. 

En el vodevil pepero sólo faltaba él, aunque todos preferirían que se quedase al margen. Sin embargo, el presidente de la Diputación de Castellón ha pensado que puede prestar un buen servicio al partido, uno más. Mientras los líderes se escabullen y evitan poner la mano en lo que parece ya una hoguera, y nadie se fía de nadie ante la próxima filtración, ahí llega Fabra, generoso como suele: “¿Qué pasa, que nadie se atreve a poner la mano? ¡Pues aquí tenéis la mía, a prueba de fuego!” 

En realidad, en tiempos de tribulación como vive el PP, es bueno escuchar la voz de los viejos sabios de la tribu, y nadie como Fabra para dar consejos sobre sospechas de corrupción. De hecho, no sólo puede poner la mano en el fuego. También la puede poner en el hombro de los acusados, para darles un mensaje tranquilizador: “No te preocupes, colega, que no te va a pasar nada. Mírame a mí. Llevo cinco años imputado, todo en mí es sospechoso, y si embargo ahí sigo, al frente del partido y gobernando la provincia.” 

Además, si sus compañeros se dejan, todavía puede ofrecer al partido otra capacidad asombrosa de esa misma mano ignífuga y consoladora: la buena fortuna. Esa misma mano ha elegido varias veces el décimo premiado de la lotería. La mano de la suerte. Yo correría a estrecharla.